Capítulo 43
Abrió la puerta de par en par, emocionado y soltando palabras a toda velocidad, pero allí estaba de pie una persona totalmente inesperada, sonriendo de oreja a oreja. Bliss se quedó congelado, con los ojos abiertos como platos.
—La…
—¡Bliss, te extrañé!
Antes de que pudiera preguntar nada, la mujer, que era una cabeza más alta que él, lo rodeó con sus brazos y restregó su nariz contra su cabello con entusiasmo. Bliss, que intentaba pronunciar su nombre, se quedó sin palabras y, aturdido por la situación, terminó por corresponderle el abrazo.
—¡Larien! ¿Cómo llegaste aquí? ¿Así de repente?
Ante la pregunta atropellada, Larien soltó una risita y respondió como si no fuera la gran cosa:
—Me lo dijo Grayson. Dijo que necesitabas ayuda, ¿no? ¡No te preocupes, soy una experta en temas de amor!
Ella lo dijo con total seguridad, pero Bliss, el interesado, se horrorizó y negó frenéticamente con la cabeza.
—¿Qué? ¿Amor? ¡De qué hablas, claro que no!
—¿Que no? —Larien levantó la vista, confundida. Bliss miró a su hermana y continuó hablando con urgencia:
—No es una consulta amorosa ni nada parecido. Es un problema mucho más importante y serio. ¡Ay, en qué estaba pensando Grayson!
Mientras hablaba, Bliss se dio cuenta de por qué Grayson había enviado a Larien en su lugar. Al comprenderlo, la indignación le subió por el pecho.
—¡Grayson de verdad…! ¡No tiene idea de nada!
Era evidente que Grayson había pensado que el dilema de Bliss era una tontería. Mientras el pequeño pataleaba de rabia, Larien intervino:
—Está bien, Bliss. Tranquilo, cálmate. —Lo palmeó cariñosamente para sosegarlo y preguntó con una sonrisa—: Entonces, ¿de qué se trata? Cuéntame cuál es el problema. Tal vez yo pueda resolverlo, ¿no crees?
Bliss vaciló un instante, pero terminó asintiendo. La única razón por la que había elegido a Grayson era porque, al estar desempleado, le sobraba el tiempo. Si Larien se ofrecía a ayudarlo así, no tenía motivos para rechazarla; al fin y al cabo, le daba igual cuál de sus hermanos fuera.
—La verdad es que, hace tiempo…
Tras tomar aire, Bliss comenzó su explicación. Contó lo que había pasado hace diez años, lo despreciable que era Cassian Strickland y por qué había decidido vengarse. Narró los hechos de forma rápida y concisa, pero a medida que avanzaba, sus emociones se desbordaron y empezó a escupir las palabras con furia:
—¡Es un malnacido! Dijo que Grayson es un idiota desquiciado y que Stacey es una pervertida. A Chase lo llamó “perro loco” y de ti dijo que ni siquiera valía la pena hablar. ¡¿Y sabes lo que dijo de mí?! ¡Dijo que yo era un estúpido mocoso yankee que todavía se suena los mocos! ¡Y eso que frente a mí fingía ser la persona más amable del mundo! ¡Hasta fue conmigo a ver pájaros! ¿Sabes? ¡Pájaros! ¡Esos que tienen alas y hacen flap-flap! ¡No puedo perdonarlo, me voy a vengar!
—Vaya, conque fue eso…
A diferencia del exaltado Bliss, la reacción de Larien fue más bien tibia. Bueno, técnicamente no dijo ninguna mentira, pensó, pero Bliss estaba tan adorablemente alterado como siempre. Por esa razón, decidió seguirle la corriente y le lanzó otra pregunta al chico que todavía resoplaba de ira:
—¿Pero por qué quieres cobrársela justo ahora? Ya han pasado diez años.
Ante esa duda tan lógica, Bliss se tensó, bajó la cabeza y murmuró:
—Se me había olvidado.
A diferencia del arranque de furia de hace un momento, Bliss bajó el tono y continuó hablando con aire de disculpa, como si intentara justificarse.
—Es que… cuando volvimos a Estados Unidos tuve muchas cosas que hacer. Tenía que ir a la escuela, salir con mis amigos y ponerme al día con todos los dramas que no había visto. ¡Estaba demasiado ocupado!
Tras su larga lista de excusas, cambió el tono repentinamente para presionar a Larien.
—¡Como sea! Ahora que me acordé, tengo que darle su merecido a ese tipo. Pero ya sabes que no soy muy listo y no se me ocurre ninguna buena idea. Llevo días dándole vueltas y nada… De verdad, si fueras Grayson o tú, ya habrían pensado en algo increíble. ¿Por qué solo yo soy así? ¡Maldita cabeza, maldita cabeza!
—¡Eit, eit! —Bliss empezó a golpearse la coronilla otra vez. Ante el sonido seco de los golpes, Larien lo sujetó rápidamente de los brazos y lo regañó con dulzura:
—Ya basta. Si te pegas así, te vas a quedar más tonto.
—Ah, es cierto.
Bliss aceptó el argumento de inmediato y detuvo sus manos.
—¿Entonces qué podemos hacer? Tú eres inteligente, ¿no se te ocurre nada?
Mientras preguntaba, se frotaba con la palma de la mano la zona que le había quedado adolorida por los golpes. Larien le acarició el cabello antes de hablar:
—Primero, ¿qué tal si entramos y hablamos con calma?
—Ah.
Solo entonces Bliss recordó que seguían parados en la entrada. Se hizo a un lado a toda prisa y Larien caminó por la sala con paso firme, como si estuviera en su propia casa. Bliss la siguió de cerca, preguntando con urgencia:
—¿Y bien? ¿Ya pensaste en algo bueno? ¿Qué es? ¿Qué tengo que hacer? ¿Por qué empezamos?
Larien, caminando sin ninguna prisa, respondió:
—Primero, ¿qué tal si hablamos mientras tomamos algo? Tráeme una limonada con mucho hielo. Y si tienes higos secos, también estarían bien.
Tras soltar su pedido con total naturalidad, se adelantó tarareando una melodía. Bliss parpadeó un par de veces mirando su espalda y luego salió disparado hacia el minibar.
***
Cuando Bliss regresó con la limonada y los bocadillos, Larien ya estaba acostada en su cama, con la cara hundida en la almohada. Se veía más feliz que nunca con los ojos cerrados, pero Bliss no estaba de humor para contemplar esa escena con paciencia. Dejó la bandeja sobre la mesa de té y le gritó a su hermana, que rodaba perezosamente sobre el colchón:
—¡Ya deja de jugar y ven aquí, que tengo prisa!
—Mmm…
—¡Rápido!
—… Está bien.
Ante la insistencia, Larien soltó un suspiro de fastidio y se levantó. Cuando se sentó frente a él en la mesa de té, Bliss le arrebató sin piedad la almohada que traía abrazada y la lanzó de vuelta a la cama. Larien se quedó rígida, como si hubiera perdido su tesoro más preciado, pero Bliss de inmediato le puso enfrente la limonada que ella misma había pedido.
—Toma. Ahora habla. ¿Qué tengo que hacer?
Larien bajó la mirada hacia sus brazos, que de pronto se sentían vacíos, con una expresión desolada, pero pronto se rindió y exhaló un corto suspiro. Bebió un sorbo de limonada, se metió un higo seco a la boca y, solo entonces, se apoyó en una mano para observar fijamente a Bliss.
—En resumen, lo que tú quieres es que ese tipo se disculpe por haber hablado mal de nuestra familia, ¿verdad? ¿Es eso?
—Exacto.
Bliss asintió con fuerza, pero enseguida frunció el ceño.
—Pero no basta con una disculpa cualquiera; tiene que ponerse de rodillas y suplicar perdón. Además, tiene que arrepentirse de verdad por haber pisoteado mis sentimientos.
De otro modo, jamás lo perdonaría. Tenía que ser como en los dramas: el hombre llorando a moco tendido y sufriendo de agonía. Al ver el rostro decidido de Bliss, Larien soltó la respuesta sin dudar:
—Entonces tienes que atraparlo con una debilidad.
—Eso mismo pienso yo. ¿Cómo lo hacemos?
¡Al fin! Bliss la miró con el corazón latiéndole de emoción, y Larien esbozó una sonrisa significativa. Justo cuando él empezó a tener un mal presentimiento…
—Sedúcelo.
—¿Qué?
Ante la inesperada propuesta, Bliss abrió los ojos de par en par, mientras Larien le mostraba una sonrisa burlona.
—Haz que se enamore perdidamente de ti. Y luego, lo mandas a volar. Te aseguro que entonces se disculpará y admitirá su error. Puede que incluso te suplique llorando.
—¿Eh? ¿E-eh?
Bliss tartamudeó desconcertado. Pero Larien no se detuvo ahí.
—Imagínatelo. Imagina el momento en que ese tipo arrogante te confiese su amor y tú le reveles tu verdadera identidad.
¿Eh?
Bliss parpadeó ante la idea. Mientras empezaba a visualizar la escena en su mente, Larien continuó gritando con tono dramático:
—¡No me reconociste, hombre estúpido! ¡Soy Bliss Miller, desgraciado! ¡El menor de la familia Miller que insultaste! ¡He vuelto por mi venganza!
—¡Eso es!
Bliss cerró el puño de inmediato y se puso de pie de un salto.
—¡Ponte de rodillas! ¡Ponte de rodillas y suplica! ¡Pídeme perdón!
—¡Eso! ¡Que pida perdón!
Larien chasqueó los dedos y, levantando la barbilla con arrogancia, sentenció:
—Y entonces, te das la vuelta y te vas.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN