Capítulo 41
«Me doy por vencido; de todos modos, mi cabeza no da para más. Seguro no es nada importante.»
Exactamente tres minutos después de haber cerrado los ojos para dormir…
[—-No es la gran cosa. Solo es un fenómeno que anda por ahí esparciendo su olor a feromonas.}
—¡Aaaah!
Bliss se incorporó de un salto gritando, mientras el recuerdo atravesaba su mente como un relámpago. ¡Sí, claro! ¡Cassian Strickland!
—¡Ya me acordé!
Gritó de nuevo sujetándose la cabeza con ambas manos, saltó de la cama y corrió a la sala de video. Buscó a toda prisa el nombre de “Cassian Strickland” y, al instante, el rostro del hombre que había visto durante el día cubrió la pantalla gigante.
—¡Es él! ¡Lo sabía! ¡Es ese maldito!
Lanzó el control remoto a cualquier parte y pegó la cara a la pantalla, confirmando la identidad del hombre mientras gritaba una y otra vez. Por más que lo miraba, sus sospechas solo se convertían en una certeza absoluta. No había duda: era ese sujeto de aquel entonces.
Cassian Strickland. El desgraciado que se atrevió a insultarlo a él y a sus hermanos.
{—Uno de los gemelos es un idiota desquiciado y el otro es un pervertido. Y el que se las da de actor tiene por apodo “perro loco”, así que con eso te digo todo.}
—¡Maldito infeliz!
Bliss estalló de rabia y se puso de pie. Al recuperar los recuerdos olvidados, la furia de aquel momento revivió con total nitidez.
«¡Cielos! ¿Cómo pude olvidarlo tan fácilmente? Sé que no soy muy listo, pero hay cosas que no se pueden olvidar. ¡¿Cómo se me pudo borrar eso de la memoria?!»
Además, lo había engañado fingiendo ser amable, cuando por dentro seguramente pensaba en él como un “yankee mocoso”. ¡Sinvergüenza! ¡Estafador!
—No te lo voy a perdonar.
Aunque era un poco tarde, tenía que devolvérsela. ¿El soltero más sexy número uno? ¡Qué estupidez! Más bien será el soltero más despreciable número uno. Bliss apretó los dientes mientras fulminaba con la mirada al hombre en la pantalla.
—Te juro que pagarás por lo que hiciste.
Repitiendo la misma frase de la actriz que vio en el drama, hizo una promesa: pondría de rodillas a ese hombre descarado a sus pies y lo obligaría a pedirle perdón.
***
Sin embargo, a pesar de que habían pasado varios días, Bliss no hacía más que estar acostado en la cama con la cara toda hinchada. Esto era un problema, un problema muy grave. Habían pasado días y nada había cambiado. Recordó las atrocidades de Cassian Strickland y juró vengarse, pero a pesar de su firme determinación, no se le había ocurrido ningún método decente para lograrlo.
—¡¿Por qué tengo que ser tan tonto?!
Bliss descargó su frustración golpeando el colchón de la cama con los puños. Su “daddy”, Ashley Miller, era el director de uno de los bufetes de abogados más famosos de Estados Unidos, además de abogado y actual político. Su “papa”, Connor Niles (Coy), a pesar de haber entrado tarde a la universidad por su situación familiar, era una figura destacada que demostraba un talento brillante en el campo de la astronomía.
Y no se trataba solo de sus padres. Nathaniel, el hermano mayor, era lo suficientemente inteligente como para heredar el bufete de Ashley; y Grayson, de quien se burlaban llamándolo “idiota desquiciado”, pasaba el tiempo de fiesta en fiesta pero también tenía su licencia de abogado. Stacey, tachado de “pervertido”, era miembro de Mensa; mientras que Chase, el “perro loco”, y Larien, de quien “ni siquiera querían hablar”, eran prodigios que habían arrasado con premios en todo tipo de concursos desde niños.
«¿Pero por qué solo yo estoy en este estado?»
Bliss soltó un lamento profundo y hundió la cara en la cama. A diferencia de sus hermanos, sus notas nunca fueron buenas. Durante toda su etapa escolar, su promedio oscilaba entre la B y la C; y aquella única vez que sacó una A por un poema que escribió en primer grado, todos se alegraron tanto que hasta comieron pastel para celebrar. Por supuesto, después de eso, no volvió a ver una A ni de lejos. Como no tenía interés en el estudio, ni siquiera fue a la universidad, y su familia lo aceptó como algo natural.
{—Tú no tienes que hacer nada.}
Aunque todos dijeran eso, no se sentía herido. No estaba nada mal pasar los días comiendo y divirtiéndose mientras veía todos los dramas que quería; además, Grayson también vivía así.
Nunca se había sentido frustrado o deprimido por no ser tan inteligente como el resto de su familia. Cuando hay muchos hermanos, es normal que uno de ellos sea un poco más lento; es casi como una ley de la naturaleza que se aplica en cualquier lugar. ¿Y qué si ese era él? De todos modos, Bliss era Bliss, y con eso bastaba.
De pequeño, la verdad es que sí le preocupaba. Sobre todo porque era el único con un segundo género distinto al de sus hermanos y tenía un color de ojos diferente; si escuchaba algún comentario al respecto, solía enfadarse o reaccionar de forma violenta de inmediato.
Pero ahora era distinto. Ya no le afectaba lo que dijeran los demás. Aunque fuera un poco menos capaz que sus hermanos, toda su familia lo amaba y lo consentía. Además, ese cabello rubio platino tan característico de los Miller y sus ojos azules idénticos a los de Coy eran la prueba irrefutable de que compartían la misma sangre.
¿Acaso no era suficiente con eso?
Hasta ahora, la única queja en su vida había sido, como mucho, que cancelaran la siguiente temporada de un drama que le gustaba, dejándolo sin saber el final para siempre. Nunca se había lamentado ni resentido por no ser listo, pero ahora…
—¡Ahhh, qué coraje! ¡Qué coraje me da!
Bliss rodó por la cama una vez más, consumido por la rabia. ¿No habría alguna buena forma? ¡Algo que le permitiera pisotear ese rostro tan engreído…!
«Tengo que pensar en algo, como sea.»
Incapaz de contener su furia, Bliss empezó a morderse el pulgar con nerviosismo.
Durante los últimos días, Bliss se dedicó a investigar y, para su sorpresa, la reputación de Cassian no era nada mala. No aparecía ningún escándalo ni sospecha; al contrario, estaba lleno de artículos admirables que hablaban desde sus donaciones a personas de escasos recursos o su voluntariado en la Fuerza Aérea donde pasó por entrenamientos durísimos, hasta su liderazgo en movimientos ecológicos y sus enormes patrocinios para proteger plantas y animales en peligro de extinción.
«Estafador descarado. Todos están cayendo en su trampa.»
Pero Bliss no se dejaría engañar. ¿Acaso no había sufrido ya en carne propia la hipocresía de ese hombre que mostraba una cara por delante y otra por detrás? Bliss sabía mejor que nadie qué clase de sujeto era Cassian Strickland.
«Por eso, la única persona que puede darle su merecido soy yo.»
Apretó el puño de la justicia con determinación, pero…
Lamentablemente, la realidad era que no pasaba de ser un desempleado no muy listo, con el puño en alto sobre una cama en el rincón de su cuarto.
—¡Agh! ¡Muévete, muévete! ¡Cabeza hueca! —se golpeó la coronilla sin piedad, pero lo único que consiguió fue hacerse daño—. Ay, me dolió.
Finalmente, Bliss soltó un quejido, se rodeó la cabeza con los brazos y se encogió en la cama. Tras quedarse así un buen rato sin moverse, de pronto levantó la cabeza con los ojos brillantes.
«Está bien, con mi cerebro es imposible.»
Bliss aceptó sus limitaciones con rapidez. En momentos así, solo hay una solución: pedir ayuda. Y para contactar a la primera persona que le vino a la mente, buscó su celular a toda prisa. El tono de llamada empezó a sonar, pero se alargaba sin que nadie contestara.
«¿Qué está haciendo este mantenido?»
Bliss se mordía la uña del pulgar, esperando ansiosamente a que el otro respondiera. Sin embargo, su tediosa y nerviosa espera fue en vano; el tono fue reemplazado por la voz mecánica que decía que el usuario no estaba disponible y no podía atender la llamada.
—¡Este desgraciado!
Bliss sintió que la rabia le subía por el pecho, pero rendirse no era una opción. En lugar de dejar un mensaje de voz, prefirió marcar de nuevo, repitiendo la acción una y otra vez. A ver quién gana. Finalmente, como si se hubiera hartado del timbre incesante, la otra persona contestó.
[—¿Quién es, pedazo de loco?]
—Soy yo, Grayson. Soy Bliss.
Bliss respondió de inmediato al insulto grosero. Hubo un breve silencio. Grayson, que parecía no haberse despejado del sueño, tardó un momento en reaccionar y volvió a preguntar con voz somnolienta:
[—¿Quién dices que eres?]
Bliss respiró profundo y soltó las palabras a toda velocidad:
—Soy Bliss. Hola, ¿cómo has estado? ¿Todo bien? Es que tengo algo que consultar contigo.
Como era de esperarse, la reacción no fue precisamente buena. Grayson soltó un quejido y murmuró para sí mismo:
[—Maldita sea… ¿qué consulta ni qué nada? Carajo, maldito Bliss. Ni siquiera son las diez de la mañana. ¿Por qué tengo que ser yo?]
La respuesta era obvia. Bliss contestó con total honestidad:

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN