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Capítulo 21

—Gracias, Cassian. Lo voy a guardar como un tesoro.

Lo dijo de todo corazón, pero sentía que con eso no bastaba. Su pecho se agitaba por la emoción que lo desbordaba. Bliss, abrazando el libro con una mano, se inclinó de repente hacia Cassian, quien ya estaba inclinado hacia él, y acercó su rostro al de él.

—¿Eh?

Cassian se quedó desconcertado por la suave sensación en su mejilla. Por un momento, no comprendió qué acababa de pasar y se limitó a mirar a Bliss. Él, con las mejillas encendidas, le dedicó una sonrisa radiante y dijo:

—Gracias. Definitivamente eres mi amor. Mi papá número tres.

Ante esas palabras tan repentinas, Cassian finalmente procesó lo que había ocurrido y se quedó atónito. Le parecía absurdo haber recibido un beso de un niño tan pequeño, pero que ese “enano” estuviera diciendo semejantes disparates era aún más desconcertante.

—¿Qué es eso de “papá número tres”?

Podía imaginar de dónde venía lo de “mi amor”, pero lo de “papá número tres” no lo entendía en absoluto. Al preguntarlo con el ceño fruncido, Bliss respondió como si fuera lo más obvio del mundo:

—Pues el papá uno y el dos son mi “daddy” y mi “papa” que están en Estados Unidos, claro. Así que tú eres el número tres.

—Ah…

Solo entonces Cassian lo comprendió. Cierto, ese niño ya tenía padres.

Al darse cuenta con un poco de retraso de que había tenido un pensamiento algo irreverente, se aclaró la garganta apresuradamente y habló:

—Sube rápido. Ya tenemos que irnos.

—Sí.

Bliss obedeció y subió al asiento del acompañante, pero antes de abrocharse el cinturón, se giró de nuevo hacia él y preguntó:

—Hay que venir a ver los pájaros otra vez mañana. Quiero ver a ese pájaro calvo de nuevo.

—No se puede.

El rostro de Bliss, que antes desbordaba entusiasmo, se puso pálido en un instante. Cassian ignoró deliberadamente la expresión del niño, que parecía estar viendo cómo su mundo se derrumbaba, y continuó con indiferencia:

—Tengo trabajo, así que no puedo jugar contigo. En cambio, ¿por qué no intentas dibujar el pájaro que vimos hoy?

—¿Qué? ¿No puedes jugar conmigo? ¿Por qué?

La voz del pequeño estaba cargada de decepción y tristeza. Al ver sus cejas caídas y sus grandes ojos temblorosos, Cassian se sintió repentinamente en un aprieto. 

«Vaya, no pensé que se decepcionaría tanto». Pero eso no fue todo.

—Yo… yo vine hasta aquí… solo para jugar contigo… Pensé que estaríamos… juntos todos los días…

Al ver al niño tan desanimado y con la voz entrecortada, el corazón de Cassian se ablandó por completo. Por un instante, sintió incluso el impulso de cancelar todos sus planes.

«Qué locura.»

Negó rápidamente esa idea y recuperó la compostura. Esta era la única oportunidad que tenía para pasar la noche en el bosque con sus amigos y hacer todas las tonterías que nunca antes había podido hacer. No podía renunciar a ese plan. En su lugar, optó por hacer que el niño se diera por vencido.

—Lo siento, Bliss. Pero cuando eres adulto, no puedes pasarte el día jugando como tú. Surgen cosas que uno tiene que hacer.

Intentó consolarlo con voz suave, pero la expresión de Bliss no cambió.

—Eh… Pero…

«¿Entonces qué se supone que haga yo?»

Bliss volvió a mirarlo, pero la decisión de Cassian era firme.

—Lo siento, Bliss.

Ante la nueva disculpa, Bliss no tuvo más remedio que aceptar la realidad. Parecía que no había vuelta atrás. Estaba profundamente decepcionado, pero no podía hacer un berrinche sin más; antes de venir, se lo había prometido a su “papa” y a su “daddy” una y otra vez.

{—Pórtate con educación para no causar molestias y no seas terco ni caprichoso.}

En resumen, eso significaba que si le decían que “no”, debía rendirse de inmediato. Y este era, precisamente, ese momento.

—… Está bien —murmuró Bliss finalmente con un hilo de voz.

—Así me gusta —respondió Cassian mientras le acariciaba el cabello—. A cambio, cuando termine mi trabajo, jugaremos juntos todo el día. Te lo prometo.

—Sí.

Bliss asintió, pero volvió a levantar la vista hacia Cassian.

—¿Y cuándo terminas?

Cassian se acarició la barbilla como si estuviera haciendo cuentas, guardó silencio un momento y luego habló:

—Pues… ¿en una semana?

—¡¿Toda una semana?! —gritó Bliss, palideciendo.

Cassian, incapaz de contener la culpa por más tiempo, añadió rápidamente:

—No hay de otra. Pero intentaré terminar lo más pronto posible.

—… Ujum.

Bliss asintió con desánimo. Cassian, dándose por satisfecho, se enderezó y le dijo:

—Quédate ahí con el cinturón puesto. Recogeré todo rápido.

Luego, añadió con una sonrisa:

—Cuando regresemos, te bañas y merendamos algo. Tengo unos videos sobre aves, será divertido verlos juntos.

—Sí, me gusta.

Bliss asintió una vez más y se acomodó en su sitio. Tras abrocharle el cinturón de seguridad, Cassian cerró la puerta del copiloto y comenzó a recoger el equipo a toda prisa. Como había decidido dedicarle el día a Bliss, pensaba dar lo mejor de sí.

«Con esto, ya estoy haciendo más que suficiente.»

Y tal como se lo había prometido a sí mismo, estuvo jugando con Bliss sin parar hasta la hora de la cena.

***

—Waaaaaaah.

Bliss bostezó profundamente mientras se estiraba. Se limpió con el dedo una lagrimita que se le había escapado y volvió a mirar el libro, pero el sueño no tardó en aparecer de nuevo.

«Qué aburrido.»

Frunció el ceño y pasó las páginas al azar. Ya era el segundo día que le tocaba jugar solo. Cuando recibió el regalo de Cassian al principio, estaba tan feliz que casi se pone a saltar, pero ahora que intentaba leerlo en serio, le resultaba de lo más tedioso. ¿Por qué tenían que poner nombres científicos y clasificaciones si con el nombre común bastaba? Sería suficiente con saber que los canarios y los ruiseñores existen, y quizás que a los canarios les gustan los dulces y a los ruiseñores la mermelada; pero no entendía para qué necesitaba saber cuánto pesan, cuánto viven o esos nombres tan difíciles que aparecían al lado. Además, el mayor problema era que había demasiadas palabras que no conocía.

—¡No es divertido! —gritó finalmente Bliss mientras se dejaba caer pesadamente sobre la cama.

Incluso mirar solo los dibujos se le había acabado rápido. Se quedó acostado boca arriba mirando al techo y parpadeando.

«¿A qué puedo jugar?»

El castillo estaba demasiado silencioso. Los empleados no asomaban ni la nariz a menos que tuvieran algo que hacer, y no había ni una sola persona en todo el lugar que jugara con él. Logró pasar el primer día a duras penas, pero al llegar al segundo, sentía que se iba a morir de aburrimiento.

—Quisiera ver aunque sea un drama… —murmuró para sí mismo mientras soltaba otro suspiro.

En ese momento, se escuchó un “toc toc”. Llamaban a la puerta y, poco después, entró un empleado.

—Buenas tardes, joven Bliss. La Duquesa pregunta si tiene un momento libre. Le gustaría invitarlo a tomar el té.

—¡Iré! —gritó Bliss antes de que el hombre terminara de hablar.

¡Por fin tenía algo que hacer! Rodó rápidamente por la cama, saltó al suelo y salió corriendo de la habitación. El empleado exclamó sobresaltado:

—¡Joven Bliss, espere un momento! Yo lo guiaré. ¡Por favor, espéreme!

El hombre, apresurado, lo alcanzó y se puso al frente para marcar el camino. Bliss trató de contener su emoción mientras lo seguía con pasos rápidos y entusiastas.

***

—¡Bliss! Qué bueno que viniste.

La Duquesa, que esperaba a Bliss en el salón de té mientras recibía la luz del sol que entraba por la ventana, sonrió con alegría al ver aparecer al niño detrás del empleado.

—Hola, Duquesa.

Bliss saludó cortésmente con una mano sobre el pecho, se subió a la silla que el empleado le acercó y se sentó frente a ella. Una vez que el empleado le sirvió el té y se retiró, dejándolos a solas, la Duquesa acercó el plato de galletas hacia él y le habló:

—Gracias por venir. Tomar el té sola es algo muy aburrido. Gracias a ti, hoy podré disfrutar de este momento.

Bliss tomó una galleta y respondió:

—Puede llamarme cuando quiera. Yo también estoy aburrido.

El pequeño soltó un corto suspiro y añadió:

—Cassian está ocupado, así que tengo que jugar solo. Vine hasta aquí solo para estar con él, me doy mucha lástima.

—Vaya, qué pena.

La Duquesa habló fingiendo lástima, aunque en realidad ya lo sabía: su único hijo se había marchado dejando plantado a su valioso invitado.

«Ese muchacho insolente. Solo tenía que aguantar un mes.»

Era una falta de educación y una maldad ignorar así a un niño tan adorable, especialmente siendo un invitado que había venido desde tan lejos solo para verlo.

 



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


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