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Capítulo 20

—Entonces, ¿qué es lo que está bien?  

Aunque seguía pareciéndole gracioso y absurdo, al ver a Bliss soltar disparates con tanto entusiasmo, Cassian sintió unas repentinas ganas de bromear con él. Se hizo el desentendido y preguntó:

—¿Que te casarás con papá? ¿No decías que yo era como un papá?

«Con esto no tendrá nada que decir. ¿Cómo se las arreglará este pequeñajo para salir de este apuro?» pensó Cassian, sintiendo curiosidad por un momento. Fue entonces cuando Bliss propuso una solución descabellada.

—Entonces yo seré el bebé y también tu pareja. ¡Así está solucionado!

Por un instante, Cassian se quedó paralizado. Bliss fue aún más lejos y, con una sonrisa radiante, exclamó:

—¡Querido, papá!

«Creo que acabo de escuchar algo muy peligroso» pensó Cassian, sintiendo un repentino mareo. Rápidamente se recompuso, se enderezó y respiró hondo. 

«¿Qué clase de conversación estoy teniendo con un mocoso?» 

Una abrumadora sensación de absurdo lo invadió y, sin decir una palabra más, reanudó la marcha. Frente a él se extendía el humedal, su destino.

* * *

—¡Guauuu, es grande! ¡Es enormemente grande! ¡Cassian, mira! ¡Es así de grande!

Cassian se estremeció y se giró. Allí estaba Bliss, subiendo y bajando sus prismáticos sin parar, gritando emocionado.

Uf, Cassian se llevó la mano al pecho sin querer, aliviado, pero después le dio vergüenza y desvió la mirada apresuradamente. 

«Parece que el daño de ayer fue mayor de lo que pensaba» reflexionó. «Puede que pase el resto de mi vida sobresaltado, con el corazón saltándome del pecho cada vez que oiga la palabra “grande”». 

Sintió un escalofrío que le recorrió la espalda, pero enseguida cambió de opinión.

«Es ridículo que un simple comentario de un crío de siete años me afecte de esta manera» pensó.

Negó enérgicamente con la cabeza un par de veces y volvió a concentrarse en montar su equipo. Mientras tanto, Bliss estaba completamente absorto en la observación de aves, moviendo los prismáticos de un lado a otro con entusiasmo.

—¿Has visto muchos pájaros? —preguntó Cassian, colocando el telescopio terrestre ya montado en el suelo y ajustando el enfoque.

—Sí —respondió Bliss.

—Con esto se ve hasta el pico de los pájaros. ¡Es increíble!

El niño continuó parloteando con una voz llena de emoción.

—¿Sabes qué vi hace un rato? Un pájaro que era todo blanco, pero aquí, en la cabeza, justo en la cima, lo tenía rojo.

—La coronilla —le corrigió Cassian, enseñándole la palabra.

Bliss repitió —coronilla—y continuó hablando rápidamente.

—Los otros pájaros que estaban con él eran todos blancos, pero solo ese tenía esa parte roja. Me preguntaba por qué sería, ¿y qué crees? ¡Que otro pájaro no paraba de picotearle justo ahí!

«¿Un pájaro que está siendo acosado?» pensó Cassian distraídamente. 

—El mundo animal no es tan diferente del humano. Si eres débil, te rechazan y te acosan en el grupo; es algo común.

—Pobrecito —dijo Bliss, aparentemente compadeciéndose del ave.

«Supongo que es un niño, después de todo, no puede evitarlo» pensó Cassian, a punto de asentir distraídamente, cuando Bliss habló de nuevo.

—Seguro que lo pillaron teniendo una aventura. Por eso no se divorció primero. Ahora que es calvo, nadie querrá saber nada de él. ¿Qué hará? Tendrá que pasar el resto de su vida solo y en la más absoluta soledad. Y encima, calvo.

Cassian observó en silencio a Bliss, que no paraba de repetir —y calvo, viviendo solo—mientras suspiraba.

—…Tú, ¿cuántos años tienes? —preguntó Cassian tras una pausa.

—¡Siete años! —respondió Bliss con una sonrisa radiante, tal y como Cassian sabía.

Cassian frunció el ceño y preguntó con un tono más lento de lo habitual:

—Pero eso… ¿quién te enseñó cosas como eso de “lo pillaron teniendo una aventura” o que “debería haberse divorciado antes”?

«¿Será que la relación entre Ashley Miller y su pareja no es tan buena como parece desde fuera?» se preguntó Cassian. Hay innumerables parejas que muestran una cara al público y otra muy diferente en privado. Esto es más común cuanto más alta es la clase social, que da mucha importancia a las apariencias. No son pocos los matrimonios de fachada, así que quizás los Miller también estén en una situación así…

—¡Larien!

Ante ese inesperado nombre, Cassian frunció aún más el ceño y preguntó:

—¿Larie… quién?

Bliss miró hacia arriba, a Cassian que parecía desconcertado, y respondió con entusiasmo:

—¡Larien, mi hermana!

Ah, fue entonces cuando Cassian supo por fin quién era Larien. Bliss continuó:

—Vi “La dulce traidora” con Larien, y ella dijo: “A los que tienen aventuras hay que arrancarles todo el pelo y dejarlos calvos”. En esa historia, el marido de la protagonista le es infiel, así que ella y su familia le dan una paliza. ¡Es impresionante! Le arrancan el pelo de cuajo, le golpean… ejem… y le tiran con todo lo que encuentran, así, así.

Al ver al mocoso agitando los puños y dando manotazos al aire, Cassian sintió que todo le daba igual.

—Tú… ¿siquiera sabes lo que significa tener una aventura? —preguntó Cassian.

Bliss, que seguía correteando de un lado a otro, respondió:

—¡Claro que lo sé! Es cuando te pegan en… ejem… y te quedas calvo.

«No tienes ni idea, ninguna» pensó Cassian.

Cassian simplemente calló y se concentró en lo suyo.

«Sí, ¿qué va a saber un crío de solo siete años?» reflexionó. 

«Pensar que hace menos de cinco minutos que prometió guardar el secreto y ya se lo estuvo contando todo a papá… es igual de ridículo que yo, por haber depositado expectativas tan altas en un niño de apenas siete años».

«No, yo estoy peor. Ese chico tiene siete años, pero yo ya soy un adulto» pensó, añadiendo una autocrítica para sí mismo. Acto seguido, apartó la vista del telescopio y le hizo una seña a Bliss.

—Ven, mira aquí.

—¡Guauuu!

Bliss, que había mirado por el ocular como Cassian le indicó, volvió a lanzar un grito de alegría. Cassian, que había ajustado el telescopio a la altura del niño para que pudiera observar las aves cómodamente, dijo:

—Has tenido suerte, ese pájaro es difícil de ver. En este humedal se pueden observar a menudo aves en peligro de extinción, por eso vengo desde pequeño.

Siempre había pensado que era una gran suerte que este humedal formara parte de su territorio. Gracias a eso, podía observar aves tranquilamente siempre que quería, sin maleducados que lo interrumpieran.

—¿Ves ese pájaro de ahí, con las puntas de las plumas negras? Ese viene por esta época y, cuando cambia la estación, cruza el mar hacia el continente opuesto. Es increíble, ¿verdad, siendo tan pequeño?

—¡Sí! Es increíble.

Cassian sonrió ante la imagen de Bliss, repitiendo sus palabras y observando las aves sin perderse detalle. En ese momento, una bandada de pájaros llegó volando. Cassian le dijo a Bliss —espera un momento—, lo apartó suavemente y volvió a girar el telescopio hacia la bandada, enfocándolo de nuevo.

—Vale, mira ahora.

Esperó a que el niño acercara de nuevo el ojo al lente y entonces dijo:

—Esos pájaros han venido aquí para aparearse. Si esperas un poco, quizá puedas ver al macho bailando su danza de cortejo para la hembra. Verlos bailar en grupo es todo un espectáculo.

Durante un buen rato, Cassian le explicó a Bliss cosas sobre las aves y le contó anécdotas interesantes. Y Bliss, absorto en la observación, escuchaba con atención las palabras de Cassian sin darse cuenta del paso del tiempo. Por eso, cuando llegó la hora de regresar, Bliss, visiblemente decepcionado, hundió los hombros.

—Podemos volver otro día —dijo Cassian, acariciándole la cabeza como para consolarlo, pero el niño no parecía animarse.

Al verlo así, Cassian abrió la puerta trasera del coche, sacó algo de su bolsa y se lo ofreció.

—Toma.

Bliss, que no dejaba de mirar con nostalgia hacia donde estaban los pájaros, inclinó la cabeza con curiosidad al ver lo que Cassian le tendía.

—¿Qué es esto?

La portada del libro, bastante grueso, no tenía nada escrito. Bliss, aún desconcertado, le daba vueltas al libro cuando Cassian habló:

—Es una guía de aves que hice yo.

—¿Eh?

Ante lo inesperado de sus palabras, Bliss levantó la cabeza de golpe. Luego, como si acabara de caer en la cuenta, abrió el libro y examinó rápidamente el interior. Las páginas estaban repletas de dibujos de aves, claramente hechos a mano, y sus correspondientes explicaciones escritas con una cuidada caligrafía.

—¿Todo esto lo dibujaste tú, Cassian? ¿Y también escribiste esto?

—Sí —Cassian esbozó una leve sonrisa—. Cuando observas aves, está bien anotar las que ves. Así es más fácil recordarlas después, y también es agradable poder consultarlo más tarde.

—¿De verdad me lo das?

—Sí.

Cuando Bliss gritó emocionado, Cassian asintió y añadió:

—Aproximadamente la mitad estará en blanco. A partir de ahí, puedes llenarlo tú. ¿Qué te parece? ¿Crees que podrás hacerlo?

—¡Por supuesto que sí!

Bliss respondió sin dudarlo ni un instante.

«Cassian me ha hecho un regalo así. Mi amigo me ha regalado un libro hecho por él mismo. ¡Un tesoro único en el mundo!» pensó, con el pecho tan henchido de emoción que casi le costaba respirar.



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


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