Capítulo 18
Los caballeros de armadura, idénticos en tamaño y apariencia, aunque evidentemente huecos por dentro, parecían como si fueran a cobrar vida en cualquier momento. Presa del miedo de que, si giraban la cabeza y lo descubrían a Bliss, pudieran correr hacia él y atraparlo por la nuca, su cuerpo entero no tardó en temblar sin control.
«Rápido, rápido.»
Bliss, que había permanecido paralizado por un instante, comenzó a mover las piernas con urgencia. Tenía que salir de ahí cuanto antes. Antes de que aquellos caballeros se movieran, antes de que extendieran sus frías manos de acero para atraparle…!
—Ugh, ughhh…
Un gemido de terror escapó de sus labios. Cuanto más aumentaba la velocidad, más se inclinaban las sombras, y los caballeros de armadura parecían más grandes, como si fueran a abalanzarse sobre él. El viento frío que le rozaba la espalda no podía ser sino el aire desplazado por el manotazo fallido de un caballero que por poco atrapa al niño.
«Qué hago, qué hago.»
El viento soplaba al otro lado de la ventana. El viejo marco crujió y se sacudió con un sonido siniestro. En el momento en que la luna, oculta tras las nubes que se dispersaban, asomó de nuevo su rostro.
—¡Aaaaaah!
Bliss, al ver un caballero de armadura abalanzarse hacia él, finalmente rompió a llorar a gritos.
***
—¡Aaaaaah!
Cassian, que había caído en un sueño profundo sin soñar nada, frunció el cejo ante un sonido que llegó débilmente a sus oídos.
«…¿Qué es eso?»
Con los ojos aún cerrados, se quedó inmóvil, escuchando. El sonido tenue continuaba. A medida que sus sentidos se despertaban uno a uno, la duda se convirtió en certeza. Alguien estaba llorando. Y además, muy fuerte. Finalmente, no tuvo más remedio que levantarse con un suspiro de fastidio.
—¿Qué diablos…?
Reprimiendo un bostezo, Cassian cruzó la habitación arrastrando los pies y giró el pomo de la puerta. En cuanto esta se entreabrió, el llanto del niño se coló por la rendija.
—¡Buaaah, buaaaaaaaaah!
Cassian se quedó paralizado por un momento. Aunque ya sabía la respuesta, sintió unas ganas enormes de negarla, pensando «no puede ser». Necesitó un poco de valor para rechazar la opción de cerrar la puerta sin confirmar la verdad y hacerse el desentendido. Pero el llanto incesante del niño no dejaba de pincharle la conciencia.
—Ah…
Finalmente, Cassian suspiró y salió al pasillo. Y con paso firme, se dirigió hacia un pequeño bulto blanco que yacía llorando boca abajo en medio del pasillo.
—Bliss.
—¡Uaa, uaaaaa! ¡Sálveme, por favor, sálveme!
Alargó la mano llamándolo por su nombre, pero en cuanto el niño la rozó, se asustó y rompió a llorar aún más fuerte, como si se desgarrara. Cassian, con paciencia, volvió a dirigirse a Bliss.
—Bliss, cálmate. Soy yo, Cassian.
—Huuuh, huuuhhh.
—Bliss, que soy yo. Cassian, tu amigo. ¿No te acordaste de que íbamos a casarnos?
—Huuuh, huu.
Solo entonces los sollozos de Bliss comenzaron a calmarse. El niño levantó la cabeza con cautela; su rostro era un desastre, completamente cubierto de lágrimas, mocos y babas. Cassian le dedicó una sonrisa amable a esa carita redonda iluminada por la luz de la luna.
—¿Ya estás un poco más calmado?
—¡Ca, Cassian! ¡Casiaaaan!
Bliss volvió a romper a llorar y se abalanzó sobre Cassian. Cassian levantó con suavidad el pequeño cuerpo del niño y, mientras le daba palmaditas en la espalda diciendo ya, ya, esperó a que se tranquilizara.
—Oh.
Sintió una humedad en la parte del brazo con la que sostenía al niño. Sin necesidad de comprobarlo, lo supo.
«…Se ha hecho pis, este chico.»
FUUU.
Cassian soltó un profundo suspiro y no tuvo más remedio que cerrar los ojos. Mientras tanto, Bliss, con la cara pegada a su hombro, seguía sollozando y limpiándose las lágrimas y los mocos restantes.
12.
—Ahhh.
Solo después de beberse media taza del chocolate caliente que le había preparado Cassian, Bliss por fin suspiró satisfecho. Aunque tenía no solo los ojos sino toda la cara hinchada, y aunque se había quitado el pijama y los calzoncillos mojados para ponerse una camisa de Cassian a toda prisa, se le veía mucho más tranquilo que antes.
«Claro, es normal. Ahora debe sentirse completamente seguro.»
Aunque la situación le parecía absurda, Cassian no podía evitar ablandar su corazón al pensar en el niño que había estado temblando de miedo en la oscuridad.
«Yo también tenía miedo de pasar por ese pasillo cuando era pequeño, así que este chico no será diferente.»
Pensarlo le producía una inmensa compasión. La ira y el fastidio que había sentido hacia el niño antes de dormir habían desaparecido por completo. En su lugar, ahora se asentaba otra duda en su interior. Dirigiéndose al niño, que ya había dejado de sollozar y se había calmado un poco, Cassian, con un bien, finalmente sacó el tema.
—Bliss, ¿qué demonios estabas haciendo allí?
Era la pregunta que había querido hacerle todo el rato. Ante la pregunta de Cassian, Bliss, sonrojado, soltó una risita nerviosa, je.
—Iba para tu habitación.
—¿A mi habitación? ¿Por qué?
Inmediatamente sintió recelo, pero la respuesta era predecible. Bliss lo miró con fervor, con sus ojos hinchados, y respondió:
—¡Pues para dormir juntos, claro! Como ahora nos vamos a casar, vamos a estar juntos todo el tiempo, ¿no? ¡Dormir juntos, compartir habitación!
«¿Por qué demonios tendrá tan buena memoria?»
Cassian sintió que la sangre se le iba de la cara.
«Claro, esperó un año entero para llegar hasta aquí, es normal que también recuerde eso. ¿Seré yo el tonto en esta situación?»
Ante esa sensación de vergüenza que experimentaba por primera vez, un profundo suspiro escapó de sus labios. Así, su plan de irse de allí temprano por la mañana se iba al traste. Justo cuando empezaba a sentir desesperación ante la defensa de ese mocoso que no le dejaba ni un resquicio por donde escapar, Bliss habló:
—Somos los que compartimos un secreto, ¿verdad?
Esa frase literalmente le hizo hervir la sangre. ¿Cómo? ¿Secreto? ¿Que si eran los del secreto? Este maldito mocoso, con lo que había pensado en dejar el tema por esta vez, y ahora resulta que, sin ningún reparo, suelta eso con toda alegría.
—Tú… ¿es que no sabes lo que es un secreto?
A diferencia de Cassian, que mascullaba entre dientes, Bliss respondió con la misma inocencia:
—Sí lo sé. Shhh.
«¡Los cojones shhh!»
Cassian, viendo al niño llevarse el dedo índice a los labios para pedir silencio, apretó los puños temblorosos, conteniendo las ganas de soltarle un sopapo, y volvió a espetar:
—Que si sabes lo que significa, coño.
Al soltar esas palabras con una voz exageradamente baja debido a la ira que le embargaba, Bliss pareció notar por fin que algo iba mal. Mirando disimuladamente a Cassian para tantear su estado, murmuró:
—…Sí lo sé. Es no contárselo a nadie.
—Entonces, ¿por qué se lo contaste a papá?
—¿Eh?
Ante la pregunta directa de Cassian, los ojos de Bliss se abrieron de par en par. Mirando hacia abajo al niño, que parecía desconcertado sin poder imaginar una situación así, Cassian soltó rápidamente:
—Sí, te vi hablando por teléfono. Dijiste que lo mantendrías en secreto, ¡y luego estabas tan contento contándolo todo! ¿Por qué lo hiciste? ¿No decías que sabías lo que significaba un secreto?
Bliss, sin poder responder, solo abría y cerraba la boca. Pensar que en esa cabecita diminuta estaría buscando apresuradamente una excusa le provocaba unas ganas histéricas de reír.
«Vale, vamos, di lo que sea. A ver qué te inventas, mocoso desgraciado. Te escucharé a ver qué tan bien te lo curras.»
Bliss no dejaba de lanzar miradas furtivas a Cassian, que lo observaba con una expresión amenazante, sentado en el sofá de enfrente con los brazos cruzados. El niño, sin saber qué hacer, desviaba la mirada nerviosamente y solo sudaba frío. Finalmente, abrió la boca.
«Seguro que no será más que una sarta de tonterías sin sentido.»
—…Lo siento.
Ante esas inesperadas palabras, Cassian se quedó paralizado. Mirándolo con el ceño fruncido, Bliss, con la cabeza gacha, confesó entrecortadamente:
—Lo siento, Cassian. Estaba tan contento que no pude evitar querer presumir. Lo siento.
La voz de Bliss comenzó a temblar.
«Ay, no.»
Cassian se arrepintió al instante, pero ya era demasiado tarde. Bliss ya estaba sorbiendo los mocos y limpiándose las lágrimas.
—Es la primera vez que tengo un secreto. Nadie me cuenta secretos a mí… A nadie…
Apenas había dejado de llorar, y Bliss volvía a deshacerse en lágrimas. Al verlo finalmente llorar a moco tendido, la ira en el corazón de Cassian ya había desaparecido, sustituida por un sentimiento de culpa. Tras quedarse mirando embobado al niño que no paraba de llorar pidiendo perdón, reaccionó tarde y fue rápidamente a por un pañuelo de papel para limpiarle la cara.
—Ya basta, no llores. ¿Qué va a ser de ti si vuelves a llorar? Que pares, te digo. Venga, suénate la nariz. Hmmm.
—Hmmm.
Haciendo exactamente lo que le decían, Bliss se sonó la nariz obedientemente y sorbió los mocos con un sniff. Cassian sacó otro pañuelo, terminó de limpiarle los mocos y miró su rostro. Tenía la sensación de que si lo dejaba así, acabaría hecha un desastre.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN