Capítulo 17
El hecho de que estuvieran caminando juntos por el pasillo era porque Cassian, temiendo que Bliss irrumpiera de nuevo en su habitación, se había ofrecido voluntario para acompañarlo personalmente hasta su cuarto. La habitación, situada no lejos de la de Cassian, estaba al otro lado de un pasillo lleno de armaduras, y era la mejor de las habitaciones para invitados. Seguro que su madre había puesto especial atención en ello.
—Bueno, ya llegamos.
Cassian se detuvo frente a una puerta y él mismo agarró el picaporte para abrirla.
—Gracias, Cassian. Buenas noches.
—Bliss.
Bliss asintió con la cabeza y estaba a punto de entrar cuando, de repente, Cassian lo llamó por su nombre.
—¿Sí? ¿Qué pasa?
Bliss lo miró con extrañeza. Inesperadamente, Cassian parecía incómodo, con la mirada fija en un punto indefinido mientras hablaba.
—Oye, lo de antes…
—¿Eh?
Ante la reacción del niño, que parpadeaba confundido, Cassian se sintió desesperado.
«¿Qué estoy haciendo yo ahora, tratando así con un crío de solo siete años?».
Agobiado por la autocompasión, bajó la cabeza y se frotó ambos ojos con el pulgar y el corazón, luego se recompuso y volvió a hablar.
—Lo de antes, cuando estabas en mi habitación…
Cuando por fin logró sacar el tema, Bliss volvió a inclinar la cabeza con extrañeza. Al final, Cassian no tuvo más remedio que recurrir a otro método.
—Lo de antes en mi habitación, eso que viste. Eso.
Señalando hacia abajo con el dedo, como queriendo que se diera cuenta, volvió a preguntar: “¿Eh?”. Ante sus gestos, Bliss ladeó la cabeza y, un segundo después, como si comprendiera, abrió los ojos de par en par.
—¡Ah, eso!
—Sí, eso.
Justo cuando Cassian iba a ir al grano, Bliss gritó primero:
—¡No, no vi nada! ¡De verdad, no vi nada!
«Menuda mentira, con lo bien que lo viste todo, con esos ojos como platos.»
Cassian se quedó sin palabras ante la mentira tan descarada, pero lo importante ahora no era eso. Continuó hablando con calma.
—Bueno, aunque no vieras nada, te pido un favor. Preferiría que no le contaras a nadie lo de antes… Digamos que será nuestro secreto.
De repente, Bliss abrió mucho los ojos.
—¿Seecreeetooo?
—Sí, un secreto.
Cassian asintió con la cabeza y lo repitió una vez más. Los niños de esta edad son débiles para la palabra “secreto”. Tal como esperaba, Bliss, con el rostro emocionado y resoplando, exclamó:
—¡Sí, no te preocupes! ¡Yo nunca cuento un secreto. ¡Soy todo un hombre!
Golpeándose el pecho con confianza, Cassian finalmente sonrió y asintió ante las fanfarronerías del niño.
—Es una promesa.
—¡Claro que sí! Chitón.
Como si fuera un juramento, Bliss llevó su dedo índice a los labios e hizo un sonido.
—Chitón.
Cassian, con una leve sonrisa, imitó exactamente su gesto y luego, con una mano sosteniendo la puerta abierta y con el otro brazo trazando un semicírculo, le indicó que pasara. Bliss entró dócilmente en la habitación mientras agitaba la mano.
—Buenas noches, Cassian. Chitón.
—Sí, chitón. Buenas noches, hasta mañana.
Robin: aca asi me lo lanza la traduccion. así que lo deje.
Despidiéndose con una sonrisa amable, Cassian cerró la puerta. Uf, exhaló un breve suspiro y enseguida se giró para volver a su habitación. Con tantas advertencias, seguro que lo habría entendido.
Al recordar cómo brillaban sus ojos de emoción con las palabras “secreto” y “promesa”, no pudo evitar sonreír. Al fin y al cabo, los niños son niños.
Un mes era largo, pero como decía su madre, con varias excusas no tendría por qué ocuparse de él todos los días. Si jugaba con él de vez en cuando, los días pasarían volando.
Pensando así, dio unos pasos y de repente se detuvo exclamando “¡Ah!”. Había olvidado decirle que lo despertaría temprano para ir a ver los pájaros. Dándose la vuelta para regresar a la habitación de Bliss, le vino a la mente lo de antes. Al pensar en el niño asintiendo con la cabeza, tan emocionado, le pareció entender un poco por qué su madre lo mimaba tanto.
{—¡Yo nunca cuento un secreto. ¡Soy todo un hombre!}
«Menudo bichito.» Resoplando con una sonrisa, agarró el picaporte de la puerta y lo giró. En ese instante.
—¡Papá, papáaaá! ¡Lo que tiene Cassian entre las piernas, guau! ¡No es una salchicha, es otra pierna! ¡Sí, enormeee! ¡La pierna del medio es así de grande!
«Lo sabía, ese maldito enano.»
Cassian sintió que el rostro se le encendía de ira y vergüenza. Pero Bliss, sin ser consciente en absoluto de la existencia de un Cassian ardiendo en llamas ahí fuera, con los puños apretados hacia él, agitaba los brazos con entusiasmo, charlando por videollamada con su papi, ajeno a todo.
11.
«Secreto, ni hablar.»
De vuelta en su habitación, Cassian maldijo mientras tiraba el teléfono sobre la cama, furioso. Ese dichoso enano. No había pasado ni cinco minutos, ni un minuto siquiera. Ya estaba al teléfono cotorreando.
—Será mejor mantenerse alejado.
Se tumbó en la cama dispuesto a dormir, decidido a que en cuanto amaneciera, al día siguiente, se largaría del castillo y volvería a su mansión. Por supuesto, los planes de ir a ver los pájaros también se cancelaban. Total, como se había ido sin decir nada, Bliss ni se enteraría. La desaparición de la agenda no afectaba en nada.
Su madre o su padre se encargarían de los problemas. Él, de todas formas, había hecho todo lo posible. Bueno, no todo, pero al menos lo había intentado, así que valía. Lo que quedaba era cosa de ellos. Incluyendo a los Miller, que le endosaron a su hijo sin más.
Exhaló un suspiro de fastidio y cerró los ojos. No creía que fuera a conciliar el sueño, pero quizás por todo lo que había pasado o por el estrés, pronto comenzó a respirar profundamente y se quedó dormido.
* * *
CHIRRIIIIICK.
Un sonido siniestro resonó en el silencioso pasillo. Bliss, que había abierto sigilosamente la puerta de su habitación y asomado la cabeza, confirmó que el pasillo estaba vacío y pisó con cautela. El espacio oscuro estaba tan en silencio que hasta el propio aliento parecía resonar con fuerza, dándole miedo por un momento, pero él tenía un propósito. Tragó saliva y, con cuidado, salió. De pie en el oscuro pasillo, miró alternativamente a ambos lados y asintió, “Mmm”.
El pasillo, donde no se filtraba ni un solo hilo de luz aparte de la tenue luz de la luna que entraba por las ventanas, se extendía largo como una cueva profunda. Bliss armándose de valor, comenzó a caminar por el pasillo por donde había venido antes.
«La habitación de Cassian está un poco más allá.»
No podía dormir, quizás por la siesta o por la emoción. Si dormía con Cassian, seguro que descansaba bien. Su cama era tan enorme como su tamaño; si Bliss se acurrucaba en un rincón, seguro que no se daría cuenta.
«¿Se llevará un gran susto por la mañana?»
Bliss se tapó la boca con las dos manos y se rio quedamente. Apenas abriera los ojos, le pediría jugar. ¿Qué harían primero? El castillo era tan grande que el escondite estaría bien. Él se escondería y Cassian tendría que buscarle. O que él fuera el que buscara también estaba bien. ¿Qué pasaría cuando viera lo bien que encontraba?
Había un árbol grande detrás, ¿sabría Cassian trepar a los árboles? No importaba, si no sabía, él le enseñaría. A lo mejor Cassian también tenía una casita en el árbol como él. Entonces entrarían y jugarían a las casitas. Él sería el dueño del supermercado y Cassian el empleado.
—¡Oiga, si sigue holgazaneando, no le pagaré el jornal!
Imitando una voz severa, Bliss susurró ahogadamente esta vez:
—¡Lo siento, jefe, no volverá a pasar! ¡Tengo mujer e hijos!
Al repetir la escena que había visto una vez en un drama, se sintió orgulloso. Fufu, rio bajito y volvió a caminar de puntillas, con sigilo.
El interior del castillo estaba terriblemente silencioso. Un silencio como si todo el mundo hubiera desaparecido, que hacía que Bliss no parara de mirar hacia atrás. Aunque no había nadie persiguiéndole, antes de poder calmarse, oyó un “tap tap” que le hizo contener la respiración con un grito ahogado: “¡Hik!”.
—Haa, haa.
Sobresaltado, abrió mucho los ojos y vio que era el sonido de las ramas golpeando la ventana. Haa, por fin relajó la tensión de los hombros, pero aún le quedaba mucho camino. Bliss apretó las piernas temblorosas y apresuró el paso. Rápido, a la habitación de Cassian. Cuanto antes llegara, mejor.
Pero le daba miedo hacer ruido. Porque sentía que algún ser desconocido podría despertarse y atraparle.
—Sí, como esos de ahí.
Al ver a los caballeros con armadura alineados en una pared, Bliss contuvo el aliento: “¡Hik!”. Aquellas figuras alineadas en la oscuridad miraban al frente en la misma postura. Inmóviles, como era de esperar.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN