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Capítulo 16

Cassian finalmente había llegado a su límite. Se enfrentaba a su madre, quien lo reprendía por haberle mostrado su desnudez a un niño, como si él le hubiera hecho algo malo. La paciencia que apenas mantenía se había agotado por completo. Sin poder contenerse más, Cassian estalló en palabras ásperas mientras sus ojos se abrían con ferocidad, fulminando a su madre con la mirada. Ella, aunque sorprendida y un poco culpable, rápidamente recuperó su compostura.

—Cassian, has sido muy grosero desde hace un rato. Baja la voz —le regañó con severidad.

Ante aquellas palabras, Cassian logró aferrarse a un último fragmento de razón. Al ver a su hijo morderse el labio inferior y reprimir su furia, la Duquesa continuó hablando con calma, como intentando apaciguarlo.

—Supongo que lo de antes fue solo por la emoción del reencuentro. ¿Acaso no hace un año que no se ven? ¿No es un niño adorable que te haya esperado sin olvidarte durante todo ese tiempo? Bliss cumplió su promesa, así que ahora, ¿no te toca a ti cumplir la tuya?   

Cassian estaba estupefacto, pero no podía encontrar ningún error en las palabras de su madre. Si se analizaba el problema de raíz, la culpa era exclusivamente suya. Después de todo, él fue quien había creado esta situación al decir aquello de “el año que viene” en primer lugar.

Pero, ¿quién iba a imaginar que un niño de apenas seis años lo recordaría y aparecería exactamente un año después?

Cassian se cubrió el rostro, visiblemente desencajado, con una mano y exhaló un profundo suspiro, ya no sabía cuál. La Duquesa solo atisbaba a observar a escondidas a su hijo, sumido en una profunda angustia. Sentados a solas en la sala contigua al dormitorio de la Duquesa, había pasado un buen rato, pero la situación no había cambiado.

—…¿Por qué? —logró articular con dificultad tras un largo silencio.

—¿Por qué metió a ese chico en la casa? ¡Y ya que lo hizo, al menos podría haberme avisado con antelación!

Ante la renovada queja de su hijo, la Duquesa respondió con expresión apurada.

—Ya te lo dije, Bliss quería darte una sorpresa…

—¡Aun así, debería habérmelo contado! ¿Acaso no era algo que yo debía saber?

Al ver a su hijo cuestionarle con tanta brusquedad, la Duquesa finalmente frunció el ceño y confesó la verdad.

—Si lo hubiera hecho, no habrías vuelto a casa, ¿verdad?

—¡Obviamente no!

Cassian finalmente no pudo contener la ira que le embargaba y la soltó sin filtro. Pero esta vez, la Duquesa tampoco iba a dejar pasar las cosas.

—Cassian, recuerda lo que te dije antes. Ese niño es un Miller. ¿No prometiste tratarlo con amabilidad por el bien de la relación entre ambas familias?

Al ver a su madre señalarle con un tono estricto, ya no pudo hacer nada más. Cansado incluso de lamentarse, Cassian terminó por rendirse.

—Está bien. Pero que esto pase así es solo por esta vez. Si ese chico vuelve a venir, debe avisarme primero, sin falta.

—Sí, de acuerdo. Así lo haré.

La Duquesa, como si finalmente se sintiera aliviada, sonrió y asintió con la cabeza. Superado por fin el gran obstáculo, alargó la mano para llevarse la taza de té a los labios, pero al instante frunció el ceño. El té se había enfriado. Justo cuando iba a llamar al mayordomo para pedir que trajeran más té…

TOC, TOC. 

El sonido de unos nudillos en la puerta hizo que Cassian y la Duquesa dirigieran la mirada al mismo tiempo. Poco después, la puerta se entreabrió lentamente y el causante de todo este embrollo asomó la cabeza con cautela.

—¡Bliss!

Al escuchar a la Duquesa llamar su nombre con una sonrisa radiante, Bliss la saludó inclinando la cabeza, luego se cubrió los ojos con la mano y habló:

—Um… ¿Ya está vestido Cassian…?

La Duquesa casi estalla en una risa poco digna. Mientras ella se mordía el labio apresuradamente para evitar la falta, fue Cassian quien respondió en su lugar.

—Sí, ya estoy completamente vestido. Ya he cubierto esa cosa horrible, así que no hace falta que te tapes los ojos.

Ante la burla de su hijo, que repitió la misma expresión que ella había usado antes, la Duquesa frunció el ceño y le lanzó una mirada de reojo. Pero su tono era tan indiferente que era difícil saber si realmente se estaba burlando o si simplemente se había dado por vencido. Bliss, que había abierto un poco los dedos de la mano con la que se tapaba los ojos, confirmó a Cassian a través del hueco y solo entonces soltó una risita. Luego, preguntó a la Duquesa:

—Señora, ¿puedo pasar?

—Oh, por supuesto, Bliss. Pasa, anda.

Cuando la Duquesa respondió con una sonrisa amable, todo el rostro de Bliss se iluminó de alegría. Y sus ojos se fijaron en su objetivo.

—¡Casiaaaan!

Con un fuerte grito, Bliss cruzó la sala corriendo hacia Cassian. Sus mejillas, enrojecidas; sus brazos, abiertos de par en par; sus piernas cortas, que corrían con todas sus fuerzas pero sin ganar mucha velocidad.

«¿Qué demonios ha estado haciendo ese chico durante este año?»

Pensó Cassian para sus adentros mientras observaba con una mirada entre lastimosa y despectiva cómo el niño corría hacia él a la máxima velocidad que sus piernas le permitían. Él, que ya rondaba los dos metros de altura, había crecido cinco centímetros más en el último año y seguía creciendo. En cambio, Bliss no había cambiado mucho desde el año anterior. Seguía siendo pequeño, pequeño y… pequeño.

—¡Cassian, Casiaaan! ¡Te he echado de menos!

Habiendo llegado por fin a su destino, Bliss se aferró a las piernas de Cassian, que estaba sentado en el sofá, y no paraba de llamar su nombre. Tras restregar sin permiso la saliva y las lágrimas en los pantalones de Cassian, Bliss levantó la cabeza y lo miró.

—¡Soy yo, tu amigo Bliss! He venido hasta aquí para verte. ¡No sabes cuánto he esperado este día!

Cassian miró en silencio al pequeñajo pegado a su pierna. El niño, echando la cabeza hacia atrás con todas sus fuerzas para intentar verle la cara, exclamó con entusiasmo:

—¡Fue muy difícil esperar un año entero! ¡Ahora juguemos mucho, todo lo que no pudimos jugar este tiempo!

Y entonces, completamente emocionado, gritó:

—¡Ahora sí de verdad nos casamos y jugamos juntos todos los días!

—Ah.

Al ver esa carita redonda sonriendo de felicidad, Cassian tuvo de repente una visión de su sombrío futuro y se sintió sumamente deprimido.

10.

El ambiente en la sala de estar era, sin duda, cálido y agradable. La Duquesa observaba con una sonrisa satisfecha a Bliss, que estaba sentado muy pegado a su hijo.

—Bliss, prueba esto también. Son galletas que hice especialmente para ti.

—¡Guau! ¡Gracias!

Bliss, emocionado, tomó una galleta con abundante queso. En la galleta, tan redonda como su propia cara, estaba dibujado Bliss. Soltando un pequeño grito de admiración, abrió bien la boca y le dio un mordisco a la galleta. La Duquesa, que lo había estado observando mientras masticaba con la boca llena, habló:

—¿Qué tal está? ¿Te gusta?

—¡Sí, está deliciosa! ¡Gracias!

Sin olvidarse del saludo final, Bliss sonrió ampliamente y siguió masticando con la galleta en la boca. Gracias a esto, cayeron migas no solo en la alfombra sino también por todo el sofá, pero la Duquesa solo se limitaba a observarlo con satisfacción. Cassian, que miraba en silencio a su madre, soltó una risita incrédula.

—Madre, ¿no cree que trata de forma muy diferente a mí, su hijo, y a este chico?

Su rostro, con una sonrisa, parecía a simple vista estar burlándose. La Duquesa le lanzó una suave mirada de reojo.

—Ay, hijo, es que tú ya eres mayor.

Y tras echarle un vistazo de arriba abajo, añadió:

—Demasiado mayor.

Su voz sonaba casi como un lamento. A continuación, la mirada de la Duquesa se dirigió a Bliss, sentado a su lado. Enseguida, su expresión se relajó y añadió con un tono mucho más suave:

—Bliss es pequeño y adorable, de verdad, no creo que haya un niño tan encantador como él. Es la primera vez que envidio a los Miller.

La Duquesa, con una sonrisa satisfecha, le dio otra galleta a Bliss, que ya había terminado la suya y tenía la boca vacía, abierta. Al ver esta escena, Cassian comentó con indiferencia:

—Es que a usted siempre le han gustado los niños pequeños.

Intentaba recalcar que él ya no era un niño, pero el tono de su madre al responder fue despreocupado.

—Tú, incluso de pequeño, no eras muy… eras bastante huraño, y además, cada vez que te levantabas, habías crecido diez centímetros.

Cassian se limitó a mirar fijamente a su madre con ojos gélidos, sin decir palabra. Sin prestar atención a la reacción de su hijo, ella seguía sonriendo y dedicándole toda su atención únicamente a Bliss. Y ese ambiente continuó incluso después de que el Duque, que había llegado tarde a casa, se uniera a ellos y hasta que terminaron de cenar todos juntos.

* * *

—Así que mi habitación era por aquí —dijo Bliss mientras caminaban por el largo pasillo después de la cena.

Cassian sonrió y asintió.

—Sí, esta vez no te confundas.



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


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