Capítulo 15
Para ello, incluso había invitado a algunos tipos al castillo. Después de todo, las aventuras siempre son más emocionantes cuando se hacen en grupo.
—Bien, entonces, ¿por dónde empiezo?
Cassián, que de repente se imaginó a sí mismo haciendo puenting desnudo después de beber, se rió entre dientes, “Ja, ja”. Se sentía tan bien que tiró la toalla húmeda al suelo sin cuidado y salió del baño de buen humor, cruzando la habitación descalzo.
Antes de elegir la ropa que se pondría para bajar a cenar, quiso revisar los mensajes del móvil, pero no lo encontró.
—¿Dónde lo habría puesto?
De pie, completamente desnudo, Cassián giró solo la cabeza para mirar a su alrededor, frunciendo el ceño mientras rebuscaba en su memoria. Había entrado en la habitación, se había quitado la ropa y el teléfono móvil…
Al girar la cabeza, soltó una risita. Y es que ahí estaba su teléfono, solo sobre la cama. Silbando, se acercó y se inclinó. Fue entonces cuando notó que una parte de la sábana estaba levantada de forma extraña. Seguramente el servicio no había hecho bien la cama. Sin darle más importancia, Cassián agarró la sábana junto con el teléfono y tiró de ella. Al retirar la sábana que cubría la cama, el colchón, perfectamente liso, quedó a la vista. Y Cassián se quedó completamente paralizado.
—Uung…
No, no era que la sábana arrugada formara una protuberancia extraña. Ese no era un espacio vacío. Cuando la sábana que lo cubría de pies a cabeza desapareció, una criatura que estaba acurrucada sobre el colchón, profundamente dormida, despertó frotándose los ojos. El pequeño, que apenas le llegaría a las rodillas a Cassián, se incorporó torpemente y lo miró parpadeando con ojos somnolientos. Su mirada, que primero se dirigió al pecho, fue bajando poco a poco. El vientre con los músculos marcados, la cintura sin un gramo de grasa, el pubis y luego, lo del hombre que se escondía bajo el denso vello…
La mirada del niño se detuvo allí, y sus ojos, aún somnolientos, se abrieron cada vez más. Y cuando su boca se abrió tanto como sus ojos desorbitados…
—¡¡Aaaahhh…!
En ese instante, Cassián, presa del pánico, soltó un grito desgarrador que parecía que se le iba la vida.
9.
—Pero, ¿por qué diablos andas por ahí desnudo, sin ninguna decencia? Cielo santo, que un niño tan pequeño haya tenido que ver algo tan horrible. Cuánto se habrá asustado. Bliss se quedó en estado de shock. Por más que le hablaba, no respondía, y con razón. Hacerle ver algo tan desagradable habiendo venido de tan lejos. ¿Qué vamos a hacer ahora?
La Duquesa, visiblemente molesta por la desagradable situación, reprendió a su hijo con un tono más airado de lo habitual. Pero esta vez, Cassián también tenía algo que decir. Mucho, de hecho.
—En mi habitación, si me desvisto o no, es cosa mía. ¿Acaso no tiene la culpa ese mequetrefe que estaba durmiendo a pierna suelta en mi cama? Y sobre todo, ¿por qué no me dijo que ese crío estaba aquí?
Ante las palabras de su hijo, que brotaban rápidas y furiosas, la Duquesa frunció el ceño, visiblemente molesta.
—¿Y qué iba a hacer si querían darte una sorpresa?
—Hmph.
Cassián soltó un suspiro incrédulo. Si lo que el pequeño de los Miller quería era eso, había cumplido su objetivo al cien por cien, no, al mil por cien. Cassián se había llevado un susto de muerte, literalmente, el corazón se le salía por la boca.
«¿Y encima dice que vio algo horrible? Eso es lo que yo debería decir. El perjudicado soy yo y encima tengo que aguantar esto, ¿puede haber algo más injusto?»
Pero si soltaba todo lo que pensaba, su madre podría desmayarse. Así que no tuvo más remedio que morderse la lengua para reprimir las ganas de soltar tacos. Mientras se pasaba la mano por el pelo, frustrado, la Duquesa volvió a hablar.
—¿No es adorable que ese pequeño haya venido desde tan lejos porque aún te recuerda y quería verte? Cuando el señor Miller me lo contó, me sentí tan conmovida…
Con las manos sobre el pecho, su madre suspiró profundamente, con una expresión más sincera que nunca. Por supuesto, a Cassián no le llegó ni una pizca de esa emoción.
—Podría habérmelo dicho, al menos.
Si lo hubiera hecho, se habría ido de Inglaterra en cuanto empezaran las vacaciones. Tener que pasarse estas vacaciones doradas, que había planeado con tanto esmero, con ese mequetrefe, era poco menos que un acto de terrorismo.
—Parece que se escondió en tu habitación para darte una sorpresa y se quedó dormido. Habrá llegado cansado después de un viaje tan largo en avión.
La Duquesa seguía poniéndose del lado de Bliss. Cassián, indignado por la situación, no tuvo más remedio que reprochárselo.
—Madre, ¿entonces toda la culpa es mía?
—Oh, no. Claro que no.
La Duquesa lo negó enseguida, pero añadió de pasada:
—Solo digo que no toda la culpa es tuya.
La Duquesa había dado un paso atrás, pero no era una retirada completa. Finalmente, Cassián se llevó una mano a la frente, echó la cabeza hacia atrás y exhaló un suspiro ardiente.
—Haa…
Viendo a su hijo así, la Duquesa habló como para consolarlo.
—No se quedará mucho tiempo. Tampoco tendrás que entretenerlo todos los días, ¿no? Con que le dediques un par de horas cada dos o tres días, será suficiente.
Añadió, como apaciguándolo:
—Ese pequeño ha venido desde tan lejos solo para verte, ¿no te da pena? Además, es un niño de los Miller. También están las relaciones entre las familias, debemos tratarlo con la máxima consideración.
De nuevo, sus palabras no estaban equivocadas. El nombre “Miller” no podía ignorarse, ni siquiera por su propio futuro como heredero del ducado. Cassián, que se había quedado quieto por un momento, finalmente suspiró y asintió.
—…Lo entiendo. Haré lo que pueda.
—Bien, así se hace. Bien pensado.
Su madre sonrió, como si solo hubiera estado esperando eso, y le acarició el brazo. Cassián, sin embargo, habló con una expresión aún descontenta.
—Por cierto, ¿cuánto tiempo piensa quedarse ese chico?
Cassián depositaba sus últimas esperanzas en las palabras de su madre de que “no se quedará mucho tiempo”. Mirando el rostro de su hijo, la Duquesa respondió afablemente:
—No será muy largo.
—Sí, eso es lo que ha dicho antes. Por eso le pregunto, ¿cuánto tiempo piensa quedarse? ¿Tres días? ¿Cuatro?
Al preguntar de nuevo Cassián, la Duquesa puso cara de sorpresa y luego puso los ojos en blanco con desdén.
—Ay, hijo, ¿no es eso muy poco? Ha cruzado el mar para venir, ese niño, volando varias horas en avión.
—De acuerdo. Entonces, ¿una semana? ¿Es una semana?
Ante la apresurada pregunta de su hijo, la Duquesa esbozó una sonrisa ambigua.
—Se quedará un poco más.
—Diez días, entonces.
Al ver a Cassián asentir, la Duquesa volvió a hablar:
—He dicho que un poco más.
—¿Acaso son quince días?
Cassián frunció el ceño. La Duquesa lo miraba fijamente, aún con una sonrisa en el rostro. Un escalofrío le recorrió la espalda, un mal presentimiento. Mirando a su hijo, que la observaba con los ojos temblorosos, la Duquesa finalmente dio la respuesta.
—Un mes, querido.
—¡Oh, shit!
Cassián soltó un insulto sin pensar. La Duquesa, horrorizada, palideció y respondió al instante:
—¡Cielo santo, ¿acabas de insultar? ¿A mí? ¡Dios mío, cómo puedes decir una vulgaridad semejante! ¡Señor, perdona la boca pecadora de mi hijo!
La Duquesa juntó las manos apresuradamente y se puso a rezar, pero Cassián ni la veía.
Había vuelto a la casa familiar pensando en unas vacaciones tranquilas, y ¿con qué se encontraba? Todos sus grandiosos planes para pasar un tiempo de libertinaje como no volvería a tener en la vida se habían ido al traste. Tener que estar cuidando a un crío en estas valiosas vacaciones era la hostia. No, era la hostia al cubo. ¿Acaso no sabía ya qué clase de criatura era ese pequeño satán? El recuerdo de hacía un año, que había logrado olvidar, volvió a su mente y no pudo evitar cubrirse la cabeza con las manos.
—Estoy perdido. Completamente perdido.
Al ver a su hijo lamentándose con voz angustiada, la Duquesa se apresuró a calmarlo:
—No seas tan dramático. Ya ha pasado un año desde entonces, ¿no? Bliss también tiene un año más, así que se habrá vuelto más sensato. Solo es un poco inquieto…
—¿Un poco? ¿Dices que es solo un poco inquieto? ¿Que venga a casa de los demás y revuelva todo, encima se revuelque en mi cama, y a eso lo llamas solo “un poco” inquieto?

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN