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Capítulo 14

Cuando era niño, ese castillo grande y antiguo le parecía aterrador. Las armaduras de los caballeros alineadas a lo largo del vacío pasillo eran un objeto de terror particular, y cuando pasaba por allí de noche, solía correr con todas sus fuerzas, temiendo que de repente cobraran vida y se movieran. Ahora que lo piensa, le parece una tontería, pero así son las fantasías de un niño pequeño.  

Sonriendo ligeramente, mientras su coche zigzagueaba entre otros vehículos, los autos a su alrededor comenzaron a disminuir gradualmente. Cuando finalmente se adentró en el camino que llevaba al castillo ancestral de su familia, un suspiro de alivio escapó involuntariamente de los labios de Cassian Strickland.

Por fin sentía que eran vacaciones. Teniendo en cuenta lo que había sufrido durante el semestre con informes, tareas y exámenes, la sensación de liberación era indescriptible. Estaba de tan buen humor que incluso toleraba con generosidad el aria que sonaba en la radio, la cual normalmente detestaba. Podría decirse que estaba en el mejor de los estados de ánimo.

Con una mano en el volante y el otro brazo apoyado en el marco de la ventanilla de su deportivo, conducía por la carretera con unas gafas de sol oscuras, silbando de vez en cuando. Cualquiera que lo viera pensaría que era la viva imagen de la tranquilidad.

—Tengo que divertirme al máximo estas vacaciones.

También descansaría todo lo que quisiera. Siendo las primeras vacaciones desde que entró en la universidad, estaba decidido a hacer de todo, algo que quizá no volviera a repetirse en la vida. El coche rugía ruidosamente mientras surcaba la carretera vacía, pero a él no le importaba. Y después de conducir unos treinta minutos más, la enorme silueta del castillo se recortó a lo lejos.

Por fin.

El Castillo de Strickland, compuesto por cuatro fortalezas de diferentes tamaños, mantenía abiertas tres de ellas, excepto la principal, por lo que cualquiera podía visitarlas pagando una entrada. Pasando por delante de los coches que hacían cola para entrar, Cassian se dirigió a una entrada privada separada y redujo la velocidad frente a la caseta de vigilancia. Un empleado, que reconoció su coche a lo lejos, salió apresuradamente de la garita para saludarlo.

—Bienvenido, joven maestro —le saludó el guardia calurosamente.

Cassian sonrió y asintió brevemente al guardia que lo había saludado, y luego aceleró de nuevo. Desde los coches que esperaban en la fila para el control, la gente se apresuraba a sacar fotos y vídeos con sus teléfonos móviles, pero él ya había pasado de largo en un instante. Silbando alegremente, llegó por fin al castillo principal, donde los sirvientes, que habían sido avisados con antelación desde la caseta de vigilancia, le esperaban fuera.

—Debe de haber tenido un viaje cansado, joven maestro.

Cassian dirigió un leve saludo con la mirada al sirviente que lo recibió con una profunda reverencia, salió del coche y le entregó las llaves. Dejando atrás a los sirvientes que abrían el maletero y empezaban a sacar el equipaje, sus pasos mientras entraban al castillo eran más ligeros que nunca.

«Seguro que a estas alturas mi madre ya se ha enterado de que he llegado. Durante el semestre, solía visitar la casa familiar siempre que tenía tiempo, y cada vez mi madre salía corriendo a recibirme a la entrada. Le avisé de que venía hoy, así que seguro que lo sabe.»

Pero, curiosamente, la Duquesa no aparecía por ningún lado. Aunque al principio le pareció extraño, enseguida pensó que no importaba y subió las escaleras directamente hacia la habitación de su madre.

¡TOC, TOC! 

Llamó a la puerta. Una voz respondió desde dentro. Tras una breve pausa, abrió la puerta y, como esperaba, allí estaba su madre, sentada en una mesita de té, bebiendo.

—Cassian.

—Madre.

Su madre se levantó de su asiento y abrió los brazos de par en par, llamando alegremente a su hijo por su nombre. Cassian se acercó gustosamente a ella y la abrazó.

—Madre, ¿cómo has estado?

—Bien, hijo. Tú también tienes buen aspecto.

La Duquesa le dio unas suaves palmaditas en la espalda, se separó y le dedicó una radiante sonrisa. Sus ojos cálidos seguían siendo los mismos de siempre, pero Cassian sintió una extraña sensación.

—Pareces de muy buen humor.

Ante las palabras de Cassian, la Duquesa sonrió aún más y respondió:

—Claro, ¿cómo no voy a estarlo si has venido?

—Sí… —Cassian sonrió con torpeza, pero la incómoda sensación no desaparecía. 

«¿Qué es esto? No dejo de tener un mal presentimiento.»

—Cassian.

Cassian, que se había quedado ensimismado por un momento, volvió en sí al oír que lo llamaban. Bajó la mirada y vio a su madre mirándolo con una expresión de extrañeza. Rápidamente, fingió que no pasaba nada y cambió de tema.

—¿A qué hora es la cena? ¿Mi padre llega tarde hoy?

Ante la sencilla pregunta, su madre respondió sin dudar:

—Estaba pensando si a las siete, ¿te parece bien? Si quieres descansar un poco, también podemos hacerla a las ocho.

Y luego añadió brevemente:

—Tu padre dijo que llegaría antes de las siete. Tú descansa en tu habitación y baja a cenar para saludarle.

—Entendido. Entonces… mejor a las ocho.

Cassian consultó su reloj de pulsera y fijó la hora. Había cogido polvo durante todo el viaje, así que quería tomarse su tiempo para ducharse tranquilamente.

—Entonces, nos vemos luego. Has tenido un mal viaje, hijo.

La Duquesa besó a su hijo en la mejilla y sonrió. Cassian le devolvió la sonrisa, se dio la vuelta y salió de la habitación.

La habitación de Cassian estaba al otro extremo del pasillo. Caminó tranquilamente, pasando por el vacío corredor donde se alineaban las armaduras de los caballeros que tanto miedo le daban de pequeño. 

«Ahora que lo pienso, quizá esté un poco cansado.» 

Frotándose la nuca mientras andaba, llegó enseguida a la puerta de su habitación. La abrió sin dudar y vio su habitación perfectamente ordenada.

Como había dicho que venía, seguro que los sirvientes habían estado trabajando duro desde primera hora de la mañana limpiando la habitación que estaba vacía. Al imaginar a su madre dando instrucciones apresuradas para esto y aquello, sintió gratitud y una sonrisa se dibujó en su rostro. Por fin sentía que estaba en casa y, al mismo tiempo, se sintió tan relajado como si todo su cuerpo se hubiera destensado.

Queriendo quitarse el polvo con agua caliente cuanto antes, Cassian cruzó la habitación y se dirigió al salón contiguo, donde arrojó descuidadamente la ropa que llevaba sobre el sofá. El siguiente lugar al que se dirigió fue, por supuesto, el baño. Abrió la puerta contigua, entró y empezó a ducharse.

—Ahhh…

Cassian suspiró satisfecho bajo el agua caliente. Sintió como si todo el estrés y la fatiga acumulados hasta entonces desaparecieran de una vez. Recordando el dicho de que no hay lugar como el hogar, se enjabonó bien todo el cuerpo y se quitó el polvo. Había tiempo de sobra. Mientras se lavaba tranquilamente, pensaba en el futuro.

Las vacaciones acababan de empezar. Para disfrutar de sus primeras vacaciones desde que entró en la universidad, se había concentrado en sus estudios como un loco durante el semestre. Estas vacaciones pensaba hacer todas las locuras que nunca había hecho. Cosas dementes como tirarse desnudo al lago, beber todo el hasta el amanecer y quedarse dormido en cualquier sitio, o pasar una noche con alguien que le gustara.

Hasta ahora, había vivido una vida literalmente “ejemplar”. En cuanto a las relaciones personales, podía presumir de haberse comportado perfectamente como heredero de la Casa Ducal de Strickland. Siempre había tenido novia, pero siempre mantenía la distancia adecuada y, cuando rompían, hacía todo lo posible por no dejar malos rollos.

Debido a una ruptura reciente, ahora estaba soltero, pero seguramente pronto tendría una nueva pareja. Esta era también una de las razones por las que había decidido que estas vacaciones serían su “época de transgresión”. Si volvía a tener novia, tendría que serle fiel y ya no podría disfrutar de más transgresiones.

«Una vida desenfrenada basta con vivirla una vez en la vida.»

Y él había elegido estas vacaciones como esa oportunidad. La reputación de “Cassian Strickland” ante el mundo era, sencillamente, excelente. El hecho de que fuera un beta no era un problema. Era el único heredero de la familia ducal y, a menudo confundido con un alfa debido a su físico y su excelencia en varios campos, era considerado por muchos incluso superior a otros con una condición genética especial. Pero al fin y al cabo, después de todo ese maquillaje de palabras, tener un “celo” no es diferente a ser un animal, ¿no? Por muy bien que los alfas dominen su condición, no es nada especial. Es algo que se soluciona fácilmente con un condón.

¿Y qué sentido tiene controlar la eyaculación si al final la acumulación de feromonas te causa pérdida de memoria y ya no puedes controlarla?

Cassian sonrió para sus adentros y cerró el grifo. Salió de la ducha, cogió la gran toalla perfectamente doblada y se frotó el cuerpo empapado mientras reflexionaba: había vivido con tanta moderación y diligencia hasta ahora, que estas vacaciones estaba decidido a hacerlo todo sin remordimientos.



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


¿TE HAS CANSADO?

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