Capítulo 56
Mientras tanto, George no dejaba de mirar a Grayson de reojo. Tal vez fue por estar tan pendiente de Grayson que siguió cometiendo errores. Por otro lado, cada vez que George cometía un error, Grayson silbaba, exclamaba “¡Wow!” o aplaudía brevemente para animarlo. No podía haber un almuerzo más emocionante. Grayson esperaba con ansias el siguiente error de George, preguntándose qué desastre causaría esta vez.
—¡Ah, ah!
Justo cuando Grayson pensaba eso, George dejó caer el tenedor nuevo que el mesero le había traído. George palideció, pero Grayson lo miró con decepción.
—George, eso ya lo hiciste antes. Muéstranos algo nuevo. Si no, los espectadores cambiarán de canal y se irán a otro contenido. ¿Qué harás si pierdes suscriptores?
En ese momento, George, que no sabía qué hacer, y Grayson se miraron a los ojos. George se sobresaltó, pero Grayson no perdió la oportunidad y sacudió la cabeza con una expresión seria, como diciendo: “Concéntrate”. Sabía cuándo animar y cuándo reprender. Solo así se podía mejorar.
Todo lo que Grayson hacía era por el bien de George, pero, para su sorpresa, George torció el rostro y bajó la cabeza. Sus puños apretados bajo la mesa no presagiaban nada bueno. Mientras George palidecía, apretaba los dientes y temblaba, Dane, que estaba cortando su bistec, de repente habló.
—¿Cómo está Charlie?
—¿Eh? ¿Qué?
George levantó la cabeza rápidamente y parpadeó. Con una expresión confusa, como si no hubiera entendido bien, Dane lo miró antes de llevarse un trozo de carne a la boca.
—¿Cómo está Charlie? ¿Está bien? ¿No está enfermo?
—¿Eh? Sí… creo que ya lo mencioné… Ah.
George finalmente entendió la intención de Dane y su rostro se iluminó. Asintió apresuradamente y balbuceó:
—Sí, está bien. No está enfermo. Ah, tomé algunas fotos, ¿quieres verlas?
Sin esperar una respuesta, George sacó su teléfono y comenzó a hurgar en su galería. Abrió las fotos de su perro y se las mostró a Dane, quien, mientras masticaba su bistec, se inclinó hacia George. Pronto, el rostro de George se sonrojó intensamente. Comenzó a explicar las fotos con entusiasmo, mirando a Dane de reojo.
—Esta es de ayer frente a la casa, esta es en la sala, esta es jugando, esta, esta…
Las palabras no paraban, y Grayson pronto se aburrió.
«Sería mucho más divertido si siguieran con el espectáculo de antes.»
Pero, a pesar de sus pensamientos, George, que ahora estaba emocionado, no dejaba de hablar sobre su perro. Grayson pensó que si recopilaba todas las veces que había escuchado la palabra “Charlie” durante la comida, podría llenar un libro.
Aunque Dane no parecía muy interesado, George no se rendía. Tal vez no tenía nada más de qué hablar. Grayson observó al hombre que no dejaba de hablar al otro lado de la mesa con cierta compasión. George no apartaba la mirada de Dane, con las mejillas sonrojadas y la voz inusualmente alta. Cualquiera podía ver que estaba emocionado.
«Está completamente enamorado.»
Grayson bebió vino mientras observaba el rostro de George. Más precisamente, observaba sus ojos. Conocía esa mirada. La misma que sus padres, un Omega y un Alfa, se dirigían el uno al otro. Eran ojos de amor. La razón por la que George estaba tan sonrojado no era solo por el alcohol. Aunque Dane no le respondía adecuadamente, el simple hecho de estar juntos lo hacía feliz.
«Mira eso, el amor es algo tan feliz.»
Grayson sonrió, convencido de que su creencia no estaba equivocada. Dane se había burlado de él varias veces y negaba el amor, pero eso era solo su arrogancia. El amor existe. Justo ahí, en los ojos de ese hombre.
Lamentablemente, a pesar de haber buscado desesperadamente a su alma gemela, Grayson nunca había encontrado a alguien así. Cada vez que tenía esperanzas, terminaba decepcionado, y la frustración lo llevaba a buscar nuevas esperanzas.
Cada vez que miraba a alguien, veía afecto en sus ojos, pero nunca lo sentía por sí mismo. ¿Cómo se sentiría eso? Grayson quería saberlo desesperadamente. Era tan injusto que algo que claramente existía no pudiera encontrarlo.
Bebió su copa de vino con amargura.
Para cuando terminó la comida, George estaba completamente borracho. Su pronunciación era incoherente y una sonrisa no abandonaba su rostro. Era obvio que estaba en un estado de éxtasis, como si estuviera soñando despierto. Para cuando salieron del restaurante, apenas podía caminar.
—Yo manejaré, dame las llaves.
Dane extendió la mano, pero George negó con la cabeza, riendo.
—No, yo te llevaré…
—Estás borracho. Tú también bebiste.
Dane miró brevemente a Grayson y luego volvió a George.
—Soy el único que no bebió. Así que yo manejaré.
—No puedo…
George siguió resistiéndose, pero Dane no estaba dispuesto a perder más tiempo. Dane le dio un golpe en el hombro, y George, desprevenido, retrocedió tambaleándose. Casi se cae, pero chocó contra un hombre que estaba detrás de él, logrando mantenerse en pie.
—Sujétalo.
Dane le ordenó a Grayson y, sin más, registró los bolsillos de George. Encontró las llaves fácilmente y se dirigió hacia el auto.
—Ufff…
Grayson miró al hombre, que parecía un cachorro desanimado, y le dio unas palmaditas en el hombro.
—Anímate, al menos tuvimos un almuerzo agradable, ¿no? Eso es suficiente.
George levantó la cabeza y lo miró.
—¿De verdad?
—Claro, por supuesto. Es un recuerdo que durará toda la vida, ¿no?
Grayson soltó las palabras vacías que cualquiera diría en esa situación, y George emitió un sonido similar al de un cachorro. Grayson no pudo evitar reírse brevemente. En ese momento, Dane abrió la puerta del auto y se acercó.
—Dámelo.
Dane tomó a George en sus brazos y le dijo a Grayson:
—Yo llevaré a George a su casa. Tú ve por tu cuenta.
—¿Qué?
Grayson, sorprendido por la situación inesperada, no pudo evitar preguntar. Pero Dane, con indiferencia, continuó:
—Puedes tomar un taxi o algo. Entonces, yo me voy…
—Espera…
Justo cuando Grayson iba a decir algo, George, que había apoyado su cabeza en el pecho de Dane, la levantó y parpadeó con ojos soñolientos.
—Oye, ¿qué tal si vamos a mi casa y tomamos otra copa?
Grayson frunció el ceño ante la pronunciación borrosa, pero la reacción de Dane fue diferente.
—Por qué no.
Con una leve sonrisa, Dane respondió, y George de repente se enderezó y gritó sorprendido.
—¿En serio?
—¿No estabas borracho?
Grayson, exasperado, preguntó al ver la pronunciación clara y la mirada enfocada de George, que momentos antes parecía desorientado. George se sobresaltó de nuevo, pero Dane respondió con indiferencia:
—Mejor así, no me acuesto con alguien borracho.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: M.R