Capítulo 98
El Príncipe Heredero William recordó el momento en que había conocido a Hook anteriormente. Hook lo había buscado primero y le había propuesto un trato. Sin embargo, ese trato seguía inquietando a William.
{—Está investigando por separado sobre la cueva donde estaba el tesoro del Gran Mago, ¿verdad?}
{—Así es.}
{—Me gustaría que compartiera esa información conmigo.}
{—¿Aun cuando ya no queda nada por obtener en esa cueva?}
{—Así es.}
{—Entonces, ¿qué puede ofrecerme a cambio?}
El Príncipe Heredero William, confundido por lo trivial de la petición, preguntó con desconfianza.
{—No todas las personas respetan y honran a Su Alteza Real.}
{—Esas son palabras dolorosas.}
{—Entre ellos, hay quienes se comunican de manera muy estrecha.}
{—¿Entonces, están tramando una rebelión?}
Un grupo de personas con resentimiento hacia el Príncipe Heredero William. Su mera existencia era casi sinónimo de traición. Sin embargo, Hook negó las palabras del príncipe de inmediato.
{—¿No es excesivo acusar de traidores a quienes simplemente no lo aprecian? Debería considerarse solo como una falta de simpatía.}
{—Entonces, ¿por qué menciona esto?}
{—Entre ellos, hay alguien que realmente busca interferir en sus asuntos. Le daré una pista sobre quién es.}
El Príncipe Heredero William mostró abiertamente su decepción. Las palabras de Hook, aunque parecían atractivas a primera vista, eran en realidad información inútil. Ni siquiera le daría un nombre directamente.
{—¿No parece que yo salgo perdiendo con esto?}
{—Al menos tendrá tiempo para prepararse, así que no es una pérdida.}
Hook tenía razón. Después de decir eso, se marchó, fijando un nuevo encuentro, ya que William necesitaba tiempo para reflexionar.
Desde el principio hasta el final, la conversación había sido confusa. William, incapaz de sacar conclusiones por sí solo, llamó a Henry.
—¿Hook, dice?
Henry ladeó la cabeza con curiosidad.
—Antes ya mostró interés en Hook. ¿Qué sucede ahora?
—No es que haya ocurrido nada en particular… solo tengo curiosidad.
—No necesita preguntarme a mí. Vi a Su Alteza pasar tiempo con Hook.
Henry, al mencionar haber visto a William con Hook, seguía mostrando desconfianza. Percibiendo que Henry sabía algo, William decidió presionarlo para obtener información.
—En el pasado, él me ayudó y esta vez ha venido a buscarme directamente.
—¿Hook lo buscó personalmente?
—Así es.
Mientras respondía con sinceridad, William observó atentamente la reacción de Henry, tratando de captar algo de su actitud, pero no percibió nada en particular. Finalmente, Henry pareció recordar algo relevante y habló sin reservas.
—Hook necesita mucho dinero.
—Eso ya lo sé, pues he hecho tratos con él.
—Pero no sabe para qué lo necesita, ¿verdad? Hook no está reuniendo ese dinero para sí mismo.
Henry se levantó tras responder hasta ese punto.
—Entonces, me retiro.
Se movió sin arrepentimientos, como si ya le hubiera dicho todo lo que podía al Príncipe Heredero William. William lo observó por un momento antes de preguntar repentinamente:
—¿Acaso Hook tiene alguna situación injusta?
—No podría asegurarlo, ya que no soy él. Sin embargo, sé que ha tenido dificultades para llegar hasta aquí.
Cuando Henry, con esa mirada serena, pareció insinuar si eso respondía su pregunta, el Príncipe Heredero William no insistió más y se sumió en sus pensamientos. Incluso después de hablar con Henry, su frustración no desapareció.
Seguía preguntándose por qué Hook necesitaba información sobre la cueva, cómo sabía sobre aquellos que albergaban resentimiento hacia él.
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La Compañía Leve, que había desaparecido tras recibir un encargo, volvió a moverse. En la fecha acordada, llevaron un anillo llamado “Feros” a su dueño. Se encontraron con quien lo había encargado, le mostraron el objeto y le explicaron detalladamente sus propiedades antes de retirarse.
El interés de la gente de la capital se centró en este evento. Querían comprobar con sus propios ojos las maravillas de las que solo habían oído hablar.
Primero, quedaron impresionados por la delicada artesanía del “Feros”. Luego, su eficacia los dejó aún más asombrados. El anillo realmente contenía feromonas y bastaba con ponerlo suavemente en la mano de la persona marcada para que surtiera efecto. Además, como era un anillo, la acción de colocarlo en el dedo de otra persona recordaba a una propuesta de matrimonio, fortaleciendo aún más los lazos entre las parejas.
El rumor se extendió rápidamente.
Gracias a esto, la Compañía Leve volvió a experimentar un período de gran actividad. Antes se centraban en cumplir los pedidos reservados, pero ahora debían lidiar con una avalancha de clientes.
Incluso Violet la dueña principal y Herzie tuvieron que colaborar para manejar la carga de trabajo. El animado ambiente de la compañía reflejaba su prometedor futuro.
—¡Bienvenido!
La alegre voz de un comerciante resonó por toda la mansión mientras recibía al próximo cliente. Un hombre que acababa de entrar echó un vistazo tranquilo al interior.
—¿Viene a encargar un “Feros”?
—Así es.
—¿Cuántos desea pedir? Si solo ordena uno, podrá recibirlo a finales de este mes. Si desea más, necesitará esperar un poco más.
—¿Sería posible cambiar la forma del anillo “Feros”?
Dado que varios clientes ya habían solicitado otras formas además del anillo, el comerciante no se sorprendió y preguntó el motivo.
—Estoy interesado en el “Feros”, pero aún no he marcado a nadie con él. Quisiera algo que pueda regalar a otra persona.
—¿Un regalo? En ese caso, le pediré que nos conceda un poco más de tiempo.
Como Henry ya había encargado un “Feros” en forma de collar, no sería difícil adaptarlo a otro tipo de accesorio. La compañía estaba completamente preparada para este tipo de solicitudes, por lo que el comerciante respondió con confianza.
Mientras respondía a las preguntas del cliente, el comerciante trajo los documentos necesarios.
—Voy a redactar el formulario de pedido. ¿Cuál es su nombre?
El hombre, Taylor, guardó silencio por un momento antes de responder.
—Me llamo Hans.
Había ocultado su verdadero nombre.
Mientras el comerciante completaba el pedido, Taylor observaba con curiosidad la compañía respaldada por Henry, impresionado. El “Feros” le resultaba un objeto fascinante y se sorprendió de que Henry hubiera reconocido su valor tan rápidamente.
«¿Será por la influencia del Gran Mago?»
Tal vez Henry se había inspirado en el tesoro del Gran Mago. Taylor, al recordar que ese tesoro se le había sido arrebatado, sintió una punzada de amargura, pero pronto la disipó.
«También tendré que arrebatar esta compañía.»
Para lograrlo, el objeto que encargó hoy debía engañar a Henry por completo.
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Poco después, Henry se encontró con un mensajero.
—¿Qué asunto tienes conmigo?
El mensajero colocó con cuidado un cofre de joyas y respondió con cortesía:
—Soy Pale, de la Compañía Mikhail. Me han ordenado entregarle esto, joven señor.
—¿A mí?
Con una expresión de desconcierto, Henry miró el cofre. En lugar de seguir cuestionando al mensajero, decidió abrirlo él mismo. Al levantar la tapa, un aroma delicado de feromonas comenzó a desprenderse, estimulando las propias feromonas de Henry.
—¿Feromonas?
Exclamó sorprendido mientras observaba el interior del cofre. Para él, solo Edwin era capaz de despertar ese tipo de reacción. Henry metió la mano y sacó la cadena que yacía en su interior.
—Un collar.
Era un collar con un cristal casi transparente, tan claro debido a que estaba impregnado con las feromonas de Edwin. Era un objeto fabricado por la Compañía Leve, así que ¿por qué llegaba a él a través de un mensajero de otra compañía? ¿Y por qué Edwin no se lo entregó en persona?
Mientras reflexionaba, Henry sonrió, rendido.
«Cuando te pedí esto, te negaste.»
Recordó que cuando le pidió a Edwin que impregne un collar con sus feromonas, él se negó rotundamente. Cuando Henry puso sus propias feromonas en el collar, Edwin se sintió tan alterado que lo besó apasionadamente antes de marcharse, argumentando que no podía soportar la idea de liberar sus propias feromonas también.
Lo había dejado pasar desde entonces, pero ahora le llegaba de este modo inesperado. Quizás Edwin se sentía culpable por haberlo llamado tonto durante la última cena con los duques.
Pero, ¿qué debía decirle al verlo? Mientras Henry examinaba el collar con una mezcla de ternura y desconcierto, el mensajero que aún no se había marchado habló.
—El maestro dejó un mensaje para cuando entregará este objeto.
—¿Edwin? ¿Qué dijo?
Henry, ya convencido de que Edwin era el remitente, miró al mensajero con interés.
—Dijo que cuando las feromonas desaparezcan por completo, lo espere en el jardín conectado con el invernadero de la residencia.
—Hmm.
Henry volvió a observar el collar. Las feromonas de Edwin lo impregnaban tanto que probablemente tardarían al menos diez días en disiparse por completo. Sin embargo, vería a Edwin con frecuencia antes de eso, por lo que no parecía necesario concertar una cita especial.
Aun así, el gesto de Edwin le pareció tan dulce que Henry asintió con una sonrisa.
—Está bien.
—Entonces, me retiro.
El mensajero se marchó y Henry se levantó, dirigiéndose al espejo. Observó el collar que hasta ese momento solo había sostenido entre sus manos y lo probó alrededor de su cuello.
Era un diseño sencillo y elegante, apenas perceptible a menos que se mirara de cerca.
—Edwin, realmente eres un caso.
A pesar de sus palabras, Henry no pudo evitar sonreír mientras acariciaba el collar con cariño.

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.