Capítulo 95
El entorno de Henry estaba lleno de movimiento mientras los empleados se apresuraban a atenderlo después de que saliera de bañarse. El tacto suave de la toalla secando su cabello húmedo le hacía cerrar los ojos con cansancio. Pensó que había eliminado todo, pero aún sentía el rastro de feromonas de Edwin en su cuerpo. Quizás se había impregnado tanto que no bastaba con una sola ducha para quitarlo. Hoy, Henry se había empapado completamente en las feromonas de Edwin.
El momento en que más intensamente lo sintió fue cuando…
{—Intenta distraerte con alguien más, y verás.}
Ese fue el instante en que Edwin, con una expresión llena de disgusto, prácticamente lo había amenazado. La intensidad de las feromonas que lo envolvió era tal que casi podría describirse como una ducha de feromonas. Henry quedó atrapado en una ola de posesividad tan densa que apenas podía respirar.
Cuando finalmente se acostumbró a esa fuerza abrumadora y logró exhalar, lo más absurdo fue lo que él mismo dejó escapar sin darse cuenta:
{—Tú tampoco cambies de opinión.}
Sus expresiones parecían de dos personas listas para engullirse, pero sus palabras estaban cargadas de un deseo posesivo que goteaba feromonas por todos lados.
—Ah…
Henry cubrió su rostro con ambas manos, sintiéndose abrumado por la vergüenza. «¿Cómo pude decir algo así?» Pensó, con incredulidad. Al mover la cabeza, la toalla cayó de su cabello, lo que hizo que los empleados se apresuraron torpemente a retomarla.
Lo primero era terminar de prepararse para dormir. Quizás si lograba conciliar el sueño, podría olvidar todo el bochorno del día. Cuando Henry levantó la cabeza, los empleados comenzaron a secar su cabello con más cuidado.
—¡Hermano!
La voz de Henna rompió la calma, haciendo que Henry levantara lentamente la mirada. Sin que él lo notara, Henna había entrado y ahora se acercaba.
—Hoy fuiste a la sastrería, ¿verdad? ¡Deberías haberme llevado contigo! Qué desconsiderado.
Mientras lo regañaba por haber ido solo, Henry escuchaba sus palabras distraídamente, hasta que levantó la mano, como pidiéndole que hiciera una pausa. Henna lo miró con ojos llenos de queja, pero Henry preguntó con un tono ligeramente confuso:
—¿Ir juntos a la sastrería? Pero tú tienes tu propia sastrería, ¿no?
—Eso no significa que no pueda ir a otras. ¿Ni siquiera me lo preguntaste? Además, te vi agarrado de la mano con Edwin.
Al parecer, algunos empleados habían visto a Henry y Edwin tomados de la mano en el camino, y esa información había llegado a Henna. Ella imitó el gesto de sostener la mano, claramente molesta.
—¿Qué tal si vamos a la sastrería tomados de la mano?
—¿Y por qué?
Henna infló sus mejillas, visiblemente molesta. Henry, intentando comprender su lógica, inclinó la cabeza.
—¿Tenemos ese tipo de relación?
—¡Somos hermanos! ¿Qué más relación necesitas?
Ante la expresión confusa de Henry, Henna explotó. Su voz aguda hizo que él se cubriera un oído momentáneamente antes de volverlo a bajar. «¿Por qué reaccionar así por algo tan trivial?» Pensó Henry.
—Pronto, tú…
Sin embargo, Henna se detuvo a mitad de la frase, con una expresión de tristeza. Henry, curioso, la miró en silencio, pero ella giró la cabeza, claramente contrariada. «Parece una niña haciendo berrinche» pensó Henry, aunque tuvo la prudencia de no decirlo en voz alta. Si lo hubiera hecho, ella probablemente habría gritado de nuevo.
—Como si tú pudieras entender mis sentimientos.
—Entonces, ¿qué es lo que sientes?
—No necesitas saberlo.
Henna pisoteó el suelo con frustración. Aunque apenas era la primera vez que la veía ese día, parecía estar especialmente alterada, como si algo hubiera sucedido.
—¿Ha pasado algo hoy?
—Además de estar todo el día con papá, nada.
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—¿Eso es un problema?
—¿Por qué estabas con padre?
—Es… algo—Henna sacudió la cabeza, desviando el tema rápidamente. Desde el principio había venido para transmitirle ese mensaje a Henry y tan pronto como terminó de hablar, giró medio cuerpo para retirarse. Sin embargo, Henry la detuvo.
—¿A esta hora?
—Padre ha estado esperándote todo el día.
Henry miró hacia la noche completamente oscura a través de la ventana mientras Henna hablaba con firmeza, como instándole a que fuera.
—¿Sabes por qué quiere verme?
—Escúchalo tú mismo.
Henna, tras cumplir con su misión, se dio la vuelta con decisión. Dio unos pasos, pero luego se detuvo y giró para mirar a Henry.
—Deberías pasar más tiempo conmigo también.
—¿Eh? Ah, sí. Claro.
Era una petición simple y fácil de cumplir, pero Henry no pudo evitar sentirse algo desconcertado. Antes de salir del cuarto, creyó oírle murmurar algo sobre matrimonio, aunque no estaba del todo seguro.
—Todo está listo, señor.
Cuando los sirvientes se retiraron, Henry lanzó una mirada de anhelo hacia su cama antes de salir de la habitación.
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Al entrar al despacho, lo primero que vio fue a su padre inclinando una copa de licor. La imagen del vaso lleno hasta el borde le hizo apresurar sus pasos.
—Te hará daño al estómago.
Comentó Henry mientras añadía un par de cubos de hielo al licor. El Duque Timothy observó los movimientos de Henry sin detenerle, aunque tampoco hizo gesto alguno de agradecimiento. Una vez Henry tomó asiento frente a él, el duque fue directo al grano.
—Me enteré de que te reuniste con el Duque Lorenst.
—Sí, me invitó.
—¿Te sentiste incómodo?
Conociendo la personalidad del Duque Lorenst mejor que nadie, Timothy no titubeó al hacer esa pregunta. Henry recordó su encuentro con él, repasando mentalmente los momentos. Había sido invitado de forma repentina, sin tiempo para prepararse y tuvo que enfrentarse cara a cara con el duque.
Lorenst no mostró consideración alguna hacia la situación de Henry. Desde el principio, dejó claro que esperaba que la invitación estuviera dirigida a Henna y no ocultó su sorpresa ante la relación entre Edwin y Henry. Además, criticó duramente a Henry por dudar y titubear en sus decisiones. Aunque fue una experiencia incómoda…
—Podría haber sido peor.
De alguna manera, las palabras del Duque Lorenst sirvieron para despertar a Henry, obligándole a enfrentar la realidad. De no ser por él, tal vez seguiría atrapado en su indecisión, rechazando a Edwin mientras ignoraba sus propios sentimientos.
—Me alegra oír eso. Lorenst me informó que planeaba verte.
Henry comenzó a comprender por qué su padre había estado esperándolo.
—Es irónico, ¿no te parece? Como sabes, Lorenst dejó de lado a Edwin durante mucho tiempo. Y ahora, de repente, muestra interés y decide invitarte a ti.
Timothy expresó su disgusto con una media sonrisa amarga. No podía estar más de acuerdo. El Duque Lorenst había tenido grandes expectativas para Edwin, pero al no cumplir con sus estándares, lo abandonó por completo. Sabía perfectamente que Edwin había tenido que soportar ese abandono en completa soledad, pero aún así, Lorenst nunca miró atrás.
No fue solo el duque. Incluso la duquesa trató a Edwin con frialdad, como si sus fallos fueran exclusivamente su responsabilidad. Henry asintió levemente, reconociendo la verdad en las palabras de su padre, aunque no las aceptaba completamente.
—Lorenst apartó a Edwin, sí… pero probablemente tenía sus razones.
En apariencia, todo lo que decía Timothy era cierto. Sin embargo, Henry conocía el trasfondo de la situación. No podía culpar al Duque Lorenst por completo.
«Porque sé por qué lo hizo.»
Para que Kayla pudiera sanar las heridas de Edwin, todos a su alrededor debían rechazarlo. Si Lorenst mostraba aunque fuera un atisbo de afecto, Edwin nunca se habría aferrado a Kayla con tanta intensidad. Era una decisión calculada, una pieza clave en la narrativa que había distanciado deliberadamente a padre e hijo.
Considerando las restricciones del argumento original, el Duque Lorenst hizo todo lo posible para proteger a Edwin. Aunque dividió las áreas de residencia dentro del ducado, no lo rechazó ni lo expulsó de la familia. Aunque no intervino directamente, se aseguró de que Edwin tuviera todo lo necesario para vivir sin carencias, apoyándolo desde las sombras.
«Y tampoco buscó otro heredero por la decepción que sintió.»
Así que, aunque el Duque Lorenst estaba decepcionado con Edwin y lo evitó, nunca lo abandonó del todo. Por eso, aunque lo que decía el Duque Timothy era cierto, no se podía culpar completamente al Duque Lorenst de lo sucedido.
—¿No cree que el duque también tenía sus razones?
Ante la respuesta que parecía defender al Duque Lorenst, el Duque Timothy miró a su hijo y luego asintió lentamente.
—Sí, supongo que él también tenía sus razones.
—Ojalá ahora puedan llevarse bien. Edwin realmente aprecia a sus padres.
—Es gracioso imaginar a los dos sentados juntos. Con personalidades tan similares, me pregunto cómo lograrán llevarse bien.
—Eso también me intriga.
El Duque Timothy dejó escapar una ligera risa, como si solo imaginar la situación ya le pareciera extraño. No mencionó que el Duque Lorenst probablemente estaba tratando de usar a Henry para reparar la relación con su hijo. Pensó que Henry lo descubriría por sí mismo con el tiempo. Cambiando de tema, el Duque Timothy hizo otra pregunta.
—¿Qué decidiste hacer con Edwin?
—Por ahora, decidimos no usar la piedra de feromonas.
El Duque Timothy ya sabía que la piedra de feromonas era un tesoro que Henry había obtenido de un gran mago. Recordaba que su hijo había emprendido una búsqueda para romper su vínculo con ella. Asintió ante la respuesta.
—Mientras mantienen el vínculo, quiero ayudar a Edwin a controlar sus feromonas de manera más precisa.
Aunque solo Henry podía percibir las feromonas de Edwin, era necesario que éste aprendiera a manejarlas mejor. Henry había notado que Edwin ya estaba tratando de disimularlas, pero aún lo hacía de manera torpe.
—¿No te preocupa que el vínculo sea incompleto? Tú, que llevas tiempo marcado, deberías saberlo mejor.
—Gracias a eso, he vivido más como un beta, así que estoy bien.
Desde la perspectiva de Henry, aunque técnicamente era un omega, su vida como beta le había facilitado adaptarse a su cuerpo. Lo único que lamentaba era haber comenzado a reaccionar al ciclo de Edwin debido a su cercanía. El Duque Timothy asintió nuevamente.
—Si tú lo dices, está bien. Pero recuerda que cualquier decisión que tomes tendrá sus consecuencias.
—Lo sé.
Henry ya había experimentado cómo sus acciones podían cambiar el curso de las cosas. Por eso, sabía que debía ser más cauteloso en el futuro.
Cuando Henry salió de la sala, dejando solo al Duque Timothy, este tomó su copa de vino y la vació. Las largas conversaciones con su hijo habían reducido lentamente el contenido de su copa hasta dejarla vacía. Susurró en voz baja:
—Debo prepararme.
Solo pensar en dejar ir a Henry le hacía sentir que una parte de su corazón quedaría vacía.

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.