Capítulo 86
Cuando Kayla apareció, los tres hombres miraron con cautela. Tras el alboroto anterior, sus miradas llenas de curiosidad iban de Henry a Kayla. Pero ni Henry ni Kayla eran del tipo que se preocupan por eso. Henry, con una expresión que parecía decir “¿aún no se han ido?”, los observó, y los tres se apresuraron a desaparecer.
Quedándose solos, Henry levantó la mano para evitar que Kayla hablara.
—Lo dije únicamente para animarlos. No es que realmente sienta algo tan profundo por Edwin, así que no me malinterpretes.
Era una táctica que Henry había usado antes en una situación parecida. En aquella ocasión, Edwin había sido el que escuchó sus palabras, y aún recordaba la expresión en su rostro, como si dijera: “Lo sabía, aunque finjas, todavía te gusto.” Solo pensar en ello hacía que rechinara los dientes.
Kayla, que al principio parecía confundido por las palabras de Henry, se dio cuenta tarde del significado y soltó una sonrisa.
—No te malinterpreto. Aunque claro, es como si hubieras dejado una marca, pero sin sentimientos de por medio.
Henry se sobresaltó ante la broma de Kayla.
—No es una broma. De verdad no es porque me guste Edwin tanto como para protegerlo. Lo de la marca… fue algo accidental… haa.
Cuando ocurrió lo de la marca, el Henry del mundo original sentía algo por Edwin, así que tampoco podía negarlo totalmente. Con un suspiro de frustración, Henry deseó que alguien entendiera realmente sus sentimientos.
Con el deseo de aliviar su agobio, Henry se dio unos golpecitos en el pecho con el puño.
—¿Podemos hablar un momento?
—Claro, todo lo que necesites. Si sabes algo sobre mí qué crees que debería saber, dímelo; te corregiré si algo no es cierto.
Kayla sonrió, aliviado al ver la determinación de Henry por aclarar cualquier malentendido. La actitud peculiar de Henry ayudaba a disipar su sentimiento de inquietud.
Estando en la misma habitación donde antes había hablado con Edwin, Henry, ahora frente a Kayla, se rascó la mejilla incómodamente. De alguna manera, se sentía como si estuviera teniendo reuniones individuales con los protagonistas.
—Lo de la marca con Edwin fue un accidente, algo completamente fortuito. Te lo digo por adelantado, por si quieres preguntar cómo sucedió; no puedo responder.
Suponía que eso sería lo que más despertaba la curiosidad de Kayla. Dada la situación, seguramente se sintiera confundido e incómodo, ya que, por su culpa, el momento en el que debería haberse roto la marca original de Edwin se había desviado. Henry intentaba comprenderlo todo desde su perspectiva.
—Gracias por decírmelo de antemano. ¿Puedo hacerte otra pregunta entonces?
—Claro, si es algo que pueda responder.
—Entonces, ¿eres… un omega?
—¿Yo? Sí, soy omega.
«¿Se estaba refiriendo a él mismo y no a Edwin?» La curiosidad fue breve; Henry asintió. Por el contexto, parecía que estaba preguntando sobre su propia condición.
—¿Se manifestó cuando se formó la marca?
—Sí, hace cinco años…
—¿Nadie sabía que eras omega?
Después del alboroto, Kayla escuchó algunos comentarios de la gente. Más que sorprenderse de que estuviera marcado con Edwin, parecía que la sorpresa era que Henry no fuera beta, sino un omega. Esto significaba que casi nadie conocía su condición de omega. Preguntó si al menos sus allegados lo sabían, pero Henry negó con la cabeza.
—Edwin se enteró hace poco, y hoy todos lo supieron.
El hecho de que se revelara su condición de omega no lo preocupaba realmente. Al final, cuando la marca se rompiera, todos se enteraran de todas formas. Solo le molestaba un poco que sucediera en un momento inesperado.
Mientras explicaba los hechos con indiferencia, Kayla le tomó la mano.
—Debe haber sido muy difícil para ti esconder que eras omega sin poder contárselo a nadie.
—No fue tan difícil…
Aunque era omega, su cuerpo no era muy diferente al de un beta. No emanaba feromonas ni experimentaba ciclos. Simplemente, tras pasar tiempo con Edwin, había reaccionado a sus feromonas y las cosas se habían desencadenado. Y eso había pasado hace poco, así que en realidad no lo había sufrido mucho. Aun así, Henry dejó de negar ante la mirada de comprensión de Kayla.
—Creo que el tema de la condición es igual que el género. Así como uno no puede nacer con el género que desea, lo mismo ocurre con la condición. Vivir como omega puede significar ser afectado por las feromonas de alguien y pasar por ciclos una y otra vez… pero la vida no tiene por qué ser mala.
Con el tono tranquilizador de Kayla, Henry parpadeó un par de veces y luego asintió levemente. Aunque no sentía las feromonas de otros alfas, sí había sido afectado por las de Edwin y había pasado por un ciclo, por lo que entendía a qué se refería. No sabía si su vida como omega era buena o mala todavía.
Henry miró la mano de Kayla que cubría suavemente la suya. La situación le parecía irónica: estaba siendo consolado por quien debería haber sido la pareja de Edwin.
—Kayla.
Sin levantar la mirada de su mano, Henry alzó la vista y encontró la mirada cálida de Kayla.
—¿Te incomoda?
Kayla lo miró fijamente, sin comprender del todo la pregunta de Henry.
—Si realmente te importa Edwin, supongo que esta situación no debe ser muy agradable para ti.
A pesar de dar rodeos, Henry solo intentaba decir una cosa: Kayla debía sentir algo por Edwin, pero él se había convertido en un obstáculo entre ambos. Siempre se preguntaba por qué Kayla lo trataba con tanta amabilidad.
—Henry, eres tú quien está equivocado sobre mí.
«¿Equivocado?»
La respuesta de Kayla sorprendió a Henry, quien la miró con curiosidad.
«¿En qué lo estaba malinterpretando?»
Kayla apretó su mano con más fuerza.
—No es Edwin quien me importa; eres tú, Henry.
—¿… Kayla?
—Me gustas. Aunque no sea de una forma tan intensa.
Kayla esbozó una sonrisa, intentando que Henry no se sintiera incómodo.
—¿No Edwin… sino yo?
—No entiendo por qué creías que me gustaba Edwin. ¿Fui tan impreciso? Siempre te he mirado a ti.
Las palabras de Kayla, que sonaban casi como una confesión, hicieron que Henry luchará por ocultar su asombro. Saber que él sentía algo por él lo dejaba perplejo, y su expresión probablemente mostraba la pregunta “¿por qué yo?”. Sin embargo, era demasiado tarde para esconder su sorpresa, y Kayla no se lo perdió.
—Si tengo que decir quién me incomoda, sería Edwin. No me gusta que esté junto a ti, con la excusa de ser tu amigo… Ahora que son más que amigos, seguro estará aún más satisfecho.
Kayla suspiró abiertamente y murmuró que solo pensar en eso ya le arruinaba el ánimo. Su tono despreocupado hacía difícil saber si hablaba en serio o si había otro significado oculto en sus palabras.
Sin embargo, al ver que Kayla no soltaba su mano y continuaba mirándolo con ternura, Henry se dio cuenta de que hablaba en serio.
«¿Kayla realmente sentía algo por él y no por Edwin?»
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—No esperaba que vinieras a verme.
—Necesitaba despejarme.
Ante la pregunta del Conde Ariath, Henry respondió sin darle demasiada importancia. Había ido impulsivamente a la mansión del conde, y afortunadamente, un sirviente lo guió hasta adentro. Al abrirle la puerta del despacho donde se encontraba el conde, pudo entrar sin problemas.
—Gracias por recibirme, aunque haya sido sin previo aviso.
Henry inclinó la cabeza con respeto. El Conde Ariath mirándolo, señaló la silla frente a él y se levantó, indicando que se sentara. Cuando Henry se dejó caer con aire abatido, el conde tomó asiento frente a él, sin apartar la mirada.
El conde ya sabía lo que le había ocurrido a Henry. De hecho, Edwin le había dado algunas pistas indirectas sobre el asunto, así que se lo imaginaba.
—Si es por lo de la marca, creo que hay personas más indicadas para hablar de eso.
El conde sugería que, para ese asunto, Edwin sería mejor interlocutor que él. Sin embargo, Henry negó con la cabeza.
—Si fuera solo una cosa, quizá podría manejarlo, pero hay demasiadas complicaciones.
Desde la piedra de feromonas que le dio Edwin hasta los sentimientos de Kayla, Henry estaba sobrepasado con tantas cosas sucediendo a la vez, sin haber tomado ninguna decisión concreta. Tal vez por eso se sentía aún más perdido, sin saber qué camino seguir.
En realidad, Henry no tenía pensado acudir al Conde Ariath. Pero si iba a su casa, tendría que explicar su situación a su familia; si veía a Edwin, sentiría que tendría que decidir en ese momento si rompía o no el vínculo. Incapaz de encontrar un lugar adecuado a donde ir, recordó al Conde Ariath.
Al ver la expresión compleja de Henry, el conde llamó a un sirviente y le pidió que trajera té. Pronto, una taza de té con un aroma fresco y relajante fue colocada frente a Henry.
—Será mejor conversar mientras tomamos un poco de té, ¿verdad?
El conde sugirió que probara el té, y Henry tomó la taza sin rechazarla. Para su sorpresa, la temperatura de la taza era fría. Al probar el té, sintió una sensación inesperada.
—Está frío.
En un mundo donde el té generalmente se tomaba caliente, encontrarse con un té frío le resultaba curioso.
—A veces, algo frío es mejor que algo caliente.
Mientras bebía, las palabras del conde parecían tener sentido. Henry comenzó a beber de la taza, igual que si estuviera bebiendo agua fresca, y el conde sonrió mientras tomaba su propia taza.
—Reflexiona mientras bebes.
Henry, sin apartar la mirada del conde, lo observó mientras él jugueteaba con su taza, dándole una explicación adicional.
—No todos los problemas tienen una única solución. Así como existe lo caliente, también está lo frío. No te obsesiones con encontrar sólo una respuesta. Tal vez de esa manera encuentres la respuesta con más facilidad.
El conde hablaba como si comprendiera por completo las preocupaciones de Henry, sin siquiera haberle preguntado qué le inquietaba. Y… Henry no podía negar que era el consejo más adecuado para su dilema.

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.