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Capítulo 85

Henry salió de la habitación y entró en la primera que encontró, afortunadamente fue una de las preparadas para los invitados. Echó un vistazo rápido, asegurándose de que no hubiera nadie, y luego salió al balcón para calcular la distancia entre las habitaciones cercanas. Una vez que volvió adentro, cerró firmemente las puertas del balcón y las ventanas, asegurándose de que ni un poco de aire pudiera escapar.   

Solo después de esa minuciosidad, pareció sentirse satisfecho y se dirigió hacia el sofá frente a donde Edwin ya estaba sentado. Al verlo tan tranquilo, algo en el interior de Henry empezó a hervir. Soltó un profundo suspiro, luchando por decidir qué decir primero. Sus emociones cambiaban rápidamente: frustración, resignación, preocupación, y finalmente agotamiento. Mientras tanto, Edwin lo observaba en silencio, entretenido por los cambios de expresión de Henry.

—No esperaba que nuestro secreto se revelará de esta manera… pero bueno, felicidades. Al menos ahora puedes aclarar todos los malentendidos.

Henry optó por una felicitación para comenzar. No era un mal comienzo. Edwin asintió levemente y respondió:

—Todo gracias a ti.

—¿Gracias a mí? ¿Qué he hecho yo…?

Edwin nunca decía nada sin intención, y Henry, frustrado, estuvo a punto de replicar, pero se detuvo. Si lo pensaba bien, Edwin no estaba tan equivocado. Aunque Henry preferiría decir que fue por su culpa, él había sido el que no ocultó que tomó el tesoro y el que insistió en aclarar que Edwin estaba en su sano juicio. De alguna manera, todo era consecuencia de sus propios actos.

—Sí, supongo que fue gracias a mí—murmuró Henry, pasándose la mano por la frente. Aceptar eso estaba bien, pero lo importante venía ahora.

—Entonces, ¿qué vas a hacer ahora?

—Ya lo sabes, lo mencioné antes. Tomaré una decisión después de consultarlo contigo.

—¿Qué tienes que consultar conmigo?

Henry, sintiéndose aún más indignado, respondió de manera cortante. Después de todo, Edwin ya había dejado en claro que tenía sentimientos por él frente a todos, así que ¿qué más había que discutir?

—¿Cómo pudiste decir eso delante de todos…?

En ese momento, Edwin puso algo sobre la mesa. Henry, curioso y desconfiado, bajó lentamente la mirada para ver qué era. Cuando Edwin apartó la mano, Henry no pudo ocultar su sorpresa.

—¿Por qué tienes la piedra de feromonas…? ¿Y por qué la llevas contigo? Un objeto tan importante debería estar bien guardado. ¿Qué harías si la perdieras?

A Henry le salió una pequeña reprimenda sin pensarlo, a lo que Edwin se recostó ligeramente hacia atrás.

—Es tu decisión.

—¿Decisión sobre qué?

—Si usas esta piedra de feromonas para romper el vínculo o para mantenerlo. Te dejo la elección.

—Siempre he dicho que deberíamos romper el vínculo. ¿Ya lo olvidaste?

Cuando Henry había pedido la piedra antes, Edwin se la había negado. Ahora, de repente, le estaba dando toda la libertad.

—La situación ha cambiado.

Edwin no se inmutó ante la mirada incrédula de Henry, como si aquello fuera lo más lógico del mundo.

—Has intentado romper el vínculo todo este tiempo por culpa de mis feromonas. Pero ahora que ya he revelado mi secreto ante todos, ya no me importa si lo rompemos o no. Así que, si decides romper el vínculo, necesitarás otra razón.

—Tú…

Henry miró a Edwin sorprendido, notando lo fluido y decidido que estaba siendo. Ese día Edwin se le hacía irreconocible, casi como si fuera otra persona.

—Si quieres romperlo porque ya no me soportas… Si esa es la razón, respetaré tu decisión.

Con esas palabras, Edwin dio por terminada la conversación y se levantó de su asiento.

—Espera un momento.

Henry extendió la mano apresuradamente y lo agarró por el borde de su ropa. Apenas logró sostenerle la orilla de la capa, en una posición que parecía casi como si se estuviera aferrando a él, desesperado. Sin embargo, ni Edwin ni Henry prestaron atención a la postura.

—¿De verdad respetarás mi decisión?

—Sí.

—No habrá marcha atrás, ¿verdad?

Ante la insistencia de Henry, Edwin lo miró sin responder, luego se dio media vuelta, soltándose de su agarre. La tela que Henry había sostenido se deslizó fácilmente de sus dedos, dejándolo con una sensación de vacío. Henry apretó y aflojó la mano, sintiendo la soledad apoderarse de él, antes de dejarla caer.

Cuando Edwin salió y lo dejó solo, Henry bajó la mirada hacia la piedra de feromonas, perplejo. No esperaba recibirla tan repentinamente. A pesar de haber hecho un gran escándalo por obtenerla antes, Edwin no había mostrado ni un rastro de duda.

—Darme un tesoro de esta manera…

Murmuró Henry, incrédulo, mientras extendía la mano hacia la piedra. Justo cuando estaba a punto de tomarla, las palabras de Edwin resonaron en su mente.

{—Si decides romper el vínculo, necesitarás otra razón.}

La mano de Henry se detuvo. Con una expresión de frustración, cubrió sus ojos con la mano vacía.

—¿Qué se supone que haga ahora…?

Su lamento resonó en la habitación vacía, desvaneciéndose en el silencio.

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

Fuera de la habitación, Edwin se detuvo justo después de cerrar la puerta, como si estuviera a punto de regresar de inmediato. A solo un paso de distancia, todos sus pensamientos estaban concentrados en Henry, que aún estaba adentro. Edwin podía imaginar claramente la expresión de Henry incluso sin verlo, debatiéndose sobre qué hacer con la piedra de feromonas.

Quería regresar y decirle que lo eligiera a él. Sin embargo, aunque su mente era un caos, su cuerpo se negaba a moverse. El miedo a que Henry lo rechazara lo mantenía inmóvil.

Mientras Edwin miraba la puerta, perdido en sus pensamientos, una figura se le acercó. El hombre se detuvo justo frente a él, bloqueando su camino.

—¿Me darías la oportunidad de preguntarte por los detalles?

Era el Príncipe Heredero William.

Edwin miró una vez más hacia la puerta, luego se volvió hacia el Príncipe. Con esa acción, William entendió su respuesta y, tras invitarlo a su palacio, comenzó a caminar.

Una vez dentro de la habitación del Príncipe, ambos se sentaron, pero no hubo conversación inmediata. Edwin estaba distraído, pensando en si Henry ya habría regresado a casa, mientras William, por su parte, reflexionaba sobre cómo abordar el tema.

—¿Debería empezar felicitándote?

—Está bien.

El inicio de la conversación fue el mismo que el de Henry. Edwín finalmente desvió su mirada hacia el Príncipe William. Al sentir que podía responder a su historia, el Príncipe William comenzó a hacer preguntas más a fondo.

—Por más que lo pienso, no logro entenderlo.

William, quien había estado más cerca de Edwín que nadie, no se sorprendió tanto por la repentina confesión, sino que más bien tenía muchas dudas. Sabía demasiado sobre Edwín y Henry como para aceptar todo al pie de la letra.

—Te lo pregunto sin rodeos. ¿No sufriste por ser un alfa a medias?

Desde que lo observó, notó que Edwín comenzó a ocultar sus emociones después de no poder manifestarse plenamente. También sabía que se había obsesionado con la esgrima para liberar su frustración, mostrando desinterés en todo lo demás. Sin embargo, hoy Edwín parecía haber olvidado su antiguo comportamiento.

—Además, no sabías que era el tesoro del gran mago.

Edwín había dicho que lo acompañaría, pero eso solo era posible con el permiso del Príncipe William. En ese momento, Edwín no parecía estar al tanto de qué era el tesoro.

Una vez que hizo la primera pregunta, las siguientes comenzaron a fluir como un torrente.

—¿Henry se convirtió en omega? ¿Pero por qué no lo dijiste de inmediato? Si se trataba de un vínculo, deberías haberlo revelado, ¿no? Como le gustabas, debiste pensar que era una oportunidad…

Aunque últimamente había estado actuando como si no le importara, Henry no era el mismo de antes. Edwín pensó brevemente sobre la pregunta de William antes de comenzar a contar su historia lentamente.

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

Con el corazón pesado, Henry se dirigía a casa cuando tres hombres le bloquearon el paso. Al observar sus rostros, se dio cuenta de que los había visto antes. ¿Dónde podría haber sido? Pronto recordó la ocasión en la tienda de trajes y mostró una expresión de alegría.

En ese momento, los tres se acercaron a hablarle. Habían mencionado la relación entre la familia de Timothy, el duque, y la suya, insinuando que había una amistad considerable. Henry había aceptado su charla de manera superficial y se había ido, pero al final no se sintió del todo satisfecho. No pudo evitar intervenir cuando estaban hablando mal de Edwín.

No le gustaba escuchar que Edwín era un alfa a medias y que cargaría con esa discapacidad toda su vida, así que les había dicho que Edwín era un tipo increíble incluso sin feromonas.

—Ya veo que eres cercano al Duque Lorenst.

Uno de los hombres sonrió de manera burlona. Su mirada parecía decir que había una razón detrás de eso.

—No sabíamos nada sobre el vínculo y nos comportamos mal ese día.

Era como si entendieran ahora que habían menospreciado a la pareja de Henry. Por supuesto, no lo decían de buena fe. Eran conscientes de que podrían acercarse más a Henry, pero se sentían incómodos al verlo asociarse con el Duque Lorenst. Ahora parecía que todo tenía sentido para ellos.

Así que era por eso que solo se llevaba bien con él, su tono era despectivo. Aunque sabían que debían llevarse mejor con el Duque Timothy, sus sentimientos de desilusión se manifestaban en su reacción.

—Por eso hemos venido a disculparnos por lo que sucedió. Si te sientes incómodo, por favor, compréndelo.

No se sentía en absoluto sincera la disculpa. El tono burlón de ellos hizo que Henry sintiera que la tensión reprimida en su interior surgía. Ya tenía suficiente confusión en su cabeza, y ahora había que lidiar con estas personas…

Henry suspiró, resignado, y levantó la mirada hacia ellos. Entonces, hizo la mejor sonrisa que podía ofrecer. Ante la reacción de Henry, los tres hombres se estremecieron.

«¿Qué pasa? ¿Por qué sonríe así?»

—Gracias por disculparte ahora. La verdad es que me molestó mucho en ese momento. ¿Qué le falta a Edwín? Es guapo. Es inteligente. Es alto y muy responsable. ¿Y eso es todo? Además, viene de una buena familia y es un alfa dominante extremo. Bueno, ahora que puedo sentir sus feromonas, puedo decirte que huelen realmente bien.

Henry pasó junto a ellos, proyectando una atmósfera de que su “chico” ahora era el mejor sin ninguna falta. En primer lugar, habían bloqueado su camino porque querían escuchar este tipo de palabras, así que solo les dijo lo que querían oír.

En ese momento, decidido a irse a casa, Henry se detuvo de repente al ver un rostro familiar.

«No puede ser, de verdad.»

«¿Por qué cada vez que hago un cumplido sin querer, hay alguien que lo escucha?»



TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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