Capítulo 76
Siguiendo su deseo de no ver a Edwin, quien no logró manifestarse como un alfa adecuado, el Duque Lorenst dividió todos los espacios en la mansión ducal. En lugar de intentar controlar el malestar que sentía cada vez que veía a Edwin, eligió no verlo en absoluto. Así, aunque ambos vivían en la misma residencia, sus territorios estaban tan claramente separados que nunca se cruzaban.
Hasta que Edwin decidió cruzar esa barrera.
—Es un regalo enviado por Henry—dijo Edwin, dejando de repente una pequeña caja en la mesa frente al Duque Lorenst. El comportamiento de Edwin no tenía sentido para el Duque.
—Es una joya para contener feromonas. Puede ser útil para una persona que esta marcada—explicó Edwin brevemente antes de girarse para marcharse. No mostró el menor interés por la reacción del Duque Lorenst ni explicó por qué de repente se había presentado o por qué estaba cumpliendo con un recado de otra persona.
Incluso la explicación sobre el objeto fue corta y directa, fiel al estilo de Edwin. Y al igual que había llegado, se fue rápidamente, dejando la caja como único testigo de que aquello realmente había sucedido.
El Duque Lorenst miró la caja que Edwin había dejado atrás, una elegante caja de terciopelo blanco. La imagen de una persona apareció en su mente.
{—Eso dice Edwin, así que pueden confiar en ello.}
{—Parece que la capacidad de observación de Edwin es excepcional. Sin duda, se parece al Duque Lorenst.}
{—¿No cree usted también, Duque, que Edwin es guapo?}
Henry Timothy, siempre mencionando a Edwin, incluso insinuando descaradamente que se parecían. El Duque siempre había encontrado gracioso cómo Henry pretendía no saber nada sobre la tensa relación entre él y Edwin, y ahora parecía que Henry había planeado este travieso movimiento.
Debería advertirle la próxima vez que lo viera. O tal vez…
Los pensamientos del Duque Lorenst lo mantuvieron despierto hasta altas horas de la noche.
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Debido a su desvelo, Henry frotaba sus ojos hinchados por la mañana. Por más que lo pensaba, no lograba entender su comportamiento de la noche anterior. Había culpado a las feromonas por el beso con Edwin, y cómo había inhalado profundamente su aroma.
Las feromonas son solo una excusa, pensó.
Aunque había elegido besar a Edwin para calmarse, la realidad era que no necesitaba hacerlo. Ni siquiera podía justificarlo diciendo que la necesidad de Edwin era evidente, ya que él mismo había respondido a ese beso, inclinando la cabeza para corresponder. Esa fue su elección, hecha en parte porque estaba tan excitado como Edwin y quería aliviar su propio deseo. El problema fue que no pensó en lo que sucedería después. A pesar de todo, al día siguiente fue a ver a Edwin para continuar con las lecciones.
—Hoy pareces tener muchas cosas en mente—comentó el Conde Ariath, quien finalmente notó su distracción.
—Lo siento—respondió Henry.
Henry, consciente de que no había podido concentrarse en la clase, inclinó la cabeza y se disculpó sinceramente. Luego, fingió no notar la mirada de Edwin mientras pasaba las páginas de su libro.
—Será mejor dejarlo hasta aquí por hoy—dijo el Conde Ariath, cerrando su libro y marcando el final temprano de la lección. Edwin, sin decir palabra, siguió el ejemplo del conde y cerró su libro también, mientras Henry le agradece por la clase.
Tan pronto como el Conde Ariath se fue, Henry se levantó rápidamente, decidido a regresar a casa de inmediato. Con un libro en la mano y caminando con paso firme, Henry no esperó a que alguien abriera la puerta por él; tomó el pomo y se dispuso a salir.
Solo vámonos, pensó.
Era una pregunta sin respuesta, a pesar de haberla reflexionado durante toda la noche anterior. Aunque sabía que pensar en ello no le daría ninguna solución en ese momento, no tenía otra opción. Cuando Henry bajó el pomo para abrir la puerta, se encontró con la mirada del Conde Ariath, que aún no se había ido. Justo cuando el conde parecía estar a punto de decir algo, la puerta se cerró de golpe.
—Edwin—llamó Henry al dueño de la mano que había cerrado la puerta detrás de él. No preguntó por qué Edwin había cerrado la puerta sin decir una palabra, pues la respuesta era evidente.
—¿Crees que evitarlo sin más te dará una respuesta?—dijo Edwin con un tono afilado, haciendo que Henry mordiera su labio. Sentía como si Edwin hubiera visto a través de él, pero enfrentarlo de frente no era fácil. No podía hablar con Edwin sobre lo que había ocurrido entre ellos el día anterior, mucho menos mantener una conversación profunda sobre ese beso.
—Mírame—ordenó Edwin con un tono que dejaba poca opción a Henry. La resistencia de Henry se encendió, pero temía que si se negaba a mirarlo, eso solo afirmará lo mucho que Edwin lo afectaba. Así que, con el ceño fruncido, Henry giró hacia Edwin.
Mientras intentaba levantar la vista para mirarlo, sus ojos se detuvieron en los labios de Edwin. Labios de tamaño justo, ligeramente alargados hacia los lados. A diferencia de su tono habitual, los labios de Edwin habían adquirido un tono más rojizo tras el beso que compartieron el día anterior…
Si seguía mirando, sentía que sería él quien lo besaría esta vez. Al darse cuenta del peligro que representaba seguir pensando en eso, Henry sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos.
—¿Qué querías decir cerrando la puerta así?—preguntó Henry, clavando la vista en el espacio justo debajo de la nariz de Edwin, evitando mirarlo a los ojos.
—… Ahora no puedes ni mirarme a los ojos—respondió Edwin, notando la evasión de Henry.
—Deja de decir tonterías y ve al grano—murmuró Henry, cruzando los brazos y retrocediendo un poco para poner distancia entre ambos. Edwin, observando la expresión de Henry, le entregó algo sin inmutarse.
—¿Qué es esto?—preguntó Henry, mirando el objeto que Edwin le tendía. Era el collar con feromonas que Henry le había entregado el día anterior, aún con su aroma impregnado. Henry levantó la mirada para encontrarse con los ojos de Edwin.
—¿Qué pasa con esto? ¿No funcionó?—preguntó Henry, desconcertado.
—Quiero que me lo pongas—respondió Edwin.
Al escuchar la respuesta, Henry cerró los puños instintivamente. ¿Había cerrado la puerta sólo para pedirle que le pusiera el collar? Quería gritarle que lo hiciera él mismo, pero sabía que Edwin sólo estaba obedeciendo a su curiosidad sobre la eficacia del collar. Así que lo mejor sería cumplir con su petición.
Después de haber llegado al punto de besarlo por esto, tendría que concederle cualquier petición, pensó Henry con resignación mientras esbozaba una sonrisa forzada y se acercaba a Edwin.
—Venga aquí, cliente. Se lo pondré bonito—dijo Henry en tono burlón mientras hacía un hueco con ambas manos. El collar con feromonas cayó suavemente sobre sus palmas, donde encajó perfectamente. Sentir el collar impregnado con su propia fragancia hizo que Henry se sumiera en una extraña sensación. Era como si, de alguna manera irracional, Edwin le perteneciera.
Sacudió la cabeza para apartar esos pensamientos absurdos. Sabía perfectamente cuál era el destino de Edwin, y no tenía por qué dejarse llevar por esas ideas. Henry recordó las razones por las cuales siempre había mantenido su distancia de Edwin y había intentado romper el vínculo que los unía. No quería morir pidiendo el amor de Edwin, y menos aún sufrir al verlo enamorarse de otra persona, mientras él se desgarraba por dentro.
Justo cuando Henry estaba a punto de rodear a Edwin para ponerle el collar, notó que el brazo que Edwin había extendido para cerrar la puerta seguía bloqueando el paso. El otro lado estaba ocupado por unos adornos, lo que le dificulta moverse. Dudando, Henry levantó la mirada y se encontró con los ojos de Edwin. Fue entonces cuando comprendió que Edwin no había movido su brazo a propósito.
Qué caprichoso, pensó Henry, pero no estaba dispuesto a dejarse vencer. Extendió los brazos alrededor del cuello de Edwin, como si fuera a abrazarlo, reduciendo aún más la distancia entre ellos. Ambos rostros quedaron peligrosamente cerca.
Henry podía sentir el aliento de Edwin rozar sus labios, desvaneciéndose en el aire. Apretó los labios con fuerza y, sin apartar la mirada, se concentró en abrochar el collar. No era fácil hacerlo sin mirar, confiando únicamente en el tacto de sus manos, pero, tras algunos intentos fallidos, Henry logró abrochar el collar, olvidándose por completo de la intensa mirada de Edwin.
Listo, pensó Henry con una sonrisa de satisfacción cuando sintió el clic del broche. Pero fue entonces cuando se dio cuenta de lo cerca que estaba de Edwin. Se apartó rápidamente, o al menos lo intentó, porque antes de poder hacerlo, Edwin lo sujetó por la cintura, para acercarlo aún más. Ambos torsos se tocaron, y Henry, sorprendido por el impulso de Edwin, tardó un segundo en reaccionar antes de intentar empujar sus brazos.
—Abrazar a alguien sin su permiso es una falta de respeto—dijo Henry con tono severo, empujando los brazos de Edwin, pero este solo soltó una risa suave sin soltarlo. No solo eso, Edwin apoyó la cabeza en su hombro.
Todo por ponerle un simple collar, y ahora estaba abrazado a Edwin. Henry miró al techo, soltando un suspiro de frustración.
—Que nos hayamos besado ayer no significa que puedas abrazarme así—dijo Henry.
—Pensé que ibas a fingir que lo habías olvidado—murmuró Edwin.
Henry se dio cuenta de que Edwin había estado pendiente de cómo le afectaba lo ocurrido el día anterior. Por eso lo había estado mirando tanto. Henry decidió, ya que la situación había llegado a este punto, decir lo que realmente pensaba.
—Si pudiera, no fingiría. Lo olvidaría por completo—dijo Henry.
—¿Por qué?—preguntó Edwin.
—Porque cuando veo tu cara, recuerdo lo que pasó ayer—respondió Henry, sintiendo cómo su corazón se acelera cada vez más. No quería admitir que se sentía perturbado. Edwin soltó una risa suave, y Henry sintió el calor de su aliento en su cuello, justo en la zona de donde se liberan sus feromonas.
—A mí me pasó lo mismo—confesó Edwin.
—…
—Cada vez que te veía, me venía a la mente lo que pasó ayer. Por eso no pude concentrarme en la clase del Conde Ariath—dijo Edwin.
Henry pensaba que era el único que se había sentido alterado por el beso del día anterior. Pero descubrir que Edwin también lo había recordado constantemente, hasta el punto de no poder concentrarse, lo hizo querer reírse.
Esto parece como si estuviéramos atraídos el uno por el otro, pensó Henry sin poder evitar que esa idea cruzara por su mente.
Pero apenas se dio cuenta de lo que pensaba, su cuerpo se tensó. «¿Atraídos? ¿Él y Edwin? Era ridículo. No podía permitir que algo así ocurriera.»
—Es mejor que olvides lo del collar de feromonas—dijo Edwin de repente, sacando a Henry de sus pensamientos y provocando que frunciera el ceño al instante.

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.