Capítulo 71
Henry había supuesto que, dado que el evento estaba organizado por el Emperador, no se celebraría en un lugar pequeño. Sin embargo, cuando se abrieron las puertas y apareció un salón inmenso, su cabeza comenzó a girar de un lado a otro, admirando la magnitud del lugar.
«Es realmente grande.»
Era incluso más grande que el Gran Salón del Ducado, que solo se utilizaba para eventos importantes. Gracias a esto, el camino hacia el interior era considerablemente largo. Si hubiera tenido que recorrerlo solo, habría sido abrumador, pero afortunadamente no estaba solo.
«Pensé que esperar a Edwin había sido una pérdida de tiempo, pero al final, fue una buena idea entrar juntos.»
Mientras caminaba junto a Edwin, la ligera sensación de arrepentimiento que había tenido por esperarle se desvaneció rápidamente, como si hubiera dado la vuelta a su mano. Además, al sentir los feromonas de Edwin envolviendo su cuerpo, Henry caminaba con confianza, sintiéndose respaldado.
Las miradas de los presentes, ya ubicados en sus asientos, se volvieron hacia Henry y Edwin a medida que avanzaban. El Emperador estaba en el centro, con la Emperatriz y el Príncipe Heredero a su lado. A la izquierda estaban sentados el Duque y la Duquesa Lorenst, y a la derecha, el Duque Timothy, su esposa, y Henna.
—Creo que no será la última vez que veremos esa entrada—murmuró el Príncipe Heredero William al observar a Henry y Edwin caminar juntos, con una expresión enigmática. Si Henry hubiera oído lo que dijo, probablemente habría respondido de inmediato, pero lamentablemente, solo unos pocos a su alrededor escucharon su comentario.
Al llegar al frente, Henry se inclinó ante el Emperador.
—Es un honor inmenso encontrarme con Su Majestad, el Sol del Imperio.
Al unísono con Henry, Edwin también se inclinó, y la mirada del Emperador se posó en ambos.
—Es la primera vez que los veo en mucho tiempo.
Henry, sorprendido por la calidez en la voz del Emperador, no pudo ocultar su asombro y levantó la cabeza. Aunque antes nunca había conocido al Emperador, había imaginado que sería una figura imponente y severa. Como líder del Imperio, había supuesto que sería una persona rígida, pero la suave entonación de su voz hizo que Henry lo mirara inadvertidamente.
Justo cuando se dio cuenta de que sin permiso había hecho contacto visual con el Emperador, y se preguntaba si debería bajar la cabeza nuevamente, la suave sonrisa del Emperador hizo que Henry se quedará en blanco.
—Después de escuchar las historias del Príncipe Heredero, tenía ganas de veros. Parece que habéis pasado por mucho.
—Dicen que lo mejor de un viaje son las sorpresas inesperadas. Lo hemos disfrutado mucho—respondió Henry con naturalidad, como si no hubiera estado sorprendido un momento antes. Sabía que Edwin estaría en silencio a su lado.
—Bien, hoy escucharemos todo con calma. Tomad asiento—dijo el Emperador haciendo un gesto con la mano, y Henry inclinó la cabeza ligeramente antes de moverse a un lado.
Al acercarse al asiento junto a Henna, Henry miró instintivamente al otro lado, solo para sorprenderse al sentir una presencia a su izquierda. Edwin, que debería haberse sentado frente a él, no estaba allí.
«¿Por qué se sienta aquí?»
Aunque quería preguntarlo en voz alta, las miradas de los demás le impidieron hacerlo. En su lugar, Henry lo miró fijamente, enviándole una señal para que se moviera a su asiento, pero Edwin no le prestó atención.
Mientras ambos se sentaban, la gente comenzó a acercarse. Viendo cómo se llenaba el entorno, Henry comentó:
—¿No te parece que el espacio… es un poco estrecho?
Henry trató de desviar la conversación, gesticulando discretamente bajo la mesa para que Edwin se moviera más allá al espacio vacío. Sin embargo, Edwin lo ignoró con su habitual indiferencia.
Finalmente, Henry perdió la oportunidad de levantarse y cambiar de asiento en el momento adecuado. Tuvo que contener las ganas de maldecir y mantuvo la compostura.
—Hoy va a ser realmente divertido—comentó el Príncipe Heredero William, expresando sus expectativas para la cena, mientras todos tomaban sus lugares.
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A medida que los platos exquisitos comenzaban a llegar, Henry no podía concentrarse, molesto por la presencia de Edwin a su lado. La atención constante de los demás, que miraban en su dirección en lugar de a la comida, le hacía sentirse incómodo. Henry, incómodo en su asiento, reprimía sus ganas de levantarse, lo que hacía difícil controlar sus feromonas que comenzaban a manifestarse.
—¿Qué te pasa?
—¿Eh?
—¿Qué te incomoda tanto?
Edwin, aparentemente consciente del estado de ánimo de Henry, le preguntó directamente, como si ya supiera la respuesta. En ese momento, Henry se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Así como antes había percibido el estado de ánimo de Edwin a través de sus feromonas, ahora Edwin estaba haciendo lo mismo con él.
—No es nada.
—Entonces, no pongas… esa expresión.
Edwin se detuvo en medio de su frase, probablemente cambiando la palabra feromonas por algo más apropiado, al menos consciente de la presencia de los demás. Henry, por un momento, se sintió aliviado por esta consideración, aunque su frustración volvió rápidamente al recordar que Edwin debería haber tomado asiento en otro lugar, en lugar de a su lado.
Mientras tanto, los demás no podían ocultar su sorpresa cada vez que descubren otro aspecto inesperado de Edwin. El hecho de que se hubiera sentado junto a Henry y que le hablara tan naturalmente no coincidía con la imagen que ellos tenían de él.
El único que parecía no estar sorprendido era el Príncipe Heredero William, que los observaba con interés, como si hubiera anticipado esta situación. Al levantar una mano, dio la señal, y una suave melodía comenzó a sonar.
Los platos continuaron llegando, llenando la mesa con una variedad de manjares, mientras la música marcaba el comienzo oficial del banquete. William sostuvo su copa de vino mientras conversaba con el Emperador.
Los demás también comenzaron a charlar con quienes tenían al lado. Fue entonces cuando Henry exhaló un suspiro de alivio. Aunque intentaba disimularlo, no podía ignorar las miradas que lo habían estado incomodando, pero, finalmente empezaron a desvanecerse.
—Así ha sido todo este tiempo, ¿verdad?
La voz susurrante de Edwin hizo que Henry, que estaba a punto de alcanzar su vaso de agua, se detuviera y lo mirara.
—Fingir que todo está bien cuando no lo está.
Edwin, en lugar de Henry, tomó el vaso de agua y se lo ofreció. Más que las palabras, el contacto fugaz de sus manos y las feromonas que apenas se rozaron hicieron que Henry comprendiera lo que Edwin quería decir. Edwin podía leer perfectamente el estado emocional cambiante de Henry a través de las feromonas, tal como Henry había hecho con él antes.
—¿Cuántas personas muestran sus emociones de manera honesta?
Henry aceptó el vaso y bebió, respondiendo a Edwin. No había nada que negar. No solo él, sino que todos los seres humanos a menudo ocultan ciertas emociones detrás de una máscara.
—Tú también lo ocultas todo.
Henry miró las feromonas que flotaban en el aire, surgiendo de Edwin. Aunque Edwin había empezado a percibir las feromonas de Henry recientemente, Henry había estado viendo a Edwin de esta manera desde hace mucho tiempo.
Henry, al menos, tenía la costumbre de expresar su frustración de vez en cuando, pero Edwin siempre parecía dejar que todo le resbalara con indiferencia. Sin embargo, Henry sabía que, por mucho que Edwin mantuviera una expresión neutral, sus emociones no eran tan indiferentes como aparentaba.
—Cuando podías ver mis emociones de antemano, ¿qué pensabas?—preguntó Edwin, levantando su copa de vino y mirándolo directamente a los ojos. Henry, fingiendo que pensaba en la respuesta, respondió después de una pausa.
—Que también eres humano.
Si le gustaba algo, le gustaba; si no, no. Aunque Edwin ocultara todo tras una fachada de indiferencia, sus feromonas revelaban sus emociones con sinceridad. Tal vez por eso Henry se sintió más atraído hacia él. Verlo como un personaje masculino lleno de cicatrices era muy diferente a ver al verdadero Edwin. Al experimentar sus emociones, Henry a menudo comprendía a Edwin, casi sin darse cuenta.
Edwin, tras escuchar la respuesta de Henry, acercó lentamente la copa de vino a sus labios. Justo en el momento en que el vino entraba en su boca, Henry abrió los ojos como si hubiera notado algo extraño.
«¿Está sonriendo?»
«¿Sonrió? ¿O no?»
¿Lo vio mal debido a la curvatura del vaso? Henry, aún inseguro, apartó la mirada. Por eso no se dio cuenta de que Edwin seguía sonriendo después de apartar la copa de sus labios.
En cambio, solo algunos otros en la sala notaron la sonrisa de Edwin.
En medio de la cena, que transcurría en un ambiente peculiar, Henry solo picoteaba el pan mientras observaba a los dos Duques. Aunque la atmósfera parecía igual de pesada en ambos casos, el Duque Timothy tenía una suavidad que no podía ocultar, mientras que el Duque Lorenst se mostraba tan rígido que no cabía ni un alfiler en su apariencia.
«Por eso dijeron que Edwin se parece a él.»
Si se le añadiera un poco más de gravedad a la expresión imperturbable de Edwin, se parecería al Duque Lorenst. Tanto abuelo como nieto compartían una atmósfera inquietantemente similar.
Cuando Henry miró a Edwin y volvió a girar la cabeza, sus ojos se encontraron con los del Duque Lorenst, quien lo estaba observando. El Duque le dirigió la palabra por primera vez.
—He escuchado que tuviste una buena experiencia con Su Alteza el Príncipe Heredero.
—Así es.
Henry dejó su copa a un lado, anticipando que vendría otra pregunta después de ese breve comentario, y prestó atención.
—Entonces, ya que lo has visto por ti mismo, dime. ¿Crees que esa cueva, donde el Marqués de Karian supuestamente hizo sus hechizos, se formó de manera natural? ¿O había indicios de que alguien la había creado como una trampa?
El Duque Lorenst estaba preguntando sobre la naturaleza de la cueva donde encontraron el tesoro. Aunque la pregunta parecía simple, Henry no podía tomarla a la ligera, ya que había discutido con su familia este mismo tema después de regresar del viaje.
En lugar de responder de inmediato, Henry hizo como si estuviera reflexionando antes de girarse hacia Edwin.
—¿Qué piensas?
Al ver la mirada interrogativa de Edwin, Henry le preguntó de nuevo.
—Tú lo sabes mejor que yo, ¿esa cueva parecía natural?
—… Había rastros de intervención humana, pero al menos, lo que el Marqués de Karian dejó allí parecía genuino.
Eso lo deberías saber mejor tú, que obtuviste el tesoro, parecía decirle Edwin con la mirada. Ignorando esa pregunta tácita, Henry se volvió hacia el Duque Lorenst.
—Edwin dice que así fue.
—…
—Edwin probablemente lo vio con más precisión que yo, así que no creo que esté equivocado.
El rostro imperturbable del Duque Lorenst mostró una pequeña grieta.

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.