Capítulo 70
—¿Así que está jugando sucio?
Henry apretó los dientes al recordar la conversación que había tenido con Edwin durante el día.
Cuando mencionó que iría a la cena organizada por el Emperador, vio cómo Edwin fruncía el ceño, aunque ligeramente. Además, su feromona también lo delataba. Estaba claro que no quería ir, así que Henry estaba seguro de que había tocado una fibra sensible.
«Todo es por tu bien» pensó Henry, confiado en que su estrategia funcionara y Edwin decidiría rendirse. Pero en lugar de eso, Edwin fue el primero en despedirse, dejándolo solo.
—Estoy tomando las clases, pero ¿cuándo podré recibir la piedra de feromonas?
Henry miró con frustración el plato frente a él, imaginando que era Edwin. Temía que, al final, terminaran tomados de la mano en una boda.
—No, tengo que encontrar una solución.
Con una ligera sacudida de cabeza, Henry tomó el tenedor y el cuchillo. Aunque cortaba la carne con elegancia, su mente estaba absorta en cómo podría deshacerse de Edwin.
Aunque ahora estaba enfadado con Edwin, no sentía animosidad hacia él. De hecho, quería lo mejor para él. Solo intentaba romper el vínculo que consideraba un obstáculo.
Por eso le había pedido la piedra de feromonas, pero Edwin no le entregaba, lo que lo irritaba.
—Realmente quiero hacer esto por tu bien, Edwin, pero el camino no será fácil.
Además, quería cambiar la opinión negativa que Edwin tenía sobre él. Aunque sabía muy bien que Edwin no lo deseaba.
—Aun así, es bueno que la primera vez sea frente a Su Majestad el Emperador y al Duque Lorenst. No está mal.
Mientras su humor mejoraba, la presión en su mano al cortar la carne disminuyó. Finalmente, pudo saborear el suave filete en su boca.
—¿Hoy estuviste de nuevo con Edwin?
El Duque Timothy le preguntó, y Henry asintió ligeramente mientras dejaba el tenedor. Al levantar su copa vacía, un sirviente se acercó para servirle vino antes de retirarse. Mientras disfrutaba del aroma del vino, Henry respondió.
—Sí, solo tomé las clases y vine directamente.
Durante la cena, Henry se reunió con su familia después de mucho tiempo. Ya había mencionado que estaba recibiendo clases del conde Ariath sobre los géneros, por lo que no necesitó dar más explicaciones.
—¿Te están gustando las clases?
—El conde Ariath explica todo con mucha claridad, me está ayudando mucho.
—Hay muchos que quisieran tenerlo como maestro. En ese sentido, es un buen momento para ti y para Edwin.
—Yo también lo creo.
El Duque Timothy no se preocupaba mucho por el nivel de las clases, estaba orgulloso de que Henry estuviera tomando la iniciativa. Respetaba y apoyaba las decisiones de Henry, y lo mismo hacía la Duquesa, aunque no toda la familia compartía esa opinión.
—¿Es necesario asistir a clases para eso?
Su hermana menor, Henna, inclinó la cabeza con curiosidad.
—Aprendimos todo eso cuando éramos pequeños.
Como el Duque y la Duquesa Timothy, también Henna y Henry que eran omegas, en la familia ducal siempre había habido individuos con estas características. Por lo tanto, la educación relacionada había sido una prioridad desde temprana edad para ellos.
—No lo recuerdo.
—Bueno, es verdad que no prestabas mucha atención en ese entonces.
Henna, como si recordara esos tiempos, murmuró mientras miraba al vacío y luego asintió con la cabeza. Parecía que Henna había tomado clases junto con Henry, pero él no recordaba nada de aquellos días. Como no era necesario convencer a Henna de nada, Henry simplemente se concentró en el plato frente a él.
—Pero es curioso que tú, siendo un beta, escuches tan atentamente.
Sin embargo, las palabras de Henna hicieron que Henry desviara la mirada mientras bebía un poco de vino. Ellos pensaban que él aún no había manifestado su condición, así que no había necesidad de mencionar que en realidad era un omega. Cuando el vínculo se rompiera, tal vez sería momento de hablar de ello. Tras tomarse su tiempo, Henry respondió con la respuesta más neutral posible.
—Es para el futuro.
—Así que es porque cuando seas Duque tendrás que tratar con personas con características especiales.
Henna asintió, pareciendo comprender. Antes, Henry había utilizado un argumento similar para convencer a Edwin. Sin embargo, al final, Henry se encontró en una posición en la que debía controlar sus feromonas y entender mejor su condición junto con Edwin.
—Eso también.
Henry cambió el tema de forma casual y dejó la copa en la mesa. Antes de que Henna pudiera decir algo más, llamó la atención del Duque Timothy.
—Padre, ¿cómo es el Duque Lorenst?
—¿El Duque Lorenst?
El Duque Timothy repitió la pregunta de Henry, y este asintió.
—Ha pasado mucho tiempo desde que lo vi, y no lo recuerdo bien.
Con la invitación a la cena del emperador, Henry había tratado de recordar lo que sabía sobre el Duque Lorenst. Como la historia original se centraba tanto en Edwin y Kayla, no había mucha información sobre el Duque Lorenst. Aunque era el padre de Edwin, la relación entre ambos era distante.
Aunque no iba a encontrarse con el Duque Lorenst de inmediato, Henry quería saber más sobre él antes de que eso sucediera.
—Es cierto, hace mucho que no lo ves.
El Duque Timothy asintió mientras trataba de recordar al Duque Lorenst. Timothy sabía bien cómo era la relación entre Edwin y su padre. Como apenas se veían, era comprensible que Henry no hubiera visto al Duque Lorenst en mucho tiempo, a pesar de pasar tiempo con Edwin.
El Duque Timothy, quien frecuentaba la corte y veía al Duque Lorenst con más regularidad, pensó cómo podría describirlo a Henry y pronto encontró una respuesta.
—No te compliques. ¿No te encuentras todos los días con su versión en miniatura?
—¿Su versión en miniatura? ¿Te refieres a Edwin?
—Exactamente. Son iguales.
El Duque Timothy explicó amablemente, adaptándose al nivel de comprensión de Henry. No había necesidad de buscar similitudes lejanas; como dicen, de tal palo, tal astilla.
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El día de la cena del Emperador, mientras su familia entraba primero al palacio, Henry se quedó esperando a Edwin. No era necesario esperar, pero quería comprobar si Edwin realmente iba a asistir.
—Sería bueno que cambiara de opinión y no viniera.
Entonces, ¿no podría usar esto como excusa para molestar a Edwin otra vez? Pero los ojos brillantes de Henry pronto se apagaron con desilusión. Un carruaje familiar, ya demasiado conocido, se acercaba. La última esperanza de que alguien más estuviera dentro se desvaneció como burbujas al ver el rostro que apareció al abrirse la puerta.
Edwin llegó a regañadientes, exudando feromonas que dejaban claro que no quería estar allí.
—Si vas a salir con esa cara, mejor no vengas.
«Podría simplemente lanzar la piedra de feromonas en mi cara y no presentarse, ¿por qué diablos sale?»
Edwin se encogió de hombros ante el saludo sarcástico de Henry.
—Es gracias a que tomaste decisiones por mí. El mayordomo preparó el carruaje desde la mañana.
—Echarme toda la culpa es….
Henry soltó una risita incrédula. Podría haber cancelado su asistencia simplemente entregando la piedra de feromonas. Sin embargo, fue Edwin quien se presentó obstinadamente sin rendirse.
—¿Por qué tienes esa expresión en tu cara, tú que me llamaste?
—Pues….
Henry lo miró con desdén, como si fuera obvio. Desde que bajó del carruaje, Edwin había exudado esas feromonas desagradables, así que, ¿cómo no iba a estar molesto? Henry, casi sofocado por las feromonas de Edwin, también dejó salir su descontento a través de sus propias feromonas.
—Si no lo entiendes, olvídalo. No tengo ganas de explicarlo.
Ante la respuesta poco amable de Henry, las feromonas de Edwin se intensificaron. Y Henry, decidido a no quedarse atrás, levantó las suyas. Las feromonas, afiladas como espinas, se enfrentaron sin piedad.
La razón por la que no se dejaron llevar por la excitación fue porque ambos estaban alineados en sus intenciones: no se trataba de provocarse mutuamente sexualmente, sino de fastidiarse a la vez.
Sabiendo que nadie más podría percibirlo, Edwin y Henry no dudaron en liberar sus feromonas. A pesar de su vínculo, que les permitía sentir las feromonas del otro, en lugar de amor, lo que flotaba entre ellos era una hostilidad palpable. Una situación irónicamente absurda.
—Veo que no viniste con el Duque Lorenst.
Cuando Edwin bajó del carruaje y esta se alejó, Henry preguntó. Él mismo había venido con su familia hasta cierto punto, luego se bajó para esperar a Edwin, pero Edwin estaba solo desde el principio.
—¿El Duque no asistirá?
—Está en el palacio.
—Ah…
Si ya estaba en el palacio, no tenía sentido venir juntos. Henry asintió con la cabeza, entendiendo, mientras la mirada de Edwin se volvía extraña.
—¿Por qué me miras así?
—Más bien, ¿por qué estás aquí tú?
—Te estaba esperando.
Henry respondió con una expresión de fastidio, como si Edwin estuviera preguntando algo obvio. Si no hubiera querido esperar a Edwin, simplemente habría entrado.
La respuesta de Henry provocó un cambio en las feromonas de Edwin, que se volvieron diferentes a las de antes. Dándose cuenta de eso, Henry frunció el ceño y retrocedió un paso.
—¿Qué pasa?
Edwin, fingiendo no saber nada, se quedó quieto, lo que llevó a Henry a mirar alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie más y bajar la voz.
—¿Qué pasa con tus feromonas? Hace un momento eran muy agresivas, pero ahora son… ¿suaves?
—Debe ser que me siento mejor.
Edwin respondió con indiferencia, lo que hizo que Henry frunciera aún más el ceño.
—¿Por qué te sientes mejor de repente?
—Que dijeras que me estabas esperando… sonó bastante bien.
Los labios de Henry se entreabrieron, sorprendido por las palabras inesperadas.
—No está mal que hagas algo por mí. Sigue así. De ahora en adelante, espera por mí como hoy.
«Cuando solía seguirle llamando “Edwin, Edwin”, me reprochabas, ¿y ahora sales con esto?»
Henry miró a Edwin, más confundido que nunca.
—Estoy ansioso por ver cómo te comportas en la cena. Hazlo bien.
Pero el comentario de Edwin lo sacó de su desconcierto. «Todo lo que te ha gustado hasta ahora, era solo para burlarte de mí» pensó Henry, apretando los dientes mientras esbozaba una sonrisa forzada.
—Por supuesto. Hoy haré que todos te vean como si fueras otra persona.
Henry respondió con calma al desafío de Edwin.

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.