Capítulo 60
Hubo momentos en que Henry consideró sinceramente contarle a Edwin sobre la marca. En la historia original, Henry reveló la marca y luego murió, pero eso fue una autodestrucción. Edwin se casó con Henry. Si Henry hubiera estado satisfecho solo con eso, ¿se habría derrumbado así? Pensó que, en su estado actual, podría revelarle la verdad a Edwin sin autodestruirse. Sin embargo, sabía que ganaría aún más odio. Así que, primero conseguiría la piedra de feromonas y luego decidiría qué hacer.
Realmente, sabía que no lo haría de esa manera.
Resolver todo de manera clara con la piedra de feromonas era lo mejor.
La razón por la que estaba pensando en esto era…
—Ah.
Henry, sollozando, abrazó el cuello de Edwin. Aunque su cuerpo se alegraba por las feromonas que Edwin le daba, su mente se sentía infinitamente triste. Se sentía como si estuviera siendo manipulado. A pesar de querer a Edwin, esta relación a medias donde no podían conectarse sinceramente lo entristecía.
—No es alguien que me ame…
Edwin limpió las lágrimas de los ojos de Henry.
—No llores. Esto fue inevitable. No lo guardes en tu corazón.
Las palabras de consuelo de Edwin solo hicieron que Henry llorara aún más. Había conseguido la piedra de feromonas. Había pasado por muchas dificultades para obtenerla, pero todo salió mal. No había podido romper la marca con la piedra de feromonas y no había podido mantener el secreto hasta el final.
Las lágrimas de Henry no cesaron mientras mantenía relaciones con Edwin.
Eliza: wey nooooo mi niñooooo T‐T
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Despertando lentamente, lo primero que sintió fueron las feromonas. Ya estaba acostumbrado a las feromonas de Edwin, y llegaban a él antes que cualquier otra sensación.
Las feromonas de Edwin cambiaban según su estado de ánimo. A veces eran punzantes como espinas, y otras veces lo envolvían cálidamente como el abrazo de una madre.
Y ahora, lo relajaban completamente, aliviando toda tensión. Al sentir las feromonas de Edwin adheridas a su cuerpo, Henry recordó que había estado con él la noche anterior mientras despertaba.
Abrió los ojos lentamente, y todo su rostro se sentía dolorido y pesado, como si hubiera llorado toda la noche. Frotándose los ojos, Henry se incorporó. La manta que lo cubría se deslizó, y el aire frío tocó su piel desnuda, pero en lugar de sentirse frío, sintió una agradable frescura.
El calor que parecía quemar su cuerpo durante la noche había desaparecido, y ahora sentía una sensación de frescura.
A través de la ventana, los árboles de Wunnun lo saludaban, moviéndose suavemente con el viento. Durante una sola noche, Henry se había convertido en un omega completo, pero los árboles continuaban emitiendo su frescura como siempre, como si nada hubiera cambiado.
Como si, aunque se hubiera convertido en omega, Henry seguía siendo Henry.
Mientras miraba los árboles y frotaba sus brazos adoloridos, Henry giró la cabeza al oír el sonido de la puerta abriéndose. Edwin entró y, al darse cuenta de que Henry estaba despierto, se detuvo por un momento antes de entrar por completo.
—Pensé que estarías llorando.
Henry respondió con desinterés al saludo de Edwin, que traía agua.
—Lloré tanto que ya no me quedan lágrimas.
Sabía por qué Edwin decía eso, pero fingió no saberlo. Después de beber toda el agua, Henry le devolvió el vaso vacío y volvió a frotarse los brazos.
—¿Por qué?
—Me duelen los brazos. También la espalda. Dormir en un lugar estrecho y duro me ha dejado todo el cuerpo adolorido.
Henry, mientras se frotaba los hombros, lanzó esa queja como un anciano, lo que hizo que Edwin mostrará una expresión de incredulidad. Por supuesto, la carroza no era tan cómoda como una cama. Sin embargo, había una razón más evidente para la incomodidad que sentía su cuerpo.
—¿Quieres que te dé un masaje?
Al escuchar la propuesta de Edwin, Henry, que estaba girando su cabeza de un lado a otro, se detuvo. Aunque estaba cubierto por una manta, estaba desnudo. Se sentía avergonzado, pero Edwin lo había visto todo, así que trató de no exagerar. Sin embargo, ahora Edwin quería darle un masaje.
—Primero dame ropa.
Henry, dándose cuenta de que no podía seguir confiando solo en la manta, reveló su incomodidad. Edwin le pasó la ropa que había doblado a un lado, y Henry la tomó con una expresión de orgullo herido, mirando a Edwin con ojos afilados.
—¿No te vas a girar?
Aunque había pasado la noche con él, el tono de Henry no se había vuelto más amable. De hecho, era más gruñón y desafiante.
—No metas los brazos en los pantalones por error. Tómate tu tiempo.
—No te metas.
Una vez que confirmó que Edwin se había girado, Henry comenzó a ponerse la ropa. No tenía muchas prendas, y eran lo suficientemente elásticas como para poder vestirse sentado. Aunque se detuvo un momento al levantar la cadera, no tuvo mayores problemas.
Cuando terminó de vestirse, Henry tocó el hombro de Edwin, dándole la señal de que podía volverse. Edwin lo miró de frente.
—Siéntate enfrente. Tengo algo que decirte.
Henry cambió de tono, mostrándose serio, como si las conversaciones triviales de antes no hubieran ocurrido. Edwin se sentó frente a él sin protestar. Viendo lo obediente que se había vuelto Edwin, desde traerle agua hasta escuchar, Henry contuvo un suspiro que empezaba a formarse.
Cuando despertó, no hubo un momento de pánico al recordar la noche anterior. Solo pensó en haber estado con Edwin. Esa era toda su reacción. No había resentimiento, solo resignación. Por eso, podía reaccionar con calma al ver a Edwin.
—Primero, te diré cuál es el tesoro que dejó el Gran Mago.
Henry comenzó con la conversación que no habían tenido la noche anterior. Le explicó que el tesoro del Gran Mago realmente existía, cómo llegar a la entrada, y que había dos caminos: uno que conducía al tesoro y otro al que ambos se habían caído.
—Por eso pude obtener el tesoro primero, y esto es una carta que dejó. O tal vez, sea un testamento.
Henry trajo una caja que estaba a un lado y le pasó la carta a Edwin. Mientras Edwin la leía, Henry inspeccionaba la carroza. En el caos de la noche anterior, había perdido la piedra de feromonas. Pensó que podría encontrarla si revisaba la carroza, pero no la veía por ningún lado.
—Él también parecía tener un vínculo incompleto.
—Si sus corazones no estaban alineados, ¿cómo podría haber sido un vínculo completo?
Henry, quien había detenido su búsqueda de la piedra de feromonas por un momento, hizo contacto visual con Edwin.
—El árbol de Wunnun tiene la función de soportar el cuerpo que ha liberado todas las feromonas, para que no sufra un shock. Por eso vine aquí para liberar mis feromonas. Luego planeaba absorber la energía de la piedra de feromonas… Fue en ese momento cuando apareciste.
Edwin asintió levemente, más tranquilo de lo habitual, o al menos eso le pareció a Henry, aunque no lo mencionó.
—Me descubriste siendo Omega, te diste cuenta de que nuestro vínculo es incompleto, y entonces me llegó el celo
Y tuvimos relaciones.
Henry enumeró los eventos de la noche anterior con los dedos, inclinando la cabeza en un gesto que parecía encontrarlo divertido.
—Esto no estaba en mis planes, pero el celo no fue por tu culpa.
Fue un accidente. Edwin no había tenido la intención de desencadenar el celo de Henry; simplemente sus feromonas habían reaccionado y provocado el ciclo. Gracias a los episodios anteriores, en los que Edwin había controlado sus ataques, Henry pudo manejar la situación con relativa calma. No estaba seguro de si eso era bueno o malo.
—Ahora hablaré del futuro…
Henry hizo una pausa y suspiró.
—Intentaré encontrar la piedra de feromonas y romper nuestro vínculo. No puedo garantizar. El Gran Mago solo la creó, pero nunca la usó, así que no sé si funcionará.
Eso era lo que más inquietaba a Henry.
—Pero es nuestra única esperanza. ¿Entiendes lo que digo? Ya que hemos llegado a esto, me gustaría que me ayudaras…
Decidió dejar atrás lo sucedido la noche anterior. Si Edwin lo hubiera ignorado, Henry podría haber estado sufriendo aún más intensamente. Pero ahora, Henry se sentía sorprendentemente ligero y bien, y eso influía en su estado de ánimo.
—Primero, busquemos la piedra de feromonas.
Henry inspeccionó el lugar donde Edwin lo había arrastrado. La piedra no era grande, del tamaño de una piedrecilla, y redonda, por lo que podría haberse rodado a algún lugar.
Al no encontrar nada parecido a la piedra de feromonas, Henry apartó la manta con la que se había cubierto y se levantó.
—¿Eh?
Henry, quien había creído estar bien al vestirse, mostró una reacción de sorpresa. Apenas unos momentos después, su cuerpo se tambaleó hacia adelante, sin esperar que sus piernas fallarán al levantarse.
Su cuerpo, sin apoyo, fue detenido por Edwin, quien lo sostuvo y lo jaló para sentarlo en su regazo.
—… Gracias por atraparme.
Henry, incómodo con la extraña postura, no olvidó agradecer. Luego intentó levantarse nuevamente, pero Edwin le sujetó firmemente la cintura.
—No necesitas esforzarte demasiado
—Es un objeto importante; no estaré tranquilo si no lo encuentro.
Henry negó con la cabeza, mostrando su urgencia por encontrar la piedra de feromonas. Justo cuando estaba a punto de apartar la mirada, algo captó su atención nuevamente.
—Tú…
Al ver la piedra de feromonas en la mano de Edwin, Henry comprendió por qué Edwin había dicho que no necesitaba esforzarse en buscarla. Edwin la había encontrado y recogido primero.
—Gracias por encontrarla.
—Has mejorado en dar las gracias.
Con el comentario jocoso de Edwin, Henry extendió la mano hacia la piedra de feromonas mientras respondía.
—No es que sea tacaño con las gracias. Dame la piedra. La llevaré yo.
—Yo…
Edwin evitó la mano de Henry y sujetó firmemente la piedra de feromonas.
—No dije que te la daría.
—¿Qué? No bromees, dámela.
—Parece que no entiendes lo que te digo.
—¿Qué quieres decir?
—¿Cuándo dije que quería romper nuestro vínculo?
Keep: Eso, ¿cuándo lo dijo? Jaja, re esquizo metiendo cizaña.
Eliza : :00000 como que noooo

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.