Capítulo 7
Algo tocó sus labios. Era algo ligeramente blando y redondo, además olía a hierbas. Cassis estaba bastante seguro de saber qué era lo que la chica le estaba dando de comer. Probablemente, era una pastilla medicinal hecha con una concentración de varios nutrientes, estas permitían a quien las consumiera sobrevivir hasta tres días sin comer. Había tomado un suplemento similar antes de salir a inspeccionar la frontera de su clan.
La chica entonces examinó el cuenco en el suelo. Era probable que, dado que no tenían intención de matarlo aún, sus carceleros empujaran una bandeja a su celda una vez al día. Pero la masa hedionda y uniforme, que parecían suponer podía pasar por comida, le hacía querer vomitar. Por supuesto, eso era irrelevante, ya que nunca tocaría voluntariamente nada que un Agrece le ofreciera. Ni siquiera si fuera maná del cielo.
—¿Por qué debería comer lo que me ofreces? —preguntó con recelo, aún quedaba mucha desconfianza en él; incluso hacia la chica.
No podía permitirse confiar ciegamente en nadie, ni siquiera en ella. Era cierto que sus acciones habían sido amables, si no desconcertantes, y que parecía realmente desear mantenerlo con vida…
Pero no estaba ni cerca de confiar lo suficiente en ella como para tragarse lo que le estaba ofreciendo. Por un lado, ¡ni siquiera sabía su nombre aún!
Después de un momento de silencio, la chica dijo: —Bueno, si así te sientes, entonces no me dejas otra opción.
Cassis captó algo en el tono de la chica y comenzó a tartamudear.
—E-E-Esp—.
¡PUM!
Se defendió un segundo tarde.
—¡Urgh!
Una vez más, Cassis sintió el mismo dolor insoportable en el abdomen que sufrió la primera vez que la conoció. Sin embargo, esta vez no colapsó al impacto. Supuso que podía ser debido a que su cuerpo finalmente estaba libre de toxinas y, por lo tanto, ligeramente más fuerte.
—Hmm… Quizás no te golpeé lo suficientemente fuerte —dijo la chica, ligeramente desconcertada.
—¡¿Se supone que eso es una especie de broma?!
—Lo siento, pero tendré que golpearte una vez más —advirtió.
Casi de inmediato sintió un dolor agudo atravesar su abdomen.
«¡Maldita sea!»
Esta vez sí perdió la conciencia.
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—¿Qué es lo que estás tramando?
Cassis no pudo evitar ser brusco con la chica durante su siguiente encuentro. Estaba enojado con ella por dejarlo inconsciente tan casualmente, y sentía que todo era bastante absurdo.
«¡Lo había hecho no una, sino dos veces! O tres veces si se contaban los golpes en sí.»
—No me dejaste otra opción —se excusó—. Te negaste a comer lo que te traje.
Su voz era calmada, casi como la de una maestra regañando a un niño revoltoso. Pero entonces, Cassis se dio cuenta de que el tono de su voz era de arrepentimiento, aunque sus palabras no lo fueran.
—¿Así que decidiste dejarme inconsciente?
—Tenías la opción de simplemente hacer lo que te dije.
La mirada amenazante de Cassis no parecía efectiva en hacerla retroceder ni un poco.
—Bueno, sinceramente, creo que es sabio tener precaución —admitió ella—. Incluso desconfiar de un extraño amable es una buena decisión. Honestamente, si alguien más te ofrece comida aquí, absolutamente deberías rechazarla, solo lo digo porque no hay nadie más aquí en quien puedas confiar que tenga buenas intenciones hacia ti.
«¿Qué es ella? ¿Mi castigadora o mi enfermera?»
Tratar de entender a esta chica parecía imposible para Cassis. Su voz aún retenía un tono juvenil, y su silueta era pequeña, así que supuso que debía tener su edad o ser un poco más joven. Pero tanto su manera de hablar como de comportarse estaban lejos de lo que esperaría de alguien tan joven. Ella lo había dejado inconsciente dos veces, e incluso le había obligado a comer algo que resultó ser útil.
Aunque no estaba dispuesto a admitirlo ante ella, si fuera a ser sincero, se sentía mucho mejor que antes. Incluso en ese mismo momento ella estaba siendo excepcionalmente atenta en cuidarlo. A diferencia de cuando lo golpeaba, su toque era suave como terciopelo cuando revisaba sus heridas. En resumen, ella era un enigma.
Cassis cerró la boca y miró fijamente en su dirección. No es que pudiera distinguir nada claramente al hacerlo. Aun así, supuso que podría percibir el aura de la otra persona, o incluso sus intenciones, así que continuó mirándola en silencio. Ella parecía preparada para esperar a que Cassis decidiera si podía confiar en ella o no. Luego, finalmente, abrió la boca lentamente.
—Solo dime qué me diste esta vez —preguntó—. Aún puedo saborear algún tipo de medicina en mi boca.
—Era una cápsula que contenía analgésicos y medicina antiviral. No puedo tratar tus heridas externas porque los demás podrían notarlo. Esto no durará mucho más, haré todo lo posible para hacerte sentir más cómodo pronto.
—¿Y puedo preguntar cómo planeas hacer eso?
La chica no había dudado en responder a su pregunta antes, pero ahora parecía insegura. Cassis estaba muriendo por saber quién era ella, pero había deducido correctamente que era poco probable que ella se lo dijera, así que intentó un enfoque diferente.
—Entonces, ¿crees que puedo salir vivo de este calabozo, es eso? —. Incluso al preguntar, sabía lo desesperada que era su situación. —Lante Agrece no me trajo hasta aquí solo para perdonarme la vida, sabes.
A menos que uno fuera un completo idiota, sería imposible no saber la verdadera intención del jefe Agrece al secuestrar al Heredero Azul. Era, ya sea una maniobra política para agitar al clan rival Pedelian, o un acto ciego de venganza por toda la mala sangre que fluía entre ellos. O quizás ambas cosas.
Sin importar la razón, era poco probable que Agrece dejara a Cassis salir entero. Probablemente, porque su regreso casi seguramente encendería una guerra real. En primer lugar, los Pedelian nunca perdonarían a los Agrece por un ataque no provocado. Ni Cassis podría pasar por alto la humillación que había soportado mientras estaba prisionero.
—¿Quién te dijo eso? —. La insatisfacción de la chica era evidente en su voz al preguntar. Parecía querer refutar la afirmación de Cassis.
—El propio Lante Agrece.
—…
Su sarcasmo tenía la intención de sacarla de su ingenuidad. Pero en cambio, ella se quedó callada de repente, así que él no podía siquiera adivinar lo que estaba pensando. Justo entonces, Cassis se encontró preguntándose cuál podría ser la expresión de ella. Después de un rato, pudo escuchar una voz tenue y temblorosa que decía: —No vas a morir aquí, porque yo—.
Pero la voz se interrumpió bruscamente. El calabozo cayó bajo un manto de silencio una vez más, salvo por el sonido de la respiración de ambos. Un sonido se oyó a lo lejos, reverberando como si hubiera algún tipo de problema afuera. Cassis estaba seguro de que la chica también debía haberlo escuchado, pues sintió un movimiento rápido, como si alguien girara la cabeza rápidamente. Antes de que pudiera organizar sus pensamientos, la chica estaba sobre él.
—Aquí, come esto —dijo.
La textura contra sus labios sugería que era más medicina. Cassis hizo su mejor esfuerzo por concentrarse en el rostro que ahora estaba mucho más cerca del suyo, su vista había mejorado algo desde el día anterior, así que logró distinguir el contorno borroso de la figura de la chica. Quizás solo era su imaginación, pero por un momento pensó que se habían mirado a los ojos.
Cassis abrió lentamente la boca. Por primera vez, aceptó lo que ella le daba sin resistencia. La medicina se disolvió de inmediato, así que ni siquiera necesitó agua. Después de que tomó la medicina, la chica permaneció en su celda. Había esperado que huyera tan pronto como la hubiera tragado, pero no. ¿Podría ser por el ruido afuera?
Cassis concentró todos sus sentidos al máximo, luego preguntó: —¿Nombre?
—¿Eh?
—¿Cuál… es tu nombre? —insistió Cassis.
No podía distinguir su identidad, pero pensó que tal vez ella podría revelar su nombre. Pero aún no hubo respuesta. Estaba a punto de darse por vencido, así que se rio mientras decía: —Así que es así, ¿eh?
—Roxana —susurró ella.
—Roxana —. Cassis repitió su nombre para sí mismo en silencio hasta que quedó grabado en su mente.
«Roxana…»
Para él, su nombre era el amanecer que levantaba el telón de la perpetua oscuridad.
Nt: Mírenlo, ya cayó el chiquito

RAW HUNTER & TRADUCCIÓN: SUNNY
CORRECCIÓN: EVIE
REVISIÓN: LUMA