Capítulo 3
—¿Te importaría prestarme esa llave un rato?
Me había colado en la mazmorra del sótano. Tras bajar los escalones, me paré frente a la entrada principal, por donde se escapaban rastros de aire fresco y húmedo de las cámaras interiores.
—Me temo que no puedo hacerlo, mi señora. — dijo el guardia de la mazmorra. —El amo prohibió expresamente que nadie entrara.
—Entonces, ¿me lo niegas? — repliqué. —¿De verdad? — El guardia hizo una mueca de dolor al oír mi voz. Lo miré con desprecio, con la cabeza ladeada, desafiándole a que se opusiera a mí.
Desde mi primera invitación a la gran fiesta, a los doce años, hasta ahora, a los dieciséis, había asistido con regularidad al codiciado acontecimiento. En otras palabras, yo era la estrella emergente del clan Agrece. No me malinterpreten. No estoy especialmente orgullosa de ese logro, simplemente sucedió. Aunque no tengo precisamente ambiciones criminales, tenía que hacer todo lo posible para no acabar muerta.
—Pero…, — balbuceó el guardia. Parecía que iba a ceder con un empujón más. La única duda era si debía amenazarle o engatusarle…
Tras una breve deliberación, decidí agraciarle con mis artimañas femeninas. Como por arte de magia, su cara empezó a ponerse rosa.
«Pero ¿qué diablos? Ni siquiera había empezado la parte de la seducción.»
Este tipo se estaba enamorando de mí demasiado rápido. Otro desventurado guardia de mazmorra destinado a la horca estaba ante mí, probablemente era uno de los más bajos en términos de rango, por no hablar de su juventud. Parecía tener poco menos de 20 años. Como casi nunca honraba las mazmorras con mi presencia, era casi imposible que hubiera desarrollado algún tipo de inmunidad a mi encanto, lo cual era perfecto para mí.
Mientras el guardia seguía vacilando, le arrebaté las llaves de las manos.
—Sólo voy a echar un vistazo rápido. — le asegure —No dejaré ni rastro de que he estado aquí, así que no tendrás que informar de esta no visita a mi padre. ¿Entendido? — Un susurro de confianza salpicado con una sonrisa fue todo lo que necesité para hacer el trabajo.
Mientras juraba que no se atrevería a divulgar nuestro nuevo secreto, abrió la puerta y me hizo pasar.
«Hmph. Otro zoquete que probablemente perderá pronto su puesto.»
Fui implacable en mi juicio cuando entré en la mazmorra. Dentro, el aire húmedo parecía querer arrastrarse bajo mi piel. Era pútrido como el infierno. Dado que las mazmorras se utilizaban para mantener, y a menudo torturar, cautivos, el olor no debería haberme sorprendido.
Con sombría determinación, avancé por el pasillo. A través de los barrotes metálicos de la puerta de la celda, vi a la persona que había venido a ver. Agarrando el juego de llaves que le había quitado al guardia, abrí la puerta.
CREEEAAK.
La bisagra oxidada pareció chillar de dolor.
El adolescente secuestrado seguía atado de pies a cabeza, estaba sentado apoyado en la pared más alejada. Con la cabeza inclinada hacia el suelo, lo primero que noté fue el extraño tinte azulado de su melena plateada. La mirada llena de odio de las pupilas doradas que tanto miedo me habían dado antes se ocultaba ahora tras sus párpados.
No parecía que fuera a recobrar el conocimiento pronto. Apoyándome en la puerta, lo llamé con cuidado.
—¿Estás ahí…?
«Aunque en mi cabeza era más bien: “¡Hermano mayor de la heroína, abre los ojos, por favor!”.»
—Cassis Pedelian.
Incluso al mencionar su nombre, no se movió. Me acerqué un poco más y me alejé de la puerta. Estaba mucho peor de lo que había supuesto a distancia. Las esposas mágicas se le habían clavado en las muñecas y los tobillos, además de nuevas heridas que no había notado cuando pasó junto a nosotros arriba.
Aunque padre solo había dicho que lo mantuvieran encerrado hasta que se volviera dócil, debieron decidir azotar también al muchacho. Por suerte, las heridas no tenían fragmentos de cristal, lo que significa que sólo usaron látigos normales. Viendo que seguía prácticamente de una pieza, el estado real en el que se encontraba era una incógnita.
A diferencia de este afortunado hijo de puta, la mayoría de los pobres desgraciados que Lante Agrece enviaba aquí, casi siempre, sufrían destinos mucho peores. No es que este pobre chico estuviera siquiera cerca de estar en “buena forma”, pero si nos basamos en los estándares típicos de la mazmorra de Agrece, no lo estaba haciendo demasiado mal.
En última instancia, esto significaba que podía relajarme un poco. Sin embargo, si este chico moría, sabía muy bien que, como miembro de esta asquerosa casa, no tardaría en correr la misma suerte. Saqué la medicina que llevaba escondida en el pecho y le levanté la cabeza.
CLINK.
Vaya, qué demonio más guapo era. Tenía el elegante rostro de un aristócrata. Las cicatrices frescas de su pálido rostro casi le hacían parecer un aficionado al masoquismo. Era un rostro que prácticamente suplicaba ser atormentado.
Cuando nos miraba antes, parecía rebosante de un espíritu altivo. Pero cuando yacía pacíficamente con los ojos cerrados, parecía inofensivo, incluso delicado. Por su aspecto, uno podría haber supuesto que era unos años mayor que yo, pero creo que aún tenía diecisiete para ser exactos.
—Esto va a ser complicado. — murmuré.
Si lo hubiera conocido en cualquier otro lugar, simplemente habría admirado su buen aspecto y habría seguido adelante. Pero el asunto era un poco más complicado ahora que estaba encerrado en nuestro territorio.
Eso era principalmente porque él era exactamente el tipo de Charlotte. Charlotte es una de mis dos hermanastros menores que había pedido antes jugar con nuestro nuevo cautivo. A pesar de ser tres años menor que yo, era una gran molestia, pero también una innegable malvada en lo que a criminales prometedores se refiere. Aunque era relativamente joven, tenía una vena sádica que solía soltar con los “juguetes” que papá traía a casa.
Tuve que entrecerrar los ojos para examinar mejor la cara del chico. Entonces le cogí por la barbilla y le abrí la boca de un tirón.
—Ugh… — se quejó, el joven inconsciente.
Lo primero era lo primero, tenía que darle alguna medicina. Debí de rozarle accidentalmente el labio ensangrentado, porque de repente se estremeció. Como no quería que se despertara, me quedé quieta un momento, pero en realidad no tuve que preocuparme porque seguía inconsciente. Buen chico, a estas alturas, puedes soportar un poco de dolor. Nosotros, los niños de Agrece, éramos receptores habituales de labios ensangrentados durante nuestras evaluaciones mensuales.
Con menos de lo que yo habría llamado un “toque cuidadoso”, forcé la píldora en su garganta. En cierto modo, el hecho de que estuviera inconsciente facilitó las cosas. Si hubiera estado despierto, era poco probable que hubiera aceptado la medicina que le estaba ofreciendo.
—Ugh… —De inmediato, el niño empezó a gemir.
Honestamente me pregunté si la comadreja había estado fingiendo estar inconsciente todo el tiempo. Parecía que se iba a despertar en cualquier momento. Y pronto lo hizo. Sus párpados aletearon brevemente y luego se abrieron para revelar sus pupilas doradas. Miró a su alrededor sin parecer capaz de concentrarse, y luego los cerró, para volver a abrir los ojos lentamente.
Maldito chico. Esperaba que siguiera inconsciente al menos un poco más. Un momento después, nuestras miradas se cruzaron.
—Hola. —Sin saber qué más decir, le saludé sin pensar.
Obviamente, “hola” era posiblemente lo más patético que podía haber dicho en aquella situación, pero el chico, por suerte, tardó en volver en sí. El retraso, sin embargo, no duró mucho. Pronto sus ojos se volvieron agudos y comprensivos. Finalmente, pareció darse cuenta de mi presencia. También pareció notar la medicina en su boca al mismo tiempo.
Empezó a balbucear, pero su ronca protesta se detuvo de repente. Es cierto que fue porque le tapé la boca con la mano para que se callara. En realidad, fue un acto reflejo, pero que me valió la furia del chico.
Empezó a sacudirse para intentar zafarse de mi agarre, y sus grilletes sonaban con fuerza mientras se movía. Dios mío, este chico todavía tenía muchas agallas. Sinceramente, no creía que le quedara nada de energía. De todos modos, su lucha por moverse no me afectó en absoluto, ya que sabía que las cadenas que unían sus esposas mágicas a la pared podían resistir mucho más que eso.
—¡Mmph!
—Deja de intentar escupirlo. — suspire — Es un antídoto, no veneno.
—¡Oop!
—Cálmate. — intente tranquilizarlo — Incluso si tuviera la intención de matarte, ¡no usaría veneno!
Pero su frenesí continuó. Era obvio que no estaba listo para razonar. Y honestamente, ¿quién podía culparlo? No sólo había sido secuestrado y encarcelado en territorio enemigo, sino que además se había despertado y se había encontrado con un extraño que le obligaba a tragar algo. Aunque comprendía su estado de ánimo, el hecho era que estaba obstaculizando su propia recuperación. Me di cuenta de que tendría que sujetarle hasta que el medicamento pudiera disolverse. Qué fastidio…
—Lo siento, pero con toda esta agitación, no me dejas otra opción. — Con la mano aún sobre su boca, le di un codazo en la cabeza.
—¡Mph, Ugh!
Mi repentina maniobra pareció pillarle desprevenido, ya que pude ver inmediatamente que la píldora había llegado hasta su garganta. El único problema era que, si retiraba la mano, podría volver a vomitarla. Así que, en realidad, no tuve más remedio que hacer lo que hice a continuación. Tendría que volver a dormirse.
—¡Ack, ack! —gimoteaba, desesperado — ¡¿Qué estás…?!
—Otra vez… Siento mucho todo esto.
PLOF
—¡Ugh!
Con una disculpa final, le di un puñetazo en el estómago. Debo haberle golpeado en un punto vital porque inmediatamente se desplomó. Comparado con la primera vez que aparecí, esta vez estaba realmente inconsciente.
«¡Caramba! Me pregunto con qué fuerza le habré golpeado.»
Algo avergonzada, aparté la mano de sus labios. Todos los niños de Agrece aprenden técnicas básicas de combate, así que manejar a alguien de mi edad fue bastante fácil incluso para mí. Por supuesto, la tarea resultaba aún más fácil si la persona ya estaba atada como él. Además, estaba bajo los efectos de algún tipo de veneno. Sólo lo había noqueado porque estaba oponiendo mucha resistencia, aun así, me arrepentí de haberme pasado un poco. No es que pueda volver atrás. Lo hecho, hecho está.
Con el chico dormido una vez más, salí de la mazmorra, secándome las gotas de sudor frío que me corrían por la frente.

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: SUNNY
CORRECCIÓN: EVIE