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Capítulo 95

Luicen recordó lo ocurrido la noche anterior.     

«Pensándolo bien, desde el principio algo andaba mal.»  

Dejar ir a los caballeros que lo habían provocado no era propio de Carlton. Tampoco lo era evitar a Luicen o moverse con discreción, siendo un hombre de su tamaño. Sin duda, estaba actuando con cautela.  

«Entonces, el culpable debe ser…»  

Luicen dirigió su mirada hacia el Gran Lord del Este. Este último, mientras disfrutaba de un plato de huevos, lo miró como si preguntara: ¿Qué pasa? Sí, con él, era comprensible que Carlton se comportara de manera extraña.  

—¿Qué le dijo a mi compañero cuando no estaba presente? —preguntó Luicen directamente.  

El Gran Lord frunció ligeramente el ceño.  

—Anoche te encontraste con ese tipo, ¿verdad? ¿Acaso te chismorreó algo?  

—Si él hubiera venido a quejarse, ¿creería que estaría preguntándole a usted ahora?  

—Solo le dije que debería cuidar su comportamiento. Si lo acepté como parte de mi comitiva, tengo derecho a decirle eso, ¿no?  

“¿De verdad crees que te conformarías con palabras tan suaves?” Luicen lo miró fijamente, y el Gran Lord, como si no tuviera más remedio, añadió:  

—Hay un rumor extraño circulando sobre ti y él.  

—Ah, ¿se refiere a eso del amor furtivo o como se llame?  

—¿Ya lo sabías?  

—Sí. Lo escuché.  

Morrison ya le había hablado del tema. Lo había considerado una tontería sin importancia, pero si incluso el Gran Lord estaba al tanto, ¿hasta dónde se habría extendido ese rumor?  

—¿Y aun sabiendo de ese rumor, fuiste a buscarlo en medio de la noche?  

—Todos los que importan saben que es falso.  

Luicen se sintió exasperado. Quienquiera que hubiera inventado ese rumor claramente no conocía a Carlton. Un hombre tan ambicioso como él jamás haría algo tan romántico como huir por amor. Carlton había vivido una vida dura y estaba orgulloso de sus logros. No era el tipo de persona que lo arriesgaría todo por un sentimiento.  

—¿Por qué siempre hay rumores sobre ti y los hombres que te rodean?  

—¿De qué más se ha hablado?  

—¡También hubo rumores con ese maldito sirviente traidor!  

—¿Qué? ¿Con Ruger y yo? Eso es ridículo…  

—¡Basta! —el Gran Lord agitó la mano como si no quisiera seguir hablando del tema—. Todo esto pasa porque aún no te has casado.  

«¿Desde cuándo la conversación derivó en esto?»  

—¡Deberías tomar una buena dama de una familia noble, tener muchos hijos y criarlos bien! Para gente como nosotros, dejar descendencia es parte de nuestro deber. Debes continuar el linaje de tu familia.  

Al ver que el Gran Lord se preparaba para otro discurso, Luicen decidió ignorarlo como de costumbre. Sin embargo, de pronto, el anciano preguntó con seriedad:  

—¿Qué te parece mi nieta?  

—¿Perdón?  

Luicen se sintió desconcertado. ¿Se refería a esa misma nieta que lo había regañado antes y que ahora lo atendía? En ese momento, ella preparaba té a su lado, imperturbable, a pesar de que el tema de su matrimonio había surgido de la nada.  

Parecía que el Gran Lord ya había discutido el asunto con ella.  

—Nunca he considerado el matrimonio hasta ahora…  

En su vida anterior, apenas había podido ocuparse de sí mismo, y después de regresar, había estado demasiado ocupado resolviendo problemas urgentes.  

—Piénsalo bien. Ambos son de edad y estatus similares. No encontrarás un mejor partido. Tu familia es pequeña, y como único descendiente directo, debes apresurarte.  

—Tengo muchos asuntos pendientes que atender…  

—No digo que te cases ahora mismo. Con la situación actual, es probable que tengamos un luto nacional antes de que termine el invierno.  

Luicen asintió, sabiendo que el estado del rey era grave.  

—Después de la coronación del nuevo monarca, regresarás a tu ducado antes de la primavera. Sería bueno llegar a un acuerdo antes de eso.  

Aunque las palabras del Gran Lord eran razonables, Luicen se sentía abrumado.  

Él era alguien que solo pensaba en el presente. Por costumbre, no reflexionaba mucho sobre el futuro, dejando su mente en blanco respecto a lo que vendría.  

Su plan era simple: acabar con los adoradores de demonios, regresar a casa y vivir bien. Nada más.  

En resumen, no tenía pensamientos claros.  

—Es difícil para mí dar una respuesta en este momento…  

—Está bien. Tómate tu tiempo para pensarlo.  

Luicen guardó silencio. Matrimonio… Si no planeaba vivir como un libertino como antes, era un tema que debía considerar, pero no podía comprometerse. De pronto, la imagen de Carlton cruzó su mente.  

«Hmm, ¿por qué me acordé de él de repente?»  

En cualquier caso, no parecía que Carlton estuviera afectado por las palabras del Gran Lord. Por lo tanto, su comportamiento inusual debía tener que ver con él mismo.  

El Gran Lord continuó sermoneándolo, creando un verdadero infierno de regaños. Hasta las sirvientas lo miraban con lástima, pero Luicen estaba demasiado distraído para prestar atención.  

«¿Qué fue exactamente lo que lo hirió?»  

Carlton, a pesar de su apariencia, era una persona sensible. Notaba pequeños detalles que otros ignoraban y era hábil para leer a las personas. Había vivido toda su vida caminando sobre la cuerda floja, por lo que era más perceptivo que la mayoría.  

Este temperamento era opuesto al de Luicen. Aunque él también había cambiado tras experimentar la amargura de la vida, su naturaleza despreocupada y poco observadora seguía intacta.  

Por mucho que Luicen intentara entender a Carlton, era difícil comprender completamente a alguien que había vivido una vida tan dura.  

«¡No lo entiendo!»  

Pero Luicen recordó lo que el Santo le había enseñado: cuando no entendía algo, debía preguntar a alguien que sí lo supiera.  

«Muy bien. Después del desayuno, iré a buscar a Carlton.»  

Él era quien mejor conocía sus propios sentimientos. Sin embargo, las cosas no salieron como Luicen esperaba. Cerca del final del desayuno, un sirviente entró en la tienda y anunció que un noble local solicitaba una audiencia con el Gran Lord. Aunque era un simple barón de poca importancia, era primo de un noble cercano al Gran Lord, por lo que se le concedió el permiso.  

Luicen, sin querer, terminó recibiendo al hombre junto con el Gran Lord.  

El noble era un hombre extravagante, cubierto de joyas de pies a cabeza.  

—Saludos, ilustres duques. Soy Rocks Bothton, barón de las Tierras de Botton.  

—Entonces, eres el Barón Bothton. Escuché que tu territorio enfrentó una gran crisis recientemente.  

—Sí, pero gracias a la generosidad del Gran Lord, pudimos superarla.  

Como era un noble del Este, el Gran Lord se mostró afable, y el Barón Bothton aduló con palabras melosas.  

Luicen lo observó en silencio. Aunque era la primera vez que lo veía, le resultaba familiar.  

«Barón Bothton… Bothton… ¿Dónde lo he escuchado antes? ¡Ah!»  

Los tres caballeros que Carlton había derrotado. Eran caballeros de Botton, muertos por los adoradores de demonios y convertidos en ghouls.  

«Se supone que abandonó sus tierras y huyó, pero parece estar perfectamente bien.»  

Aunque su rostro estaba pálido y cubierto de maquillaje grueso, sus extremidades estaban intactas y su cuerpo era regordete. Si Carlton lo viera, se burlaría de él por ser un noble cobarde que vivía cómodamente.  

—La razón de mi visita es que tengo un humilde ruego que hacerles. Sé que es una molestia, pero no podía dejar pasar la oportunidad de recibirlos en mi territorio.  

Aquí venía el verdadero propósito del Barón.  

«¿Habrá venido a pedirle protección al Gran Lord después de abandonar sus tierras?»  

Sin embargo, lo que dijo a continuación lo sorprendió.  

—A menos de medio día de aquí se encuentra mi mansión. Dado que están en un viaje tan arduo por el bien del reino, me gustaría invitarlos a descansar allí esta noche.  

¿Qué? ¿Los estaba invitando a su mansión? ¿No se suponía que había huido?  

Luicen no pudo evitar preguntar:  

—Escuché sobre su situación, ¿está en condiciones de recibir invitados?  

—Sí, aunque estuve ausente un tiempo, ahora todo está en orden. Por supuesto, mi humilde hogar no es digno de su presencia, pero haré todo lo posible por atenderlos.  

El Barón no mostraba inseguridad, sino confianza. El Gran Lord, complacido, rió.  

—Tu sinceridad es admirable. Pasaremos la noche en tu mansión.  

Luicen susurró al oído del Gran Lord:  

—¿Está seguro? Debemos llegar a la capital lo antes posible.  

—No hay problema. A mi edad, si me apresuro, terminaré celebrando mi propio funeral antes que el del rey.  

Luicen contuvo un gemido. Claro. Aunque viajaba con un séquito lujoso, el Gran Lord se quejaba constantemente de dormir en tiendas de campaña.  

De cualquier modo, la oportunidad de descansar en una mansión, aunque modesta, era tentadora para el anciano. Además, el Barón Botton se mostraba servicial y ansioso por ganarse su favor.  

Era una situación natural, pero a Luicen le quedaba un mal presentimiento. No podía dejar de pensar en aquellos caballeros que había encontrado.  

«¿Será porque murieron y fueron usados por los adoradores de demonios?»  

Pero como el tema de los adoradores era secreto, no podía oponerse sin una razón concreta. Así que, con resignación, guardó silencio.



TRADUCCION: LILI
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY


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