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Capítulo 89

Tan pronto como Carlton derribó al último goblin, corrió hacia Luicen. Lo examinó por delante, por detrás y por los lados, revisando meticulosamente si estaba herido. Como no era la primera vez que Carlton hacía esto, Luicen levantó tranquilamente su mano derecha.   

—Aquí, solo un pequeño rasguño en la palma. No tengo nada más. No estoy herido.

El rasguño en la palma era apenas un roce causado por la superficie rugosa del palo de madera que había usado para empujar al goblin.

—Como mucho, logré empujar a un goblin. Deberías preocuparte más por ti que por mí.

Dicho esto, Luicen también miró a Carlton, quien, para su sorpresa, no tenía ni un solo rasguño a pesar de haber luchado solo contra tres caballeros que blandían espadas como si fueran de papel. 

«¿No será Carlton el verdadero monstruo aquí?», pensó Luicen. Mientras reflexionaba, Carlton observó con ternura el rasguño en la palma de Luicen y dijo:

—Aun así, lo hizo bien.

—¿Eh? ¿El qué?

—Derribó a un goblin solo. Aunque el remate fue un poco torpe, esquivar pegándose a la pared y elegir un palo largo para defenderse con calma… Todo fue bien hecho.

—Era solo un goblin…

—Cuando nos conocimos, casi muere por solo un goblin, ¿recuerda?

—Ah, ¿es cierto?

Cuando Luicen conoció a Carlton, había entrado en pánico al ver al goblin y casi murió. Comparado con eso, mantenerse calmado y vencer al goblin en un forcejeo era un gran logro para él. Si Ruger no lo hubiera llamado, incluso podría haber acabado con el goblin.

«Pensándolo bien, lo hice bien. Luicen Agnes, has crecido mucho». Luicen se felicitó a sí mismo y extendió la mano hacia Carlton.

—Usé lo que me enseñaste.

Carlton sonrió levemente, tomó la mano de Luicen y entrelazó sus dedos con fuerza.

—Te pedí que chocáramos las manos, no que las entrelazaras.

Luicen refunfuñó, pero no le desagradaba el contacto inesperado. Justo cuando ambos estaban a punto de sumergirse en su propio mundo, Luicen sintió una mirada intensa. Al volverse, vio a Morrison observándolos con una expresión conmovida.

—¿Por qué… me miras así…?

—Es que me gusta verlos a ustedes dos.

—…¿Eres un pervertido?

—¿Pervertido? Solo me gustan las historias de amor.

—…Pues lo pareces.

Como Morrison los estaba mirando, el momento se arruinó. Luicen, con gesto incómodo, soltó la mano de Carlton y sacó un pañuelo para limpiar la sangre de goblin. Carlton, irritado, lanzó una mirada asesina a Morrison.

—¿Dónde estabas y por qué llegaste tan tarde? No me digas que dormías profundamente en medio de este caos.

—¡Por supuesto que no! ¡Yo también estaba luchando por allá!

Morrison protestó, indignado.

—Después de que ustedes salieron, me sentí extraño al quedarme solo, así que decidí investigar los alrededores.

Carlton salió, y Luicen lo siguió. Como no era la primera vez que tenían sus encuentros nocturnos, Morrison sabía exactamente qué escena encontraría si salía por la puerta. Así que, discretamente, salió por la ventana opuesta.

—¿Qué? ¿Lo sabías todo?

Luicen se ruborizó al darse cuenta de que su cita había sido descubierta.

—Era obvio. Pero no me importa, así que no se preocupe. De cualquier modo, mientras caminaba, vi a un tipo sospechoso.

Un hombre estaba parado con unos Direwolf, observando el pueblo desde una colina. Su aura era siniestra y extraña. Morrison intuyó que era un adorador de demonios y se acercó sigilosamente. El hombre, sorprendido por el ataque repentino, no pudo reaccionar a tiempo.

—¿Direwolf? ¿Entonces es el mismo que atacó la aldea de los refugiados?

—No parecía que hubiera venido a pelear. Más bien, a observar. Solo tenía un par de Direwolf. Casi lo atrapo, pero…

—¿Se escapó?

—Sí. Solo le alcancé a herir el tobillo porque quería interrogarlo, pero usó a los Direwolf para que lo mordieran y lo arrastraran mientras huía.

Morrison hizo un sonido de disgusto. Al recordar al adorador de demonios, su rostro adoptó una expresión fría y calculadora, similar a la que Luicen había visto en el puerto. 

«Esta debe ser su verdadera cara como inquisidor», pensó Luicen, agradecido una vez más de que el malentendido entre ellos se hubiera aclarado.

—Los Direwolf son rápidos. No podía perseguirlos a pie, así que volví al pueblo por un caballo. Pero ¡resulta que aquí también había adoradores de demonios!

Mientras tanto, otra batalla ocurría en el pueblo. Morrison estaba encantado de encontrar otro adorador de demonios, pero al ver a Luicen enfrentándose a Ruger, decidió ayudarlo primero.

—Fue una buena idea seguirlo, Su Gracia. ¡Encontré a dos de estos tipos de una vez! Y al ver su habilidad en persona, todo cobró más sentido.

A pesar de haber dejado escapar al adorador de demonios, Morrison parecía tan contento como si ya lo hubiera capturado.

—Esos tipos seguramente lo atacarán de nuevo, ¿no? La próxima vez, en lugar del tobillo, le romperé la columna…

—Basta de lenguaje violento delante de Su Gracia.

Carlton protestó, tapando los oídos de Luicen. Este asintió. 

«No digas cosas tan crueles como si nada». Morrison se encogió de hombros.

—Por cierto, ese hombre de cabello rojo era Ruger, ¿verdad?

Morrison solo había oído hablar de él, pero era la primera vez que lo veía.

—Sí.

—¿No le pareció… extraño?

—Completamente extraño.

Luicen frunció el ceño.

—Decía cosas sin sentido. Nunca fue alguien que hablara de manera tan incoherente. Parecía no entender ni sus propias palabras.

—Pero fue él quien lo salvó del goblin, ¿no?

Ante las palabras de Morrison, Carlton y Luicen fruncieron el ceño al unísono.

—Eso fue solo porque quiere llevarme vivo. Él mismo lo dijo. ¿Por qué habría ayudado Ruger?

—No, no es nada importante. Solo tuve una corazonada.

Aunque parecía que Morrison sabía algo más, no lo compartió. Los tres decidieron limpiar el área y prepararse para dejar el pueblo. Podían llegar más monstruos atraídos por el olor a sangre, o Ruger podía regresar con refuerzos.

Recogieron los cuerpos de los caballeros del vizconde, tomando solo sus placas de identificación. Un funeral improvisado con una pira y una breve oración fue todo lo que pudieron hacer.

***

Sin tiempo para descansar, los tres reanudaron su viaje. Aunque el cielo nocturno estaba lleno de estrellas del amanecer, ninguno estaba de humor para disfrutar del paisaje. Discutieron qué hacer a continuación.

Hasta ahora, habían evitado amenazas graves porque Luicen fingía ser un peregrino, ocultando su identidad como el Duque Agnes. Pero ahora que su ubicación y su verdadera identidad habían sido descubiertas, sus enemigos buscarían cualquier oportunidad para secuestrarlo.

—Sabía que nos encontrarían antes de llegar a la capital, pero no pensé que sería así.

Luicen suspiró.

Había imaginado un encuentro con Ruger justo antes de entrar a la capital, donde ya tenían un plan de contingencia. Pero nunca esperó que los adoradores de demonios persiguieran a un peregrino por rencor. Ahora, al haber sido descubierto antes de lo previsto, debían ajustar sus planes.

—Pero no hay mucho que podamos hacer ahora, ¿verdad?

Morrison argumentó que disfrazarse de otra manera sería inútil, ya que era una táctica ya usada. Aumentar la velocidad tampoco era viable: eran humanos, con límites físicos. Proteger a Luicen mientras luchaban contra un número desconocido de enemigos era arriesgado, y los mercenarios no eran de fiar.

—¿Por qué no revela su identidad y viaja abiertamente?

—Eso solo complicaría las cosas.

En el este, hasta los caballeros se habían convertido en bandidos. Si se enteraban de que el Duque Agnes estaba viajando, todos intentarían secuestrarlo para obtener rescate, lo que retrasaría su viaje y daría ventaja a los seguidores de Ruger.

—Entonces, ¿qué tal si revela su identidad pero busca protección de alguien con influencia?

—¿Como quién?

—El gran lord del este. Según nuestra información, está patrullando la zona con sus caballeros.

—Ugh… No me cae bien ese tipo…

Luicen frunció el ceño.

El gran lord del este, el Duque Ashilles, rondaba los sesenta años, casi la edad de su abuelo. Autoritario y privilegiado, siempre había desaprobado el estilo de vida libertino de Luicen, regañándolo constantemente. Además, en la línea de tiempo anterior, cuando Luicen, desesperado, fue a pedirle ayuda, el Duque lo había echado sin siquiera recibirlo. Lo mismo hicieron los demás nobles. Por eso Luicen había decidido viajar solo con Carlton esta vez.

—¿Podemos confiar en él? ¿Y si está detrás de los adoradores de demonios?

—Lo conocí antes. Es un hombre muy piadoso, nada relacionado con herejes.

Viniendo de un inquisidor como Morrison, era confiable.

—Ustedes no recibirán un buen trato de ese viejo.

Especialmente Carlton.

—No importa cómo nos traten. Con los caballeros, estaremos más seguros. Ruger y los adoradores de demonios no se atreverán a atacarnos tan fácilmente. El problema es que no sabemos su ubicación exacta.

—Si está cerca, mejor. No nos desviaremos mucho de nuestra ruta. Puedo averiguar su paradero rápidamente.

Tanto Morrison como Carlton estaban a favor. Luicen emitió un gemido de resignación. Las circunstancias eran diferentes ahora. Si el gran lord no estaba involucrado con los adoradores de demonios, pedir su ayuda no era mala idea.

Aunque el recuerdo de aquel desprecio y traición aún le hacía hervir la sangre. Pero como eran Carlton y Morrison quienes llevarían la peor parte en cualquier pelea, debía respetar su opinión.

—Está bien. Si lo encontramos en el camino… hablaremos con él.

Luicen accedió de mala gana. Tenían un nuevo destino.

***

Mientras tanto, los dos adoradores de demonios y Ruger, que habían huido por separado, se reunieron en una cueva rocosa no muy lejos.



TRADUCCION: LILI
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY


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