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Capítulo 78

En aquel sótano, si el monstruo serpiente no hubiera aparecido abriendo sus fauces, sus labios se habrían encontrado de manera natural. Y entonces, la relación entre Luicen y Carlton habría cambiado para siempre. Después de eso, por primera vez, habrían tenido un momento a solas. Sin visitas, con la puerta cerrada, completamente solos.  

Luicen masticó un caramelo con fuerza. Estaba exhausto, pero sus nervios, extrañamente alterados, comenzaron a tensarse.    

«El corazón humano es realmente incomprensible. Después de todo este tiempo agarrados de la mano, cabalgando juntos, chocando el uno contra el otro, despertando en sus brazos mientras vagaban por la montaña… ¿Y ahora me molesta que nuestras rodillas se toquen?»  

—Ejem.  

Luicen tosió sin motivo. Carlton, pensando que se había atragantado, le pasó de nuevo la botella de licor. Ahora que lo pensaba, compartir una sola botella entre los dos también era un poco…  

«¿Cuándo desaparecieron las barreras entre Carlton y yo?» 

Aunque se sentía confundido, la expresión impasible que el comandante le había enseñado con tanto esfuerzo seguía siendo su mayor fortaleza en ese momento. Luicen bebió un trago y habló con la mayor naturalidad posible:  

—Solo tres grandes señores lo reconocerán, así que será un trono incompleto para siempre.  

Al decir eso, observó de reojo a Carlton, pero este no parecía tan consciente de la situación como él.  

«¿Qué? ¿Soy el único que lo nota?».  

Aunque habría sido incómodo si el otro también estuviera cohibido, el hecho de que pareciera tan despreocupado hirió su orgullo. En su momento, él había sido el hombre más popular de la capital. Tantos habían sobornado a sus sirvientes solo para estar a solas con él… Qué irónico que ese pasado glorioso ahora pareciera tan insignificante.  

—Por cierto, el primer Príncipe, tu señor tiene una posición bastante inestable, ¿no?  

Luicen habló con un dejo de malicia.  

—Así es. Si la autoridad real se debilita, los nobles comenzarán a pelear entre sí, y será un caos de arriba abajo. El reino tendrá dificultades para funcionar, y ante la más mínima crisis, estarán indefensos.  

El análisis de Carlton hizo que Luicen olvidara su resentimiento anterior y asintiera, impresionado. El futuro que él había vivido había transcurrido exactamente así. Cuando la casa ducal cayó, el sur se sumió en una feroz lucha. Se unieron brevemente contra un enemigo común, las langostas, pero pronto volvieron a las disputas. Traiciones y conspiraciones plagaron aquella tierra pacífica donde antes crecían los cultivos y maduraban las frutas. Un verdadero caos.  

Si la relativamente estable región sur había llegado a ese punto, las otras zonas, ya conflictivas y difíciles, quedaron devastadas. En el norte, la gente abandonó sus hogares, y los monstruos que bajaron de las montañas ocuparon los espacios vacíos, convirtiéndose en un dolor de cabeza.  

En ese contexto, nadie emergió como un nuevo líder poderoso, y ningún grupo se benefició del desastre. La desgracia que cayó sobre el reino no favoreció a nadie. La vida se volvió rápidamente miserable, y todos cayeron en la pobreza y la enfermedad. Luicen no vivió mucho, pero fue testigo de suficiente sufrimiento. Sin un héroe que apareciera, el futuro solo habría empeorado.  

—Viendo eso, ¿realmente el sueño de la destrucción del mundo es una posibilidad?  

La seriedad de Luicen hizo que Carlton soltara una carcajada.  

—No somos villanos de una obra de teatro de tercera. ¿Dónde se ha visto un antagonista tan cliché en estos días?  

—Mmm…  

Luicen puso una expresión incómoda. Sabiendo el futuro, no podía tomarse eso a la ligera.  

—Si un villano que realmente sueña con el fin del mundo está tras el Duque, entonces estamos en problemas. Gracias a usted, ahora también soy objetivo de un villano de pacotilla… Debería recibir una buena compensación. ¡Soy un mercenario caro, ¿sabe?!  

La broma de Carlton hizo reír a Luicen.  

—No, no. Aunque no fuera por mí, tarde o temprano te habrían marcado. Eres la espada del primer Príncipe, ¿no? Seguro que ya estaban tras ti. De hecho, deberías agradecerme por alertarte. Así evitas que te corten la nariz mientras duermes. ¡Yo debería ser el que exige compensación!  

—¿Qué dice?  

Los dos intercambiaron bromas tontas. Mientras lo hacían, la tensión y las preocupaciones se desvanecieron, reemplazadas por un ambiente alegre y el efecto del alcohol. Luicen, riendo, se recostó apoyándose en el brazo.  

—¿Estás borracho?  

—No.  

Carlton sonrió, le quitó la botella de la mano y le metió otro caramelo en la boca.

«¿Me trata como a un niño?». 

Pero el dulce se derretía en su boca, y el gesto de preocupación de Carlton era evidente. Seguro que sus bromas eran para distraerlo.  

Luicen, aún recostado, lo miró fijamente.  

«¿De verdad este hombre es el asesino que tanto temía?».  

Durante el viaje, esa duda lo había asaltado a menudo. ¿Era realmente el mismo hombre que masacró a los sirvientes de la casa ducal, asesinó a inocentes y quemó los campos dorados?  

El Carlton que Luicen había observado era temperamental, impulsivo y, objetivamente, un tipo difícil, pero no un villano. Aunque era exigente con los demás, también sabía empatizar y consolar. Era inteligente y tenía visión de futuro.  

«¿Podría alguien así, incluso bajo presión psicológica, cometer una masacre que mancharía su vida para siempre?». En su vida anterior, Carlton había sido el responsable, eso era un hecho. Pero ahora Luicen comenzaba a dudar de que la culpa fuera únicamente suya.  

Tras regresar en el tiempo, se dio cuenta de que el pasado que había vivido sin prestar atención estaba lleno de conspiraciones ocultas. Hasta su huida nocturna, que creía una decisión propia, había estado influenciada por los planes de Ruger.  

«Tal vez muchas personas murieron víctimas de tramas similares. La mayoría ni siquiera lo supo, como los mercaderes de Alos que murieron envenenados sin saber que la serpiente los había mordido».  

¿Y si hubo una conspiración contra Carlton también?  

¿Qué si él, sin saberlo, había sido arrastrado por una trampa?  

«Eso sería demasiado triste».  

Era algo del pasado que ya no existía. Nadie más lo recordaba, así que, incluso si Carlton era inocente, no había forma de probarlo. Ambos habían cometido errores en el mismo lugar y momento. Pero Luicen tuvo la oportunidad de regresar y redimirse, mientras que Carlton no. Para siempre, en la memoria de Luicen, Carlton seguiría siendo un pecador.  

Esa idea lo conmovió tanto que, sin pensarlo, extendió la mano. Los ásperos cabellos de Carlton rozaron sus suaves dedos. Por un instante, las pupilas de Carlton temblaron.  

—Ah, perdón.  

Luicen se dio cuenta de lo que había hecho e intentó retirar la mano. 

«¿Qué clase de descortesía es acariciar la cabeza de un hombre adulto?». Pero Carlton atrapó su muñeca. Su expresión se oscureció, pero en sus ojos ardía un fuego intenso.  

—¿Por qué no la apartaste?  

No hacía falta explicación. En el momento en que Carlton habló, ambos recordaron aquel instante en el sótano: sus cuerpos pegados, los latidos acelerados, el aliento entremezclado y el calor que enrojeció sus mejillas. La primera caída había sido un accidente, pero reducir aún más la distancia entre ellos… eso no lo fue.  

Luicen había asumido que Carlton no estaba consciente de ello, por eso su pregunta lo tomó por sorpresa.  

«¿Qué? ¿Es aún mejor ocultando sus emociones que yo?».  

Con lo despistado que era, era imposible que hubiera notado los sentimientos del otro.  

—Porque no me desagradó. En ese momento, pensé que podía dejarme llevar por la situación.  

Francamente, no lo había pensado mucho. Era solo un beso, después de todo.  

Su respuesta despreocupada encendió algo dentro de Carlton. Sabía que Luicen había sido un libertino famoso en la capital, pero experimentarlo en persona era distinto.  

—¿Así que… porque no te desagradó, te dejaste llevar?  

Carlton habló con calma, pero sus palabras hicieron que a Luicen se le erizara la piel.  

—Entonces, si el ambiente se repite, ¿tampoco te apartarías?  

—…No, no es que lo haría con cualquiera.  

Luicen negó frenéticamente. 

«Ah, creo que me equivoqué al decirlo. ¿Cómo lo arreglo?». Pero Carlton no le dio oportunidad. Tiró de su muñeca y besó su palma.  

—¿C-Carlton?  

Luicen intentó liberarse, pero Carlton no cedió. Mirándolo directamente, besó su muñeca de nuevo, presionando sus labios suaves antes de que la punta caliente de su lengua lamió la piel fina donde el pulso latía con fuerza.  

Sin detenerse, Carlton siguió besando su brazo, su hombro. El alcohol y la excitación nublaron la mente de Luicen, quien dejó escapar un gemido. Los dientes de Carlton se cerraron suavemente sobre su nuez, haciendo que su cuerpo temblara.  

La mano de Carlton rodeó su nuca. Su mirada parecía hacerle una pregunta: “¿Qué harás ahora?”.  

¿Qué haría? La provocación de Carlton era escalofriantemente excitante, y Luicen ya no solo no lo rechazaba… lo deseaba.  

—Eres terrible.  

Luicen rodeó el cuello de Carlton con sus brazos. Sin espacio para acercarse más, sus labios se encontraron. Luicen sintió que Carlton sonreía contra su boca.  

«¿Tan feliz estás?».  

Con un toque de malicia, Luicen mordió suavemente el labio inferior de Carlton. Eso solo avivó el fuego, y el beso se hizo más profundo. Una y otra vez, sus labios se separaron y volvieron a unirse. Durante un largo rato, el único sonido en la habitación fue el húmedo roce de sus bocas.

Robin: siii siii por fin el beso KIAAAAA aaaaa



TRADUCCION: LILI
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY


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