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Capítulo 34

Al escuchar las palabras del mayordomo, el administrador estalló en risas.   

—¿Qué clase de tonterías está diciendo? ¿Exigir su cuerpo? Carlton no es ningún matón de barrio.

— Aunque lo llamen “caballero”, no deja de ser un mercenario. Al final, es más o menos lo mismo.

El rostro del mayordomo era tan serio que el administrador fue perdiendo la sonrisa poco a poco y preguntó: —¿Tiene alguna prueba?

—Hay un sirviente que escuchó a los subordinados de Carlton murmurar algo. Según él… fue por el asunto de las raciones… Ah, esto es tan vergonzoso… —El mayordomo se tocó la comisura de los labios y, tras dudar un momento, continuó—. Delante de sus subordinados, Carlton exigió el cuerpo de Luicen y lo obligó a arrodillarse. Luego echó a todos sus subordinados de la habitación. Al principio, Luicen se opuso a las raciones, pero después cambió por completo de opinión y accedió a todo lo que Carlton pidió.

—¡Ah! Entonces, ¿por qué nuestro Luicen lo sigue por ahí…?

—Seguro que tiene alguna intención oculta.

—¿Vigilancia…?

—Eso es solo una excusa. Podría haber enviado a sus propios subordinados si quisiera. Siempre lo ha hecho. ¿Por qué necesita vigilar personalmente ahora? Es obvio que solo quiere estar cerca de Luicen para hacer sus fechorías.

El administrador sintió un fuerte mareo y se apoyó contra la pared.

Luicen, quien siempre lo llamaba con esa voz corta y dulce, quien solía tropezar y caer, y a quien él acostumbraba cargar en brazos. Luicen, que abría los brazos cada vez que lo veía.

Lo había criado con tanto cariño. Incluso si hubiera tenido un hijo propio, no lo habría amado más. Era tan pequeño y joven que no podía soportar castigarlo, así que lo mimó y lo consintió.

Hubo un tiempo en que Luicen se volvió un rebelde, y el administrador sintió desesperación. Pero, de repente, creció y se convirtió en un lord sabio y respetable, liderando la casa ducal en tiempos de crisis. El administrador pensó que, al verlo tan majestuoso, podría morir en paz… pero ahora…

El administrador sintió que la ira lo invadía.

—¡Este maldito! ¿Cómo se atreve a jugar sucio con nuestro Luicen?

El administrador desenvainó la espada que colgaba de la pared.

El mayordomo se sobresaltó y se interpuso con todo su cuerpo.

No, este hombre, que había pasado toda su vida detrás de un escritorio, ¿a quién iba a amenazar con una espada?

—Ah, administrador, cálmese…

—¿Cómo puedo calmarme? ¿Cómo puede usted calmarme cuando circulan estos rumores?

—No, yo también estoy enojado. Pero… al final, son solo rumores.

—…

—No hay nada bueno en hacer un escándalo. Si Luicen se entera de estos rumores, podría sentirse avergonzado…

El mayordomo tenía razón. Hacer un escándolo podría dañar la reputación de Luicen. No podían permitir que alguien como Carlton manchara la vida impecable de Luicen.

El administrador respiró profundamente y bajó la espada. Sabía que debía mantener la calma para proteger a Luicen de las garras de Carlton.

—¿Luicen no sabe nada de esto?

—No, parece que no lo sabe. Ya he dado órdenes estrictas a los sirvientes para que guarden silencio.

—Sí, hizo bien. Estos rumores no deben propagarse más.

—Correcto.

—Y en cuanto a Carlton… no debemos dejarlo a solas con Luicen. Usted y yo debemos estar siempre a su lado.

—Sí, también le diré al sirviente principal, Ruger, que no se aparte de Luicen. Aunque no es de fiar y a menudo se ausenta…

—Pero proteger a Luicen es lo más importante.

—Sí.

El administrador y el mayordomo se miraron con determinación.

Después de eso, el administrador esperó ansiosamente el regreso de Luicen al castillo. Quería salir corriendo al pueblo, expulsar a Carlton y traer a Luicen de vuelta a salvo, pero sabía que no podía actuar impulsivamente.

Finalmente, el sol se puso, y era hora de que Luicen regresara.

—El lord ha pasado por la puerta del castillo interior.

—Bien. Debo ir a recibirlo.

Al escuchar al caballero, el administrador corrió hacia la entrada. A lo lejos, Luicen se acercaba montado a caballo. Con el sol poniente a sus espaldas, su cabello brillaba con un tono anaranjado. Montado en un caballo blanco, Luicen parecía un noble de los cuentos de los trovadores. Era tan elegante y hermoso que inspiraba admiración.

Justo cuando el administrador se sentía lleno de orgullo, notó a Carlton acercándose peligrosamente a Luicen. Carlton no podía apartar la mirada de Luicen, y su obsesión era tan evidente que incluso el administrador podía sentirlo.

—Vaya, al menos tiene buen gusto.

«Todo esto es porque nuestro Luicen es demasiado perfecto» pensó el administrador con un suspiro. Luicen, sin darse cuenta de las intenciones oscuras de Carlton, respondía cortésmente a sus palabras.

De repente, el caballo de Luicen y Carlton se detuvieron frente al administrador.

—¿Ha regresado, mi Señor? Hoy ha sido un día duro para usted.

El administrador saludó a Luicen.

—¿Y yo?

—Sí.

El administrador ignoró descaradamente a Carlton.

—¿Por qué viene montado a caballo? Sé que salió en carruaje.

—Cuando quise regresar, no había carruaje disponible. Carlton me ofreció enseñarme a montar, así que decidí intentarlo.

Luicen suspiró.

El incidente en el pueblo le había hecho reflexionar.

—¡Mi habilidad para montar no puede seguir así!

Así que, con valentía, decidió aprender de Carlton, quien era un excelente jinete.

—¿En qué estaba pensando? ¿Aprender de este tipo?

Carlton no era un buen maestro. Era alguien que había nacido con talento para las actividades físicas. Durante todo el camino, Carlton no dejó de regañarlo, pero Luicen no entendía nada. Carlton se enfadaba, y Luicen sufría por soportar su mal genio.

—Es admirable verlo esforzarse tanto —el administrador dijo esto mientras se interponía entre Carlton y Luicen—. Por cierto, tenemos algunos asuntos urgentes que discutir con usted, mi Señor. Venga con nosotros.

Intentó actuar con naturalidad, pero Carlton tenía un talento innato para detectar emociones negativas hacia él. No pasó por alto la hostilidad que el administrador y el mayordomo intentaban ocultar.

—¿Qué pasa con estos tipos?

Era obvio que querían separarlo de Luicen. ¿Desde cuándo discutían asuntos del Ducado con Luicen?

Seguramente sentían que Luicen estaba ganando demasiada popularidad y querían mantenerlo bajo control. Sabían que Luicen solo podía moverse libremente gracias a Carlton, así que su plan era separarlos. Querían llevarse a Luicen para sembrar discordia entre ellos o convencerlo de que se comportara.

Carlton juraba que no tenía interés en las luchas internas del ducado. Aunque le daba pena la situación de Luicen, apenas podía cuidar de sí mismo, ¿cómo iba a ayudar a alguien más? Simplemente le preocupaba ver a Luicen corriendo de un lado a otro.

Pero al ver cómo lo trataban como a un gato acorralado, sintió una gran irritación. Cuando alguien lo odiaba, le daban ganas de darles una razón para hacerlo.

Carlton sonrió y tiró de las riendas del caballo de Luicen, haciendo que este lo siguiera.

—Primero debe bajarse del caballo. ¿Puede hacerlo solo?

—No, no puedo.

Luicen palideció y negó con la cabeza. El caballo era demasiado alto para él. Además, el animal había estado resoplando desde hacía rato, como si no le agradara Luicen.

—Lo ayudaré a bajar.

Carlton extendió su mano. El administrador no podía quedarse de brazos cruzados.

—Agarre mi mano, mi Señor.

El administrador también extendió su mano hacia Luicen. En ese momento, Luicen, todavía en el caballo, tenía dos manos frente a él. Las miradas entre Carlton y el administrador chispeaban con tensión.

Mientras tanto, Luicen no tenía ni idea de lo que ocurría.

—Administrador, no deberías esforzarte tanto con tu espalda. Carlton está aquí.

Luicen tomó la mano de Carlton.

—Uf, ¡ah!

Luicen se bajó del caballo con dificultad, sostenido por Carlton. Al pisar el suelo, tambaleó, pero Carlton lo sostuvo firmemente. A pesar del peso, la mano de Carlton no tembló.

Carlton sostuvo a Luicen como si lo abrazara y mostró una expresión triunfal. El rostro del administrador se enrojeció.

—¡Este miserable…!

—Administrador, ¿estás bien? Tu cara está muy roja. ¿Te duele algo?

—¿Será por el atardecer?

—Ah, ¿crees?

Luicen miró al cielo con tranquilidad. Mientras una batalla silenciosa ocurría a su alrededor, él no se daba cuenta de nada. El mayordomo, al verlo tan despreocupado, sintió una mezcla de emociones. Aunque había cambiado mucho, su naturaleza indiferente hacia lo que ocurría a su alrededor seguía igual.

El administrador se interpuso entre Carlton y Luicen, separándolos. Carlton frunció el ceño al perder el contacto.

—Tenemos un asunto urgente en el ducado. Mi Señor, debemos irnos ahora.

—¿Eh? ¿En serio? Entonces vamos.

Carlton puso una mano sobre el hombro de Luicen.

—Si es algo urgente, a mí también me interesa.

—Es un asunto interno del ducado. Carlton, debería descansar. Debe estar cansado de seguir al lord todo el día. Además, no tendrá nada que hacer con él esta noche.

—¿Por qué no? Eso depende de mí. El Duque y yo nos hemos vuelto muy cercanos. Tengo un licor especial que traje del norte. Como recompensa por su esfuerzo hoy, podemos compartirlo.

—¡Oh, licor del norte! Entonces, después de hablar con el administrador, puedo tomar una copa con Carlton. Iré a tu habitación más tarde.

—¡No puede ser!

—¡Claro que sí!

Carlton sonrió ampliamente, disfrutando de su pequeña victoria. Amaba ganar, sin importar la situación.

Robin: jajajaja amo este malentendido ajajajajajajaja



TRADUCCION: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY


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