Extra 22. El señor del castillo en Hollywood
Dentro de un estudio de cine en Hollywood.
Era el set de rodaje de “El hombre dentro de nosotros 2”, la secuela de “El hombre dentro de nosotros”, una película que marcó un hito en la historia del cine.
Como estaban en plena filmación, el enorme estudio permanecía en silencio total. El equipo y el resto del personal contenían la respiración mientras observaban a un hombre.
Ese hombre tenía una apariencia que cualquiera calificaría como digna de un actor. De cuerpo delgado, con el cabello rubio largo, y unos rasgos tan perfectos que podían llamarse impecables. Sus ojos eran de un azul claro, tan puros como el cielo en verano. Todo en él era hermoso, pero por alguna razón, hoy no lucía especialmente atractivo. Su piel estaba áspera, y tenía ojeras pronunciadas. Los expertos habían intentado cubrir su rostro agotado con maquillaje, pero la capa gruesa solo resultaba ridícula.
Luicen Agnes.
En esta película, interpretaba el papel del protagonista de la entrega anterior, apareciendo ahora como personaje secundario. Aunque tenía poco tiempo en pantalla, el impacto del personaje original era considerable.
Hijo de una famosa pareja de actores, había sido el centro de atención desde que era un bebé. Gracias a sus perfectos rasgos, heredados de ambos padres, la gente en todo el mundo lo llamaba “bebé hada”, “bebé ángel” y demás elogios.
Sin embargo, tras la muerte prematura de sus padres, creció a su antojo y empezó a meterse en problemas. Ahora lo llamaban chico problema o incluso gamberro. Pero más allá de todo, Luicen tenía un defecto fatal…
Luicen dijo su línea.
—¡Te asustaschte, verddad! ¡Esttoy bienn!
El estudio entero se llenó de horror. Luicen era el rey de la sobreactuación.
Y no solo actuando. No sabía ni bailar, ni cantar, ni siquiera posar bien como modelo, a pesar de que, con su cara, podría haber llegado a ser decente en cualquier revista.
Una incapacidad tan sorprendente que resultaba difícil de creer.
Lo único en lo que realmente destacaba… era en generar escándalos.
En sus más de veinte años de vida, su mejor filmografía eran fotos de paparazzi.
Ese era Luicen Agnes.
Claro que, desde su perspectiva, él también tenía su explicación. Nunca quiso ser una celebridad. Como hijo de personas famosas, su rostro se hizo público antes de que siquiera tuviera conciencia de sí mismo, y eso le robó la oportunidad de crecer como una persona normal. Además, perdió a sus padres a los seis años y fue criado por alguien del entorno del espectáculo con quien tenían cercanía. Todos asumieron que Luicen seguiría naturalmente ese camino, y él simplemente se dejó llevar.
Desde un principio, Luicen no tenía mayor interés en la vida del espectáculo. Solo lo hacía por inercia, porque era lo que había hecho desde siempre. Que dijeran que no tenía talento… bueno, dolía un poco al escucharlo, pero como todos a su alrededor le decían que no pasaba nada, se convencía de que así era.
No tenía pasión, ni voluntad, y tampoco era capaz de verse a sí mismo con objetividad, así que no había forma de que mejorara. Sus únicos activos eran la fama y la apariencia, pero incluso esos empezaban a apagarse con el paso del tiempo. Aun así, Luicen no sentía ningún tipo de urgencia.
En esas condiciones, no había manera de que sintiera algún apego especial por la película que estaba grabando en ese momento. Que fuera su primer papel con líneas después de trabajar solo como modelo, que el personaje fuera el legendario protagonista de “El hombre dentro de nosotros”, la obra más representativa de su padre, o que el proyecto fuera altamente recomendado por el General —apodo del exmánager de su padre y ahora presidente de su agencia—… todo eso, para él, no tenía mayor importancia.
Hasta que tuvo aquel sueño.
La mañana anterior, Luicen había soñado. En el sueño, como siempre, actuaba con su característico desgano y pésima interpretación. El director, enfurecido, armaba un escándalo en el set y trataba de echarlo. Pero el inversor de la película insistía en mantenerlo, ya que deseaba ver al hijo del actor original interpretando el mismo papel. El director, sin otra opción, tuvo que aceptar a Luicen entre lágrimas.
Quizá fue desde entonces que todo empezó a descarrilarse. La producción se volvió caótica, y hasta a los ojos de Luicen, el resultado era un completo desastre. Si al menos hubiese fracasado en silencio, habría sido mejor, pero por culpa de la fama de la película anterior, el escándalo fue enorme.
En medio de eso, la actuación desastrosa de Luicen se volvió viral como un “meme” en internet, y se convirtió en uno de los principales factores que llevaron a la película a ser recordada como un fracaso espectacular.
Dicen que la cosa más irremediable del mundo es convertirse en el hazmerreír. Las compañías que hasta entonces seguían contratándolo a pesar de su mediocridad comenzaron a darle la espalda rápidamente. Aun así, Luicen —el del sueño— no recapacitaba, y se hundía cada vez más en una vida de excesos.
Hasta que incluso el General, que había estado a su lado todo ese tiempo, lo abandonaba. A partir de ahí, la situación ya no tenía vuelta atrás. Perdía toda su fortuna, su cuerpo y su mente se arruinaban, y acababa convertido en un vagabundo.
Ese año, una ola de frío extremo provocada por el cambio climático azotaba la ciudad… y moría congelado.
Fue un sueño verdaderamente trágico. ¡Y qué alivio fue despertar! Para olvidarse del mal sabor, Luicen organizó una fiesta. Pero entonces, ¿qué fue eso? En la fiesta empezaron a suceder exactamente las mismas cosas que había visto en el sueño. Las mismas personas se le insinuaban, el mismo programa salía en la televisión. ¡Era como si estuviera viviendo el mismo día dos veces!
Ese sueño… no era cualquier sueño. Tuvo un mal presentimiento, y al llegar al set de grabación, ese presentimiento se volvió certeza.
El estudio había quedado paralizado después de ver su primer intento de actuación. Y al mismo tiempo, todos miraban con nerviosismo al hombre sentado frente a la cámara.
Era el director de la película, Carlton Anytos.
—Ja. Ja. Ja. ¿Será que estaba demasiado nervioso? —Carlton habló entre dientes, apretando la mandíbula. Sus ojos centelleaban como si en cualquier momento fuera a estrangular a Luicen.
«Qué miedo.»
Instintivamente, Luicen se llevó una mano al cuello. En el sueño, sí, en ese sueño, Carlton lo había buscado completamente borracho y lo había enfrentado. Le gritaba diciendo que la culpa del fracaso de la película era suya, y luego trataba de estrangularlo. Por suerte, los guardias de seguridad intervinieron a tiempo, pero la sensación de aquellas enormes manos apretando su garganta se le había quedado grabada. Por eso, Luicen le tenía miedo a Carlton.
—L-Lo siento mucho. —Pálido, Luicen inclinó la cabeza una y otra vez. Fue una reacción puramente instintiva por el miedo, pero los que no conocían la historia empezaron a murmurar.
—¿Eh? ¿Luicen Agnes está pidiendo disculpas?
—¿Qué bicho le picó? Si ese nunca se disculpa por nada.
Luicen era de los que, siguiendo las enseñanzas del General —quien siempre le decía que jamás debía perder la dignidad sin importar la situación—, ni siquiera pronunciaba la ‘d’ de “disculpa”, aunque fuera su culpa.
Pero el sueño se había sentido tan real, tan vívido, que las desgracias que vivió mientras caía en desgracia lo habían dejado con el cuello más blando que nunca. Quienes no sabían eso solo podían quedarse atónitos ante su cambio de actitud.
—…Bueno, hagámoslo de nuevo.
Después de todo, si el otro ya se disculpó, no podía seguir gritándole. Carlton respiró hondo y pidió que repitieran la escena. Luicen tragó saliva.
—¡Cámara!
Dieron la señal y la cámara comenzó a grabar. Luicen intentó sonreír, como indicaba el guion. Se suponía que debía mostrar una sonrisa amable, como si brillara con una luz cálida. No sabía bien qué quería decir eso, pero igual trató de sonreír y recitó su línea.
—¿Te asustaschte, ver, verdad? ¿Estás… b-bien?
—…Alto. —Carlton soltó un profundo suspiro. Aunque ligeramente mejor que al inicio, seguía siendo un desastre.
—Otra vez. Esta vez con más suavidad. Estás hablando demasiado entrecortado. Y esa expresión está demasiado tensa.
—Lo siento.
Volvieron a grabar. Luicen sonrió y dijo su línea.
—Es igual a la anterior. Otra vez.
Intentó ponerle más suavidad.
—Otra vez.
Carlton repetía una y otra vez, y Luicen actuaba con todas sus fuerzas.
—Otra vez.
—Otra vez.
—¡Otra vez! ¡Por el amor de Dios! —Al final, Carlton explotó. Arrojó el guion al suelo y gritó con fuerza—. ¿Se supone que esto es una broma?
—No, yo…
—¿Acaso te preparaste? ¿Cuántas veces vamos a tener que repetir porque no puedes decir una sola línea correctamente?
—Lo siento…
—Si de verdad lo sientes, ¡entonces no repitas lo mismo! Olvídalo. No puedo trabajar contigo.
—¿Qué?
—¡Se suspende el rodaje de hoy!
—¡D-Director!
—¿Qué esperan? ¡A recoger! —Gritando con furia, Carlton se dio la vuelta.
«¡No puede ser! ¡Está ocurriendo exactamente como en el sueño!»
Según el sueño, Carlton intenta despedir a Luicen, pero el inversor se opone. Eso provoca una gran frustración en él, y termina atrayendo la atención de los superiores, quienes comienzan a interferir constantemente. Como dicen, demasiados capitanes hacen que el barco encalle. Esa fue una de las razones por las que la película terminó fracasando.
Además, aquello dañaba la autoridad de Carlton como director, y pronto perdió el control del set. Eso también contribuyó al desastre final de la película.
«¡No puedo dejar que se repita lo del sueño!»
Mientras pensaba eso, Carlton ya se alejaba a pasos firmes.
—¡E-espere un momento! —Luicen salió corriendo tras él, desesperado.
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«Tsk, por eso no soportaba a los nepo babies.»
Carlton chasqueó la lengua. Nepo babies eran aquellos que debutaban sin talento, pero con el respaldo de la fama de sus padres. Luicen era el ejemplo perfecto de eso, y Carlton, que se había hecho a sí mismo desde abajo, detestaba a ese tipo de gente.
Por supuesto, Carlton evitaba trabajar con nepo babies, pero esta vez no tuvo opción. Los inversores querían a Luicen. Porque era idéntico a su padre, quien se había convertido en leyenda tras fallecer en sus treinta. Querían explotar la imagen simbólica de un hijo que retomaba el papel de su padre en la secuela de una película icónica. Así que, aunque firmó el contrato a regañadientes por presión económica, Luicen —incapaz de actuar— era una bomba de tiempo… que había estallado, como era de esperarse.
«No hay forma de que deje esa actuación en mi película.»
Era la primera vez que Carlton estaba al frente de una gran franquicia. Gracias a la popularidad de la anterior, el éxito estaba casi garantizado. Hasta entonces, Carlton había trabajado principalmente en películas independientes, así que haber recibido este encargo era prácticamente un milagro. Si no fuera porque el presidente de la productora —apodado “el Príncipe”— había insistido en él, jamás lo habría conseguido.
Y Carlton no pensaba desperdiciar esta oportunidad. Haría lo que fuera por lograr el éxito y superar la película original.
Por eso mismo, no podía tolerar a Luicen. Agarró su teléfono móvil con rabia. Pero antes de que pudiera buscar el contacto, una mano blanca, suave, acostumbrada a no trabajar, se estiró y le sujetó la muñeca. Era Luicen, que venía siguiéndolo y llamándolo desde antes.
—Director, huff… espere un momento, por favor, cálmese…
«¿Ni siquiera tenía la condición física mínima para ser actor?» Apenas había corrido un poco y ya jadeaba como si fuera maratón. Solo eso ya le parecía molesto a Carlton.
—¿Qué quiere? No tengo nada que hablar con usted.
—¡Yo sí tengo algo que decir! —Luicen alzó la voz con desesperación.
—¡Si me despide, usted también se hunde!
—…
Carlton lo miró con una frialdad absoluta. Una de las comisuras de sus labios se torció en una sonrisa irónica. Luicen contuvo el aliento con un sobresalto. Qué miedo. Pero intuía que este no era el momento de acobardarse.
«Aguanta. Luicen Agnes. No huyas.»
—Piénselo con calma. Sé que hubo fuerte oposición de los inversores cuando se le asignó la dirección. Tengo entendido que fue la productora la que insistió en contratarlo. En cambio, yo fui elegido por petición directa de los inversores. Si ahora usted intenta echarme, ¿cómo cree que lo tomarán ellos? —Luicen continuó hablando sin siquiera tomar aire—. Claro que sé que mi actuación es horrible. Tiene razones válidas para no querer trabajar conmigo. Pero… ¿desde cuándo a los inversores les importa el talento? Solo pensarán así: “¿Eh? Este tipo que ya me caía mal ahora resulta que tampoco acepta mi casting. ¿Ah, sí?”
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo? —preguntó Carlton con frialdad. Pero ya lo estaba escuchando con atención. ¿Cómo sabía Luicen todos esos detalles internos? Le parecía extraño, pero todo lo que decía era cierto.
—¡Tiene todo que ver! A partir de ahí, los inversores comenzarán a buscar excusas para intervenir, y yo, mientras tanto, seguiré actuando mal, arruinando la película. Usted quedará como un director sin autoridad, incapaz de manejar ni siquiera a un actor. El equipo empezará a abandonarlo, y…
Y así, la película se hundirá sin remedio.
Luicen le estaba contando exactamente lo que había visto en su sueño. Para él, no era un simple mal sueño: estaba convencido de que era una premonición.
—Parece una exageración absurda.
—¡Pero es una posibilidad real!
—…
Carlton frunció el ceño. Ese era el problema: lo que decía sonaba demasiado convincente.
—Entonces, ¿qué quiere de mí?
Ese era el momento clave. Luicen entendió que era hora de revelar el propósito de toda su perorata*. Si quería evitar que se repitiera lo del sueño, solo había una forma. Tenía que actuar al menos de forma aceptable. ¡Solo eso!
(*Discurso o razonamiento, generalmente pesado y sin sustancia.)
Y Carlton, además de director, tenía otro apodo en la industria: el “lavador de malas actuaciones”. Se decía que, una vez en sus películas, incluso actores sin experiencia terminaban actuando como poseídos. Era famoso por haber sacado lo mejor de muchos intérpretes sin talento.
—¡Enséñeme a actuar!
Carlton era la única cuerda a la que Luicen podía aferrarse para no caer en su futuro trágico.
Pero Carlton no lo veía así.
—No quiero.

TRADUCCION:KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY