Extra 18
Luicen, con duda, tomó el eje de Carlton con la mano. El miembro de Carlton latía con calor. Lo tenía en la mano, pero… ¿qué se supone que debía hacer? Lo miró como si pidiera ayuda. Carlton se inclinó y le dio un beso corto en los labios.
—Intenta imitarme.
Carlton movió suavemente el miembro de Luicen de arriba abajo. Luicen, con torpeza, empezó a mover la mano siguiendo sus indicaciones. Sus caricias eran totalmente inexpertas.
—¿Ni siquiera te masturbas mucho? —Carlton susurró mientras pasaba la lengua por su oreja. Su voz húmeda y empapada excitó a Luicen.
—Mmh… hng…
Luicen gimió como si fuera a llorar y asintió con la cabeza. Aunque su torpeza era encantadora, para Carlton seguía siendo insuficiente. Juntó su propio miembro con el de Luicen, tomándolos con una sola mano. Los extremos resbaladizos, cubiertos por los fluidos, se frotaron con lentitud. Presionó con fuerza los glandes y los deslizó hacia abajo, como si los acariciara con un movimiento continuo.
—¡Ahhng!
El cuerpo de Luicen tembló. El miembro de Carlton, que se rozaba contra el suyo, estaba tan caliente como si quemara, y el contacto con la mucosa resbaladiza resultaba terriblemente excitante. Cada vez que la mano firme y áspera de Carlton rozaba su sensible miembro, Luicen se estremecía de pies a cabeza.
—Ugh, ha… ngh!
Carlton chupaba y lamía los labios entreabiertos de Luicen mientras lo acariciaba tanto arriba como abajo. Con las oleadas de placer que estallaban por todo su cuerpo, Luicen era incapaz de pensar con claridad.
—Ah… haa… hng…
Luicen gemía sin control. El placer, que llegaba sin pedir permiso y sin que él pudiera detenerlo, era tan nuevo como intensamente aterrador. Sin darse cuenta, empezó a mover las caderas al ritmo de las caricias de Carlton. Y entonces, ocurrió.
—Ah… ngh… ahh…
Una oleada de placer, como nunca antes había sentido, lo atravesó. Toda su atención se centró en su miembro, y en la punta, que se sentía como si fuera a estallar, el semen brotó con fuerza.
Luicen, con el cuerpo teñido de rojo y temblando sin parar, eyaculaba de forma intensa y estimulante. Carlton también terminó de forma moderada. Las palmas de sus manos quedaron empapadas con el semen de ambos. Luicen jadeaba, respirando entrecortadamente.
Ambos compartieron por un momento esa sensación tranquila que viene después del clímax. A Carlton le supo a poco, así que siguió jugando con los labios de Luicen, besándolos suavemente. Por otro lado, los párpados de Luicen empezaban a cerrarse, cada vez más pesados. Había salido de casa por primera vez en mucho tiempo, y encima había sido estimulado sexualmente por alguien más, por lo que su cuerpo estaba sobreestimulado.
—…Tengo sueño.
—Está bien.
Luicen se durmió rápidamente. Carlton le dio un suave beso de buenas noches en la frente y se levantó. Se limpió la mano como pudo en lo que parecía una cortina, y luego regresó a la cama. Abrazó con fuerza el cuerpo dormido de Luicen y se cubrió con las mantas. Su pecho se llenó de una cálida emoción.
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A la mañana siguiente, al amanecer.
Cuando Carlton abrió los ojos, Luicen ya se había despertado hacía rato y estaba listo para partir. Ambos regresaron montados en sus caballos, igual que cuando llegaron. Sin embargo, el ambiente era completamente diferente. Entre los dos flotaba un aire incómodo. Y todo era por culpa de Luicen.
Luicen evitaba mirar a Carlton de forma casi exagerada. Incluso cuando Carlton le hablaba, él solo respondía con un sí o un no, y su expresión no podía ser más sombría.
Era evidente que la razón era lo sucedido la noche anterior.
«¿Acaso no le gustó?»
En su momento había gemido como si hubiera perdido la cabeza de placer, ¿y ahora se comportaba como si fueran extraños? Carlton había oído que algunas personas cambiaban antes y después de acostarse, pero nunca pensó que le pasaría a él. Se sentía más que desconcertado; incluso un poco furioso. «¿Cómo te atreves a tratarme así?» Su orgullo estaba herido. Y debido a eso, él también comenzó a irradiar una tensión incómoda.
El único que se sentía verdaderamente incómodo entre los dos era Zephyrus, el caballo inteligente y sensible. El pony de Luicen, en cambio, parecía despreocupado, igual que su dueño.
En medio de un silencio sofocante, los dos regresaron a la cabaña y, sin decir palabra, se dirigieron cada uno a su lugar. Carlton se sentó en el borde de la cama y observó cómo Luicen realizaba las tareas acumuladas durante el día. Sus ojos ardían intensamente con furia contenida, pero Luicen no reaccionaba, ya fuera porque no lo notaba o porque decidía ignorarlo. Eso solo aumentó aún más la frustración de Carlton.
Y cayó la noche nuevamente.
—Tengo que… cambiarte las vendas… —Luicen se acercó con timidez.
—Ven aquí. —Carlton inclinó ligeramente la cabeza como una orden.
Luicen se acercó lentamente y se sentó.
—Voy a quitar la venda… —Carlton lo observaba fijamente.
Incluso a esa corta distancia, Luicen hacía todo lo posible por desviar la mirada.
—¿Qué se supone que estás haciendo?
Había un leve tono de ira en la voz de Carlton.
Ni siquiera él entendía por qué estaba tan molesto. Solo quería que Luicen lo mirara de frente.
—¿Yo qué hice? —Luicen fingió no saber nada mientras quitaba la venda.
¿Así que esa era su actitud? Tal vez lo correcto sería aceptar su evasión con indiferencia, como si nada pasara. Pero Carlton no era así. Si algo le molestaba, lo corregía, incluso si tenía que pasar por encima de la voluntad del otro.
De repente, rodeó la cintura de Luicen con fuerza.
—¡No deberías mover el brazo!
—Si te quedas quieto, no tendré que moverlo.
—¡No, no deberías…! —Luicen forcejeó, pero el brazo de Carlton ni se inmutó.
Lo sujetaba con fuerza, sin dejar espacio para escapar.
—Mírame.
—…
—Mírame a los ojos.
—… ¿Por qué está haciendo esto, de verdad?
Luicen bajó obstinadamente la mirada. Sus ojos azules empezaron a llenarse de lágrimas, como si el agua se acumulara en un lago. Era hermoso. Carlton, por un instante, sintió el impulso de lamer esos ojos. En su lugar, posó los labios en la comisura del ojo de Luicen.
—¡Ahh! —Luicen se sobresaltó.
—Suel… suéltame, por favor. —Entonces intentó retirarse poco a poco hacia atrás.
—¿Qué es exactamente lo que no te gusta para que estés así? —Carlton lo abrazó aún con más fuerza. Sus cuerpos quedaron totalmente pegados.
—¡Ngh…!
La protuberancia presionó con fuerza contra el cuerpo de Carlton. Luicen no pudo evitar soltar un gemido.
—Te dije… que no podía…
Finalmente, Luicen lo miró de frente. Sus ojos azules, llenos de reproche, hicieron que Carlton se sintiera divertido en lugar de molesto.
—¿Por qué cada vez que me ves, te pones duro?
Ante aquella expresión tan explícita, el rostro de Luicen se tiñó de rojo. Pero no pudo negarlo. Era cierto. Lo de la noche anterior había sido tan intenso para Luicen, que no tenía ninguna experiencia, que no podía quitarse esa escena de la cabeza. Por más que intentara distraerse, solo pensaba en eso, y al ver a Carlton, su cuerpo reaccionaba inevitablemente. Por eso había estado evitándolo todo el día, para que no se notara lo que sentía. Pero ahora lo habían descubierto por completo.
—Soy… un pervertido… —Luicen murmuró entre sollozos. A Carlton le pareció tan adorable que no pudo contener la risa.
—¿Por qué te ríes? Yo lo digo en serio.
—Sí, sí. ¿Lo dices en serio porque quieres que te toque aquí? Entonces…
Carlton presionó con fuerza la parte delantera de la ropa de Luicen. El cuerpo de Luicen tembló violentamente. Carlton le lamió la oreja. Algo cálido y húmedo rozó su oído. Un escalofrío le recorrió la espalda, y sintió que el calor se le subía a la cabeza.
—Solo tienes que decir “tócame”.
—¿Cómo puede hacer eso así…? Ugh…
—Hazlo.
Luicen abrió ligeramente los labios. Era evidente que dentro de él, la razón y el deseo estaban librando una batalla feroz. Carlton presionó con los dedos la parte delantera de su ropa. El cosquilleo irritante que le provocaba aquella caricia tenue estaba acabando con él. Quería que lo agarrara con fuerza, que lo moviera con decisión. Anhelaba la sensación de esas manos grandes, tan distintas a las suyas, acariciando su miembro de arriba abajo.
Al final, el deseo venció a la razón.
—To… tóqueme, por favor.
—¿Qué cosa?
—Mi… mi pene… tóquelo, por favor. —Luicen habló con la voz entrecortada.
—Qué atrevido.
Su rostro estaba pálido y con lágrimas en los ojos, como si lo estuvieran humillando, pero su entrepierna estaba completamente erguida, rogando por una caricia. Eso hizo que Carlton no pudiera resistirse.
«¿Qué comió para ser tan adorable?»
Carlton empujó a Luicen hacia abajo y le quitó la ropa de golpe. Luego se deshizo también de la suya. Si lo deseaba, tenía que enseñarle como se debía.
Con calma, empezó a recorrer el cuerpo blanco de Luicen con sus manos. La cintura, las clavículas, los hombros donde sobresalían los huesos… Lo tocó a su antojo y besó todo lo que quiso. Sus piernas desnudas se entrelazaban, y cada vez que sus miembros se rozaban, Luicen dejaba escapar un gemido.
—Ngh…
El movimiento inesperado provocó que Luicen frunciera el ceño con disgusto.
—¿Por qué me tocas en lugares raros?
—Así es como funciona esto.
Carlton, que le besaba la clavícula, bajó un poco más y le lamió un pezón.
—Ahh…
El cuerpo de Luicen se arqueó. La sensación de aquella lengua cálida y húmeda lamiendo aquella pequeña protuberancia era extrañamente estimulante. Le producía cosquillas, pero al mismo tiempo el calor se acumulaba entre sus piernas.
Mientras le lamía el pezón, Carlton comenzó a acariciar su miembro. Luicen soltó un suspiro cargado de placer.
Entonces, con disimulo, le introdujo un dedo por detrás.
—¡Ahhh! ¿Qué estás…?
—Shh…
Aunque intentaba calmarlo, Carlton apretó con más fuerza su miembro mientras introducía el dedo aún más profundo. Luicen sentía claramente la invasión, pero el placer en la parte frontal era tan intenso que no podía pensar en otra cosa.
—Con esto será suficiente.
Cuando ya tenía dos dedos dentro, Carlton sacó un ungüento del cajón al lado de la cama y lo untó generosamente en la entrada de Luicen. El líquido preseminal que fluía del miembro de Luicen había humedecido el lugar, pero ahora estaba aún más resbaloso.
—Te voy a enseñar algo mejor.
—¿Algo mejor?
—Sí.

TRADUCCION:KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY