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Extra 12. ¡¡Papi, papá!!

Ya habían pasado dos años desde que llevaron a casa a los dos bebés que encontraron en el bosque. Como nunca se logró encontrar a sus padres, terminaron adoptándolos. Tras ciertos arreglos entre el Vaticano y la familia real, los dos niños fueron reconocidos oficialmente como hijos de Carlton y Luicen.   

A los pequeños se les dieron los nombres de Kai y Rui, y bajo cuidados muy especiales, estaban creciendo sanos y fuertes.

—¡Papí!

Kai, el niño de cabello negro, fue el primero en hablar.

—¡Papí! ¡Papá!

Rui, el niño rubio, lo siguió emocionado.

—Sí, sí. Vamos a ir a ver a papá con papi. —respondió Luicen, colocándole los calcetines a Rui con una sonrisa.

Para los niños, papá era Carlton y papí era Luicen. Quizás por tener dos padres, habían desarrollado naturalmente esa forma de distinguirlos.

Los dos estaban visiblemente emocionados. Iban a visitar la Mansión del Conde de Anytos, donde vivía Carlton, después de bastante tiempo.

Hasta antes de que llegaran los niños, Carlton y Luicen se turnaban para quedarse en el territorio del otro. Pero desde que tenían hijos, ir y venir con ellos resultaba complicado. Así que, considerando qué lugar ofrecía mejores condiciones y contaba con más sirvientes experimentados en el cuidado infantil, decidieron que Luicen y los niños se quedaran en la Casa Ducal de Agnes, mientras Carlton viajaba de ida y vuelta cada día, como si fuera un padre que se desplazaba por trabajo.

Últimamente, Carlton había estado ocupado con asuntos de su territorio y no había podido venir a la Casa Ducal en un buen tiempo. Como los niños no dejaban de preguntar por papá, Luicen decidió sacar un poco de tiempo y llevarlos él mismo a la fortaleza de Carlton.

—A Rui ya le puse los zapatos.

Sosteniendo sus pies inquietos, le terminó de amarrar los cordones. Ahora le tocaba a Kai, pero de pronto Kai se puso de pie de un salto y empezó a correr por toda la habitación. Desde que habían empezado a caminar, criar a los niños se había vuelto mucho más difícil.

—¿Podrías atrapar a Kai…?

«¿A quién habrá salido tan inquieto…?» Luicen suspiró al ver que Kai ya había llegado al otro extremo del cuarto.

La niñera, que los observaba con una sonrisa, lo atrapó al vuelo y se lo trajo en brazos. Luicen se inclinó para ayudar a ponerle los zapatos.

—Cada vez es más difícil cuidarlos…

Le salió casi como un suspiro.

—¿Y lo que falta? Cuente con nuestra ayuda cuando la necesite.

—Sí… Pero aun así, quiero hacer todo lo que pueda yo mismo.

Claro que habría sido más cómodo dejarlo todo en manos de las niñeras y los sirvientes desde el principio. Muchos nobles criaban a sus hijos de esa forma. Pero Luicen quería estar lo más presente posible. Como ya tenía que dejarlos al cuidado de otros cuando trabajaba, al menos quería encargarse él mismo cuando estaba con ellos. Si Carlton estuviera presente, sería todo más llevadero, pero estando solo… era agotador.

Finalmente, con ayuda de la niñera, terminaron de alistarse, y Luicen subió al carruaje con los niños. El Administrador salió hasta el último momento a despedirlos, agitando la mano.

—¡Que tengan buen viaje, señores!

—¡Adiós, Amin!

—¡Kai también dice adiós, Amin!

El Administrador había planeado retirarse el año anterior, pero cambió de opinión después de que los niños empezaron a seguirlo por todo el castillo llamándolo Amin. Decía que le recordaban a Luicen cuando era pequeño y no pudo resistirse. Como aún estaba fuerte y saludable, Luicen aceptó encantado. Para él, la Casa Ducal no se sentía completa sin el Administrador.

──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────

El carruaje llegó pronto a la fortaleza del Conde de Anytos. Los sirvientes del lugar ayudaron a Luicen y a los niños a bajar. Tanto Luicen como los pequeños ya eran rostros familiares en la fortaleza, así que nadie se sorprendió de su llegada sin previo aviso.

Luicen entró con los niños al interior del castillo. Justo en ese momento, al enterarse de su llegada, Carlton apareció apresurado.

—¡Papá, papá!

—¡Papá está aquí!

Los niños salieron corriendo por el pasillo y se lanzaron hacia Carlton, quien los alzó con destreza, uno en cada brazo, y les dio un beso en la mejilla. Luicen los observaba con ternura.

—Y eso que estabas ocupado…

—Los niños querían verte.

Carlton le hizo un gesto con los ojos. Luicen entendió al instante y le dio un beso rápido en los labios. Cuando ya iba a separarse, los labios de Carlton lo siguieron. Ambos querían más, así que el beso se prolongó… pero justo entonces:

—¡Papá y papi!

Kai tiró del cabello de Carlton.

—¡Ay, ay!

Carlton fingió que le dolía y jugó con Kai. A pesar de que llevaban una semana sin verse, ni siquiera podían darse un beso en condiciones. Ser padres no era nada fácil. Como querían criar a los niños por su cuenta lo más posible, incluso en los escasos momentos a solas, siempre estaban los niños presentes, así que las muestras de afecto como pareja se habían vuelto algo lejano.

—¿Has comido?

—Todavía no. Tengo hambre.

—Ya avisé en el comedor. Vamos.

Los cuatro se dirigieron al comedor. Comer con niños no era tarea sencilla. Aunque Carlton se encargaba de Kai y Luicen de Rui, no podía decirse que fuera fácil. Rui, como Luicen en su infancia, era de poco apetito y apenas probaba bocado, lo que preocupaba. Kai, por otro lado, comía bien pero no dejaba de moverse, intentando escaparse a la menor oportunidad.

Mientras alimentaba a Kai, Carlton miraba de reojo a Luicen. Había en él una madurez que el tiempo había pulido, una elegancia más serena. A pesar de los años que habían pasado, Carlton no podía dejar de mirarlo.

Luicen, con el mismo cabello rubio que Rui, calmaba con cariño al pequeño, que tenía un aire que recordaba sutilmente a Carlton. El dulce aroma del niño flotaba en el aire. Al verlo así, algo se apretó en el pecho de Carlton. Aunque no fueran hijos de sangre, para ellos ya no había diferencia. Eran sus hijos.

Se había convertido en noble, había fundado su casa, había formado una familia. Un compañero tierno como un conejo, y unos niños astutos como zorros. Jamás habría imaginado que algo así le fuera permitido. Por eso, todos los días daba gracias al cielo.

Luicen limpió con el pulgar lo que Rui tenía manchado en la comisura de los labios y, sin pensarlo, se lo llevó a los suyos. Sacó la lengua y lo lamió con un gesto distraído. Aquella escena, por alguna razón, pareció desarrollarse más lenta y resaltada.

Carlton se sobresaltó.

«Hace bastante que no tenemos sexo.»

«No debería estar pensando en esto delante de los niños…»

Pero aunque pasaran los años, su deseo por Luicen no se apagaba. Al contrario, cuanto más lo conocía, más ardía.

—¡Carlton! ¡Kai está escapando otra vez!

—¡Ah, por Dios! ¡Kai! Ven aquí, no hemos terminado de comer.

Mientras atrapaba a Kai, Carlton decidió que, con todo respeto hacia sus hijos… hoy los papás necesitaban un rato a solas.

──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────

—¡Señorito Kai! ¡Señorito Rui!

Apenas terminaron de comer, el segundo al mando de Carlton apareció, convocado en secreto.

¡KYAA!

—¡Subjefe!

Los niños corrieron hacia él encantados. Tenía un talento natural para cuidar niños y por eso se había ganado el amor incondicional de Kai y Rui.

—Duque, Conde. ¿Puedo jugar un rato con los niños? Mi perra tuvo cachorros y me gustaría mostrárselos.

—¿No estás ocupado? —preguntó Luicen con preocupación. Siempre que estaban allí, el subjefe terminaba cuidando a los niños.

—¡Estoy bien!

Y por supuesto que lo estaba. En realidad, Carlton lo había llamado para que cuidara a los niños un rato. Aparte de eso, jugar con los pequeños era entretenido: los dos señoritos eran adorables.

—Bueno, ¿vamos, señoritos?

Con un niño en cada brazo, el subjefe los levantó con facilidad, y los pequeños gritaron felices entre risas. Como se veían tan contentos, seguramente estaría bien.

Luicen les despidió con la mano. Carlton también lo hizo, pero su mirada ya estaba fija en Luicen. Luicen sintió la mirada y lo miró de vuelta. Sus ojos se encontraron, y la tensión entre ambos se enredó de inmediato, densa y cargada.

Sin perder un segundo, se tomaron de la mano y corrieron por el pasillo. No hubo tiempo de llegar al dormitorio, así que entraron en la habitación más cercana.

¡BANG!

—Carl…

MMM… ¡HNG!

Apenas se cerró la puerta, Carlton atrajo la cintura de Luicen hacia sí, sellando sus labios con un beso voraz. Luicen rodeó su cuello con los brazos, abriéndose por completo. Los labios de Carlton succionaron su labio superior con avidez, y cuando Luicen deslizó su lengua dentro, la de él la recibió, entrelazándose en un baño húmedo y profundo.

Giraron varias veces, cambiando ángulos, vientres pegados. Las piernas se frotaron con intención, y pronto ambos estuvieron dolorosamente tensos.

—Haa… Luicen —jadeó Carlton, girándolo bruscamente.

Lo empujó contra la pared y le bajó el cinturón. Las nalgas pálidas y suaves de Luicen quedaron expuestas, vulnerables. Carlton también se liberó de su ropa apresuradamente. No había tiempo para desnudarse por completo; solo sacó su erección, ya palpitante y buscando su lugar.

Luicen miró por encima del hombro. Años juntos, y aún ese tamaño lo intimidaba. Pero la anticipación lo embargó: sabía demasiado bien cómo esa gruesa longitud lo llenaría hasta el tope.

—Carlton… en el bolsillo de mi chaqueta. Está ahí.

Había escondido lubricante en secreto, por si acaso.

—¿Lo estabas esperando? —bromeó Carlton, sonriendo mientras buscaba el tubo.

—Solo… precaución —mintió Luicen, ruborizado.

Carlton rio, pero sus dedos ya presionaban los pezones de Luicen con el tubo en mano.

—Uungh… —gimió Luicen, arqueándose.

—No hay tiempo para juegos.

Luicen respondió empujando su trasero contra la erección de Carlton. GULP. Carlton tragó saliva. Su amado se volvía más atrevido con los años.

Con prisas, untó el lubricante sobre sí mismo.

… ¡NGH!

La punta de Carlton rozó círculos alrededor del pequeño orificio.

—Voy a entrar.

Hacía mucho tiempo que no tenían un momento a solas, y con la incertidumbre de cuándo regresarían los niños, la urgencia los dominaba. Aunque la penetración fue apresurada, gracias a que Luicen se había preparado de antemano, Carlton se deslizó dentro sin dificultad.

—No sabemos cuándo volverán los niños, así que terminemos rápido —susurró Luicen conteniendo la respiración.

El miembro de Carlton lo embistió con fuerza.

¡HNNGH!

Luicen dejó escapar un gemido y rápidamente se tapó la boca con ambas manos. Carlton comenzó a mover sus caderas con rapidez, su miembro entrando y saliendo a un ritmo acelerado. Luicen temblaba mientras mantenía su boca cubierta.

NGH… AH… HAA…

Cada vez que Carlton se retiraba por completo, la mente de Luicen se quedaba en blanco, y antes de que pudiera recuperarse, ya estaba siendo empujado de nuevo, enviando oleadas de placer por su cuerpo. Sus piernas temblaban incontrolablemente. Para contener su propio éxtasis, Carlton no dejaba de morder la nuca de Luicen, su aliento caliente pegado a la piel sensible.

En la habitación, los gemidos ahogados se mezclaban con el sonido de piel contra piel.

—¡Ah-! ¡Ngh! ¡Ca-Carlton!

—Tss.

Luicen giró la cabeza buscando un beso, y Carlton se lo concedió. Enredados de esta manera, ambos alcanzaron el clímax simultáneamente. Continuaron besándose, deseando poder continuar.

Justo cuando compartían este momento de añoranza, las voces de los niños llegaron desde afuera:

—¿Papá?

—¡Papi! ¿Dónde están papá y papi?

La voz de Kai sonaba a punto de romper en llanto. Los dos hombres se vistieron apresuradamente y se arreglaron.

—Sal tú primero —susurró Luicen.

Carlton terminó primero y salió corriendo. Luicen se arregló el despeinado cabello antes de seguir.

—¡Aquí está papá!

Tan pronto como Carlton apareció, Kai y Ruelle corrieron hacia él con los brazos abiertos.

—¡Cachorros!

—¿Vinieron de ver a los cachorros?

—¡Son tan lindos!

—Sí, sí. Rui también es lindo —respondió Carlton sonriendo, mostrando una ternura que hubiera sido inimaginable cuando se conocieron.

Luicen, abrumado por la emoción, abrazó repentinamente a Carlton junto con los niños.

—Los amo a todos.

—¿Tan repentinamente? —Carlton rió antes de descansar su cabeza sobre la de Luicen—. Yo también te amo.

—¡Rui también ama a papá!

—¡Kai también!

—Sí, sí.

Mientras los niños también lo abrazaban, Luicen pudo afirmarlo con certeza: era la persona más exitosa y feliz del mundo.



TRADUCCION:KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY


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