Extra 9
—Sí, mi señor…
Luicen tomó con cuidado el miembro de Carlton entre sus manos, sintiendo cómo se tensaba bajo su tacto. Llevó la punta a sus labios, donde un aroma ligeramente salado lo envolvió.
—Deberías hacerlo mejor —murmuró Carlton, deslizando los dedos por el cabello de Luicen con una mezcla de dominio y ternura.
Obedeciendo, Luicen lo tomó más profundamente en su boca, mientras sus dedos se cerraban alrededor de la base, moviéndose con ritmo. El sonido húmedo CHUP, CHUP, resonó en el baño vaporoso, avivando el calor entre ellos.
Carlton dejó escapar un HAA… prolongado. La sensación, comenzando en la punta, se extendió por todo su cuerpo. El calor y la humedad lo envolvían, como si su propio ser estuviera atrapado en aquella boca sumisa. El simple hecho de ver a Luicen de rodillas, entregado, era suficiente para hacer que la sangre le hirviera.
—Eres terrible en esto… Ngh… Hazlo bien. ¿A qué juegas?
Aunque Luicen era hábil, Carlton, fiel a su rol de amo cruel, lo reprendió. Luicen frunció el ceño, y el movimiento de su lengua, como si murmurara “Lo siento”, se transmitió directamente a la sensible piel.
Entonces, Luicen apretó los labios y movió la cabeza con más fuerza, acelerando el ritmo. La saliva escapaba por las comisuras de su boca, mezclándose con otros fluidos. Carlton, con el rostro contraído, luchó por contener su climax, pero estaba al límite.
—Tss… Luicen…
Agarró su cabello, tirando levemente para indicarle que se detuviera. Pero Luicen, malinterpretando la señal, lo tomó aún más hondo. Eso fue suficiente. Carlton se derrumbó con un gemido ronco, liberándose en su boca.
¡UGH!
Luicen se apartó de golpe, escupiendo el líquido blanco con arcadas. Carlton, alarmado, tomó agua y se la acercó a los labios.
—Te dije que soltaras…
—Ugh… Sabe raro…
—¿Estás bien? Enjuágate…
Tras enjuagarse, las náuseas cedieron. Pero el ambiente ardiente se había esfumado, dejando solo una tensión incómoda. Luicen, avergonzado, murmuró:
—¿Lo… lo intentamos de nuevo, mi señor?
Sonaba tan torpe que hasta Carlton rio. Jamás había habido un “amo” más ridículo. Ambos estallaron en carcajadas, y decidieron abandonar el juego para bañarse como gente normal. Carlton entró primero en la bañera, y Luicen, desnudándose, lo siguió, sumergiéndose junto a él.
La bañera, el segundo lugar favorito de Luicen después del dormitorio, era lo suficientemente grande para ambos. El agua estaba caliente y perfumada con aceites, dejando una sensación sedosa. Luicen, jugueteando con el agua, murmuró de pronto:
—Ah… según mi plan, lo siguiente era fingir que te bañaba para “inspeccionar” tu cuerpo y luego ser humillado como un sirviente travieso…
Carlton lo miró perplejo:
—¿En serio tenías todo… planeado al detalle?
—¡Si vamos a hacer algo, hay que hacerlo bien! Tú andabas de mal humor estos días. Quería animarte —confesó Luicen, salpicando agua sin mirarlo.
—Aprecio el gesto, pero no es exactamente… mi estilo —respondió Carlton, secándose la frente.
—¿Y cuál es tu “estilo”?
Era raro que Carlton mencionara preferencias, así que Luicen se inclinó, curioso.
—Prefiero que los dos lo disfrutemos —dijo Carlton, mirándolo fijo—. A ti no te gusta lo de antes, ¿verdad? Se te nota la tensión.
—… ¿En serio?
—Sí. Te pones rígido. ¿Por qué fingir?
—¿Capricho? Siempre eres tú quien me cuida… quizá quise devolverte el favor —musitó Luicen, hundiéndose un poco en el agua.
—A mí me basta con lo normal —sonrió Carlton.
Sorprendentemente, Carlton tenía una visión muy sana del sexo. A veces, Luicen recordaba que, en comparación, él era el libertino de los dos.
Al escucharlo, Luicen lo entendió: sus recuerdos de antes de volver en el tiempo aún influían en él sin darse cuenta.
—¿Cómo sabes eso? Ni yo lo tenía claro…
—Se nota. No es la primera vez —respondió Carlton, como si fuera obvio.
A Luicen le ardieron las orejas.
—Yo suelo perder la cabeza cuando lo hacemos… Qué buen ojo tienes.
—Es que me gusta verte así —susurró Carlton, acercándose.
—¿En serio? ¿Y qué más te gusta? —preguntó Luicen, desafiante.
Carlton lo miró un segundo… y de pronto lo jaló hacia sí. Luicen cayó en su regazo, sus cuerpos resbaladizos por el agua, piel contra piel. El corazón de Luicen latió fuerte PUM, PUM.
—A Luicen le gusta que lo abracen así…
Carlton rodeó su cuerpo con los brazos y deslizó sus dedos por su espalda.
—Haa… —Luicen dejó escapar un suspiro plácido.
—Eres sensible aquí…
Una palmada suave pero firme resonó en su piel mojada. Luicen frunció el ceño.
—Odio que me golpees ahí…
Pero la mano de Carlton ya acariciaba suavemente sus nalgas, separándolas con firmeza. Un dedo rozó su entrada, trazando círculos antes de deslizarse dentro con facilidad, el agua y la preparación previa lo hacían sencillo.
—Pero que te toquen aquí… eso sí te gusta —susurró Carlton contra su oreja, mientras su dedo se movía con presión deliberada.
El aliento caliente en su piel y la intrusión hábil lo marearon. Luicen no sabía si jadear por el vapor o por la tensión acumulada.
NNGH…
Un segundo dedo entró, y el agua de la bañera se filtró entre ellos, añadiendo una sensación extraña. Luicen negó con la cabeza, pero Carlton ya envolvía su erección con la otra mano.
—Cuando te toco al mismo tiempo adelante y atrás…
Luicen no pudo soportarlo más, cerró la distancia y cubrió los labios de Carlton con los suyos en un beso impulsivo. Una buena decisión, porque la lengua burlona de Carlton ahora lo distraía con otra oleada de placer.
HHUNN, NGH…
—Carlton…
Entre jadeos, Luicen se derretía como siempre bajo sus manos. Pero cuanto más ardía, más insuficiente se sentía. Los dedos, la estimulación… ya no eran suficientes. Cinco años de sexo con Carlton lo habían vuelto adicto a la sensación de estar lleno.
Apretó el pecho de Carlton y acercó sus caderas, sintiendo cómo el otro también volvía a endurecerse.
—Ahora… haah… métemelo —suplicó con voz quebrada.
Carlton retiró los dedos de golpe, haciendo que Luicen se estremeciera. Lo jaló hacia sí, alineando su erección con su entrada. Luicen, con las manos en sus hombros, se preparó…
Carlton besó a Luicen con ternura, entrelazando sus lenguas en un ritmo lento y profundo mientras, al mismo tiempo, su miembro se deslizaba de un solo movimiento dentro de él. Era grotescamente grande y ardiente, pero exactamente lo que Luicen anhelaba.
HAA…
Luicen arqueó el cuello, liberando un jadeo. Las gotas que caían de su cabello resbalaban por su garganta pálida, expuesta. Carlton no pudo resistirse y mordió esa piel.
¡HHK!
Tomó las caderas de Luicen y las levantó, sabiendo que su cuerpo podía soportarlo todo.
AH ¡NGH! ¡AAH…!
Los gemidos agudos de Luicen resonaron en el baño. La vergüenza lo hizo querer esconder el rostro, pero justo entonces, Carlton se retiró casi por completo para empujar de nuevo hasta el fondo.
HHN… ¡UUN!
Su mitad inferior parecía derretirse en el agua, pero por dentro, un escalofrío de placer lo recorría. La sensación martilleaba su mente, nublándola. No sabía si el mareo era por el calor o por intentar resistir el éxtasis.
—Ngh… Carlton, ¡Carlton!
Lo llamó desesperado. Sabía que Carlton lo cuidaría, incluso mientras lo volvía loco. Carlton sonrió al verlo tan adorable y, tras agarrar sus manos resbaladizas, entrelazó sus dedos.
—También te gusta que te sostenga así, ¿no?
Luicen negó la cabeza frenéticamente, pero no era un rechazo. Sus paredes interiores se aferraban a Carlton con avidez, y su rostro hermoso parecía a punto de deshacerse.
Movimientos más intensos siguieron. Luicen, con las manos aseguradas, comenzó a mover las caderas al mismo ritmo. El agua chapoteó alrededor de ellos.
¡AH—! ¡AAH-NGN!
Luicen llegó primero, su cuerpo tembloroso deteniéndose por un instante. Pero en su interior, las contracciones apretaban aún más a Carlton, quien, casi al mismo tiempo, lo siguió con un gruñido, apretando sus manos.
Exhausto, Luicen se desplomó sobre Carlton. Sus pechos jadeantes se pegaban mientras recuperaban el aliento. Carlton jugueteó con su cabello húmedo y le dio un beso suave. Luicen sonrió, dulce y satisfecho.
A Carlton le encantaba esa sensación, así que, aunque le resultaba tedioso, seguía acariciando ese cabello. Sus dedos toscos eran increíblemente cuidadosos, recordándole a Luicen lo preciado que era para él.
Mientras Luicen también tocaba distraídamente el cuerpo de Carlton, este lo envolvió en un abrazo y apoyó la frente en su hombro.
—¿Qué pasa?
Carlton soltó de golpe:
—El Heredero del Ducado.
—¿Eh?
Demasiado tarde. Las palabras de aquel parásito lo habían estado carcomiendo.

TRADUCCION:KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY