Capítulo 144
A diferencia de la vida anterior, Carlton había logrado méritos indiscutibles que nadie podía cuestionar. Había derrotado a los herejes y rescatado al Primer Príncipe de sus garras. Además, no había cometido los mismos errores del pasado.
—¡Sin duda recibirá un título nobiliario!
Luicen esperaba que, junto con el título, también le concedieran un territorio y un puesto respetable. El problema era en qué región obtendría las tierras y qué cargo le asignarían.
«En el noroeste hay muchas tierras sin señor. Si a Carlton le otorgan un feudo allí, quedará demasiado lejos de mí».
Lo mismo aplicaba para el puesto. Si lo nombraban en la Orden de Caballeros Real o en la guardia de la capital, no tendría más remedio que separarse de Luicen.
Por supuesto, cuando compartió estas preocupaciones con Carlton, él respondió con indiferencia. Dijo que, de cualquier modo, seguiría al Duque, así que no le importaba. De hecho, parecía mostrar poco interés en las intensas negociaciones y luchas de poder que ocurrían entre bastidores para repartir recompensas. Aunque saludó al Primer Príncipe, fue solo un saludo formal antes de retirarse.
Sus acciones y palabras sonaban como una declaración: si lo que el Primer Príncipe le ofreciera interfería con su vida junto a Luicen, lo rechazaría sin dudar.
A Luicen le conmovió su actitud. «¿De verdad piensa tanto en mí?». Pero, al mismo tiempo, su corazón albergaba otro sentimiento.
«¡Carlton no tiene por qué renunciar a nada! ¡No le falta mérito!».
Sabía muy bien cuán ardiente era el deseo de Carlton por el éxito. Por eso quería que lo obtuviera todo. No podía permitir que, por su culpa, su brillante amado se viera limitado, cuando lo que merecía eran alas para volar alto.
Luicen ya tenía mucho, pero Carlton era diferente.
Con eso en mente, Luicen planeaba revelar su relación y pedirle al Primer Príncipe que asignara a Carlton a un territorio cercano al Ducado de Agnes. ¡Y de paso, evitar cualquier posibilidad de que el Príncipe intentara concertarle un matrimonio político!
Pero antes de que pudiera actuar, el Primer Príncipe comenzó a evitarlo, lo que lo dejó en una situación incómoda.
«Después de la reunión, hoy debo conseguir una oportunidad para hablar con él».
Con determinación, Luicen clavó su mirada en el Primer Príncipe, quien, sudando frío, se esforzaba por evadir su vista.
Con o sin su cooperación, la reunión continuó, y los preparativos para el funeral y la coronación avanzaron sin problemas.
***
Al terminar la reunión, Luicen regresó a su mansión con paso cansado. Antes de que pudiera dirigirse al Primer Príncipe, este se adelantó, excusándose con una cita previa y abandonando la sala.
—No tenía por qué huir así. ¿Acaso cree que lo devoraré? —refunfuñó Luicen mientras bajaba del carruaje y entraba por el vestíbulo.
—¡Luicen!
Carlton lo recibió con una sonrisa radiante. Como si hubiera esperado mucho tiempo, lo envolvió en un abrazo y acarició su mejilla con sus cálidas manos.
—Hace frío afuera, ¿verdad? ¿Todo salió bien?
Luicen asintió, disfrutando de su contacto.
—Vamos adentro.
Carlton lo ayudó a quitarse el abrigo y lo acompañó hasta su habitación, que ya estaba cálida y preparada para su llegada. En cuanto Luicen se sentó en el sofá, sirvieron té caliente y pasteles. Con un sorbo de té, su cuerpo se relajó, y el dulce postre endulzó su boca mientras su adorable amante se pegaba a su lado, masajeándole las manos.
Un suspiro de satisfacción escapó de sus labios.
«Esto es demasiado bueno».
Aunque estaba acostumbrado a una vida de lujos, la presencia de Carlton lo hacía especial. Después de un día agotador, volver a casa y encontrar a su amor esperándolo… ahora entendía por qué la gente anhelaba regresar con alguien así.
Claro, Carlton se parecía más a una bestia que a un conejo, pero era igualmente adorable.
Luicen se dejó caer contra su pecho, y Carlton rió suavemente.
—El Primer Príncipe tiene una reunión esta noche con los nobles de su facción… ¿No deberías ir?
Luicen preguntó con cuidado, preocupado de que estuvieran excluyendo a Carlton.
—Ah, eso. Me invitaron, pero decidí no ir.
Carlton respondió como si no fuera importante.
—Es la primera vez en mucho tiempo que podemos cenar juntos. Sería una pena desperdiciarlo. Últimamente has estado tan ocupado en el palacio…
—Entiendo, pero…
Le alegraba que Carlton lo priorizara, tanto que casi se sentía culpable por tanta felicidad. Por un momento, Luicen se quedó absorto, admirando su rostro.
Mientras Luicen estaba ocupado con sus deberes como Gran Noble, Carlton no tenía responsabilidades específicas. Pasaba la mayor parte del tiempo en la mansión, excepto cuando acompañaba a Luicen al palacio. En cierto modo, Carlton disfrutaba de las vacaciones que Luicen tanto deseaba.
Y eso se notaba: su rostro lucía más radiante y atractivo cada día. Su piel áspera se había suavizado, y una nueva serenidad lo hacía aún más llamativo. A veces, Luicen también se quedaba embobado mirándolo.
Le encantaba que Carlton estuviera ahí solo para él. Pero, ¿realmente estaba bien así? ¿No se arrepentiría después?
—…Esto es frustrante.
—¿Algo no sale bien?
—El Primer Príncipe parece evitarme.
—¿Por eso?
—Sí.
Aunque pasaban casi todo el día juntos, no había tenido ni una sola oportunidad de hablar a solas con él. Era evidente lo desesperado que estaba el Príncipe por evitarlo.
—Es comprensible. Quizá te evita más porque ve lo ansioso que estás.
—Pero quiero resolver lo de tu situación antes de la coronación.
—Si es por mí, no es necesario.
Carlton sonrió con calma. Aquella ambición ardiente como leña seca había desaparecido. Su actitud despreocupada solo hacía que Luicen se inquietara más.
—¡No, de verdad!
—Los otros nobles organizan banquetes y hacen lobby. ¿Quieres que hagamos uno en tu nombre? ¿Necesitas oro?
—No hace falta. Da igual, yo te seguiré a donde vayas. Prefiero disfrutar de este tiempo contigo.
—Mmm…
—Mientras no nos separemos, todo estará bien. ¿O acaso no quieres responsabilizarte de mí después de seducirme?
Carlton entrecerró los ojos, mirándolo con sospecha. Luicen, alarmado, negó enfáticamente. Ante su reacción exagerada, Carlton estalló en risas y, como si no pudiera resistir su ternura, cubrió su rostro con besos.
—Es solo que me preocupa que luego te arrepientas.
—¿Cómo podría, si estás tú?
Carlton tenía el don de decir cosas empalagosas con total naturalidad. Y eso era un problema, porque a Luicen le encantaba. Con una sonrisa tímida, lo atrajo hacia un beso. Carlton lo levantó con facilidad y lo sentó en su regazo.
Al profundizar el beso, las manos de Carlton acariciaron su nuca con sutileza. El calor se acumuló en su vientre, borrando rápidamente cualquier preocupación.
—Quiero bañarme, pero estoy demasiado cansado para ir solo…
Luicen susurró en su oído:
—¿Me ayudarás?
—Por supuesto.
Carlton lo levantó en brazos con facilidad. Parecía que la noche sería muy, muy larga.
***
Con el paso del tiempo, llegó el día del funeral del rey fallecido y la coronación. El cuerpo del monarca fue llevado en un ataúd negro desde el palacio hasta la iglesia, seguido por una procesión de nobles encabezada por el Primer Príncipe. Los ciudadanos, con pañuelos negros en la cabeza, observaban en silencio.
El funeral se llevó a cabo con solemnidad y reverencia. También se honró a las víctimas de los adoradores de demonios, por lo que la asistencia fue mayor que nunca. Como organizador, Luicen estuvo alerta desde la mañana, pero afortunadamente todo transcurrió sin problemas.
Al finalizar los ritos, el cuerpo del rey fue cremado y sus cenizas colocadas en una urna. Sus restos descansarían en la cripta real.
La gente se dispersó después del funeral. La coronación del nuevo rey sería inmediata, así que todos se prepararon para cambiar de ropa y descansar brevemente.
Normalmente, había un día de intervalo entre el funeral y la coronación. Pero esta vez, al combinar ambos eventos, decidieron celebrar la coronación de inmediato para dejar atrás la tristeza con alegría.
Aunque eso significaba agotarse con los preparativos y luego con la ceremonia misma. Luicen, medio ausente, se cambió de ropa. Permaneció inmóvil como un muñeco mientras las sirvientas lo vestían con un traje negro sencillo para el funeral y luego con un atuendo más elaborado, adornado con símbolos dorados de la Casa Ducal.
—¿Y Carlton…? —preguntó Luicen.
Gracias a sus méritos, Carlton, aunque plebeyo, tenía permiso para asistir a ambos eventos. Pero Luicen, como organizador, no lo había visto desde la mañana. Le habría gustado tenerlo a su lado, pero el rango de Carlton no se lo permitía.
—Ya hemos enviado a alguien para ocuparnos de él, no se preocupe.
—Bien…
Después de la coronación, habría un desfile por la ciudad para anunciar el nuevo reinado, seguido de un banquete. Tal vez entonces podría ver a Carlton.
Carlton le había dicho que no se preocupara por él y se concentrara en el evento. Su expresión, sin embargo, era demasiado satisfecha, como si ocultara algo.
«Debería haberle preguntado».
Estaba demasiado ocupado para insistir, pero ahora le remordía. Aun así, al menos el funeral había terminado, y podía respirar un poco.
«¿Queda algo de tiempo?».
Había un breve descanso antes de la coronación. Aunque debería comer y descansar, Luicen decidió buscar al Primer Príncipe.
«Ahora no podrá huir».
Podía saltarse una comida por Carlton. Se dirigió a la habitación donde el Príncipe esperaba la coronación, pero los sirvientes afuera parecían perdidos.
—¿Qué ocurre?
Al acercarse, los sirvientes lo recibieron como a un salvador.
—¡Su Alteza no permite que nadie entre! ¡No sabemos qué hacer…!
¿Qué clase de protesta era esta? No era una novia obligada a un matrimonio político. El Primer Príncipe, a punto de ser coronado, parecía estar haciendo un berrinche.

TRADUCCION:ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY