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Capítulo 95

—Si yo desapareciera, quizá tú también estarías un poco más tranquila.

—…Si vas a decir tonterías, mejor duerme.

Seo Jeongwon volvió a sumirse en un pesado silencio. Sera, vacilante, acarició su suave cabello castaño. Le costaba encontrar las palabras adecuadas, pero, habiendo llegado hasta ahí, no podía posponer su disculpa.

—Quiero disculparme por lo que te dije antes. Ahora que lo pienso, fui demasiado dura. Bueno… aunque lo que hiciste tú tampoco fue leve.

—…

—No es que quiera echarte la culpa… Es solo que ese día no me ha dejado de atormentar. Y esas palabras de reproche… no todas eran sinceras. Así que, por favor, ni en broma repitas algo como lo de hace un momento.

A medida que Sera hablaba, la tensión en los hombros de Jeongwon se aliviaba. Ella observó su perfil ensimismado y dejó escapar un suspiro suave. Finalmente, formuló la pregunta que tanto temía hacer:

—¿Estás así… por mi culpa?

Jeongwon abrió los ojos lentamente y respondió con indiferencia:

—No. Yo siempre he sido así.

—…

—Así nací.

Aunque superficialmente parecía impasible, Sera intuyó la desesperación oculta tras su aparente calma. Ella también había experimentado incontables momentos en los que todo se derrumbaba como algo inevitable.

Ni ella misma había estado siempre bien. Solo había luchado desesperadamente por falta de apoyo, pero siempre llegaba un momento en que alcanzaba su límite. Esos instantes en que se sentía tan débil como si todas las funciones de su cuerpo se hubieran corroído.

Porque conocía la desoladora soledad de esos periodos, podía entender, aunque fuera superficialmente, la impotencia que Jeongwon sentía ahora.

—…¿Por qué me siento así, si estás aquí?

Jeongwon murmuró con voz monocorde. Y Sera comprendió al instante lo que significaba.

Él había dicho que no albergaba ilusiones sobre ella, pero era evidente que había creído que su compañía le permitiría escapar del vacío. Solo entonces entendió su obcecación. Si se hundía repetidamente en una depresión tan profunda, cualquiera se aferraría a cualquier cosa.

—Como bien sabes, yo soy una persona normal. Apenas puedo conmigo misma, así que no podría ser un gran consuelo para ti. Aunque supongo que ya te has dado cuenta.

—…

—Me gustaría que pudieras estar bien, incluso sin depender de alguien más. Y, si es posible, que seas feliz.

Jeongwon cerró los ojos mientras exhalaba lentamente. Al bloquear su vista, notó con mayor claridad la mano que acariciaba su cabello.

Su mente estaba nublada y todo le resultaba molesto, pero el estímulo que Shin Sera le ofrecía lo reconfortaba. Como si, al nadar en la oscuridad del vacío, hubiera logrado agarrar un atisbo de calor.

Cuando la depresión lo consumía, Jeongwon a menudo sentía como si se hubiera convertido en una esponja. Tras la evaporación de toda motivación para vivir, lo único que quedaba era un cristalizado letargo. Salvo por ocasionales arrebatos de deseos autodestructivos, era como vagar por un vacío oscuro y sombrío.

Por eso, cuando los episodios depresivos llegaban, solía encerrarse en su habitación. Pero esta vez era distinto. Quería ver a Shin Sera. Porque creía que, con ella, podría sentirse un poco mejor.

Aunque el resultado de ceder al impulso, venciendo su aguda apatía, fue desastroso.

Al principio, el rechazo o el desdén de Sera no le afectaban. Pero cuanto más la deseaba, cuanto más anhelaba su afecto genuino, los repetidos rechazos amplificaban su inestabilidad emocional.

Aun así, Jeongwon aceptaba con alegría cualquier estímulo que Sera le brindara. Incluso cuando era tratado de manera superficial, experimentaba una violenta sensación de liberación. Por eso no se dio cuenta de que, al abusar de los tranquilizantes, se había arrinconado. Hasta que fue demasiado tarde.

Su error fue ignorar que, si solo a través de Sera podía sentir vitalidad, una vida sin ella sería aún más árida y gris. Cuando ella lo empujó fuera de esa línea oscura, una vacuidad sin precedentes lo envolvió.

Solo al verse acorralado en su límite mental, el anhelo por Sera le resultó aterrador por primera vez.

Quizá siempre lo supo: que aferrarse a la cáscara de Sera nunca lo satisfaría. Sabía que ser amado era imposible, y por eso solo quiso tener aunque fuera eso.

—…¿Alguien como yo puede llegar a estar bien?

Ante la pregunta casi retórica, Sera guardó silencio un momento, como si ordenara sus pensamientos.

—No lo sé.

La respuesta típica de Sera arrancó una sonrisa tenue a Jeongwon. Pero sus siguientes palabras apagaron esa sonrisa vacía.

—Quizá estés bien por un tiempo y luego vuelvas a recaer. Pero tú sabes cuándo te hundes. Si es así, puedes prepararte… y poco a poco acortar esos intervalos hasta que, algún día, quizá estés bien del todo.

—…

—Tú y yo somos jóvenes y estamos sanos. Podemos superar las dificultades actuales, ¿no?

Era un mal consuelo, pero Shin Sera no tenía talento para eso. Aun así, era curioso cómo Jeongwon se sentía un poco más liviano. Exhaló un suspiro superficial y se preguntó:

—¿Y ahora qué?

Al principio, quiso poseer a Sera. Luego, monopolizarla. Con el tiempo, deseó atarla, o, si no podía, ser atado por ella.

Pero ahora no tenía más remedio que admitirlo: quizá nunca llegaría el día en que Shin Sera quedara completamente atrapada en su red. Tal vez, desde el momento en que se enamoró unilateralmente de una mujer que lo rechazaba, el juego estaba perdido.

—Tú dices que no… pero yo sí te amo. Sé que no significa nada para ti.

Jeongwon se rió de sí mismo por esa confesión vulnerable. ¿Amor? Sabía que era otro intento de arrojarse al abismo, una contradicción. Pero no había otra opción. Solo podía rogar que Sera no le diera la espalda con frialdad.

—Si no puedes tenerme…

—…

—Déjame respirar a tu lado, aunque sea a veces.

Sera lo miró con ojos titubeantes. No sabía cómo responder a un hombre que, tras aplastar sus propios deseos, solo pedía un espacio mínimo. Entonces, de pronto, lo entendió:

Al final, he logrado que se rinda.

—…No digas tonterías. Mejor ocúpate de recuperarte.

Sera respondió permitiendo que él se refugiara en su regazo. Él también pareció conformarse, por ahora, sumiéndose en un silencio sereno.

━━━━━━ ◦ ❖ ◦ ━━━━━━

A medida que el sol declinaba, la luz teñía de rojo a ambos.

Dicen que los sueños reflejan el subconsciente.

Soñó con Shin Sera por primera vez en mucho tiempo. Un sueño completamente opuesto a la realidad, donde la fantasía se imponía caprichosamente.

—Lee Rowoon.

En el sueño, Sera sonreía constantemente, armada de dulzura. Su rostro, radiante y perfecto como en el pasado, era tan embriagador que solo mirarlo derretía su mente.

—Lee Rowoon, abrázame.

Sera extendió los brazos como una niña mimada. La sensación de su cuerpo suave contra el suyo lo estremeció de la cabeza a los pies. El suelo pareció tambalearse, desorientando sus sentidos.

—Te amo.

—…

—Te amo, Lee Rowoon.

Justo cuando Lee Rowoon, embriagado de placer emocional, iba a responder…

—Vicepresidente, hemos llegado.

—…

La voz intrusiva lo sobresaltó, y Lee Rowoon abrió los ojos. El secretario Yoo, sentado en el asiento delantero, lo miraba con preocupación, girado completamente hacia él.

—…Ja.

Recuperando tardíamente el sentido de la realidad, Lee Rowoon soltó una risa amarga. Envidió al secretario por arrebatarle ese momento, y deseó volver al sueño. Habría aceptado morir ahí, en ese instante.

—¿Todavía no puede dormir?

Ante la pregunta cautelosa del secretario, Lee Rowoon asintió brevemente. Aunque evitaba mostrar debilidades inherentes, la falta de sueño era imposible de ocultar. Hasta él notaba su palidez, así que entendía su preocupación.

—Si está muy fatigado, podríamos cancelar la reunión de la mañana…

—Vamos a la sala de conferencias.

La firme respuesta hizo que el secretario tragara un suspiro. Con lo al límite que está, sería mejor que descansara. Pero no podía quebrar su terquedad.

A pesar de la agenda agotadora, Lee Rowoon mantuvo una compostura impecable. La primera vez que algo parecido a una emoción asomó en su rostro, siempre impasible, fue al ver a Shin Sera entrar al lobby.

Sera caminaba rápido mientras hablaba con su secretaria. Esta debió hacerle un chiste, porque ella sonrió un instante antes de volverse seria y responder algo.

Su rostro y gestos, en constante cambio, irradiaban una intensa vitalidad. Observándola fijamente, Lee Rowoon se preguntó:

«¿Cómo puedes estar tan bien? Yo ni siquiera puedo sonreír.»

Sabía exactamente cómo Sera lo manejaría: como un pez en su red, dándole esperanzas mínimas para ganar tiempo mientras preparaba su contraataque. Incluso si tenía que negociar con el presidente Shin, no cedería fácilmente.

«La mujer que amo… Nunca se deja quebrar.»

Lee Rowoon dejó escapar una sonrisa débil. Había amenazado a Sera usando su origen como excusa, pero, al enfrentar su mirada llena de odio, no tuvo más remedio que admitir su derrota.

Él jamás podría lastimarla, y el secreto que creyó sería su triunfo resultó ser un pedazo de papel inútil.

¿Realmente creyó que lastimar a Sera era inevitable para lograr sus objetivos? Qué arrogancia más ridícula. Solo después de perder incluso el espacio que ella le permitió, entendió que nunca tuvo la capacidad para hacerlo.

Y, sin embargo, no tenía más opción que presionarla cruelmente, porque sabía que ya no había vuelta atrás. Su único camino era hundirse en el pantano, aferrado a una frágil esperanza.

«Pero solo esta vez… Quiero que mi pesimismo sea un error.»

Hubo un tiempo en que creyó que, con el mundo a sus pies, llegaría el paraíso. Seguro de que así su vida se llenaría, se entregó sin dudar a sus ambiciones, y eso lo llevó adonde estaba ahora.

Pero, después de desear a Sera, la naturaleza de su anhelo cambió por completo. La ambición ya no lo impulsaba, y el éxito ya no brillaba como antes.

Solo tenía la vaga idea de que, con Sera, quizá dejaría de vagar.

—Haah.

Por más que suspiraba, la opresión en su pecho no aliviaba. Lee Rowoon contempló la espalda de Sera, murmurando en silencio una confesión que no podía pronunciar:

«Eres mi condición necesaria y suficiente para la felicidad. Ya me has vencido.»

En ese momento, como si lo hubiera sentido, Sera alzó la mirada.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ROBIN


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