Capítulo 94
Rudville estaba furioso. Odelli no derrochaba…
«¿Acaso el dinero se pudre y rebosa?»
Bueno, no era una afirmación incorrecta. Ella sabía que, literalmente, algo se pudría y rebosaba.
La familia Exion poseía una riqueza ilimitada, como su nombre indicaba. A primera vista, el territorio de Exion parecía una tierra árida y desolada debido al clima gélido y los monstruos, pero bajo esa nieve fría yacía una fortuna capaz de reescribir la historia del Imperio varias veces.
Los cristales de maná y las vetas de orihalcón, explotadas durante siglos, eran solo una parte. Además, los subproductos de los monstruos que habitaban el norte eran artículos codiciados en todo el Imperio por su alto valor.
Los cuernos, huesos, sangre, corazones e incluso el pelaje de estas criaturas, tras ser refinados, se convertían en materiales para poderosos artefactos mágicos. Claro, el proceso de extraer y purificar la energía negativa de los cadáveres era tedioso, pero, afortunadamente, el norte dominaba esa técnica.
Así, esta tierra siempre había albergado tanto el dolor como la opulencia. Los impuestos y tributos que fluían hacia esta familia, las nobles y comerciantes que hacían cola para negociar con el norte… todo se debía a esos recursos infinitos.
«Por eso Rudville pudo cubrir el salón de banquetes con oro durante tres meses sin afectar las finanzas.»
Él podía derrochar sin preocupaciones y ahora insistir en que ella gastara, todo gracias a la inmensa fortuna de Exion. Pero, aparte de eso…
—La ropa es un verdadero desperdicio de dinero.
Además, la mayoría de los vestidos eran hechos a medida. ¿Para qué gastar en algo que se desecharía en cinco años? Qué derroche de recursos. Un buen abrigo, cálido y duradero, era más que suficiente.
—¿No hay nada que desees? —preguntó Rudville, insatisfecho con la respuesta de Odelli.
Ella negó con la cabeza, sin poder responder.
—Un carruaje, un invernadero, una villa… o quizá una biblioteca personal.
La última sugerencia reflejaba el gusto de Odelli por la lectura. Pero, ¿era necesario, teniendo ya la Gran Fortaleza?
—O podría comprarte un castillo entero.
—¿Para qué quiero un castillo?
La residencia principal ya era tan vasta que no podría explorarla en esta vida. Al ver a Odelli rechazar la idea con las manos, Rudville frunció el ceño, disgustado.
—De nada sirve que la Gran Duquesa quiera ahorrar. Al final, ese gasto es necesario para mantener la dignidad de su posición.
—¿Todo eso…?
—Sí, todo.
—Si debo gastar en algo, prefiero joyas… —murmuró Odelli a regañadientes.
Al menos las joyas podían revenderse. Entendía por qué Rudville insistía: aunque otros nobles alabarían su frugalidad, una Gran Duquesa demasiado austera podía hacer ver a Exion y al norte como miserables.
Por algo el “gasto de dignidad” era otro nombre para el “derroche”. El dinero compraba estatus. Absurdo, pero así era el mundo noble.
—Quisiera comprarte un castillo, pero si no lo deseas, no tiene sentido. Por eso te doy dinero para que elijas.
«Bueno, podría gastarlo.»
Ropa, joyas, castillos… si fuera necesario, los compraría. Tampoco veía mal el lujo: los ricos debían gastar para mover la economía. Pero para ella, carecía de sentido. ¿De qué servían bienes materiales si no podría disfrutarlos? Mejor que fueran a quienes los necesitaran.
Era como jugar con agua frente a alguien muriendo de sed. Le producía culpa…
«…Espera, ¿gente muriendo de sed?»
De pronto, recordó una idea. Odelli había decidido en qué usar el dinero. Mejor destinarlo a algo significativo que comprar cosas innecesarias.
Tras un momento de reflexión, habló:
—Entonces… compraré tierras.
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Días después, al noreste de Exion, en un pueblo abandonado tras un ataque de monstruos, un nuevo edificio surgió.
En realidad, no era nuevo: magos habían usado hechizos de restauración para reconstruir las ruinas. Muros de piedra gris, un comedor amplio, dormitorios, salas de estudio y una pequeña enfermería.
El Primer Orfanato bajo el dominio directo del gran ducado. Aquel lugar ya no era tierra muerta, sino un hogar para niños.
La idea de Odelli: usar el “gasto de dignidad” para crear refugios en zonas afectadas por monstruos o plagas.
—Dos pájaros de un tiro —murmuró Odelli, satisfecha.
Rudville la miró de reojo.
—¿Esto?
—Gastamos en lujos mientras ayudamos y reconstruimos.
Ella alzó la vista hacia el edificio.
—Ya terminamos los ajustes internos en la fortaleza. Era hora de mirar afuera.
Rudville escuchó en silencio, luego preguntó:
—¿Y ahora qué?
—Primero, cuidar huérfanos. Luego, expandirnos: aliviar la pobreza, tratar enfermedades, apoyar la independencia…
Los planes se volvieron un proyecto concreto. Rudville asintió y dijo:
—Es un buen trabajo, no puedo criticarlo…
¿Qué había pensado decir?
Ante su mirada sorprendida, él añadió con calma:
—Tendré que duplicar el presupuesto para tus gastos.
¿Duplicarlo? Odelli se quedó sin palabras.
Acababa de encontrar cómo gastar, y ahora le ofrecían más. Si la cifra seguía creciendo sin límite, ¿qué haría?
Rudville concluyó:
—No pararé hasta que compres algo para ti.
—…
Sus miradas chocaron.
Entonces, los aldeanos y administradores, al oír las noticias, comenzaron a congregarse, mirando alrededor con reverencia.
—Su Alteza la Gran Duquesa… No puedo creer que viniera en persona.
Sus rostros mostraban sorpresa, respeto, alegría… y cierta incomodidad. Los carruajes con el emblema ducal formaban una fila interminable, descargando suministros.
De pronto, unos niños asomaron desde un rincón.
—¡Guau, es un hada!
—¡Un hada de nieve, como en los cuentos!
—…
—¿Leona?
Odelli sintió una extraña familiaridad en esos rostros desconocidos.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD