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Capítulo 93

Era una sonrisa ligera, casi como un rictus burlón.    

Las comisuras de sus labios se alzaron, dejando al descubierto unos dientes blanquísimos, mientras sus mejillas se teñían de un rojo intenso, como el tono de un melocotón.  

En ese instante, fugaz pero intenso, el mundo de Rudville recuperó su color.  

Todo lo que había perdido su brillo se tiñó de repente en un arcoíris gracias a su sonrisa.  

Una expresión pura, sin rastro de arrepentimiento ni sombras.  

«¿Por qué… siento como si la hubiera extrañado?»  

«…Ru.»  

«¿Va a seguir mirándome así, avergonzándome?»  

En ese momento, una ilusión que no había aparecido ni una sola vez desde que Odelli llegó al gran ducado cruzó por su mente.  

Era como una imagen pálida tras un velo tenue, pero le invadió un impulso irrefrenable de lanzarse hacia ella.  

Ese paisaje que siempre se desvanecía justo antes de que su mano pudiera tocarlo.  

Sabía que era una quimera, pero la perseguía de todos modos, y cuando desaparecía, se quedaba atrás, palpando el vacío.  

—…Alteza.  

De pronto, sintió como si un velo que nublaba su vista se hubiera descorrido.  

Aquel obstáculo que quería destrozar se retiraba, y al otro lado estaba Odelli, llamándolo con una expresión serena.  

Rudville no respondió. Solo la miró en silencio.  

Una sensación inexplicable. Como si la hubiera visto hace mucho, mucho tiempo.  

«¿Me estoy volviendo loco otra vez?»  

Un hormigueo de locura recorrió sus dedos. El impulso de atraparla, de evitar que escapara a cualquier lugar.  

Desvió la mirada con esfuerzo.  

Si seguía mirándola, temía hacer algo irreversible.  

Entonces, Odelli dio un paso hacia él.  

—¿Qué le pasa? ¿Otra vez la locura lo atormenta? Aunque es raro, viniendo de alguien que me buscó para verme sonreír…  

Frunció ligeramente el ceño y extendió la mano.  

De pronto, una palma fresca tocó su frente.  

—No tiene fiebre… ¿Necesita purificación, quizá?  

El contacto era suave, delicado.  

Sus ojos azules lo miraban fijamente.  

Donde sus dedos lo tocaban, parecía brotar un calor tenue.  

En ese instante, todos sus sentimientos enredados y aquellas visiones borrosas retrocedieron.  

Una idea extraña cruzó su mente:  

«Da igual si hay un velo o no. Nada de eso importa ya.»  

Annad: ¡¡¡Aaaah!!! Me recordó algo que leí una vez, era algo así: “Enamorado en cada vida, en cada una de sus versiones pues todas forman parte de sí misma, mi amor no cambiará se mantendrá firme como lo ha hecho a través del tiempo”.

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

 

Llevaban apenas un mes de matrimonio.  

La rutina de Rudville se había estabilizado en una monotonía predecible.  

Despertar con Odelli en sus brazos.  

Compartir el desayuno con ella.  

Entrenar esgrima, trabajar.  

Dormir abrazado a Odelli.  

Esa rutina mortalmente aburrida había cambiado por una sola razón: Odelli.  

Las noches eran esperadas porque podía abrazarla al dormir. Las mañanas, porque compartían la comida.  

Incluso el trabajo se volvió tolerable.  

No era que antes hubiera abandonado todo por incapacidad, sino porque nada le interesaba.  

Pero después del matrimonio, todo fue distinto.  

Al volver cada día, Odelli le preguntaba en voz baja:  

—¿Cómo estuvo tu día?  

Esas simples palabras… le gustaban.  

Su sonrisa ocasional lo dejaba sin aliento.  

Por primera vez, su vida vacía y monótona tenía calidez.  

Y en el momento en que admitió eso para sí mismo, Rudville sonrió brevemente, a solas.  

—¿…?  

Edwind, que le entregaba unos documentos, parpadeó confundido.  

Estaba seguro de haber visto a su señor sonreír.  

Y no era una mueca de desprecio o burla, sino una expresión cálida, como la que la gente hace al recordar algo querido.  

Pero cuando se frotó los ojos y volvió a mirar a Rudville…  

—¡Uagh!  

El Duque lo fulminaba con una mirada demoníaca.  

—¿Qué estás mirando?  

El corazón de Edwind casi se detiene.  

Aún lo sentía retumbar en su pecho.  

«¿Cómo puede alguien cambiar de expresión tan drásticamente? ¡Ni que tuviera doble personalidad!»  

—N-nada, Alteza…  

Logró entregarle los documentos con dificultad.  

Rudville los revisó distraído, pero de pronto su entrecejo se frunció con violencia.  

—¿Reducir los gastos de la Duquesa? ¿Quién se atreve a proponer esto?  

—Fue la Gran Duquesa, Alteza.  

—…  

¿Ella misma sugirió recortar su propio presupuesto?  

Con gesto disgustado, Rudville examinó el informe escrito por Odelli.  

En resumen, decía: 

[No gasten en tonterías. Usen el dinero en algo importante. O, si no hay nada mejor, que lo use el propio Rudville.]

Edwind, que lo observaba, comentó:  

—Por cierto, la Gran Duquesa es bastante austera. Nunca compra lujos. Según la dama de compañía, solo usa la ropa y joyas que ya tenía o las que se compraron para la boda…  

—¿Qué?  

El trabajo quedó olvidado.  

Era absurdo.  

«¿Para quién crees que estoy trabajando y ganando dinero?»  

Claro, Odelli nunca le había pedido nada, pero él se esforzaba para darle cosas hermosas.  

Y entre tanto trabajo acumulado, ni siquiera se había enterado de que ella no gastaba en nada.  

«Pensé que compraría lo que quisiera, pero ¿nada?»  

Abandonó sus tareas de la mañana y fue directo a buscarla. La tomó del brazo y preguntó sin rodeos:  

—Ese abrigo.  

¿Abrigo?  

Odelli miró su propia ropa: un sobretodo azul oscuro, un regalo de Theodor.  

Era de piel de alce, capaz de soportar el frío extremo del norte.  

La verdad, salvo en eventos especiales, era lo único que usaba al salir.  

Como si no tuviera otro.  

Podría haber comprado más si quisiera, pero…  

«¿Para qué?»  

Solo lo usaría cinco años. Le parecía un desperdicio.  

—¿De dónde salió?  

—Me lo regaló el mayordomo.  

—¿El mayordomo?  

Rudville arqueó una ceja.  

—No recibí ningún informe sobre eso.  

—Ah, quizá lo compró con su propio dinero.  

Su expresión se volvió aún más incrédula.  

—Duquesa, el dinero que te di para tus gastos personales… ¿qué hiciste con él?  

—En la caja fuerte…  

—Es para que lo gastes en lujos. No para guardarlo como un tesoro.  

—Solo llevo un mes como Duquesa…  

—Tiempo suficiente para comprar una mansión nueva y más. 



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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