Capítulo 9
Cuando recuperó la conciencia, Chase se encontró en la cama junto a Leoruca.
Inmediatamente intentó apartar a Leoruca y salir de la habitación. Su mente estaba confusa, pero aún podía moverse. Sin embargo, cuando lo empujó, sus miradas se encontraron. De un vistazo, captó ese rostro diminuto, tan pequeño que casi cabría en la palma de su mano.
Leoruca parpadeó, con sus largas y espesas pestañas que temblaban levemente.
«¿Siempre tuvo esta apariencia?»
La expresión que alguna vez le había parecido arrogante y altiva ahora estaba completamente relajada, casi atontada. Sus grandes ojos, fijos en Chase, tenían un tono azul claro que recordaba a un lago.
Su melena dorada como la miel, que caía sobre su frente blanca, su piel inmaculada como la nieve, sus labios gruesos y rosados, todo le parecía extraño y nuevo. Incluso el rabillo de sus ojos, que antes le parecían feroces, ahora caían suavemente, dándole una apariencia dócil e inocente.
Con el rostro pálido, Leoruca preguntó:
—¿Quién eres?
En el momento en que escuchó esa voz inocente, sintió como si algo se rompiera dentro de su cabeza. Las feromonas se descontrolaron, envolviéndolos a ambos con violencia.
—AH… ¡HNG, UGH!
Leoruca jadeó como si le faltara el aire, agitando brazos y piernas. Pero Chase, con la mente nublada, atrapó sus delgadas muñecas con fuerza.
Con la voz ardiente y baja, susurró cerca del oído de Leoruca.
—¿Qué te pasa, Kaisa? Fuiste tú quien me trajo aquí.
—Ah… pa-para.
Lágrimas calientes rodaron por las mejillas de Leoruca. Y entonces, Chase movió sus caderas.
¡BANG!
Con cada sonido de algo siendo aplastado, el cuerpo de Leoruca se sacudía sin fuerza. Como una marioneta colgada de hilos, solo se aferraba a Chase, balanceándose sin control.
Las feromonas del leopardo negro, densas y abrumadoras, envolvieron por completo a Leoruca. Al mismo tiempo, de su pequeño cuerpo escapaba un aroma dulce y fresco. Y, la piel de Chase ardía como si le quemara.
Se sentía como si fuera a morir, ahogado en ese mar de feromonas que ondulaban como olas. El suave y juvenil aroma de Leoruca lo envolvía con delicadeza. El placer, comenzando desde la punta de los pies, electrizó todo su cuerpo con intensidad.
—¡AHH…!
Leoruca gimió largamente, mientras lloraba. En ese momento, todos los límites de sus sentidos colapsaron, desatándose un frenesí imparable.
Después de eso, no hubo más recuerdos. Solo quedó una intensidad abrumadora, su mente inundada de éxtasis, su cuerpo entero ardiendo como en llamas.
Al despertar al día siguiente, el espacio a su lado estaba vacío. Chase observó en silencio las sábanas arrugadas y marcadas, pasando su mano sobre ellas.
Apenas se había ido, el lugar donde Leoruca había estado acostado aún conservaba su calor.
Era un sentimiento extraño.
Mientras reflexionaba sobre lo ocurrido ese día, la puerta de la sala de espera se abrió y su amigo entró. Caminando pesadamente, se detuvo junto a Chase, y sin previo aviso. Le golpeó la nuca con el informe enrollado.
—¡Aah! ¿Qué haces, Hyung?
—¡Maldito seas! ¿Cómo te atreves a asustarme así con esto?
Chase agarró su cabeza con ambas manos y lo miró fijamente, pero su amigo solo parecía más enfadado. De pronto, Chase sintió miedo y balbuceó.
—¿Qué pasa…? ¿Acaso es una enfermedad incurable?
—¡Qué enfermedad incurable ni qué nada! Bueno, sí, en cierto modo, sí, es incurable.
—¿Qué está pasando? Dímelo claro. Vine preparado mentalmente.
—¡Ay, señor “Vine preparado”!
—¡Ah, no me pegues más! ¿Por qué sigues así?
Entre los golpes constantes, Chase estaba completamente desorientado. No sabía si era una enfermedad terminal o no. Finalmente, atrapó el informe que seguía golpeándolo como un garrote y gritó.
—¡Dime el nombre de la enfermedad!
—¡Son náuseas matutinas, idiota!
—¿Qué?
Parecía que ahora su audición también fallaba. ¿Acababa de oír “náuseas matutinas”? Pero en lugar de dudar de sus oídos, Chase abrió los ojos desmesuradamente y culpó a su amigo.
—¡¿Qué tonterías dices?! ¡Habla claro!
—¿Quieres que te lo repita? Te lo digo mil veces. ¡Son náuseas matutinas, náuseas matutinas!
—¿Por qué yo tendría náuseas matutinas? ¡¿Acaso has visto a un Alfa embarazado?! ¡¿Estás loco?!
—¡No eres tú, es tu pareja la que está embarazada! ¡¿A quién se le ocurrió marcar* a alguien tan intensamente que hasta tú sufres los síntomas?! ¡Me asustaste, maldito!
N/T:* “Marcaje” aquí se refiere al concepto de “imprinting” o marca de apareamiento típico en historias de omegaverse, donde el Alfa puede experimentar síntomas empáticos del embarazo de su pareja Omega debido al vínculo formado.
—¿Embarazo? ¿Marca?
Chase lo miró con los ojos nublados por la confusión. Su amigo soltó una risa burlona, meneando la cabeza como si no pudiera creerlo.
—No todos reaccionan así a la marca, pero debe ser que estás completamente perdido por esa persona. ¿Tan bueno fue para que hasta sufras sus náuseas?
«¿Qué diablos está diciendo este médico charlatán?»
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Quedé estupefacto por el impactante anuncio de Chase y me puse a repasar mentalmente la trama original de la novela. Pero por más que lo pensé, no recordaba ningún evento importante donde el protagonista quedara embarazado.
«¿Tal vez aparecía en la cuarta parte, que no había llegado a leer?»
La verdad es que siempre he pensado que el embarazo es algo tan difícil que, ya sea Alfa u Omega, debería recaer en la persona más saludable y fuerte, pero no pude evitar preocuparme. Dicen que los embarazos en Omegas son extremadamente raros. ¿Está bien que esta novela tome ese rumbo?
—Estás embarazado
Como si creyera que no lo había escuchado bien, Chase remató con un tono definitivo. Me quedé paralizado un momento antes de preguntar, sobresaltado.
—¿Tú?
—¿Estás bromeando?
Chase torció su rostro de inmediato. No entendía por qué se enfadaba conmigo cuando él fue quien apareció de la nada soltando esa bomba. Me sentí incómodo siendo el receptor pasivo de semejante noticia. Con un gesto ligeramente ofendido, murmuré.
—Fuiste tú quien dijo lo del embarazo primero…
«¿Por qué me regaña a mí? ¿Acaso me veo como alguien fácil de intimidar?»
No me atreví a decir lo último en voz alta, pero Chase igual arqueó una ceja con escepticismo antes de replicar.
—Sí, embarazo. ¿Entendiste bien?
—Sí, embarazo. Pero, aunque suene un poco inapropiado…
Era algo inapropiado, pero tenía curiosidad, ¿podía preguntarlo? Después de todo, él fue quien vino a soltarme esto. Aunque no entendía el por qué. ¿Acaso éramos tan cercanos? Para nada.
—¿De quién es el bebé?
—¿Qué? ¡Es mío! ¿De quién más? ¿Me estás escuchando?
—No, obvio que es suyo. Me refiero a el otro padre o ¿madre? Es decir, la otra persona involucrada.
—¿Qué te pasa hoy? ¡Es tu bebé!
—¿Perdón?
«¡¿Qué diablos decía, estaba loco?!»
Salté de golpe, gritando en silencio. ¿Qué había un bebé mío dentro de Chase? ¡Eso sonaba a una carrera directa hacia un final catastrófico! Además, solo había una ocasión que viniera al caso, y esa noche era imposible que Chase hubiera quedado embarazado.
Porque yo no había sido el activo, cuando claramente fue él quien…
—¡Eso no puede ser! Si el bebé fuera de esa noche, entonces yo sería el embarazado, no tú.
Eliza: ayyy bebeeee jajajjaj el Leoruca así de:
Hashi: Jajaja todavía está en negación.
—¡Exacto! ¡Tú, tú!
—¿Qué?
—¡No soy yo, tú estás embarazado!
—¿¡Yo!?
Me señaló con su dedo índice mientras parpadeaba exageradamente.
«¿Este maldito leopardo negro comió algo raro?»
—Oye… ¿te sientes bien?
—Ojalá fuera eso. Bueno, en realidad sí me siento mal. No es una enfermedad, son las náuseas matutinas.
Chase se masajeaba las sienes con los dedos largos, como si le doliera la cabeza. Ya fuera por el embarazo (¿o no?), su usual aura afilada se había suavizado bastante.
«Entonces según él, yo era el que estaba… ¿embarazado?»
—¿¡Estás loco!? ¿¡Qué clase de acusación es esa!? ¡No vayas por ahí difundiendo eso!
Finalmente, la bomba que Chase había arrojado estalló en mi cabeza. Sentí como si todo el vello de mi cuerpo se erizara de golpe.
«¿Así que vino aquí de la nada para decirme que yo estoy embarazado?»
Aturdido, abrí y cerré la boca sin sonido hasta que. ¡POP! Mis orejas de cachorro surgieron involuntariamente. Chase me miró con una expresión entre exasperada y lastimera.
—Guarda esas orejas.
—¡¿Ahora las orejas son el problema?!
—¡No me dejas concentrarme en la conversación con tanto movimiento! Ya de por sí las náuseas me tienen al borde.
—¡Pero yo no tengo náuseas!
—¡Yo las tengo! ¡YO!
Sus disparates empeoraban por momentos. Estaba claro que no estaba en sus cabales, así que, preocupado, pensé en llevarlo a un hospital mientras preguntaba.
—Si dices que yo estoy embarazado, ¿por qué tú tienes náuseas? ¿Te duele mucho? Te ves pálido.
—¿Crees que lo hago por gusto? ¡Todo esto es por aquella noche cuando yo te marqué con…!
—¿Marcar…?
—…
—¿Marcar que?
—Nada.
—…
No hay nada más exasperante en el mundo que alguien que corta la frase a medias. Como si hubiera estudiado específicamente cómo sacarme de quicio, Chase giró la cabeza con expresión obstinada, como si prefiriera que lo degollaran antes que seguir hablando.
—A veces ocurre que la pareja sufre las náuseas en lugar del embarazado. En fin, por lo de aquella noche, tú estás embarazado, y por eso yo tengo náuseas matutinas.
En mi vida anterior también había oído que eso pasaba a veces. Hasta lo había visto en la televisión. Pero se suponía que era algo que solo les ocurría a padres profundamente enamorados de sus parejas.
Sospechoso, le pregunté a Chase.
—¿Por casualidad… te gusto?
—¡¿Qué?! ¿Te has vuelto loco?

TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA