Capítulo 8
Le conté a Lionel cómo terminé yendo a la habitación de Vivian, lo que vi allí y la pregunta que me hicieron.
—Pensé que debía informárselo lo antes posible… Me pareció que era una situación que podría dañar su honor, Su Excelencia.
Con eso, finalicé mi reporte detallado sobre lo sucedido y la razón por la que había subido al tercer piso. Después de apartar los labios de su oído, me quedé esperando su reacción. Por alguna razón, Lionel se quedó encorvado en esa postura por un largo rato, sin moverse ni un poco.
—¿…?
Por un momento llegué a pensar que mi poder divino había alcanzado el nivel de detener el tiempo. Si no fuera porque sus orejas se habían puesto visiblemente rojas, casi lo habría creído.
«¿L-le hizo cosquillas…?»
Era la segunda vez que pasaba algo parecido. No sabía si Lionel simplemente era muy sensible a las cosquillas o si respondía de manera sexual a ese tipo de estímulo. Lo cierto era que no me convenía saberlo… y aun así, la curiosidad me picaba como nunca.
Solo cuando retrocedí un paso, él pareció volver en sí y se enderezó lentamente. Normalmente era yo quien apartaba la mirada primero, pero por primera vez, fue Lionel quien desvió los ojos.
—Keil. Acompaña a la sacerdotisa a mi salón.
Entonces me di cuenta de que el mismo asistente de ayer estaba observándonos desde cierta distancia, con los ojos muy abiertos. Lionel aprovechó el momento en que giré la cabeza hacia el sirviente para pasarse la mano por el rostro, que estaba completamente rojo.
«Así que sí era sensible…»
Aunque lo había visto todo, decidí fingir que no me había dado cuenta.
—En cuanto al invitado… hablaré con él personalmente y me encargaré de que se retire, así que no se preocupe.
Lionel, ya recuperado por completo, volvió a acercarse, acortando la distancia que yo había abierto, y me susurró en voz baja. Asentí en silencio ante el tono cargado de amenaza que se escondía en su voz.
¿Preocuparme? Para nada. Tal vez lo que debía hacer era rezar por el alma de Danteer.
°.♡┈┈∘*┈୨୧┈*∘┈┈♡.°
Danteer Orthatum. Hijo de la amante más querida del anterior Emperador en sus últimos años, fue inscrito desde temprana edad en la casa del Marqués Orthatum. Aunque técnicamente era medio hermano del actual Emperador, en realidad el Heredero al Trono, el Príncipe Axion, le llevaba dos años de ventaja, a pesar de ser su sobrino.
Para Danteer, que creció en ese entorno, lo más importante fue convertirse en alguien que no representara ninguna amenaza. En alguien inútil, sin valor alguno que generara desconfianza. Aprendió aquella lección a fuego cuando presenció cómo su maestro, quien lo había elogiado por su talento con la espada, cayó desplomado escupiendo sangre justo después de una reunión privada con su madre.
Desde aquel día, adoptó una actitud desganada en todo lo que hacía. No importaba lo que estudiara o entrenara, siempre se mostraba poco aplicado y sin intención de mejorar. En la academia o en cualquier otra parte, sus calificaciones siempre estaban en el fondo. Antes siquiera de alcanzar la adultez, ya se había familiarizado con el alcohol y las mujeres.
Incluso después de la muerte de su madre, e incluso cuando el Emperador, al dejar de verlo como una amenaza, empezó a tratarlo con indulgencia, como al pequeño hermano inmaduro que era, Danteer no sintió nunca la necesidad de cambiar su forma de vida. Cuanto más actuaba como un libertino, más fácil se le volvía todo.
Tenía una apariencia idéntica a la de su madre, quien había sido considerada la mujer más hermosa del imperio, y con su riqueza desbordante, no había nada que no pudiera tener. Pero las cosas que se consiguen fácilmente también tienden a aburrir rápido, y le resultaba difícil sentirse satisfecho por mucho tiempo. Había pasado por mujer tras mujer, sumido en el placer, pero incluso eso empezaba a aburrirlo.
Incluso las flores más altivas del círculo social, una vez desnudadas, no eran distintas de cualquier otra. Todas gemían igual, moviendo las caderas de forma vulgar. Danteer las despreciaba como si se despreciara a sí mismo. Las ridiculizaba como si se burlara de lo que él mismo era. Fue entonces cuando un nuevo objetivo captó su atención: Vivian Ruanax.
La vergüenza del linaje Ruanax, y media hermana del orgulloso e inalcanzable Lionel Ruanax. Lionel era completamente distinto a Danteer, como si estuvieran en extremos opuestos. Ignorando sin reparo las tensiones con la familia imperial, arrasaba con los primeros puestos académicos sin ceder un solo punto. Tras graduarse anticipadamente de la academia, se lanzó a la política y expandió rápidamente su influencia.
Si era necesario, libraba guerras territoriales para conseguir lo que deseaba, y en ocasiones, lideraba campañas militares contra países extranjeros como un lunático, dejando al emperador escandalizado. Incluso el Príncipe Heredero Axion no se atrevía a tratar a Lionel a la ligera.
En parte, porque no tenía nada que ganar provocando a alguien así. Y en otra parte, porque la forma tan brutal y directa de actuar de Lionel traía beneficios enormes tanto al imperio como a su propia casa. Poder político, riqueza, fuerza militar… no tenía ni una sola debilidad. En esas circunstancias, enfrentarse a Lionel no era seguro ni siquiera para el Príncipe Heredero.
Tanto el Emperador, a quien Danteer temía, como el mismo Príncipe Axion, ya estaban en un punto en el que seguían la corriente con cuidado cuando se trataba de Lionel. Podían llamarlo complejo de inferioridad, si querían. O simplemente una locura arrogante.
Pero Danteer tenía un deseo: ver, aunque fuera una vez, esa cara indiferente de Lionel perder la compostura. Quería dejarle una marca, una grieta, como fuera. Por eso había elegido a Vivian como objetivo. Detrás de su sonrisa encantadora, se escondía una intención así de ruin. Por suerte, existía un punto de conexión entre ellos: habían sido compañeros en la academia.
Lionel nunca respondía a las solicitudes de visita de Danteer, pero cuando él se presentaba por su cuenta en la mansión, tampoco se molestaba en echarlo. Le permitía moverse a sus anchas por la propiedad, incluso como invitado no deseado. Eso, en realidad, era bastante extraño. Pero Danteer lo interpretó como que Lionel no lo consideraba digno de molestarse.
Aprovechando que Lionel había estado ausente de la mansión durante varias semanas, pudo acercarse a Vivian sin mayores obstáculos. La ingenua joven no parecía haber escuchado ni uno solo de los rumores que circulaban sobre él. Siempre le regalaba una sonrisa amable. Tal vez porque creyó sin dudar la mentira de que él era un amigo cercano de su hermano.
Al sentir que faltaba poco para llevar a Vivian a la cama, Danteer empezó también a ganarse a quienes la rodeaban. Con tanto dinero a su disposición, no había nada que se le hiciera difícil. Hasta que, un día, ese lunático que volvía a invadir países extranjeros y anexionar tierras inútiles al imperio, regresó a la capital imperial.
Esta vez no había minas de oro, ni ruinas, ni tesoros. Tan solo había traído, como si fuera un trofeo, a una sacerdotisa sanadora que según decían tenía bastante reputación en aquel territorio por su habilidad.
«Así que al final sí quiere a su media hermana, aunque se haga el desinteresado.»
De no ser así, no habría hecho tanto por alguien que solo era un poco enfermiza. Danteer se encendió aún más con la idea. Se prometió que tendría su primera relación con Vivian… en la cama de Lionel.
Solo de imaginar su cara cuando viera la cama donde dormía su querida hermanita deshonrada junto a alguien que despreciaba con toda su alma… lo llenaba de euforia.
Convenció a la poco sociable Vivian de asistir al próximo baile del palacio como su pareja y fue personalmente a notificar a Lionel. Ignoró la advertencia del mayordomo, que le pidió esperar en el salón ya que el Duque se encontraba en el anexo, y entró sin más.
{—¡Lionel, aquí estabas!}
Y entonces la vió.
A la famosa sacerdotisa.
«¿Qué rayos? Es linda.»
El rostro era lo único que se veía entre los pliegues del aburrido hábito negro, pero incluso sin una pizca de maquillaje, sus facciones bien proporcionadas y delicadas atrapaban la mirada. Pensó que si la despojaba de esa fea túnica de sacerdotisa y la arreglaba un poco, sería tan hermosa como su propia madre, quien había sido considerada la mujer más bella del imperio.
«No, espera. ¿Para qué quitárselo?»
Después de todo, lo que no puede faltar en un banquete perfecto… es el pecado y la prohibición.
Klynn: De verdad este hombre da asco. Lionel vuelve a sacarlo por la ventana.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA