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Capítulo 8

Adeline, ignorando el amargo sabor en su boca, preguntó:  

—Entonces, ¿acepta mi propuesta?     

—Hmm. No estoy seguro.  

—¿No está seguro?

Jack conocía bien a Adeline.

Conocerla bien significaba saber todo sobre sus relaciones y romances durante su época en la academia.  

Y…

—Nunca has salido con nadie, ¿verdad?

Hasta donde Jack sabía, Adeline nunca había salido con nadie.  

No era sorprendente.  

La nobleza de la alta sociedad era más libertina de lo que aparentaba, y los estudiantes de la academia solían cambiar de pareja constantemente, incluso antes de alcanzar la mayoría de edad.  Era algo común.  

Incluso después del matrimonio, las damas de la alta sociedad necesitaban al menos un amante para que su influencia fuera reconocida.  

Era una cultura social que fomentaba la promiscuidad.

Pero Adeline nunca había dado pie a ningún escándalo, ni en la academia ni en los círculos sociales.  

Había rumores ocasionales de que salía con alguien, pero todos eran relaciones superficiales.

Cuando le preguntaban por qué evitaba tanto a los hombres, Adeline respondía:  

—No hay necesidad de escándalos en la Casa Zeller.

Incluso sin la ayuda de un amante, la Casa Zeller era una familia prestigiosa que todos reconocían.

Para ellos la familia Zeller, el libertinaje de la alta sociedad solo mancillaba su orgullo.

Y ahora, ¿hablaba de un amante por contrato?

Jack extendió la mano y rodeó la cintura de Adeline, atrayéndola suavemente y susurrándole al oído.

—Me pregunto… ¿sabes siquiera qué implica ser amante de alguien?

El rostro de Adeline se sonrojó levemente ante el susurro, casi burlón.

—No me subestime. Sé lo suficiente.  

—¿Ah, sí?  

Jack respondió secamente y extendió la mano.

Sus dedos, más largos y gruesos que los de ella, acariciaron su mejilla sin vacilar.  

Su tacto se movió lentamente hacia su oreja, como si estuviera apartando un mechón de cabello, y luego se hundió en su melena.  

Sus callosas palmas rozaron la piel sensible oculta bajo el cabello, deslizándose por el cuello expuesto por el escote.  

—¡…!  

A excepción de la persona que la peinaba, nadie se había atrevido a tocarle esa zona antes.

El calor desconocido que la invadió agudizó los sentidos de Adeline, y contuvo la respiración sin darse cuenta.

La mano que la había envuelto por los hombros finalmente levantó el dedo índice y trazó una larga línea sobre su piel.

Hasta el borde del escote, donde la tela cubría su pecho.  

El dedo se detuvo justo en el límite de la tela.  

—Ah…

Un gemido escapó de sus labios antes de que pudiera evitarlo.  Entonces, una voz seca rompió el silencio:  

—Abre los ojos, Adeline.  

Solo entonces Adeline se dio cuenta de que había cerrado los ojos.

Al alzar las pestañas, sus pupilas se encontraron con esos ojos gris plateado, tan claros que casi parecían transparentes.  

Ojos que seguían escudriñándola sin pudor.  

No, esos ojos parecían aún más intensos que antes.

¿O era solo su imaginación que su rostro reflejaba cierta satisfacción al verla así?  

Aún tenía la sensación de esa mano rozando su piel…

Jack, retirando su contacto, continuó con tono impasible:  

—Si quieres actuar como mi amante, tendrás que soportar más que esto. Me gusta bastante el círculo social de Crawford.

—…Lo haré. Lo que sea.  

Las cejas de Jack se arquearon en ese momento. Como si no hubiera esperado esa respuesta.

—¿Sabes lo que quiero de ti?

—No me importa. Si somos amantes, es natural.  

Y si eso significaba proteger a la familia Zeller, haría cualquier cosa.

Jack se tocó los labios con el dedo índice ante las palabras de Adeline.

No hubo una conversación directa, pero Adeline sabía lo que significaba.

Los ojos nunca pueden ocultar el deseo que albergan en su interior.

—…

Adeline frunció el ceño inconscientemente ante su actitud descarada, pero intentó calmarse.

No podía permitirse dejarse llevar ante provocaciones tan tempranas.  

«Dije que haría lo que fuera.»

Incluso besar al hombre que contribuyó a la ruina de su familia.  

Tras un breve momento de duda, Adeline cerró la distancia y besó a Jack.  

Por un segundo, creyó verlo sonreír.  

No estaba segura.

Porque, al intentar separarse, Jack la atrapó por la cintura y la atrajo de vuelta.  

Cuando sus cuerpos se encontraron de nuevo, la mano del hombre le acarició suavemente su barbilla, obligándola a mirarlo.

Los ojos de Jack, teñidos de gris, estaban nublados y hundidos.

Adeline no sabía muy bien con qué palabras describirlo, pero estaba segura de una cosa.

Su torpe beso solo había tensado más la situación.  

—No sé dónde aprendiste esto… pero tu maestro fue un pésimo.  

Los labios de Jack se curvaron hacia arriba. Pero no había sonrisa en su voz.

Al contrario, era más profunda y oscura de lo habitual, e incluso se sentía áspera.

—Deberías volver a aprender a besar, Adeline.  

Dicho esto, Jack la besó de nuevo.

El beso de Jack era igual que su voz.

Un beso profundo, intenso e incluso áspero.

La mano que sujetaba su mentón pronto le acarició la mejilla.  Mientras sus dedos la mimaban, sus labios se abrieron y el beso se profundizó.  

Lo que comenzó como un roce suave se volvió insistente, como si quisiera arrebatarle cada aliento.  

Solo podía forcejear como quien se ahoga en el agua y aferrarse a sus brazos, a sus labios que la rozaban.

Un sonido húmedo escapó entre sus respiraciones entrecortadas.  

Cuando recuperó el sentido, su pecho subía y bajaba con rapidez.  

¿Acaso los besos siempre eran tan ávidos?  

«No puedo respirar.»

Los besos con Julián nunca habían sido así.

Su exmarido solía invadir su boca sin cuidado antes de retirarse.  

Otras personas dicen que sienten que se derriten al besar.

Pero para Adeline, esas palabras no eran más que descripciones difíciles de entender.

Al menos, hasta ese momento.

La punta de su lengua estaba caliente porque le faltaba el aire. Finalmente, entendía lo que decían.  

Cuando por fin se separaron, el pulgar de Jack presionó su labio inferior, húmedo de saliva.  

—Deberías respirar por la nariz. Parece que aún te queda mucho camino por recorrer.

Después de todo, ¿no es deber de un amante enseñarle estas cosas?  

No sabía si bromeaba o hablaba en serio. Las palabras flotaban en la mente confusa de Adeline.  

Insegura de si había placer en su voz, Adeline tomó su mano de repente.  

—Incluso si no le gusto, no puede echarse para atrás.  

—¿Quién eres tú para decir eso…?  

Jack soltó una risa entrecortada, como un suspiro, e inclinó la cabeza para besar la punta de su mentón.  

Sus labios húmedos se deslizaron por su piel.

Desde la barbilla hasta la oreja, luego la nuca… y finalmente, el hombro.  

El momento en que los labios que habían descendido gradualmente finalmente tocaron la delicada piel.

—¡Hah…!  

Adeline gimió y abrazó a Jack con fuerza.

Por eso Jack no se percató de su presencia.  

«Al fin nos encontramos.»

No vio cómo Adeline, quien debería estar sumisa en sus brazos, sonreía por encima de su hombro.  

Y tampoco notó cómo sus movimientos, hasta entonces seguros, se detuvieron por un instante.  

Por supuesto, no fue por una razón trivial como guardar las apariencias.

Fue simplemente porque un invitado inesperado apareció por la ventana de cristal.

«Si hubiera llegado un poco más tarde, el plan se habría arruinado.»

Por suerte, parecía que había llegado justo a tiempo.

Adeline pensó en la aparición del invitado inesperado a través de la ventana de cristal.

Ojos azules como un lago sereno, cabello plateado como la luz de la luna.  

Un noble de complexión robusta pero con una presencia sorprendentemente gentil.  

«Millenberg Ishmael Beloff.»

Era él.



TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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