Capítulo 79
Los labios que los dedos de Rudville habían tocado ardían como si el fuego los hubiera rozado.
—…No era mi intención sugerir que usaríamos habitaciones separadas durante cinco años.
Aunque añadió esas palabras pretendiendo serenidad, no logró levantar la cabeza. Odelli presionó sus labios con el dorso de la mano, como si intentara enfriar el calor que él había dejado. Pero el residuo de ese contacto aún ardía, haciéndole cosquillas en la piel.
—Si no puedo ocultarlo, al menos por hoy…
—¿Solo hoy? Sabes que hoy es el más importante.
Tenía razón. Precisamente porque lo era para todos, ahí radicaba el problema.
Pasar la primera noche juntos no era solo un acto simbólico de compartir un cuarto como esposos. Era un ritual de unión donde sus almas se entrelazaban por primera vez, una tradición que incluso la familia real valoraba profundamente. Se decía que la primera noche era cuando las bendiciones de los dioses eran más fuertes, y que un hijo concebido entonces estaría especialmente favorecido.
«En mi vida pasada, nunca fui aceptada plenamente en la sociedad noble porque se supo que no compartimos esa primera noche.»
Esta vez debía ser diferente. Su razón le decía que, si con una sola noche podía ganar aceptación, debía cerrar los ojos y hacerlo.
«Aunque sea una superstición, es de mal augurio. ¿Y si terminamos vinculados por el alma?.»
Ya estaban tan enredados y enmarañados… Había logrado cortar esos lazos aprovechando su pérdida de memoria.
Odelli inhaló e intentó apartarse, pero él no se movió. Al contrario, la sujetó con más fuerza.
—Aún no he escuchado lo que debes decirme.
—…
—¿O es que… mi abrazo te desagrada tanto?
El salón dorado seguía resplandeciente. Docenas de candelabros colgaban del techo como estrellas, y las columnas doradas y el suelo de mármol brillaban bajo la luz. Era un espacio creado para atraer a la Dama de los Ojos Azules, y ahora solo quedaban ellos dos en él: Rudville y Odelli.
Cuando ella intentó escapar, él la tomó de la muñeca con una mirada entrecerrada. Lentamente, inclinó su cabeza. No hubo beso. Sus labios se acercaron a su cuello, pero no lo tocaron. En cambio, su aliento, su calor y un escalofrío familiar se posaron allí.
—¿Por qué? ¿Te da miedo? ¿O…?
Su cálido aliento rozó su oreja, y su voz baja penetró en ella, incluso en medio de toda esa luz dorada.
—¿Tenías miedo… de que esto sucediera, esposa?
Odelli no pudo moverse. Su aliento, ni violento ni tierno, la sujetaba como cadenas. Las emociones que no había sentido al enfrentarse a la familia Cardel ahora la inundaban como un torrente.
«Si solo un abrazo y el recuerdo de un beso me dejan sin aliento… ¿cuántos recuerdos surgirán si compartimos una habitación?.»
No podría soportarlo. El miedo la dominó.
—Es… un matrimonio por contrato. No importa cuánto finjamos amor…
Su voz tembló, perdiendo toda compostura. Los ojos de Rudville oscilaron. Su boca sonreía, pero no había alegría en ella.
—¿Entonces es tan desagradable compartir una habitación, incluso si es un riesgo necesario?
—…
Ella no había dicho eso.
—¿Porque no soy el hombre que amas?
«Ah… el anillo.»
Rudville aún estaba enfadado por ese malentendido. Creía que ella llevaba el anillo de otro hombre en su boda. Parecía haber esperado este momento toda la recepción.
«¿Así que por eso no me soltaba…?.»
¿Esperaba una explicación? Pero no podía dársela. Él no le había creído cuando dijo que era un malentendido.
Mientras Odelli guardaba silencio, él habló:
—Entiendo.
De repente, Rudville la soltó. Tan fácilmente, como si sus esfuerzos por escapar no hubieran existido.
—Hoy dormiremos en habitaciones separadas.
—…
—No puedo obligarte si no lo deseas.
Le dio la espalda, su sombra alargándose sobre el mármol.
—Como siempre, dormiremos lejos.
—…
—Bueno, no es que pueda dormir. Pasaré la noche en la terraza, viendo el amanecer sobre las montañas…
Odelli extendió la mano instintivamente.
—Espere.
Él se detuvo, pero no se volvió.
—¿Todavía no puede dormir?
—¿”Todavía”?
Se rió, como si la pregunta fuera absurda.
—La última vez que vino a mi habitación… dormía profundamente.
—Ah, sí… así fue.
—…
—No importa. Estoy acostumbrado. Como siempre.
Odelli se sorprendió. Pensaba que su insomnio estaba mejorando.
«¿Sigue pasando las noches en vela?.»
Miró su rostro: las ojeras más oscuras, la piel pálida.
—¿Ha estado violando el Artículo Sexto?
Dormir al menos seis horas diarias.
Él sonrió.
—Es inevitable. Si quiere obligarme, tendrá que golpearme hasta dejarme inconsciente. O quizá encender un cigarrillo, aunque no ayude mucho.
—…
—¿Me autoriza a usar medicamentos?
Mencionó el Artículo Séptimo: sin su aprobación, no podía tomar nada.
—Solo… dormir.
Apretó los labios antes de continuar.
—Solo dormiremos juntos. Nada más.
La mirada de Rudville la recorrió lentamente: su frente, sus pestañas temblorosas, sus labios indecisos…
Sonrió.
—Sí, claro. Solo dormir.
Entonces, tomó su mano y la atrajo hacia él.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD