Capítulo 78
Kastia dudó un momento antes de asentir con la cabeza.
—Esa decisión en particular merece elogios.
Pero antes de que Odelli pudiera saborear el halago, su voz recuperó la firmeza.
—Sin embargo, eso no significa que alguien con una salud frágil deba lanzarse imprudentemente al frente.
—…No soy tan débil como parezco, señora Kastia.
Kastia la observó lentamente. A simple vista, no había heridas externas ni alteración en su respiración. Pero para sus ojos, era evidente que Odelli forcejeaba por ocultar su agotamiento.
La miró en silencio durante un largo rato. De pronto, recordó a alguien que solía hacer la misma expresión.
«Estoy bien, Kastia. No me he esforzado demasiado.»
Por un instante, la mirada de Kastia se nubló. Su rostro seguía impasible, pero sus ojos, dirigidos hacia Odelli, parecían profundos, como si miraran más allá de ella, hacia algo o alguien más.
El rostro de aquel que había partido a cazar bestias en una ventisca feroz y nunca regresó. Todo lo que dejó atrás fue una espada empapada en sangre y una capa teñida de rojo.
Aquel día, Kastia aprendió algo con amarga claridad:
«El amor solo no es suficiente para resistir el norte.»
«La determinación ingenua de creer que basta con ser fuerte para proteger… no salva nada.»
Memorias que creyó enterradas resurgieron de repente, arrastradas por el viento frío.
Luego, vino el recuerdo de unas manos diminutas.
«Frágiles como para romperse al sostenerlas, blancas como la nieve… tan maravillosas que apenas podía creer que fueran de quien di a luz.»
En el norte, la nieve caía sin cesar, día y noche.
También el día en que esas manos se enfriaron lentamente bajo las cobijas.
«Llamar a los sacerdotes o a los médicos fue inútil.»
«Al final, aquel niño cerró los ojos, incapaz de resistir el invierno del norte.»
—…¿Su Alteza?
El prolongado silencio hizo que Odelli hablara con cautela. Sus ojos reflejaban una mezcla de duda y preocupación.
Kastia alzó la cabeza lentamente, como si emergiera de un largo pensamiento.
«Por qué tenían que parecerse a ambos…»
El hombre, frágil de cuerpo pero con una mirada capaz de atravesar el mundo.
Y el niño, pequeño, suave y pálido.
Por eso no le agradó.
Cuando Rudville anunció que tomaría a Odelli como esposa, un sentimiento cercano a la ira brotó en ella.
«Porque me hizo recordar a aquellos que no quería evocar.»
No pudo hablar durante un buen rato.
Pero, ¿qué más podía decir ahora?
«¿De qué sirve regurgitar a los muertos?.»
Por un momento, aquellos que creyó haber dejado atrás con las ventiscas del norte resurgieron ante sus ojos…
—Tonterías.
Se esfumaron con un bufido.
Su rostro recuperó al instante su expresión habitual: la de la estricta Gran Duquesa de antaño.
—Esta vez no tuviste opción, pero si hay una manera de delegar en otros, hazlo. Aguantar hasta el límite no es una virtud.
Sus palabras sonaban a consejo habitual, pero…
«¿Qué iba a decir?.»
Parecían los restos de algo que nunca pudo expresarle a alguien.
Odelli percibió un atisbo de arrepentimiento en su tono.
«¿Acaso alguien cercano a ella estuvo enfermo?.»
Recordó entonces lo que Kastia le dijo cuando se conocieron:
{—Tienes ojos de quien ha aceptado la muerte.
—Su Alteza, su rostro parece dispuesto a cerrar los ojos sin remordimientos, incluso si muriera mañana. ¿Cree que no he visto esa mirada antes?}
En ese momento, Odelli asumió que eran palabras de una líder norteña, veterana de batallas.
«Pensé que solo alguien que hubiera visto la mirada de caballeros, soldados y moribundos podría hablar así.»
Pero ahora, al recordarlo, tal vez esas palabras estuvieron dirigidas a alguien más cercano.
«Alguien a quien no pudo proteger… alguien cuyos ojos, al borde de la muerte, conocía demasiado bien.»
Odelli miró a Kastia con curiosidad.
—¿Ah, sí? ¿Que no estás tan débil como pareces? Si la Gran Duquesa lo dice, será verdad.
Fue entonces cuando Kastia, inesperadamente, asintió y continuó:
—Aunque tu hermano siempre exagera, ¿no? Habla de toser sangre y demás… Debería moderarse.
Pero no terminó ahí.
Se inclinó bruscamente, al nivel de Odelli, y susurró en su oído con voz baja:
—Pero no mientas por mucho tiempo a quienes realmente amas… Te arrepentirás.
—…
Odelli no respondió, observándola con una expresión peculiar.
Kastia murmuró entonces, como para sí misma:
—Es hija adoptiva, pero por qué habrá heredado solo mis peores rasgos. Nada de lo que hubiera querido que se pareciera.
—…¿Eh?
Odelli quedó desconcertada, pero Kastia no ofreció más explicaciones.
Con pasos firmes e imperturbables, abandonó el salón en silencio.
Tras la partida de Kastia, la tensión en el salón se disipó gradualmente.
Alguien suspiró, rompiendo el silencio, y los demás comenzaron a retirarse con expresiones de alivio y confusión.
Parecía que todo había terminado.
Excepto por un detalle: Rudville seguía abrazando a Odelli con firmeza por detrás.
«¿Hasta cuándo piensa quedarse así?.»
La distancia entre ellos era tan cercana que podían sentir el aliento del otro.
Si Odelli giraba la cabeza aunque fuera un poco, sus labios podrían rozarse.
—…
Recordó el momento en el altar nupcial, cuando sus respiraciones se entrelazaron.
«Fue inevitable.»
—¿Quién besa así el día de su boda…?
Era absurdo, pero su corazón latía como loco.
El dolor en el pecho se asemejaba a los efectos secundarios de su poder de purificación.
«Como si alguien lo estrujara.»
Jadeó, sintiendo que debía decir algo, cualquier cosa, para sobrevivir.
—Todos… se han ido.
Logró abrir la boca, intentando escapar de su abrazo.
Pero Rudville no la soltó.
No era que usara excesiva fuerza, pero la diferencia de complexión le imposibilitaba huir.
—Esto es…
Al final, murmuró resignada.
—¿No tienes nada más que decirme? —preguntó Rudville.
—Deberías tener algo…
Era como si le diera la oportunidad de explicarse.
Parecía decidido a no soltarla hasta escuchar lo que deseaba.
«¿Qué quiere?.»
«Si tiene algo en mente, ¿no podría darme una pista?.»
Odelli gimió, frustrada.
«Hay demasiadas cosas….»
Los secretos que escondía eran una montaña.
Pero ninguno era fácil de confesar.
«Si digo algo equivocado y él actúa como si fuera la primera vez que lo escucha, sería un desastre.»
—Mmm…
—No lo sé.
Aprovechando la situación, decidió soltar lo que llevaba pensando:
—Ahora que lo pienso, no es necesario que pasemos la primera noche juntos.
—…
—Los invitados ya se han ido. Con solo controlar a los sirvientes, basta. Como cuando llegué por primera vez a este castillo. Me escondiste de Kardel entonces… Podrías hacerlo otra vez.
Antes de que terminara, los dedos de Rudville cubrieron sus labios.
—¡…!
Sus yemas ásperas presionaron sus delicados labios rosados, casi como si quisiera aplastarlos.
—Estos labios tan finos… solo saben decir tonterías.
—Nn…
La presión deformó sus palabras.
Odelli intentó liberarse inclinando la cabeza, pero Rudville se rió bajito.
—Solo te escondí durante quince días. ¿Crees que podemos ocultar que el Gran Duque y su esposa duermen separados durante cinco años?
—…
—Acompañame a nuestra habitación, esposa.
Robin: Diosito yo solo te pido por favor extras R19

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD