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Capítulo 78

Lo que Adeline había querido preguntarle a Millen, incluso esperando durante tanto tiempo,resultó ser una pregunta sorprendentemente simple y directa.  

 Era, justamente:

 —¿Por qué me propusiste matrimonio, Millen?

 Eso era todo.

 En realidad, no era la primera vez que Adeline le hacía esa pregunta a Millen.

 Ya en el banquete del palacio imperial, Adeline le había hecho la misma pregunta a Millen.

 Pero si en ese entonces esa conversación hubiera sido una respuesta sincera y suficiente, Adeline no estaría aquí ahora mismo.

 Sobre todo, al pensarlo bien, en ese banquete del palacio imperial, Adeline apenas sabía algo sobre Millen.

 Así que simplemente supuso que la propuesta de matrimonio de Millen había sido por ambición,

 pero ahora que lo sabía todo, de pronto surgía la duda.

 « ¿Acaso Millen realmente le propuso matrimonio solo para saciar su ambición? »

 —¿Deseabas el título de duque de Cheller? ¿O había algo especial en nuestra familia?

 Y si no era eso, ¿acaso fue por si Huberg heredaba el título y luego lo expulsaban?

 Actualmente, el marqués de Beloff era Philip, el padre de Millen y Huberg.

 Por lo tanto, los dos hermanos, hijos directos de Philip, podían formar una sola unidad bajo su autoridad.

 Pero si el título de marqués de Beloff pasaba a Huberg, y con eso se producía un cambio de generación en la jefatura de la familia, la historia sería muy distinta.

 Porque…

 Los hermanos del jefe de familia pasan a ser considerados miembros de una rama secundaria.

 Desde el principio, así era el sistema en las grandes casas nobles.

 Solo uno podía heredar el puesto de jefe de familia.

 Y el resto de los hermanos eran apartados de la sucesión, o por falta de interés en el título, y quedaban desplazados.

 « Si esos hermanos apartados formaban una familia y tenían descendencia… eso se convertía en una rama secundaria. »

 Así, en el momento en que Huberg se convirtiera en marqués de Beloff, Millen pasaría automáticamente de ser un hijo directo de la casa Beloff a ser considerado de una rama secundaria.

 Eso significaba que Millen quedaría por debajo de Huberg.

 « Además, el trato que se da a los miembros de ramas secundarias es también una prerrogativa del jefe de familia. »

 Aunque Huberg, como nuevo marqués, expulsara a Millen, este no tendría forma de oponerse. La orden del jefe de familia es absoluta dentro de la casa.

 Ser expulsado de una casa que hasta ayer era tu hogar, para convertirte de un día para otro en un extraño, debía de ser una experiencia horrible.

 Quizá Millen simplemente no quería vivir algo así,

 y por eso eligió depender de la casa ducal de Cheller, proponiéndole matrimonio a Adeline como una forma de buscar una nueva alternativa de vida.

 Cuando Adeline soltó todo lo que había estado pensando,

 Millen dejó escapar una leve risa, como si le resultara embarazosa aquella rica imaginación.

 « No te preocupes, Rene. No me echarán de esta casa de un día para otro. »

 Aunque el título de marqués de Beloff fuera a parar al hijo mayor, Huberg,

 Philip lamentaba sinceramente no poder aprovechar el talento de Millen.

 Sin embargo, si mostraba una preferencia evidente por Millen, sería obvio que la mirada de Katia se volvería más dura.

 Así que Philip le impuso a Millen el pretexto de que algún día podría “apoyar a Huberg desde atrás”.

 Incluso Katia, por más que viera a su hijo como el más hermoso del mundo,

 no podía negar que el intelecto de Huberg estaba por debajo del aprobado.

 Por eso, bajo la condición de que Millen ayudara sinceramente a Huberg cuando este heredara el título de marqués de Beloff,

 Katia decidió tolerar la presencia de Millen.

 Mientras Millen fuera útil de alguna forma, no podrían echarlo de la casa Belof.

 Así que el motivo por el cual Millen le propuso matrimonio a Adeline no era nada de eso.

 No, más bien habría que decir que fue algo que tenía que hacer.

 « Nunca pensé en casarme con alguien que no fueras tú. »

 En realidad, Millen tenía muchas maneras de responder.

 Si lo expresaba de forma más directa,

 diría que desde siempre había anhelado a Adeline, y por eso jamás había considerado la idea de casarse con otra persona.

 Probablemente Adeline no lo sabía.

 Que, como se graduó unos años antes que ella,

 había estado esperando con ansias su graduación.

 De hecho, Millen tenía un plan algo mejor preparado.

 Felicitarla por su graduación, invitarla a salir, tener una cita maravillosa,

 y luego proponerle matrimonio.

 Pensaba tantearla sutilmente, ahora que ya no era una estudiante, preguntándole si le interesaba conocer a alguien.

 Pero después de la ceremonia de graduación de Adeline, en cuanto vio su rostro acercarse lleno de una sonrisa radiante,

 ya no pudo contenerse más.

 En su mano llevaba un ramo de flores para felicitarla, y como hacía tiempo que no la veía, había escogido cuidadosamente su ropa.

 Aunque, no importaba lo que se hubiera puesto, al final habría terminado arrepintiéndose de su elección.

 ¿Era alegría? ¿O tal vez emoción?

 Una emoción que se inflaba por dentro del pecho como si llenara los pulmones de aire.

 En ese momento pensó, sin poder evitarlo, que tal vez estaba bien hablarle de matrimonio.

 Si se piensa en cómo terminó esa propuesta,

 sería mejor que Adeline nunca supiera la verdad.

 Decir que fue una propuesta impulsiva sonaría extraño, se diga como se diga.

 Pero aún así…

 “Quería estar contigo, Rene. Cuanto antes, mejor. Nunca imaginé que otra persona ocuparía ese lugar »

 Desde muy pequeño, en la imagen que Millen tenía de su futuro,

 Adeline siempre había estado allí.

 Ella había cambiado su vida por completo, y ahora no podía imaginar una vida sin ella.

 De lo contrario, el planteamiento ni siquiera tendría sentido desde el inicio.

 Su anhelo era profundo.

 Tan profundo que bastaba con poner un trozo de su corazón palpitante sobre la balanza para que la aguja se moviera con fuerza.

 Adeline escuchaba en silencio aquella confesión, y de repente se le ocurrió una pregunta.

 —Entonces dime, Millen. ¿Qué pasaría si me casara con otra persona?

 No hizo una pregunta trivial como si lo que acababa de decir era completamente sincero.

 ¿Para qué habría esperado a que Millen despertara, si no fuera para eso?

 Todos los animales son más vulnerables al dormir, y justo después de despertar también están completamente indefensos.

 Adrede había escogido este momento para hacer la pregunta, para cortar cualquier posibilidad de mentir.

 Pero Millen respondía con naturalidad, como si no importara que fuera este momento u otro.

 Con solo cruzar miradas, se podía ver que era la verdad.

 Así que ella preguntó:

 —Es alguien como Huberg. Un mujeriego, un libertino. Lo único que tiene es dinero. Si rechazara tu propuesta y me casara con un tipo así, ¿cómo te sentirías?

 Cuando Adeline mencionó el nombre de Huberg,la frente de Millen, que ya se había fruncido un poco, se endureció aún más al oír su descripción.

 —No sería precisamente agradable. Me haría preguntarme dónde fue que las cosas salieron mal.

 —¿Y el malestar por haber sido rechazado?

 ¿No pensarías en destruir mi familia y arrebatarme el título?

 ¿No sentirías rabia por haber sido rechazado por culpa de un hombre tan ridículo, al punto de querer vengarte?

 Esas palabras, que no pudo sacar de su boca, dejaron un sabor amargo en ella.

 Y al final, Millen, con una expresión de desconcierto, preguntó:

 —Rene, ¿acaso nunca fui capaz de darte suficiente confianza?



TRADUCCIÓN: DURAZNO
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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