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Capítulo 77

La razón por la que este momento se sentía particularmente especial probablemente se debía a que las oportunidades de recostar la cabeza sobre las rodillas de Adeline eran contables con los dedos de una mano.

 Incluso para recostar la cabeza bajo la sombra de un árbol, era necesario contar no solo con buen clima, sino hasta con la cooperación del rocío de la madrugada.

 A pesar de haber asistido a la academia durante varios años, la experiencia de recostar la cabeza sobre las rodillas de Adeline bajo la sombra de un árbol podía contarse con una sola mano, y aún así sobraban dedos.

 Y precisamente por lo escaso, era especial.

 Adeline no prestaba mucha atención aunque Millen moviera la cabeza de un lado a otro mientras reposaba sobre sus piernas; simplemente leía un libro o escribía algo, realizando acciones que rozaban el pasar tiempo en soledad.

 Por supuesto, si Millen arrugaba demasiado la falda, la mano que pasaba las páginas descendía suavemente para cubrir su frente.

 Era una señal tácita de que dejara de fastidiar porque empezaba a ser molesto.

 Desde luego, Millen tampoco tenía intención de jugar por mucho tiempo desde el principio.

 Aunque le gustaba socializar, Millen poseía una personalidad increíblemente tranquila y serena. Quizás gracias a haber aprendido el silencio con el látigo.

 Habiendo sido azotado tantas veces que su espalda se desgarró una y otra vez, Millen obtuvo el derecho a adentrarse en la calma de Adeline.

 Rene también hablaba mucho cuando era pequeña.

 Así era, antes de madurar, Adeline era muy parlanchina. Como todos los niños de esa edad, se comportaba caprichosamente.

 Por eso, ¿no fue acaso que pasó por un agujero en la verja solo porque quería ir al teatro?

 Sin embargo, desde que ingresó en la Academia Proud, Adeline fue hablando menos. Por supuesto, si se molestaba, seguía actuando de forma altiva como siempre.

 La pequeña niña que solía correr a toda prisa con una gran sonrisa, aferrándose con fuerza al borde de su vestido, había crecido repentinamente en poco tiempo y ahora disfrutaba leer en silencio.

 Por ello, los demás no se atrevían a interrumpir el silencio de Adeline, pero Millen sí podía hacerlo.

 Aunque eso signifique mantener el silencio igual que ella.

 En realidad, eso no importaba. Porque Millen también amaba la paz que ofrecía ese momento de silencio.

 Para Millen, el lugar donde se sentía más cómodo era, sin duda, al lado de Adeline.

 Cuando recostaba la cabeza sobre sus piernas y miraba al cielo, lo que veía no era el sol, sino las hojas del árbol que lo cubrían.

 SWOOOOSH 

El viento largo sacudía los árboles al pasar. A pesar de que el sol brillaba y el aire a su alrededor era cálido, ¿sería solo una sensación que el viento que rozaba su cuerpo se sintiera tan frío?

 En el momento en que surgió esa duda sin querer, Adeline, que estaba pasando páginas del libro, bajó la mano, acarició la mejilla de Millen y dijo:

 —Millen, ya es hora de levantarse.

 «¿Por qué de repente me decía que me levantara?»

 Si el sol estaba tan cálido y todo era tan cómodo.

 Cuando Millen negó con la cabeza para expresar que no quería, esta vez la voz baja de Adeline mostró una ligera sonrisa.

 —Si ya estás despierto… ¿Qué es eso de que no quieres? Sé que estás despierto, así que abre los ojos, anda.

 Al final, Millen no pudo resistirse al ruego y abrió los ojos.

 Fue entonces cuando se dio cuenta de que el paisaje que acababa de ver era en realidad un simple sueño.

 Aunque, en realidad, era imposible no saberlo.

 Cuando Millen yacía bajo la sombra del árbol con la cabeza en las piernas de Adeline, el cielo que veía al mirar hacia arriba era claro y azul, como era de esperarse.

 Sin embargo, lo primero que vio al abrir los ojos fue una luna delgada y curvada, como una uña cortada, más allá de la ventana.

 Hablando de manera más general, podría decirse que era el cielo nocturno.

 Incluso el lugar donde Millen yacía ahora no era la sombra de un árbol, sino su propia cama en la mansión del marqués de Belof.

 El fondo, el lugar, la hora… todo era lo opuesto al sueño.

 Y sin embargo, había una sola cosa que era como un sueño:

 El hecho de que Millen estaba recostado sobre las piernas de Adeline.

 Si alzaba la vista, podía ver a Adeline sonriendo suavemente bajo la luz de la luna. A pesar de que la habitación estaba oscura a pesar de la luz que entraba directamente por la ventana, el rostro blanco de Adeline se veía tan claro y nítido.

 Fue en ese instante, al surgirle sin querer esa duda, que los recuerdos de lo que ocurrió antes de que perdiera el conocimiento regresaron a la mente de Millen.

 Desde el momento en que probó el vino dorado claro que le ofreció Adeline, hasta subir las escaleras con una mala corazonada y encontrarla leyendo su carta de reflexión en la biblioteca de Katia.

 Y, por último…

 —Rene. Ahora ya…

 —¿Ya no me deseas más?

 Hasta arrodillarse ante ella confesando sinceramente su verdad más ruin y miserable.

 Aunque sus recuerdos eran borrosos por haber estado medio inconsciente, había una cosa que recordaba claramente.

 El hecho de que rogó desesperadamente por una sola palabra de respuesta hasta derrumbarse y perder el conocimiento.

 Adeline, con su característico aire elegante y cínico, guardó silencio todo el tiempo. Ese silencio interminable parecía una declaración de que jamás aceptaría a Millen.

 Millen pensó que, en comparación, el momento actual, con los ojos abiertos, se sentía aún más como un sueño.

 A pesar de haberle mostrado lo más bajo de sí, de que ya no lo viera como un ser idealizado.

 Adeline le prestaba sus piernas y le sonreía hasta que se levantara.

 «Estaba convencido… de que ya no me querrías.»

 «Quizás, en verdad, esto sí sea un sueño»

 En medio de su mente que se aclaraba cada vez más, Millen recordó vagamente que, en el sueño, parecía haber sido abrazado por alguien.

 Y también que, tal vez, alguien le había besado.

 «¿Hasta dónde fue ilusión y hasta dónde no?»

 Lo único claro era que la Adeline que le sonreía ahora no era una falsedad.

 Millen se incorporó lentamente y miró a su alrededor.

 Era un escenario familiar.

 Era natural, pues era su propia habitación.

 « …¿Cómo me trajo aquí? »

 De hecho, hay una historia detrás: mientras Millen dormía, Adeline llamó a un sirviente para trasladarlo con esfuerzo. Pero recién despierto, Millen no podía saberlo.

 En ese momento, Adeline, que tomó una taza de té de miel ya fría, puso la copa en la mano de Millen.

 —¿Cómo te sientes? Perdiste el conocimiento por la medicina. ¿Recuerdas algo?

 —Pues… recuerdo que mi cuerpo se sentía extraño.

 —Ah, parece que hubo un problema con el vino que Huberg te dio.

 —¿Qué?

 El rostro de Millen se frunció de inmediato, pero Adeline continuó sin inmutarse y le explicó brevemente lo que sucedió después.

 Que encontró la carta de reflexión en la biblioteca de Katia, que Millen se molestó al verla,

 y que, como el efecto afrodisíaco del vino no se disipaba, su estado fue empeorando hasta que usó el antídoto que tenía para neutralizarlo.

 —Y después… como hacía frío, te llevé a la cama. Si te dejaba allí, se te habría torcido la boca.

 Hasta ahí llegaba la explicación.

 La verdad es que Adeline había estado esperando bastante tiempo a que Millen despertara.

 Claramente había llegado al atardecer a la mansión Belof, y ahora las manecillas se acercaban a la medianoche.

 La razón era simple.

 —Quiero preguntarte algo, Millen.

—Ahora responde con sinceridad. ¿De acuerdo?

TRADUCCION:DURAZNO



TRADUCCIÓN: DURAZNO
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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