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Capítulo 74

En el instante en que el ataque la alcanzó, invirtió el flujo de energía mágica para devolvérselo al emisor.  

Esa era precisamente la función del fragmento de Ilos.  

La fuerza que había intentado distorsionar el flujo del poder de purificación dirigido al corazón de Odelli, ahora se volvía contra quien la había lanzado.  

Al principio, pareció que no ocurría nada.  

Pero en el siguiente momento, una mujer abrió los ojos desmesuradamente.  

Era Veloa.  

Y el fragmento de Ilos comenzó a distorsionar no el poder de purificación de Odelli, sino el maná de Veloa.  

Al mismo tiempo…  

—¡Aaah!  

Un grito estalló.  

Las miradas de todos se dirigieron simultáneamente hacia Veloa.  

Una energía azulada comenzó a brotar de sus dedos, y chispas saltaron del dorso de su mano, marcado con circuitos mágicos.  

Solo entonces, algunos expertos entre la multitud se dieron cuenta:  

—…¡Dios mío, esto es…!  

—¡Es el preludio de un desbordamiento de maná! ¡Debemos detenerlo de inmediato…!  

Veloa, ante una situación totalmente imprevista, quedó paralizada.  

Cuando usó su propio cuerpo como medio, los efectos secundarios que había anticipado eran mínimos: entumecimiento, desequilibrio respiratorio, agotamiento mágico temporal…  

Incluso si fallaba, no sería más que eso.  

Pero que el desbordamiento del poder de purificación que intentó provocar en Odelli se reflejara y se convirtiera en un desbordamiento de maná…  

Eso era algo que ni siquiera había escuchado antes.  

Pero ya era demasiado tarde.  

«Ah…»  

«Ya no hay vuelta atrás…»  

Veloa, incapaz de soportar la reacción mágica, retrocedió instintivamente.  

Venas azules comenzaron a marcarse en su rostro, que había perdido todo color.  

El candelabro que colgaba del techo se balanceó y, de pronto, comenzó a crujir violentamente.  

La vibración mágica se extendió por todo el salón, como si un terremoto lo sacudiera.  

Y entonces…  

¡¡¡KWAAAAANG!!!  

El desbordamiento de maná estalló.  

La energía que brotaba de las manos de Veloa comenzó a comportarse como una bestia descontrolada.  

—¡Agáchense! —gritó Odelli.  

Los invitados se arrojaron al suelo, protegiéndose la cabeza.  

Rayos de luz distorsionada se expandieron desde Veloa, y una de las columnas del salón se quebró y se inclinó.  

Afortunadamente, un mago evitó que se derrumbara por completo, pero el daño no terminó ahí.  

Con un estruendo ensordecedor, el mármol del suelo comenzó a agrietarse, extendiéndose como si corriera.  

El candelabro se inclinó, arrojando fragmentos de vidrio, mientras una onda de choque mágica destrozaba los objetos cercanos.  

—¡Se derrumba! 

 

—¡Huyan!  

Los nobles gritaban, dispersándose en pánico.  

—¡Activen los círculos de defensa! —ordenó Rudville.  

Los magos, que hasta entonces habían vacilado, reaccionaron y comenzaron a lanzar hechizos protectores.  

Se activaron los círculos mágicos previamente instalados en el salón, y escudos envolvieron a cada uno de los invitados.  

Los fragmentos de vidrio y escombros que caían del techo se estrellaron contra los escudos, absorbiendo el impacto y desintegrándose.  

—Uf… —los invitados suspiraron aliviados, pasándose la mano por el pecho.  

Mientras los magos recitaban encantamientos de restauración, el salón comenzó lentamente a recuperar su forma original.  

Aunque el peligro inmediato había sido contenido…  

Los murmullos crecieron entre la multitud.  

—…¿No hay heridos?

—No, parece que no. Gracias a que Su Alteza actuó rápido…

—Pero…  

Todas las miradas se volvieron hacia Veloa.  

En el epicentro del caos, ella permanecía encogida, petrificada.  

Sus ojos azules, sin enfoque, ya no eran normales, y sus labios, más azules que negros, temblaban violentamente.  

El maná, ignorando su voluntad, intentaba devorarla.  

—¿Q-qué diablos pasó? ¿Qué le ocurrió de repente a la princesa? 

—¿Un desbordamiento de maná? ¿Por qué ocurriría eso de pronto…?  

Un mago, con expresión grave, intervino:  

—No se acerquen. La princesa está en un estado peligroso. Podría provocar un segundo desbordamiento.  

—¡¿Eh?! ¡Eso es…!  

—Parece que intentó lanzar un hechizo mal ejecutado… Un desbordamiento de esta magnitud solo ocurre con magia de alto nivel.  

El mago miró a Veloa con suspicacia.  

Era sospechoso que, en medio de un banquete, intentara lanzar un hechizo avanzado y perdiera el control.  

Pero antes de interrogarla, había que detener el desbordamiento.  

—¿Está aquí el príncipe de Kardel?  

El mago buscó con la mirada a Gawain.  

Todos volvieron la vista hacia él, que permanecía al fondo del salón.  

No estaba claro si pretendía aparecer como un salvador en el momento crucial o si retrocedía ante lo imprevisto.  

Su rostro estaba rígido, inmóvil en el rincón.  

Los vasallos del norte que lo rodeaban lo miraban de reajo, susurrando entre sí.  

—¡Príncipe, venga rápidamente! ¡Con magia antigua, podrá suprimir el desbordamiento!  

Magia antigua.  

El poder que purifica todas las impurezas y males del mundo.  

Entre ellos, por supuesto, los efectos secundarios de la resonancia mágica.  

Es decir, la magia antigua podía calmar el desbordamiento.  

Aliviados, los presentes dejaron escapar sus preocupaciones.  

—Ah, claro, el príncipe Gawain está aquí. Me preocupé innecesariamente…

—Oye, tú, deja de estorbar y deja pasar al príncipe.  

Todas las miradas, llenas de esperanza, se clavaron en Gawain.  

Odelli, en el centro del caos, observó brevemente a Veloa.  

Por un instante, sus ojos mostraron compasión.  

No había lugar para la lástima, pues Veloa solo recibió lo que intentó hacerle…  

Pero sabía lo que le esperaba.  

«…»  

Gawain Kardel.  

Era un actor consumado.  

Sabía exactamente qué expresión adoptar en esta situación.  

Debía mostrarse preocupado por su hermana, con gestos de urgencia.  

Y al mismo tiempo, debía lucir sereno, con una sonrisa tranquilizadora.  

Esa era la imagen del “salvador perfecto” que había interpretado hasta ahora.  

Pero su mente estaba en blanco.  

«…Esto no estaba en el plan.»  

Originalmente, Odelli debería haber sido la que perdiera el control.  

Un desbordamiento cuidadosamente orquestado.  

Veloa, actuando como conducto, debía manipular el flujo mágico desde las sombras con la piedra de resonancia.  

Gawain aparecería como el “salvador”, fingiendo calmar el desbordamiento, mientras Veloa lo suprimía en secreto.  

Así, parecería que él lo había controlado todo.  

Ese era su plan.  

Odelli desbordándose, derribando el gran salón, sembrando dudas sobre la estabilidad de su poder.  

Querían difundir la idea de que esta unión era perjudicial para el norte.  

Pero todo se había ido al traste.  

Veloa era la que había perdido el control.  

Incluso si echaban la culpa a un sirviente infiltrado, eso no resolvía el problema actual.  

Las miradas suplicantes clavadas en él.  

La esperanza de que obrara un milagro.  

Pero…  

Gawain no podía detener el desbordamiento de Veloa.  

«…Porque la magia antigua no existe.»  

«Maldición…»  

Su sonrisa se volvió cada vez más forzada.  

La comisura de sus labios temblaba, y sus ojos delataban su turbación.  

«¿Cómo diablos… pasó esto?»  

Y ahora… ¿qué se suponía que debía hacer?  



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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