Capítulo 73
―¿Eh? ¿Qué pasa?
Koi, desconcertado, se incorporó lentamente y salió de debajo de la mesa. Pero no era el único que estaba perplejo. Todos dejaron de charlar animadamente y miraron a Ashley. Incluso Ariel, con expresión de no entender qué ocurría, lo miró y preguntó:
―¿Qué te pasa?
Los demás también tenían rostros llenos de signos de interrogación mientras esperaban la respuesta de Ashley. Pero en ese momento, Ashley solo tenía una cosa en mente:
«Tengo que sacar a Koi de aquí.»
―Ah, bueno, es decir… ―tartamudeó, algo poco común en él, y luego añadió apresuradamente―: De repente recordé una tarea. He faltado a clase varios días, ¿sabes? Y dije que compensaría las ausencias con trabajos.
―…¿Y? ―preguntó Bill, extendiendo los brazos y echando un vistazo a su alrededor. Todos estaban igual de incrédulos. Ashley, con una sonrisa incómoda, continuó:
―Ah, sí, así que ahora no es momento para estar haciendo esto. Tengo que irme rápido y terminar la tarea para mantener mi promedio. Si quiero entrar a la universidad, las calificaciones son importantes, ¿verdad?
―Eh… sí, lo son, pero…
―¡Vamos, Koi!
Ashley, ignorando a Bill, se dio la vuelta y soltó las palabras. Esta vez, todas las miradas se dirigieron a Koi. Koi, que tampoco entendía qué pasaba, parpadeó y se señaló con el dedo. Sin mediar más palabras, Ashley dio unos pocos pasos largos hacia él, le agarró del brazo y…
―¡Ah!
…sin detenerse, lo arrastró consigo. Tardíamente, Ariel se levantó de su asiento y gritó:
―¡¿Qué estás haciendo?! ¡Tenemos que tener una reunión!
―Pueden decidir el uniforme de animadoras entre ustedes y luego simplemente decirnos el resultado, ¿verdad, Koi? ―gritó Ashley al abrir la puerta para salir, y luego miró a Koi y preguntó.
Koi, aturdido, miró a Ashley.
«Si digo que me quedo ahora, Ashley podría pasar una vergüenza….»
―Ah, sí. Claro.
Contrario a su costumbre, respondió con bastante tacto.
―Yo, yo también falté a clases… así que tengo tareas que hacer. Lo siento, Ari. Sea cual sea el diseño, estoy de acuerdo. Lo siento… ―mientras hablaba, Koi fue arrastrado por Ashley. Los que se quedaron miraron la puerta cerrada con rostros de estupefacción, parpadeando. Pero eso no fue todo. De repente, Ashley regresó, agitó varios billetes de 100 dólares hacia un empleado, los dejó sobre el mostrador de la caja cerca de la entrada y volvió a salir.
El silencio envolvió la mesa que habían dejado atrás. Se miraban entre sí, incapaces de comprender la situación, hasta que uno de los chicos del equipo de hockey rompió el silencio con un suspiro de alivio.
―…Menos mal. Pensé que se iban a ir sin pagar.
Otros chicos asintieron y se unieron.
―Yo también.
―Yo también, y habíamos pedido todo lo que queríamos.
―Vaya, menos mal.
―Ashley es un tipo con palabra, después de todo.
―Es un hombre de verdad.
Y luego, volvieron a comer con entusiasmo. Las chicas, incluida Ariel, fruncieron el ceño, exasperadas, pero, por supuesto, eso no fue ningún problema para ellos.
―Por esto es que los llaman gorilas, ¿lo sabían?
Ante el leve reproche de Ariel, Bill, que acababa de devorar toda su hamburguesa, sonrió con suficiencia.
―Di que somos gorilas felices.
Los chicos del equipo de hockey, sonriendo ampliamente, parecían extremadamente felices. Al ver que no tenía sentido continuar la conversación, Ariel negó con la cabeza y se dirigió a sus refinadas hermanas.
―Hablemos ahora sobre los nuevos uniformes de animadoras. ¿Les parece bien a todas?
Después de echar un vistazo a su alrededor, frunció el ceño y ordenó:
―Excepto los gorilas, que se reúnan aquí solo las personas.
***
Ashley, que había arrojado el dinero al azar y salido del local, lo primero que hizo al entrar al coche fue cerrar las puertas con llave. Por eso, Koi, que estaba sentado en el asiento del copiloto esperándolo, se sobresaltó un poco y miró con cautela.
«Otra vez cerró con llave.»
Antes, después de empujar a Koi dentro del coche, había cerrado inmediatamente las puertas y había vuelto al local. Koi, como era de esperar, solo forcejeó con las manijas, pero al no abrirse, se rindió pronto y esperó a Ashley.
Finalmente, al sentarse en el asiento del conductor, Ashley arrancó el coche sin decir una palabra. Koi no podía entender por qué Ashley actuaba así, así que se limitó a observarlo con cautela.
Ashley no abrió la basta hasta después de un rato de haber salido a la carretera.
―¿Quién era ese de antes?
―¿Ese…? ―preguntó Koi con cuidado.
Ashley guardó silencio por un momento, y luego, de repente, apretó los dientes. Koi se sobresaltó por el áspero crujido y, sin darse cuenta, se pegó contra la puerta. Ashley lo miró de reojo, bajó la vista, verificó que la puerta estuviera bien cerrada y volvió a hablar.
―Ese que estaba sentado a tu lado. Parecía estar muy cerca de ti.
―Eh… ―Koi, que había estado buscando en su memoria, ladeó la cabeza.
«¿De cuál de los que estaban a mi lado estará hablando?.»
―El derecho ―espetó Ashley.
Koi entonces lo entendió.
―¡Ah, Whitney? Es una chica que hace cheerleading conmigo.
«Qué extraño. ¿Ashley no conoce a Whitney?.»
Oyó que el equipo de cheerleading y el de hockey se llevaban bien y se conocían bien, pero Koi se preguntó si Ashley era la excepción. Pero antes de que pudiera preguntar, Ashley habló primero.
―No hace mucho que empezaste el cheerleading, ¿y ya te has hecho tan amigo de las demás?
―¿Eh? Eh… ―Koi parpadeó y luego respondió con honestidad―: Yo soy muy torpe… Pero ellas me enseñan bien y son amables conmigo. Todas son buenas chicas, así que…
Mientras hablaba, no pudo evitar esbozar una sonrisa. Le vinieron a la mente los rostros de las chicas del equipo de cheerleading, que siempre lo animaban y le decían que podía hacerlo, y su corazón, que había estado inquieto hasta hace un momento, se calmó. Por supuesto, entre ellas estaba Ariel. Con su expresión estricta, gritándole: “¡Te faltan músculos!.”
Al recordar esa imagen, sin querer, se rió en voz baja. Eso volvió a irritar a Ashley.
―Parece que con solo pensar en esa chica te pones contento, ¿eh?
―¿Eh? Eh… ―Koi respondió sin pensar mucho.
―Bueno, es que… nunca antes había estado tan cerca de chicas… Al practicar juntos… es que, las veo un poco más de cerca, ¿sabes? No sabía que las chicas fueran así, quiero decir, bueno, no sabía nada sobre las chicas.
La voz de Koi, haciendo explicaciones innecesarias, se volvió gradualmente más brillante. A diferencia de lo habitual, ni siquiera tartamudeaba y, sin darse cuenta, las palabras fluían con facilidad.
―Son amables, lindas y tienen una gran camaradería. ¿No es increíble? Tú ya lo sabías desde antes, ¿verdad? Estoy muy contento de haberlo descubierto, aunque sea ahora…
Al volverse para mirar a Ashley con los ojos brillantes, de repente Ashley giró el volante bruscamente. Koi, asustado, no pudo terminar su frase y gritó. Aunque llevaba el cinturón de seguridad, su cuerpo se sacudió. Ashley detuvo el coche en el arcén y encendió las luces de emergencia.
JADEANTE, JADEANTE.
Koi, por la situación que se había desarrollado en un instante, ni siquiera podía pensar en lo que estaba pasando. Mientras se frotaba el pecho, asustado, Ashley se desabrochó el cinturón de seguridad y se volvió hacia él.
―¿Y por eso la besas? ¿Justo delante de mis ojos?
Ante la voz áspera, Koi, que hasta entonces solo jadeaba, se sobresaltó y, sin querer, alzó la voz.
―¿¡Besos!? ¿¡Yo!? ¿¡Por qué!? ¿¡A quién!? ¿¡Cuándo!?
«No puedo creerlo. ¿Mi primer beso me fue arrebatado sin que yo lo supiera? ¿Con quién? ¿Cuándo pasó eso?.» Ashley miró de reojo a Koi, que había palidecido, y luego, mirando al frente, dijo con rabia:
―Esa que estaba sentada a tu lado. Te dio un beso en la mejilla.
―¿Quién? ¿A mi lado?
―¡Whitney! ―gritó Ashley, exasperado.
Koi, que se había encogido de hombros al instante, tragó saliva con retraso.
―¿¡Un beso!? ¡Qué dices! ¡Eso nunca pasó, solo fue un roce!
―Yo lo vi.
―¡Te digo que no! ¡Lo viste mal!
Ashley lo miró con el rostro lleno de enojo. Por alguna razón, no parecía creerle en absoluto. Koi, incapaz de soportar la injusticia, habló con impaciencia.
―Es en serio, ella dejó caer algo al suelo y cuando se agachó para recogerlo, nuestras caras solo se rozaron. Lo de un beso es ridículo.
Koi lo negó enfáticamente, pero la expresión de Ashley no cambió en absoluto. Todavía tenía razones para estar enojado.
―¿Y se metieron juntos debajo de la mesa?
―¿Eh?
Koi vaciló un momento y luego, atónito, abrió y cerró la boca.
«¡Esto es increíble!.»
―¡Te lo dije, que se le cayó algo! Iba a ayudarla a recogerlo. ¡No hay razón para que te enfades por eso!
Se sintió tan injustamente tratado que le picó la nariz. Ashley, todavía sin dejar de sospechar, lo miró fijamente y preguntó:
―¿No pensaste en nada? ¿Que solo te metiste para recogerlo?
―¡Sí!
Hasta ahí llegó Koi, y entonces, de repente, la indignación se apoderó de él y, sin darse cuenta, gritó:
―¡Tú también te reíste y hablaste con Ari! ¿Por qué a mí sí me lo preguntas?
Por primera vez, Ashley vaciló.
Robin: andele por wuei!!

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R