Capítulo 71
El sonido de una trompeta resonó, seguido por el anuncio del maestro de ceremonias:
—¡Sus Altezas, el Gran Duque y la Gran Duquesa, hacen su entrada!
Sobre el tapete rojo, Odelli observó a la multitud de nobles cuyas sonrisas escondían expresiones diversas. Una melodía suave de cuerdas llenó el aire, acompañada por aplausos y vítores. Con una sonrisa protocolaria, avanzó entre la gente.
La verdad era que este tipo de eventos no le resultaban familiares. Pero, a diferencia de ella, Rudville a su lado parecía completamente impasible. Ni siquiera les concedió una mirada a los nobles que lo observaban. Sus ojos permanecieron fijos únicamente en Odelli, como un hombre perdidamente enamorado. O, quizás, como si estuviera actuando un amor obsesivo hacia ella, preparando el escenario para el último acto que sellaría su relación ante todos.
«Aunque “actuar” es un término generoso para algo tan intenso…»
Sentía que su mirada podría perforarla. Finalmente, Odelli, incapaz de soportarlo más, cedió y habló:
—¿Acaso sigues enfadado conmigo?
—…No.
—Pero tu mirada dice lo contrario.
—Solo estoy interpretando mi papel, ya que todos nos observan.
Ella contuvo un suspiro.
—Si tienes algo que decir, prefiero que lo hagas ahora.
Más vale recibir el golpe pronto.
Rudville no respondió de inmediato. Permaneció en silencio, como si eligiera sus palabras con cuidado, antes de contestar con voz baja y serena:
—No. Hablaremos después.
—¿Por qué?
—Si discutiéramos aquí y ahora… temo que olvidaría la gravedad de la situación.
—…
Entendió al instante. Él evitaba deliberadamente mencionar el asunto del anillo. Después de todo, estaban en medio de un banquete lleno de invitados alegres, y aún tenían a Kardel como enemigo inmediato.
«¿Hasta qué punto planea presionarme?.»
Odelli, que había intentado evadir el tema, sintió un escalofrío. ¿Debería huir apenas terminara la ceremonia? Pero no tenía adónde ir, compartirían la misma habitación esa noche.
«Mmm….»
Después de un momento de conflicto interno, decidió ignorarlo. Optó por la solución más conveniente: postergar y evitar el tema. En cuanto a Rudville… lo sentía, pero no podía ocuparse de él ahora. La boda había concluido sin incidentes, y aún quedaban asuntos pendientes.
Tras los discursos y los brindis, comenzó el banquete. Decenas de copas de vino chocaron, llenando el aire con su sonido cristalino, mientras los platos humeantes se alineaban sobre la larga mesa. Entre ellos, Odelli apenas mojó sus labios con el champán rosado y escudriñó discretamente el lugar.
Entonces la encontró.
Una figura que destacaba incluso entre la nobleza más distinguida: Veloa.
Impecablemente vestida, erguida y con una sonrisa refinada, su actitud le resultaba familiar. La postura de alguien que había vivido siempre bajo la mirada ajena, cuidando de no manchar el honor familiar.
En ese instante, sus ojos se encontraron en el aire.
—Hermana Veloa.
Odelli fue la primera en acercarse.
«Hermana….»
Un título que nunca antes había pronunciado, tan extraño en sus labios.
—Odelli… no, debo llamarte “Su Alteza la Gran Duquesa” ahora —respondió Veloa sin perder la compostura, su sonrisa perfectamente dibujada—. La ceremonia ha sido magnífica. Les deseo a ambos una vida llena de bendiciones y paz junto al Gran Duque.
Era un saludo impecable, incapaz de provocar el más mínimo reproche. Mentiras descaradas y sonrisas falsas para ocultar la grieta entre ellas.
Odelli decidió arrojar una piedra en aquel teatro absurdo.
—¿Qué te trae por aquí sola? ¿Dónde está nuestro hermano Gawain?
—…
Por un segundo, la sonrisa de Veloa se tensó. Pero se recuperó al instante.
—…Nuestro hermano siempre está ocupado. Su posición conlleva muchas responsabilidades.
«Hmm.»
Odelli pensó que Veloa no había cambiado.
Tan meticulosa como siempre… y, además:
«Sigue esclavizada por Gawain.»
Ese era su único defecto. Vivir adorando a Gawain y a la familia Kardel como si fueran una religión.
Veloa la había pisoteado incontables veces: la encerró en los calabozos del templo, la ató con runas mágicas y, en otra vida, la llevó a la hoguera acusándola de brujería.
Sin embargo, a pesar de toda su maldad, hubo una persona a la que Veloa jamás traicionó: Gawain.
«Bueno, en realidad, es la familia Kardel en sí.»
Los Kardel siempre presentaron a Gawain como el heredero, el enviado de los dioses, el salvador del Imperio. Y Veloa había seguido fielmente sus designios.
Pero, irónicamente, Gawain siempre la traicionó.
Todo el daño que Veloa le hizo a Odelli… lo recibió de vuelta de Gawain. Él la convirtió en villana para proteger su propio poder.
Quizás por eso… Odelli no la odiaba tanto.
Claro, no significaba que perdonara sus crímenes. Pero…
«Qué vida tan vacía.»
Una existencia sin identidad, moviéndose como una marioneta. Ni siquiera por ambición, como Gawain. Simplemente aceptaba todo en nombre de los Kardel.
Se convertía en herramienta, sin obtener nada a cambio.
Esa persona no le inspiraba ira. No le resultaba repulsiva como Gawain, ni deseaba destruirla.
Hubo una vez, en otra vida, en que Veloa la ayudó.
Gawain agonizaba, víctima de una enfermedad… pero el templo no podía tratarlo.
Era sífilis, un diagnóstico vergonzoso para el supuesto “elegido” de los Kardel.
Para ocultarlo, decidieron sacrificar a Odelli. Extraerían toda su energía purificadora para salvarlo, aunque las probabilidades fueran mínimas.
El día que la arrojaron al círculo mágico, Veloa apareció en el calabozo.
—Levántate.
—Escapa por ese pasadizo y ve a la puerta trasera. No habrá guardias ahora.
—Dicen que un caballero llamado “Ru” te espera.
Al decirlo, le entregó una pequeña bolsa de tela. Dentro había hierbas medicinales y unas monedas de oro.
Era la primera vez que Veloa desobedecía a los Kardel.
Nunca supo por qué.
Tal vez calculó que Gawain no sobreviviría, incluso con el sacrificio.
Aunque las probabilidades fueran bajas, existía una posibilidad… y aun así, eligió ayudarla.
—Al fin y al cabo, solo te quedan unos años de vida.
Fingió que la liberaba por lástima, pero la verdad era que Veloa asumió un riesgo al salvarla.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD