Capítulo 70
El nombre de las piezas o las reglas básicas… todo lo había memorizado apresuradamente en los últimos dos días. Sin embargo, aun así, la razón por la que eligió el ajedrez fue solo porque determinó que era la única manera de derrotar a ese hombre arrogante.
—Por supuesto, no era para nada un método honesto.
[—Ah, ahh. ¿Puede oírme?]
Sacó el dispositivo escondido bajo su ropa, presionó un botón y emitió un sonido. Entonces, se escuchó una voz proveniente del artefacto colocado en su oído.
—Sí, estoy aquí en espera.
Después de confirmar que podía comunicarse correctamente, Chrissy volvió a ajustar minuciosamente su ropa para ocultar el dispositivo y arregló su apariencia. El mundo está repleto de personas dispuestas a hacer cualquier cosa con solo pagarles. De entre todas, Chrissy necesitaba a alguien que no se metiera en asuntos ajenos y para quien solo importara recibir el pago adecuado; y este hombre era justo esa persona.
—¿Puede ver bien?
Se puso los lentes de contacto preparados de antemano y miró al espejo.
El hombre respondió: [—Dos, acabo de ver tres.]
Chrissy asintió brevemente tras levantar los dedos para indicar los números y realizar la verificación final, y añadió un recordatorio.
—Solo necesita indicarme la posición a donde debe moverse la pieza, tal como aparece en la computadora. El pago restante se transferirá dentro de una hora después de que termine la partida.
[—De acuerdo.]
El hombre respondió de inmediato y cerró la boca. Que no dijera palabras innecesarias también le agradaba. Chrissy, tras exhalar una vez y tomar un respiro profundo, giró y salió.
Nathaniel Miller ya estaba sentado esperando en la sala de juego. Su postura relajada, reclinado en el respaldo de la silla, con las piernas cruzadas y fumando un cigarrillo, parecía más cómoda que nunca.
«Claro, era natural, ya que si las cosas salían mal, quien tendría que quitarse la ropa no sería él», pensó Chrissy para sus adentros, y se sentó frente a él. Sobre la mesa había sendas copas con sus bebidas y un tablero de ajedrez finamente tallado. Al fijar la vista inconscientemente en él, Nathaniel comentó como si no fuera gran cosa:
—Es una reliquia que dejó mi abuelo.
Robin: Hay no!!
Al oír eso, Chrissy dirigió la mirada hacia una caja colocada en un extremo, bajo la mesa. Forrada en piel de cocodrilo, sin duda sería el estuche que contenía este juego de ajedrez. Tanto el tablero, con su estructura de madera perfectamente ensamblada y los intrincados diseños que cubrían sus cuatro bordes, como las piezas doradas, incluso para el ojo de un lego como él, era evidente que se trataba de un objeto de un valor exorbitante.
«Si por casualidad lo dejara caer y llegara a dañarlo en algún lugar…»
Aunque era solo una suposición, un rincón de su corazón se enfrió. Chrissy, fingiendo indiferencia ante sus manos que se enfriaban por la tensión, miró a Nathaniel.
—¿Empezamos, entonces?
—Qué impaciencia.
Aunque deseaba terminar este juego rápidamente, Nathaniel no pensaba igual. Este alzó la copa de whisky frente a él y propuso:
—Primero brindemos.
—¿Por qué?
Al preguntar Chrissy con el ceño fruncido, Nathaniel dudó un momento, dijo “Vaya”, entrecerró los ojos y esbozó una sonrisa burlona.
—Para que se cumpla lo que usted desea.
Chrissy, con expresión impasible frente al rostro del hombre que claramente se burlaba de él, alzó su copa de agua como si fuera un brindis hacia el aire.
—Para que llegue el día en que usted se arrepienta de su pasado.
—Ja.
Nathaniel soltó una risa breve. Sin molestarse en averiguar si era por incredulidad o una risa genuina, Chrissy bebió un poco de agua y dejó la copa.
—Entonces, ¿quién empieza primero?
A la pregunta de Chrissy, Nathaniel respondió con calma:
—Sigamos el método tradicional. Yo elijo cara.
Sacó una moneda, como si la hubiera preparado de antemano, y habló.
Chrissy asintió levemente. No le importaba quién empezara. Después de todo, quien realmente jugaría al ajedrez no sería Chrissy, sino la I.A.
Nathaniel lanzó la moneda al aire y la atrapó; al abrir la palma, la moneda mostraba la cruz. Nathaniel dejó la moneda, que ya había cumplido su propósito, sobre la mesa y tomó las piezas negras. Por casualidad, las doradas correspondieron a Chrissy. Este, con cuidado de no rayar el tablero, fue colocando las piezas una por una.
[—Espere, la posición del alfil y el caballo están cambiadas.]
De repente, sonó una voz en su oído. Al darse cuenta de que, por el nerviosismo del momento, había colocado mal las piezas, fingió indiferencia y corrigió su posición.
—¿Cuánto tiempo hace que juega al ajedrez? —preguntó Nathaniel mientras movía una pieza. Chrissy respondió según el guión preparado:
—No mucho, recientemente le agarré el gusto.
Ser vago en la respuesta reducía el riesgo de contradecirse después. Por supuesto, ya estaba mentalmente preparado para las burlas de ese hombre, ante el desafío de un novato como él al ex campeón de ajedrez. Pero, en lugar de burlarse, Nathaniel, con tono aún sereno, preguntó:
—¿Recientemente? ¿Un año? ¿Seis meses?
Ante esto, no tenía más remedio que responder con más claridad. Pero Chrissy, en lugar de caer en su astucia, sonrió y devolvió la pregunta:
—¿Ya está empezando la partida? Me parece que aún no ha colocado todas las piezas.
Tras lanzar una mirada furtiva al tablero opuesto y volver a mirar a Nathaniel, este, sin hacer ruido, levantó la comisura de los labios y colocó el rey. Luego, Nathaniel fijó sus ojos en Chrissy a través de la mesa.
—Entonces, empecemos.
Chrissy contuvo brevemente la respiración y miró el tablero. Tras ojear rápidamente la pantalla, movió su peón a E4, como habían planeado. Nathaniel respondió de inmediato, sin demorarse en absoluto. Al ver que movía su peón tan pronto como Chrissy colocaba su pieza, este se sintió inquieto internamente.
«Será porque es el inicio», pensó, pero lo mismo ocurrió en los siguientes movimientos. Nathaniel colocaba sus piezas de inmediato, como si hubiera estado esperando. Era una velocidad que parecía negarle a Chrissy cualquier oportunidad de pensar. Si no fuera porque una I.A. estaba jugando por él, quizás habría entrado en pánico.
Y, tras solo unos pocos intercambios ofensivos y defensivos, el peón de Chrissy cayó.
—Ah.
Casi dejó escapar un suspiro. Pero era una pérdida calculada. No podía obtener solo lo que deseaba sin sacrificar nada.
—¿Qué me quito? —preguntó Chrissy con indiferencia. Nathaniel, que había capturado el peón de Chrissy y lo había sacado del tablero, respondió con una leve sonrisa:
—Supongo que sería mejor que se quitara la chaqueta primero. También le ayudará a relajarse.
Sin decir palabra, Chrissy se levantó, se quitó la chaqueta que llevaba puesta, la dobló con cuidado y la dejó en el asiento contiguo.
—Pensé que me diría que me quitara los calcetines primero.
Al sentarse, provocó deliberadamente con una sonrisa burlona. Nathaniel, sin mostrar ninguna señal de turbación, lo miró con su tenue sonrisa aún en los labios.
—Prefiero guardar lo mejor para después.
—Jaja.
—Chrissy rio solo con la boca, sin reír en absoluto.
El juego continuó. Esta vez, Chrissy capturó el caballo de Nathaniel. Inmediatamente, fue al grano.
—Quiero información sobre un detective llamado Simmons. ¿Sigue con vida?
No podía descartarse la posibilidad de que respondiera “No conozco a ese hombre”. Pero Chrissy estaba seguro de que Nathaniel Miller no haría eso. Porque querría hacer el juego más interesante.
Como esperaba, Nathaniel habló con calma:
—Probablemente siga con vida. Aunque no puedo asegurarlo.
—Entonces… —Intentó preguntar más, pero Nathaniel movió su torre de inmediato. Chrissy, sin remedio, cerró la boca y se limitó a hacer su siguiente movimiento. Por un momento, solo se escuchó el monótono sonido de las piezas siendo colocadas en el silencio.
—Vaya, he perdido otra pieza.
Cuando Chrissy derribó su peón, Nathaniel habló con falso pesar. Por supuesto, no era sincero. Chrissy lanzó otra pregunta a ese hombre arrogante que tan fácilmente soltaba palabras vacías.
—¿Sabe dónde está el detective Simmons? O, ¿puede averiguarlo?
—Digamos que puedo averiguarlo.
Esta vez, el juego también continuó de inmediato. El tiempo parecía fluir sin problemas. Hasta que Chrissy apuntó al alfil de Nathaniel.
Al mover la torre según las indicaciones, de repente sintió una sensación extraña. A diferencia de hasta ahora, Nathaniel, en lugar de mover su pieza, observaba en silencio el rostro de Chrissy. Cuando Chrissy lo miró desconcertado, Nathaniel esbozó una sonrisa enigmática. En el momento en que un escalofrío recorrió su espalda, Nathaniel movió de repente su caballo y la situación cambió. En el instante en que la torre de Chrissy capturaba el alfil de Nathaniel, el caballo capturó la torre. En ese momento, una voz alterada sonó en el oído de Chrissy:
[—Ese tipo sabe lo que vamos a hacer después.]

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA