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Capítulo 7

―Bueno, ¿cómo te va el trabajo estos días?  

Mientras comíamos los platos que habíamos pedido, mi madre me hizo esa pregunta. Yo respondí sin levantar la vista del plato.

―Sigue igual… No hay nada que haya cambiado, la verdad.

Como me pareció que sonaba demasiado frío, me forcé a añadir una sonrisa. Pero fue inútil, y un incómodo silencio se instaló sobre la mesa. Era inevitable. En un encuentro que era solo por obligación, no podía haber más sinceridad que esa.

―Debe ser duro. Cuídate para que no afecte tu salud.

Incluso ante las amables palabras de mi madre, me limité a responder con un breve Sí. Por un rato, solo se escuchó el leve ruido de los cubiertos. Fue mi madre quien sacó un nuevo tema de conversación.

―¿No hay alguna chica que estés viendo?

Era una pregunta que ya esperaba, así que di la misma respuesta de siempre.

―Estoy muy ocupado.

―Aun así, ya es hora de que busques a alguien con quien casarte.

Ante sus palabras preocupadas, le mostré una sonrisa suave para tranquilizarla.

―Lo intentaré.

Normalmente, con eso mi madre solía dejar el tema. Esta vez no fue la excepción, y al ver que decía Bueno y se dirigía a mi padre, volví a bajar la mirada. Mi madrastra, como muchos estadounidenses, era una cristiana devota y creía que un hombre Beta, por supuesto, debía encontrar una mujer adecuada, casarse y tener hijos.

Dado que ellos también eran Betas, quizás era una conclusión natural. Para ella era inimaginable que su hijastro, siendo Beta, fuera homosexual. A menos que fuera un Alfa o un Omega, era absolutamente impensable que se acostara con un hombre.

«Además, como los Betas no pueden tener hijos, no deberían practicar la homosexualidad, que va contra el designio divino.»

Si yo llevara a casa a un Omega como pareja matrimonial, quizás la cosa cambiaría. Claro, no sería recibido con tanto entusiasmo como si llevara a una mujer. Pero yo era un Beta total, así que eso también era imposible.

«Por desgracia, ella nunca llegará a ver a sus nietos.» 

Nunca me había excitado ni una sola vez con una mujer. Aunque era algo que realmente lamentaba por ella. Pero no era solo mi culpa. Arbitrariamente, yo mismo había diagnosticado que probablemente las experiencias de mi infancia habían influido mucho en mis preferencias sexuales. 

«Aunque, ahora, de qué servía pensar en eso.»

El silencio se fue alargando. Necesitaba sacar un nuevo tema de conversación, pero no se me ocurría ninguno. Al notar que llevaba un anillo diferente al de siempre, finalmente pude abrir la boca.

―¿Es nuevo? ―pregunté, fijando deliberadamente la vista en su rostro.

Ella miró su mano y sonrió levemente.

―Sí, tu padre me lo regaló por nuestro aniversario de boda. Es mi piedra de nacimiento, ¿te gusta?

Mi madrastra, con una sonrisa, tomó amablemente la mano de mi padrastro. Como no quería ver en absoluto el rostro de mi padrastro, mantuve la mirada solo en el perfil de mi madre.

―Le queda muy bien.

―Gracias.

Fue mi padrastro quien respondió. Sin querer, desvié la mirada y, por primera vez en la noche, me encontré con su rostro. Al cruzarse nuestras miradas, mi padrastro me mostró una sonrisa de una bondad incomparable. Mientras veía ese rostro, yo también le devolví la sonrisa, pero nadie notó que por dentro «casi le clavo el cuchillo que tenía en la mano en el cuello.»

***

―Cuídate, Chrissy.

Después de una cena que se sintió interminable, por fin pude salir del restaurante. Frente al lugar, mi madre me dio un ligero abrazo. Esta vez no podía ignorar la mano que me tendía mi padrastro.

Con los guantes puestos, casi rozando, tomé su mano y la solté de inmediato. Pero aun así, la sensación de tocar su mano quedó marcada con demasiada claridad en mi piel. No era como antes, que quería cortarme la zona que había tocado, pero en su lugar sentí unas ganas locas de lavarme.

No pude contener el impulso y pronto me sentí inquieto. 

«Tengo que embotar esta sensación frotando una y otra vez. Vamos, rápido.» 

Ocultando mis verdaderos sentimientos, sonreí como siempre.

―Bueno, nos vemos el mes que viene.

Tras despedirme, subí con calma al coche. Antes de agarrar el volante, me quité los guantes apresuradamente. Los guantes, tirados sin cuidado, irían a la basura en cuanto llegara a casa.

Ya eran pasadas las 10 y los coches en la calle habían disminuido considerablemente. Arranqué sin prisa. Mis padres se alejaron en el espejo lateral. Pronto desaparecieron de mi vista, pero aun así sentí que me faltaba el aire.

La irritación me invadió. 

«Ya han pasado más de diez años. Y aún así, con solo ver a ese hombre, me altero tanto.» Lo que más rabia me daba era que a él no le importaba en absoluto. Para nada, como si no tuviera nada que ver con él, como si fuera inocente.

«Solo yo sufro.»

―¡Maldición…!

Fue cuando golpeé el volante con el puño.

De repente, un Jaguar negro se cruzó. Al meter la cabeza de la nada, me asusté y pisé el freno.

Pero ya era tarde. El coche ya no podía detenerse.

¡BANG!

Embistió el coche con un sonido estridente. Sentí un zumbido y una vibración por todo el cuerpo. Me quedé sentado aturdido, sin entender lo que había pasado.

Solo después de unos segundos de vacío me di cuenta de que había tenido un accidente.

―¡…!

Solté un improperio, me desabroché el cinturón y salí del coche. Me dolía el pecho. Mientras sentía un escozor punzante en la zona donde había estado el cinturón, me frote el pecho con la mano.

El Jaguar seguía allí. Caminé decidido hacia el coche negro agachado en la carretera. Ignorando la abollada trasera del coche golpeado por mi cacharro, golpeó con el puño la ventanilla del conductor, que estaba muy bronceado.

―¡Sal, cabrón!

Con una mano me frotaba el pecho y con la otra golpeaba la ventanilla, y la vibración me llegó directamente.

«Joder, me duele.»

Hice una mueca inconscientemente y esperé una reacción. Aunque el cristal oscuro no dejaba ver bien el interior del coche, pude ver que el conductor se movía. Con una lentitud que me sacaba de quicio, se desabrochó el cinturón y abrió la puerta.

En ese momento, entre el aire urbano lleno de smog, pasó una fragancia dulce e imposible.

Lo primero que vi fue el pelo blanco plateado. Por un instante, tuve la ilusión de ver una llanura nevada fuera de lugar.

―…Sí, entonces hazlo así.

El ruido urbano que rozaba mis oídos desapareció lejanamente y solo la voz baja del hombre me llegó a los oídos.

—Ah.

Colgó el teléfono con un breve suspiro y me miró. Tuve que levantar la barbilla todo lo posible para encontrarme con sus ojos, ya que era muy alto. En el momento en que mis ojos se encontraron con sus profundas pupilas púrpuras, fruncidas con fastidio, tragué saliva sin querer.

―…Fiscal Chrissy Jin.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA


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