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Capítulo 68

¿Qué tiene de bueno sonreír así?    

Una joven, incluso una rubia, que se aferraba a Millen con tanta insistencia, era la primera cosa incomprensible que él había encontrado en su vida.

Millen suspiró, incapaz de entender a Adeline, y la levantó suavemente en brazos. Luego regresó a la mansión y preguntó:

—Adeline, Huberg quería jugar contigo. ¿Por qué sigues persiguiéndome? Jugamos con Hu antes.

—Y me gusta más Millen que Hu.

Millen rió disimuladamente ante esas palabras, sin darse cuenta.

—Mentiras.

—¡No, es verdad!

La joven agitó la mano, sorprendida, sin pensar que sus palabras serían rechazadas.

—Entonces dime, ¿por qué te gusto?

—Umm… Millen es guapo. Es el más guapo.

Incluso de pequeño, Millen tenía una apariencia bastante neutral, pero de joven, cuando aún no había desarrollado del todo sus huesos, sus ojos redondos y su suave cabello plateado resaltaban aún más, creando una apariencia atractiva. Él mismo no estaba particularmente impresionado, pero no estaba mal oírlo. Sin embargo, eso no significaba que la conversación se suavizara.

—Todos lo dicen como saludo. No es nada especial.

—Pero Millen, eres la persona más guapa que conozco. ¡Y eres amable y, eh, genial!

Millen resopló al ver que el tema de la apariencia seguía surgiendo.

—Antes dijiste que era bonito. ¿Y ahora soy guapo? Dímelo sinceramente. ¿No estarás pegando las palabras sin pensar?

—¡No! Ya te dije que se puede ser bonito y guapo a la vez.

—Bueno, dejemos eso. ¿Qué más?

De algún modo le resultaba gracioso cómo las respuestas salían como pinchazos, así que Millen no dejaba de presionarla.

Pero esta vez parecía que realmente se había quedado sin respuestas. Su rostro redondo pronto se tornó afligido. Adeline jugueteó con sus manos, que tenía cruzadas, y luego agarró con fuerza el borde de la ropa de Millen.

—No lo sé. ¿Tiene que haber una razón? Es que a mí simplemente me gusta estar así contigo.

En ese momento, Millen se detuvo en seco.

—¿En serio? ¿Te gusto?

«¿No te disgusto? ¿No te doy escalofríos? Mi madre siempre decía que yo era alguien que no debería existir. Que no debería haber nacido. Pero, ¿de verdad te gusto?»

Preguntas que no se atrevía a pronunciar revoloteaban en su boca, haciéndole cosquillas en la punta de la lengua. Si el silencio se hubiera prolongado un poco más, seguramente no habría podido contenerse y habría soltado alguna de ellas.

Sin embargo, Adeline, ante la pregunta retórica de Millen, asintió con la cabeza sin la más mínima vacilación.

—¡Sí! Me gustas, Millen.

En un momento normal, se habría reído diciendo que eran tonterías, pero por alguna razón, en ese instante, no le apetecía hacerlo.

Cada vez que la muchacha asentía con la cabeza, su rubio dorado brillante se movía siguiendo el gesto. Sus redondos ojos verdes centellearon hacia él. ¿Acaso el calor de su abrazo había sido siempre tan reconfortante?

Cuando Adeline enumeraba diligentemente las razones por las que lo quería, no podía evitar sentir desconfianza y le parecía mentira. Sin embargo, cuando finalmente respondió que no había ninguna razón en particular, irónicamente, fue entonces cuando pudo creerle. Aunque, en realidad, decir que “pudo creerle” no era del todo adecuado. Más bien, fue entonces cuando “pudo creer”.

Si un resultado tiene una causa, al eliminar la causa, el resultado también desaparece.

Si Millen la quería por una razón, entonces el día que esa razón desaparezca, sus sentimientos también lo harían.

Pero ¿que no haya ninguna razón por la que le gustaba? Eso, precisamente…

«Suena como si dijeras que me seguirás queriendo para siempre.»

En ese momento, Millen sintió que entendía lo que significaba que el corazón se hinchara de felicidad. Si soltara el aire que llenaba sus pulmones, estallaría en una carcajada.

Así que esto es, esta sensación es querer reír a carcajadas.

Como nunca lo había experimentado antes, no lo había reconocido. Millen soltó una risita breve y luego preguntó:

—Entonces, Adeline, ¿soy tu favorito de todas las personas?

—Eh… pues no. Mi favorito es papá. ¡Y después Carlyle!

—¿Quién es Carlyle?

—Un chico que se parece a ti.

—Entonces tendré que superarlo también. Parece que tendré que esforzarme para convertirme en el número uno.

No había sarcasmo en su murmullo, como si bromeara. Era pura alegría.

Sentía un hormigueo en las yemas de los dedos de las manos y pies, y no podía evitar apretar los puños. Si no hubiera estado cargando a Adeline en ese momento, habría salido corriendo de inmediato. Y le habría dicho a Katia: “Te equivocas, madre. Adeline dice que le agrado.”

Durante todo el tiempo que sufrió castigos, nunca había albergado pensamientos de cuestionamiento o rebelión. Bajo los reproches de Katia, Millen llegó a creer que esos castigos eran lo que merecía. Entre tantas palabras violentas, era terriblemente difícil pensar lo contrario. Pero ahora, en este momento…

Adeline había plantado una semilla de duda en la mente de Millen. Las palabras de Katia estaban equivocadas; en este mundo había alguien a quien le agradaba Millen.

Alguien dijo una vez que las personas nunca olvidan a quienes les ayudaron a expandir su mundo. Para Millen, esa persona era Adeline.

Ella le mostró afecto y le enseñó que podía ser amado. Desde el principio hasta ahora, fue una relación que existió porque Adeline lo quiso primero.

Y ahora…

«Yo también necesito desearla primero.»

Hoy, en el momento en que vio a Adeline bajando del carruaje, su sofocante respiración se alivió. En ese instante lo comprendió: si ahora Adeline no estaba a su lado, viviría el resto de su vida como un inválido. Se marchitaría bajo el sol abrasador como un pez arrojado a tierra seca. La paciencia que lo había sostenido hasta ahora se sentía más clara que nunca, pero también más agotada.

—Es el límite.

Esa fue la razón por la que Millen decidió confesarse.

En realidad, ¿cómo podría Millen no haber deseado a Adeline alguna vez?

En varias ocasiones, sintió cómo se le secaba la lengua por las ganas de decir esas palabras. Sin embargo, para expresar un anhelo, primero hay que mostrarse vulnerable.

Al igual que hay que presentar primero una copa vacía antes de pedir que la llenen de agua, todo anhelo exige revelar primero el propio vacío. Esto era lo que siempre lo hacía dudar. Incluso ahora, mientras esperaba a Adeline decidido a confesarse, seguía igual. La razón era simple:

«Lo que Adeline siente por mí no es simple afecto.»

Si no hubiera llegado a darse cuenta de qué más se mezclaba en esos sentimientos, esta confesión no le habría resultado tan difícil. Pero Millen lo sabía: lo que Adeline albergaba por él era más admiración y anhelo que amor.

Incluso si en algún momento esa admiración hubiera florecido como amor, su fundamento seguía siendo el mismo.

Millen también entendía la razón detrás de esa mirada llena de anhelo.

La única carencia de Adeline.

Un hogar armonioso y cálido. Un padre afectuoso, una madre gentil e incluso hermanos: esa debía ser la imagen que Adeline tenía de la familia del Marqués de Bellof, como sacada de un cuento.

El talento puede alcanzarse con esfuerzo, pero jamás se podrá llenar con empeño el vacío de una familia que nunca se tuvo.

Así que no era difícil imaginar cómo se vería Millen a los ojos de Adeline.

La perfecta compensación de su carencia o lo que llamamos “idealización”.

Esa era la verdadera naturaleza del cariño que albergaba Adeline.

Solo había una diferencia con quienes suelen idolatrar: lo que Adeline veneraba no era un dios, sino un ser humano.

Y por eso, ese frágil ídolo se haría añicos al primer rasguño.

«Ese no era más que otro yo.»



TRADUCCIÓN: ANTO 15
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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