Capítulo 66
El contacto de Simmons llegó tres días después. Era un momento perfecto, justo cuando yo continuaba varias investigaciones basándome en la información que había obtenido de antemano.
[—¿Podemos vernos ahora mismo? Yo me acerco hasta donde esté usted.]
Ante la voz del detective, que sonaba apresurada por alguna razón, Chrissy respondió con calma.
—Pronto saldré del trabajo, así que venga a mi casa.
[—De acuerdo. Iré sobre las ocho.]
El detective, que había fijado la hora por su cuenta, colgó sin más. Chrissy se quedó paralizado un instante y luego, rápidamente, le envió un mensaje con su dirección.
«¿Qué habrá descubierto Simmons?», pensó, conteniendo la impaciencia por saberlo de inmediato. Se dirigió a su casa, y después de preparar todo con antelación para recibir al detective, esperó. Simmons llegó diez minutos antes de la hora que él mismo había dicho y, en cuanto Chrissy abrió la puerta, soltó de golpe:
—¿De verdad que esto no tiene ninguna relación con Anthony Smith?
Ante la pregunta hecha con premura y casi como un reproche, Chrissy, deliberadamente sereno, le reconvino.
—Primero pase dentro y hablemos.
Al señalarle la silla que tenía preparada, él frunció el ceño, resopló fuerte y, haciendo ruido con sus pasos, se dejó caer pesadamente en el asiento. Cuando Chrissy, sentado frente a él, lo miró fijamente, el detective por fin continuó rápidamente.
—Vamos, hablemos. El caso de Anthony Smith… todavía no ha concluido, ¿verdad? ¿A que no?
—¿Por qué piensa usted eso?
En lugar de responder, Chrissy le devolvió la pregunta. El detective, como si le pareciera increíble, dejó caer la mandíbula y luego, con expresión de fastidio, negó con la cabeza.
—Oiga, Chrissy. Seamos sinceros ya, ¿de acuerdo? ¿No fue usted quien me filtró información porque también tenía un propósito? Entonces, desde el principio debería haber sido directo y hablar claro, ¿pero ahora qué es esto? ¿Está poniéndome a prueba?
Parecía que finalmente se había enfadado, pero Chrissy, en lugar de calmarlo, cambió de tema.
—Cuénteme primero usted. ¿Qué ha descubierto para tener esta reacción?
El detective Simmons era un compañero con el que había trabajado codo con codo durante varios años. Aunque había cometido varios errores por depender más de su intuición que de las pruebas, su pasión y su fe en la justicia eran algo que cualquiera reconocía, así que, hasta cierto punto, también había un mutuo entendimiento y tolerancia. La razón por la que Chrissy, entre todos los detectives que conocía, había elegido a Simmons, era porque ya lo conocía bien.
Ante la actitud de Chrissy, que no parecía dispuesto a soltar información fácilmente, Simmons puso una expresión de disgusto, pero al final se rindió y fue el primero en hablar.
—No pude encontrarme con Bahama en persona. Pero mientras investigaba sobre ese tipo, descubrí algo extraño.
Llegado a ese punto, el detective, observando atentamente el rostro de Chrissy, soltó su pregunta.
—Señor fiscal, ¿usted sabía que las drogas que vendía ese maldito traficante eran reactivos fabricados por una empresa farmacéutica?
Chrissy miró fijamente a los ojos del detective Simmons sin decir nada.
«Aunque no se reunió con Bahama en persona, ha traído la respuesta que yo quería. Como pensé, no me equivoqué al elegirlo», se satisfizo a sí mismo.
—Sí, eran reactivos ilegales, no autorizados formalmente. Fue como hacer experimentos en humanos en la calle.
—Así que usted ya lo sabía.
Como si fuera lo que esperaba, Simmons levantó ambas manos y luego las bajó. Chrissy, con una sonrisa que mezclaba un poco de vergüenza y disculpa, dijo:
—Pensé que el detective, por sí mismo, sería capaz de descubrirlo.
—Muchas gracias —respondió Simmons con sarcasmo, y luego, con rostro enfadado, miró hacia otro lado antes de concentrarse de nuevo en Chrissy—. Ahora hablemos un poco. Al menos, para saber qué estamos haciendo. Así yo también podré hacerme una idea, ¿no?
—Podría convertirse en algo más peligroso de lo que pensaba.
—¿Cree que, viviendo de esto, me voy a preocupar por esas cosas?
Ante la última advertencia de Chrissy, Simmons respondió con descaro. En realidad, era una reacción obvia, y Chrissy sabía que esa pregunta no era más que una forma de eludir su propia responsabilidad.
—Si en algún momento cree que no es lo suyo, salga inmediatamente. Yo, por supuesto, haré lo mismo.
—Ya lo sé, así que déjese de rodeos.
Simmons apremió a Chrissy, quien ya le había advertido una vez más. Chrissy cerró la boca, se levantó y se dirigió al escritorio. Sacó de allí un álbum de recortes, lo puso sobre la mesa y Simmons lo miró con una expresión que mezclaba curiosidad e inquietud. Dentro del álbum, que abrió de inmediato, había escritas una decena de palabras que nunca había visto.
—¿Qué es esto?
Ante la pregunta obvia, Chrissy respondió con indiferencia.
—Son las drogas con las que trata Bahama. Las obtuve personalmente.
—¿Personalmente…? ¿Se encontró con ese tipo?
Simmons, que había alzado la voz tardíamente, volvió a soltar un «¡Bah!» y suspiró. Chrissy, sonriendo tranquilamente, dijo:
—Necesitaba valorar hasta dónde estaría dispuesto a involucrarse el detective. Le ruego que lo comprenda.
—Sí, claro, como no…
A Simmons, que volvía a responder con sarcasmo, Chrissy le habló antes de pasar la página siguiente.
—Esto no es más que mi conjetura por ahora. Así que…
—… comprobar si es verdad o no es mi tarea. Entendido, pase la página.
Anto la respuesta de Simmons, Chrissy esbozó una sonrisa amarga y pasó la página. En la siguiente hoja, fotos y nombres estaban conectados de forma caótica por líneas rectas que indicaban relaciones.
—Cuando dijo que eran reactivos de una empresa farmacéutica, se me vino a la mente un rostro de inmediato.
—¡Jonathan Davis…!
Simmons completó al instante las palabras de Chrissy. Él asintió con la cabeza y continuó.
—Anthony solía comprar drogas a Bahama con frecuencia. Cada vez que lo hacía, hacía todo tipo de preguntas sobre la empresa farmacéutica Davis, según me contaron. Bahama es solo un vendedor, así que probablemente tenía poca información, pero…
—Si Anthony estaba escarbando en eso primero, es posible que hubiera descubierto algo importante. Quizás por eso sufrió esa muerte tan horrible…
—Todavía no hemos llegado hasta ahí.
Chrissy cortó fríamente las palabras de Simmons. Especulaciones tan precipitadas, sin ninguna prueba, solo resultan un estorbo. Lo primero es determinar los hechos.
—Quedémonos por ahora en que Anthony estaba reuniendo información sobre Davis Pharmaceuticals. Empecemos por investigar sobre Davis Pharmaceuticals.
Luego, Chrissy añadió:
—Por si acaso, revisé el informe de la autopsia: los únicos fármacos identificados en Anthony fueron un sedante y un anticonvulsivo. El forense dijo que probablemente se los administraron para facilitar tener relaciones con él por la fuerza.
—Asquerosos bastardos.
Simmons rechinó los dientes. Chrissy asintió —Estoy de acuerdo— y añadió:
—En cualquier caso, el contenido general es más o menos este. Las entrevistas con las personas cercanas a Anthony Smith y los detalles de investigaciones menores los tengo recopilados aquí, así que écheles un vistazo como referencia.
Mientras Simmons cogía los documentos que Chrissy le tendía, este le preguntó a continuación:
—Me preocupa eso de que no pudo encontrar a Bahama, ¿no habrá pasado nada malo?
Simmons negó con la cabeza de inmediato y respondió:
—No creo. Los traficantes suelen aparecer y desaparecer, es su rutina, así que no hay por qué preocuparse antes de tiempo. De todos modos, seguiré buscándolo. Aunque no parece muy útil, sería un problema si le pasara algo.
Simmons, que hojeaba por encima los documentos recibidos de Chrissy, lanzó de repente una pregunta.
—Pero, ¿por qué decidió reinvestigar el caso de Anthony Smith? Habrá una razón para reabrir un caso archivado, ¿no?
Ante la pregunta obvia, Chrissy respondió con docilidad.
—Alguien me dijo: Anthony Smith podría no ser una víctima tan inocente como pensamos.
—Pero qué hijo de puta. ¿Quién es? ¿Quién fue el muy imbécil que soltó semejante estupidez? Si fue víctima de un crimen, entonces es una víctima, punto. ¿Qué importa si era inocente o no?
Al instante, Simmons estalló en improperios y se enfureció. Chrissy sonrió, en señal de acuerdo.
—Exacto —dijo él con calma, pero en un tono serio, y continuó—. Pero pensé que si había otro secreto que desconocíamos tras la muerte de Anthony Smith, debíamos investigarlo. Si lo de archivar el caso mediante un acuerdo por los cargos fue para ocultar otro crimen…
—Me vuelve loco la curiosidad por saber qué gran secreto estarán ocultando.
El detective parpadeó repetidamente mientras hablaba, luego dobló los documentos que le había dado Chrissy a toda prisa, los metió en el bolsillo interior de su chaqueta y se levantó.
—Esto va a ocuparme mucho. Por ahora lo tengo claro. Si descubro algo más, le contactaré de nuevo. Y usted, señor fiscal, ¿qué va a hacer ahora?
Chrissy se levantó también y respondió.
—Cumplir con mis obligaciones. Y si surge algo que pueda hacer por mi cuenta, pues tendré que hacerlo también.
—De acuerdo. Hagámoslo bien.
Simmons fue el primero en tender la mano y se dio un firme apretón de manos con Chrissy. Luego, salió apresuradamente del estudio, igual que había llegado. Chrissy, que se quedó solo, perdido por un momento en el repentino silencio que llegó, pronto esbozó una sonrisa amarga.
De repente, al mirar la fecha, se dio cuenta de que ya habían pasado dos meses desde aquel día. Por supuesto, no había recibido ninguna noticia de Nathaniel Miller, y Chrissy tampoco había contactado con él.
«¿Se termina así todo?»
Era un final obvio. Ahora no era diferente a volver a la rutina que tenía antes de conocer a aquel hombre. Días agotadores de trabajo y, ocasionalmente, buscando compañía para una noche para desahogarse.
«Sí, esto es lo mejor.»
Chrissy asintió brevemente.
«Es mejor para mi vida no cruzarme en absoluto con Nathaniel Miller. Si vuelvo tranquilamente, conteniendo la respiración, a mis asuntos y vivo así, entonces todo habrá terminado.»
Pero, por desgracia, los deseos no se cumplen tan fácilmente.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA