Capítulo 64. ¿Convivencia con el Gran Duque?
—¿No dijiste tú también que ese tipo te hartaba? No hay necesidad de pensarlo tanto —dijo Damon.
—¡Damon! —exclamó Rivera con voz cortante.
—Nuestra Rose estuvo separada de nosotros durante tres años y apenas nos hemos reunido. ¿Y ahora quieres enviarla lejos, así como así? —reclamó Rivera con mirada de reproche.
El destino era el norte, aunque la mansión del Gran Duque de Arteum estaba cerca de la capital en la entrada del norte, Rivera no quería enviar a Rose tan lejos.
Normalmente Damon escucharía la opinión de Rivera, pero esta vez no estaba dispuesto a ceder.
—No es un país extranjero, es la mansión del Gran Duque de Arteum. Es un lugar al que podemos ir cuando queramos —dijo intentando calmar la exaltación de Rivera—. Espero que puedas juzgar racionalmente pensando en nuestra Rose.
Rivera se estremeció ante las palabras de Damon.
Ella podía asegurar que era una de las personas que mejor conocía a su hija. Rose era alguien que perdía toda su dignidad frente al amor. No entendía cómo Rose había logrado divorciarse y salir de la familia del Conde Wens.
Rose había asistido incluso a la boda de Eric, y eso precisamente aumentaba la inquietud de Rivera. Si realmente no le quedara ningún sentimiento, ni siquiera habría ido a la boda.
Rivera mordisqueaba sus labios con nerviosismo.
Su ansiedad no desaparecía fácilmente. Incluso si Rose le aseguraba que no le importaba Eric, solo se tranquilizaría momentáneamente. En el fondo, seguía preocupada de que Rose pudiera volver con Eric en cualquier momento.
Damon tomó suavemente la mano de Rivera y la apretó con firmeza, como pidiéndole que confiara en él.
Rivera solo pudo exhalar un profundo suspiro ante la intensa mirada de Damon.
En ese momento, rompiendo el silencio, se escuchó la voz de Rose.
—¿Me recibirá el Gran Duque?
Su voz era cautelosa, pero no negativa.
«Vivir con el Gran Duque.»
Aunque Damon había dicho “por ahora”, no podía evitar sentirse desconcertada.
Rose recordó el rostro aterrador del Gran Duque de Arteum. Esos ojos azules que parecían no tener ninguna emoción.
«Qué miedo.»
Su presencia era tan intimidante que la hacía sentir acobardada.
Si tuviera que vivir en la mansión del Gran Duque de Arteum, su vida sería predecible. Tendría que moverse como un gato ladrón, sin molestar su humor.
«Aun así, ¿me ayudará esto a avanzar con el negocio?»
Sincronizarse con el Gran Duque de Arteum no era nada fácil. Precisamente por su ocupada agenda, apenas habían podido reunirse la última vez.
Rose reflexionaba profundamente.
«Qué dilema…»
Quería acelerar el negocio, pero no le apetecía convivir con un Gran Duque incómodo.
Al ver a Rose dudando, Damon aprovechó el momento para persuadirla.
—No es algo de lo que debas preocuparte. Yo hablaré con Su Alteza. Tú solo decide lo que quieres hacer.
—Entonces, por favor, pregúntele —respondió Rose cautelosamente después de reflexionar. La cara de Damon se iluminó con su respuesta.
—Bien. Has pensado correctamente.
—Haa —suspiró Rivera con expresión abatida. Sin embargo, esta vez no estaba enojada con Damon como al principio.
—Le presentaré mi solicitud al Gran Duque. Hasta entonces, no cambies de opinión. Si ese sinvergüenza de Eric aparece mientras no estamos, finge que no estás en casa —dijo Damon alzando la voz, enfatizando que no se debe tolerar a ese tipo.
Rápidamente envió una carta al Gran Duque de Arteum, preocupado de que Rose pudiera cambiar de opinión.
***
Al día siguiente.
Desde temprano, el Gran Duque revisaba documentos con aspecto cansado. Numerosos papeles se acumulaban en su escritorio, evidenciando la gran cantidad de trabajo pendiente.
En ese momento, el mayordomo Neran llamó a la puerta.
—Permiso.
—Adelante.
—Una carta para usted, Gran Duque.
—¿Es de Rose?
—No.
Con esa negativa, la expresión del Gran Duque se endureció notablemente. Dejó bruscamente los documentos sobre el escritorio y miró fijamente a Neran.
—¿No te dije que descartes todas las demás cartas?
Su voz helada parecía capaz de congelar la habitación.
—No es una carta de la hija de la familia Serbia, pero…
—Encárgate tú mismo de las cartas inútiles.
A pesar de su tono tajante, Neran no se intimidó.
—Es una carta del Conde Serbia.
—¿De mi maestro?
Su rostro, antes amenazante, se suavizó inmediatamente. Hizo un gesto a Neran para que se acercara.
Neran dio un paso hacia el Gran Duque.
—Es extraño. Nunca antes había enviado una carta de esta manera…
En efecto, el Conde Serbia nunca le había enviado una carta oficial. Cuando necesitaba comunicarse, siempre lo hacía secretamente, evitando la vigilancia del Gran Duque y los partidarios del Emperador.
El Gran Duque tomó el sobre, sin ocultar su perplejidad. La caligrafía era inconfundiblemente del Conde Serbia.
Lo acercó a una lámpara, lo examinó minuciosamente y notó algo.
«…Hay señales de que el sobre ha sido resellado.»
Evidentemente, alguien había interceptado e inspeccionado la carta.
«¿Habrá ocurrido algo urgente? ¿Hay alguien vigilando?»
«Espero que no sea nada grave.»
El rostro de Rose cruzó fugazmente su mente. Sospechaba que la carta del Conde Serbia estaba relacionada con ella.
Con expresión seria, abrió la carta. Su contenido era sorprendentemente simple.
Una breve pero contundente línea capturó su atención.
—¿Pide que deje a Rose vivir aquí por un tiempo?
Tras un breve alivio de que no fuera nada grave, el Gran Duque ladeó la cabeza, desconcertado.
«¿Por qué hace esta petición?»
Miró la carta con expresión aturdida. Luego recordó el rostro de Rose.
Rose sonrojándose tímidamente mientras lo miraba.
Una sonrisa se dibujó en su rostro, como si lo hubiera comprendido todo.
«Parece que ella lo ha pedido. Sí, debe ser porque quiere vivir conmigo. Probablemente le pidió esto a su padre. El Conde Serbia debió ceder ante la insistencia de su hija.»
*Robin: ste men…
*Nolart: Mi compa con la realidad bien alterada.
*Nona: ¿Quién le dice?
El Gran Duque sonrió, completamente equivocado.
«Vaya, realmente es una mujer muy decidida.»
*Robin: lo perdono porque esta wapo.
No le desagradaba del todo ver a Rose esforzándose por acercarse a él.
El Gran Duque, sin ser consciente de que todo era producto de su imaginación, sonrió tontamente.
Neran, por su parte, parecía desconcertado, como si no estuviera acostumbrado a esa expresión en el Gran Duque.
—¿Por qué de repente pone esa cara?
No pudo contener su curiosidad y se dirigió al Gran Duque con una pregunta.
—¿Hay buenas noticias?
—Bueno, no es que sean tan buenas noticias.
La respuesta ambigua del Gran Duque lo dejó aún más confuso. El Duque Arteum dobló la carta por la mitad, miró a Neran, y con el rostro algo más animado le dio una orden.
—Parece que tendremos que prepararnos para recibir a un invitado.
—¿Es el Conde Serbia quien vendrá?
—No.
El Gran Duque se levantó lentamente de su silla, luciendo extrañamente entusiasmado.
—Recibiremos a la hija del Conde Serbia.
—…
La mención de Rose hizo que la expresión de Neran se tensara ligeramente.
—¿Debería enviar un carruaje al hogar del Conde?
—Antes de eso hay algo más que hacer.
El Gran Duque negó con la cabeza y habló con calma.
—Prepara una habitación.
—¿Cómo dice?
—Que sea limpia y cómoda para que pueda hospedarse una dama.
Aunque Neran parecía poco convencido, obedeció sin decir nada. Ordenó a las sirvientas que arreglaran una habitación vacía.
La habitación, antes desprovista de cualquier mueble, se llenó rápidamente con una gran cama, un armario y una mesa para tomar té. Todo quedó listo en poco tiempo.
Después de inspeccionar la habitación preparada para Rose, el Gran Duque envió un carruaje directamente a la mansión de Serbia.
No había pasado ni medio día desde que llegó la carta y ya todo estaba listo.
El Gran Duque revisaba las manecillas del reloj sin cesar, incapaz de concentrarse en su trabajo. Finalmente, se levantó de golpe y comenzó a pasearse junto a la ventana.
TIC-TAC, TIC-TAC.
El sonido del reloj era lo único que resonaba en la habitación mientras el Gran Duque observaba por la ventana en silencio.
Pasó un rato hasta que finalmente apareció un carruaje negro en su campo de visión.
Era el carruaje enviado para recoger a Rose.
—Ya llegó.
Al ver el carruaje, su expresión se iluminó. Sus ojos, antes serios, se suavizaron, y una ligera sonrisa asomó en sus labios.
El Gran Duque salió de la habitación de inmediato para dar la bienvenida a Rose en su residencia.
Neran, con su larga cabellera ondeando, lo siguió rápidamente.
Ambos se dirigieron al jardín con prisa. La puerta del carruaje ya estaba abierta.
Al ver un cabello rosado de tonalidades pastel, el corazón del Gran Duque latió con fuerza. La observaba intensamente, con el rostro completamente ruborizado.
*Nona: Este men ya está enculao.
La mujer, que acariciaba su cabello ondeante para acomodarlo detrás de su oreja, pareció sentir su mirada y se giró para sonreírle.
—Es un placer volver a verlo, Gran Duque Arteum.
No era Rose. Era su madre, Rivera.
Junto a la Condesa de Serbia estaba también el Conde.
La expresión animada del Gran Duque, que se había dirigido al jardín con entusiasmo, se endureció ligeramente. Miró a su alrededor, como si buscara a alguien.
«¿Será que no vino?»
Rose no estaba allí.
Habían prometido confiarle a Rose, pero solo habían llegado los Condes.
*Nona: Jajajajaja
El Gran Duque no pudo ocultar su desconcierto. Miró a la pareja con el ceño ligeramente fruncido.
—Es un honor volver a verlos, Condes de Serbia.
Después de dirigir una mirada a Rivera, que lo había saludado primero, desvió su atención hacia Damon.
Quería preguntar si Rose no había venido, pero, por alguna razón, no logró abrir la boca. Sus labios se movieron inútilmente antes de cerrarse nuevamente.
En ese momento, un sonido cristalino de risa femenina resonó en sus oídos.
—¡Ahaha! ¡Me haces cosquillas!
Tan pronto como escucharon esa voz aguda, tanto el Gran Duque como Neran giraron la cabeza al unísono.
En un rincón del jardín, vieron a Finn moviendo su cola alegremente, acompañado de una mujer agachada junto a él.
Era Rose.
Con una expresión pura y brillante, Rose estaba jugando con Finn, que frotaba su cuerpo peludo contra ella antes de lamerle el rostro.
¿Habrá notado que la observaban? Rose, que acariciaba la cabeza de Finn, levantó la vista hacia el Gran Duque.
—Buenas tardes, Gran Duque.
Se levantó lentamente y le dedicó una sonrisa.
—Has llegado.
La rígida expresión del Gran Duque se suavizó de inmediato. Incapaz de contener su sonrisa, la miró con una cálida expresión.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: NOLART
REVISIÓN: NONA