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Capítulo 64

Adeline ya no podía amar a Millen como antes. Tampoco podían volver a ser lo que eran en el pasado, así que era injusto mirarlo con los mismos sentimientos de antaño.    

《Si en este estado vuelvo a enamorarme de Millen, ¿no sería eso una tragedia?》 

Su corazón aún sangraba por los fragmentos de ese amor roto, y no soportaba más dolor. Claro que no tenía intención de compartir estos pensamientos con Huberg, ni ahora ni después.  

Ahora que lo pensaba, el príncipe Kaiden también le hizo una pregunta similar. Precisamente por eso había querido reconciliarse con Huberg, así que la situación le venía bien. Fingiendo turbación, Adeline frunció el ceño y, tras dudar, habló con voz incómoda.  

—Bueno, ¿por qué lo preguntas?

 La sonrisa burlona de Huberg se acentuó al ver la expresión cautelosa de Adeline.

—¿Por qué lo pregunto? Por simple curiosidad. También me intriga cuánto sabes sobre Millen. 

En realidad, mientras decía esto, Huberg ya podía adivinar lo que pasaba por la mente de Adeline.

Seguro que no sabe nada. Casi siente náuseas al ver antes cómo Millen se reconciliaba con Adeline. Era repugnante cómo ese hipócrita se ponía una máscara de amabilidad y sonreía falsamente delante de ella.

La máscara de Millen no era algo desconocido para Huberg, pero el papel que representaba ante Adeline era realmente excepcional. Desesperado por hacerse pasar por un buen hombre. Y resultaba aún más ridículo cuando pensabas en a quién se parecía ese comportamiento.

Si Millen actúa de esa manera, es imposible que Adeline conozca su verdadera naturaleza.

《Entonces tendré que ser yo quien se lo diga. Como buen hermano que soy.》

Mientras tanto, Adeline, ajena a los pensamientos que revoloteaban en la mente de Huberg, lo miró con incredulidad y replicó:  

—¿Qué cuánto sé sobre Millen? ¿Acaso hay algo más que yo no sepa?  

—Ah, por supuesto que sí.

 Vaya, por cómo pregunta, parece que realmente no sabe nada. Me pregunto qué cara pondrá? Esa expresión inocente cambiara cuando descubra la verdad?. 

Huberg soltó una risa ligera, movió la cabeza y señaló al otro lado del pasillo.

 —Tú también lo sabes, ¿no? Ahí está el estudio de madre. Ve allí. Encontrarás algo interesante.

Adeline recordaba haber oído que, después de casarse con la familia Bellof, lo primero que hizo Katia fue crear ese estudio personal.  

Aunque nunca había entrado en él.  

¿Colarse en el estudio de alguien? El ceño de Adeline se frunció de nuevo.  

—Es el estudio de la marquesa ¿De verdad puedo entrar ahí?  

—¿Y qué? Los sirvientes no suben a este piso, y solo será un vistazo rápido.  

Dado que los marqueses Bellof habían salido a un banquete, no habría problema en entrar un momento. Claro, Katia podría notar la intrusión, pero incluso eso no sería un verdadero problema.  

—Si madre pregunta algo, dile que fui yo quien te dejó entrar. No te preocupes. ¿No es razón suficiente para echar un vistazo?  

Técnicamente, como él ‘era’ quien la estaba animando a entrar, tampoco era una mentira completa. Huberg encogió los hombros con una media sonrisa. Este momento lo deleitaba.  

La emoción lo embargaba al pensar en arruinar lo que Millen deseaba y en romper esa expresión ingenua de Adeline.  

Aunque a Huberg siempre le decían que carecía de paciencia, esta vez reprimió su euforia buscando una ‘destrucción’ más perfecta. 

—Probablemente vengas a verme llorando pronto, así que no hay prisa. 

Su mirada nublada se dirigió a la copa de vino que Adeline sostenía y luego hablo rápidamente.

—Lo que buscas probablemente esté en el escritorio, así que compruébalo. Y cuando vengas a verme, te daré más detalles.

Huberg sacó una tarjeta de visita de su bolsillo y se la dio a Adeline, sonriendo. La tarjeta no tenía el nombre de nadie, sino el de un club social.

[Club Savident]

Mientras que otros clubes sociales eran lugares donde la gente se reunía en pequeños grupos alrededor de una gran sala, este era en realidad un lugar para ‘reuniones privadas’.

No se podía entrar sin reservar con antelación, e incluso si se hacía, no había sala dentro. Solo se podía reunir una persona en una sala reservada. Por eso a Savident se le llamaba club social para reuniones secretas.

—Bueno, nos vemos luego.

—Te estaré esperando, así que ven cuando quieras.

Con esas palabras, Huberg levantó la mano con una sonrisa casual y se alejó con pasos largos y decididos, tal como había llegado.  

Cuando la sombra que se extendía por el pasillo desapareció por completo y sus pasos ya no se escucharon, crujía el cartón de la tarjeta que Adeline sostenía se arrugó violentamente entre sus dedos.  

Con el puño aún cerrado alrededor del papel, alzó la muñeca y dejó caer unas gotas del líquido dorado de su copa de vino sobre él.  

Para ser exactos, sobre la pulsera negra que adornaba su muñeca. El vino resbaló sobre las perlas oscuras, dejando un rastro blanquecino a su paso. El reactivo había sido neutralizado. Al verlo, Adeline soltó una risa breve y fría.  

—Ja, ja. Así que eso era.

—Sabía que acabarías haciendo esto.

Por cierto, Adeline no había bebido el vino. Simplemente había movido el cuello para fingir que bebía, agitando ligeramente la copa para crear la ilusión de que el nivel del líquido descendía.  

Nunca imaginé que lo aprendido durante mi matrimonio me sería útil de esta manera.

Desde que se casó con Julián, Adeline solía relacionarse con otros matrimonios, y buena parte de aquellas damas de alta sociedad eran unas bebedoras empedernidas. Pensándolo bien, en los eventos sociales nunca faltaba el alcohol, así que era de esperar. El único problema era que Adeline tenía poca tolerancia al licor.  

—Adeline, ¿por qué no bebes? Así no podemos disfrutar juntas.

—Ah… Sí, ahora mismo lo hago.

Entre aquellas mujeres que reían y charlaban medio ebrias, mantener la sobriedad requería fingir que bebía. Y fue así como perfeccionó esta técnica: aparentar que bebía sin beber en absoluto.

Al principio no lo bebío porque desconfío de que Millen se lo hubiera ofrecido.

Durante toda la conversación, Huberg no dejó de lanzar miradas furtivas a la copa de vino que Adeline sostenía. Quizás no se dio cuenta de que su actitud era evidente, pero resultaba difícil fingir que no lo notaba, tan descarado era su comportamiento. A decir verdad, no era solo lo de la copa de vino: todo en él resultaba sospechoso.  

Agradezco que me haya permitido entrar en el estudio de la marquesa, pero …

Huberg no dejaba de sonreír con suficiencia mientras observaba a Adeline, y cada una de sus miradas le hacía sentir como si insectos le recorrieran la piel. Sin darse cuenta, ella apretó los puños con fuerza.  

Y luego estaba aquella tarjeta. ¿Qué vaya a Savident? 

Por muy inocente que alguien sea, ningún adulto que haya entrado en los círculos sociales de Crawford podría ignorar la reputación de Savident como lugar para encuentros íntimos.  

Sus intenciones eran tan obvias que rayaban en lo descarado.  

Pero precisamente por eso…  

No está claro quién le dio este vino. Huberg había dicho que fue Millen, pero su excesiva atención a la copa lo hacía dudoso. Si realmente había dudas, había que ponerlo a prueba. En el momento en que llevó la copa a sus labios y movió el cuello como si bebiera…  

¡Espera, Millen!

Parece que Huberg ya ha salido de la mansión. Tras un momento de vacilación, Adeline bajó las escaleras y llamó a la puerta de Millen.  

—Millen, ¿te apetece probar esto? El sabor me parece un poco raro.

—¿Ah, sí? Déjame ver.

Millen, que estaba organizando sus libros, los dejó a un lado y se acercó sin dudar, tomando la copa de vino con naturalidad.  



TRADUCCIÓN: ANTO 15
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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