Capítulo 63
TOC, TOC.
Aunque era solo el sonido de zapatos resonando en el pasillo, esos pasos tenían la firmeza de las botas de un líder dirigiendo un campo de batalla.
Las miradas de todos se volvieron hacia allí.
—Vaya, vaya. Hablando del rey de Roma…
¿Habría estado escuchando desde el principio?
Kastia interrumpió, haciendo ondear su abrigo.
—Invitados a una boda ajena, y se atreven a mezclar reproches bajo la apariencia de felicitaciones. ¿Así es la etiqueta de los Kardel?
Sus hombros, marcados como un uniforme militar, las decoraciones doradas y la falda oscura que caía sobre sus botas de tacón…
Su vestuario parecía estar en la frontera entre el campo de batalla y un banquete.
Kastia caminó lentamente, examinando con mirada fría y pesada a Gawain y Veloa, mientras mantenía los labios apretados.
Su sola mirada enfrió el ambiente.
—Hermanos de sangre… y aún así, sus palabras están llenas de cuchillas ocultas.
Con una calma cargada de ira, reprendió a los hermanos Kardel sin rodeos.
Odelli parpadeó, desconcertada.
Kastia había aparecido en el momento más inesperado para ayudarla.
—¿Acaso creen que por ser muchos tienen razón? Y además… tratan al norte como si fuera un país de bárbaros.
Gawain intentó hablar, pero la presencia de Kastia lo silenció.
Él, tan hábil en el lenguaje cortés de los nobles, era vulnerable a los reproches directos.
Veloa también se quedó sin palabras, su sonrisa falsa congelada en el rostro.
Kastia no dejó escapar el momento y bajó la voz, cargándola con una presión aplastante:
—Los nobles Kardel… heredaron mucho, pero al parecer ni una pizca de decencia o responsabilidad. Antes de hablar de poder y honor, deberían aprender el significado de “familia”.
—Sus palabras son un tanto… exageradas.
—Un noble debe tener dignidad en sus palabras y actos. Pero en ustedes solo veo juegos de jerarquía y trucos indignos de bestias.
Como si sus palabras no fueran suficientes, exhaló y remató:
—Si de verdad les importara esta niña, antes de abrir la boca, deberían haber pedido disculpas por lo de la epidemia en el norte y asegurarse de que no la culparan. ¿O es que ni siquiera pueden juzgar eso, “héroes” Kardel?
¿Llegaría a decir tanto?
La multitud, que al principio se había sorprendido, ahora no podía ocultar su incomodidad.
Los sirvientes del palacio, que habían estado moviéndose por el salón, se detuvieron en seco, sudando frío.
—…¡No debería hablar así delante de los suegros, Su Alteza!
—¡Si un noble debe tener dignidad, ¿dónde quedó la suya?!
—¡Si arruinan la paz que tanto costó recuperar con esta boda…!
Pero no terminó ahí.
La mirada de Kastia volvió a Odelli:
—Si fueras tan frágil como ellos dicen, lo mejor sería que regresaras a Kardel de inmediato.
Su tono era igual de frío, pero el contenido…
«¿Se preocupó por mí?»
Odelli parpadeó, confundida, pero luego descartó la idea. Imposible.
Recordando lo que le había dicho antes, tal vez era su naturaleza no callar lo que pensaba.
Alguien incapaz de contener sus críticas…
Y, como si hubiera dicho todo lo que quería, Kastia giró satisfecha.
La gente solo podía mirar su espalda, aturdida, como si una tormenta hubiera pasado.
El enfrentamiento con los Kardel terminó de manera más anticlimática de lo esperado.
Veloa se llevó a Gawain sin más.
«Gracias a que Kastia los reprendió en público.»
Les había señalado su hipocresía sin rodeos, de una manera tan directa que resultaba incómoda.
Debieron de pensar que seguir hablando solo empeoraría las cosas.
—Vaya, parece que Su Alteza nos malinterpreta… Aunque, claro, es comprensible. No era nuestra intención entristecerte.
—Realmente te bendecimos en tu matrimonio. Queremos demostrarte nuestro apoyo con acciones, no solo palabras.
Fingiendo cariño hasta el final, se despidieron con palabras dulces pero cargadas de significado.
Poco después, apareció Rudville, quien había observado todo desde lejos.
—¿Y bien? ¿Solucionaron sus asuntos familiares?
Su tono goteaba sarcasmo reprimido.
—Y el prometido, abandonado en un rincón del banquete…
En realidad, Odelli le había pedido que se mantuviera alejado mientras ella enfrentaba a los Kardel.
Él había obedecido, aguantando su odio hacia ellos, solo para que Kastia apareciera y armara un escándalo. Era natural que estuviera molesto.
Pero incluso Odelli no había esperado la intervención de Kastia.
«¿Por qué lo hizo?»
Era la mujer que tanto se había opuesto al matrimonio. Realmente era un misterio.
—Si no iba a usarme, ¿para qué me pidió que fingiera ser su amante?
Rudville arqueó una ceja, preguntando de nuevo mientras Odelli reflexionaba.
Parecía disgustado de que ella hubiera enfrentado sola a Gawain y Veloa.
«…Nunca le pedí que fingiera ser mi amante.»
Eso había sido idea suya.
Gracias a eso, Odelli había quedado como una tonta enamorada.
Claro, a ella no le importaban las miradas ajenas.
La opinión pública cambiaría pronto.
—Como sabe, humillarlos aquí no tiene sentido.
—Claro. Mi asesor dice lo mismo.
Ya se lo habían dicho antes.
Desde el principio, su odio hacia los Kardel era evidente…
Odelli lo miró de reojo y preguntó con cuidado:
—¿Le molestó?
—…
Rudville no respondió.
La miró fijamente en silencio.
—…Fue una pregunta imprudente.
Odelli jugueteó con sus labios, rectificando sus palabras.
¿Qué esperaba lograr con eso?
[Artículo 9. Deben tratarse mutuamente excluyendo por completo los sentimientos personales.]
No solo estaba en los términos del acuerdo…
Y además, había una regla aún más clara en su mente:
«No importa lo que Rudville sienta por mí, debo evitar que me recuerde.»
Ni siquiera debería preguntarse la naturaleza de sus sentimientos.
—Sí, me molestó. Mucho.
—¡…!
De pronto, Rudville agarró la punta de sus dedos.
Odelli se sobresaltó e intentó soltarse, pero…
—Esto es un banquete, Odelli. Es natural que me preocupe mi prometida— susurró él en voz baja—. Hay muchas miradas. Si ahora descubren que nuestro “amor” es falso, ¿qué pasará con tus planes?
—…
Odelli puso una expresión de desconcierto.
No podía refutarlo.
«Tiene razón.»
Él había prometido actuar como un hombre locamente enamorado durante la boda.
—Así que esta vez lo dejo pasar, pero no volverá a separarse de mí.
Rudville, con naturalidad, rodeó su cintura con el brazo.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD