Capítulo 6
«Seguramente no lo recuerdo porque seguía medio dormida.»
Quise convencerme de eso por el bien de mi salud mental, pero la sensación incómoda no desapareció en todo el día. Era esa inquietante posibilidad… ¿Y si Lionel había venido a buscarme y me había llevado hasta la cama?
«¿Por qué haría eso?»
Sabía que era una idea absurda, y aun así… no podía dejar de recordar aquella extraña mirada con la que me observaba. Además, la bolsa de dinero que Lionel había dejado sobre la mesa de té ahora estaba en la mesita junto a la cama. Ese detalle solo hacía que me sintiera aún más incómoda.
Hubiera sido genial poder preguntárselo directamente, pero justo hoy, Lionel no estaba en la mansión. Fui a buscar al sirviente del edificio principal que se había encargado de recoger su ropa, y me dijo que Lionel había acudido al palacio para participar en una reunión con otros funcionarios.
«¿Y para qué iba a preguntar?»
Ya fuera que hubiese venido a buscarme y se fue con las manos vacías, o que al verme profundamente dormida decidió moverme a la cama… O incluso si simplemente olvidó por completo nuestra cita… ¿De verdad valía la pena confirmarlo?
Cualquiera que fuera la respuesta, lo único que me dejaría sería una sensación incómoda. Pensando en eso, me dirigía a la sala de lectura del anexo, el lugar tranquilo que había descubierto hace unos días y que se había vuelto mi rincón favorito. Fue entonces cuando me llamaron.
—¡Sacerdotisa!
Una doncella que no me resultaba familiar, probablemente del edificio principal, se acercó a paso rápido.
—La señorita desea verla.
¿Habrá salido con Ilina ayer y, por haber estado tan animada, terminó por excederse?
Al oír que Vivian me llamaba, no dudé en cambiar de dirección de inmediato. No era solo por la promesa que había hecho a Lionel de esforzarme más. La verdad era que, en este lugar donde comía, dormía y descansaba con toda tranquilidad, ese tipo de encargos eran mi única tarea real. Entré al edificio principal y subí al segundo piso, donde se encontraba el dormitorio de Vivian.
—Señorita Vivian, soy Sasha.
Toqué la puerta y esperé un momento, hasta que una voz femenina me respondió desde dentro, diciéndome que podía pasar. No era la voz de Vivian, pero no le di importancia. Había ocasiones en las que su doncella respondía en su lugar cuando Vivian perdía el conocimiento o se desmayaba. Sin embargo, al poner un pie dentro de su salón privado… me encontré con una escena completamente inesperada.
AH… MM… HUUH…
Un hombre de cabello rojo descansaba con total tranquilidad recostado en el sofá largo. Y sobre su regazo, una doncella se movía arriba y abajo, sentada sobre él, alzando las caderas de forma provocativa.
—¿Q-qué…?
La escena, tan obscena y cruda, me entró en los ojos con toda claridad.
—Sacerdotisa, ¿cómo estás?
El hombre pelirrojo, Danteer Orthatum, me sonrió con diversión al verme.
—Quería preguntarte algo. ¿Tienes un momento?
Podía parecer que estaba pidiendo mi opinión, pero sabía muy bien que no era así. Así era el lenguaje de los nobles. Siempre con ese tipo de ambigüedad. Y como prueba de ello, aunque su sonrisa decoraba su rostro, en sus ojos dorados no había más que crueldad. Danteer Orthatum me había retenido disfrazando sus intenciones como cortesía, asegurándose de que no pudiera darme la vuelta y salir de la sala. En ese momento, lo único que podía hacer por mi cuenta era bajar la mirada y fijarla en la punta de mis zapatos.
—…Sí, adelante.
Mientras amasaba la carne blanda y desnuda de la doncella que tenía sobre las piernas, Danteer formuló su pregunta:
—¿Te acostaste con Lionel?
«Y pensar que esto es uno de los candidatos a protagonista…»
Cualquiera pensaría lo mismo, pero lo cierto es que el mayor atractivo de “La noche en que las serpientes se enredan” como novela era precisamente la ausencia de conciencia y moral en sus protagonistas masculinos. Mientras la inocente protagonista femenina, Vivian, era engañada, utilizada y corrompida física y emocionalmente por esos hombres crueles, los lectores comentaban al unísono:
«Qué cálido y acogedor es este basurero.»
Yo también fui una de esas lectoras. Pero ahora que he reencarnado, no como la protagonista, sino como un simple personaje secundario irrelevante, ya no puedo disfrutar la historia con tanta tranquilidad. Después de todo, si esos hombres eran capaces de hacer cosas tan horribles incluso a Vivian, una dama noble de la Casa Ducal Ruanax, por muy hija ilegítima que fuera, ¿qué tan despiadados serían con quienes no tienen ninguna clase de respaldo?
Especialmente Danteer Orthatum, que aparece al inicio de la historia, era de los peores. Su objetivo declarado era acostarse con todas las mujeres de la capital imperial, una por una. Bastaba con que llevaran falda para que se lanzara tras ellas como un loco. Y la elegida como su siguiente objetivo no era otra que la protagonista de esta historia, Vivian Ruanax.
Una joven no solo hermosa, sino también increíblemente ingenua. Y como si eso no bastara, su alto estatus social la hacía aún más tentadora para alguien como Danteer, que se excitaba con el peligro. Al final, no logró ser el primero en acostarse con Vivian.
Fue Ardin Silias, el otro protagonista masculino, quien apareció más tarde y se le adelantó con un enfoque amable pero manipulador. Aun así, Danteer no se sintió decepcionado. Cuando pasó la noche con Vivian, ni siquiera tenía espacio en la mente para preguntarse si ella era virgen o no.
Después de una noche increíblemente placentera, como suele pasar con los personajes de su tipo, Danteer terminó cayendo completamente por ella. Aunque atravesó esa fase de negación en la que no quería admitir lo que sentía, se dio cuenta de que ya no podía acostarse con ninguna otra mujer. No porque no quisiera… sino porque simplemente no podía.
Y tras muchos intentos, errores y vueltas, Danteer Orthatum terminó comprendiendo que se había enamorado de Vivian, que aquello de que tanto se burlaba, eso del amor, ahora lo estaba viviendo en carne propia.
Pero ya era demasiado tarde. Porque para entonces, Vivian ya había descubierto cómo era él en realidad, y no había forma de que pudiera volver a confiar en sus palabras.
Vivian, que ya no era tan inocente, rechazaba a Danteer sin piedad.
Y mientras más lo hacía, más desesperado se volvía él por obtener su atención. Tanto, que llegó al punto de deshacerse de las otras mujeres que lo rodeaban de formas crueles, solo para ganarse aunque fuera un poco de su confianza. Verdaderamente estaba loco.
Después de vivir tan descaradamente como un libertino, ¿ahora venía a desquitarse con mujeres inocentes? En fin… ¿acaso Vivian llegó a corresponderle alguna vez? La verdad, no lo sé.
Justo cuando la historia comenzaba a ponerse más interesante, con todos los protagonistas varones recibiendo su merecido por las decisiones de las que tanto se arrepentían, dejé de poder seguir leyendo la novela.
Pero bueno. El punto es… Lo importante ahora era que, gracias a todo el conocimiento previo que tenía sobre Danteer Orthatum, debía elegir cuidadosamente mis palabras para lograr que perdiera interés en mí.
«No puedo permitirme parecer inocente.»
Aunque nunca en mi vida (ni en la pasada ni en esta) había tenido una relación amorosa, si él llegaba a notarlo, probablemente se me pegaría como una lapa. Por suerte, en eso tenía algo de seguridad. Había leído una cantidad inmensa de novelas subidas de tono. Todo lo que tuviera un mínimo de popularidad entre las novedades, lo compraba y lo leía. En ese mundillo, yo era de las veteranas más veteranas. Así que fingir calma y experiencia no me iba a resultar difícil.
«Aunque claro, tampoco puedo comportarme de manera poco apropiada para una sacerdotisa. Si no, podría causarme problemas a la hora de volver al monasterio.»
—Me cuesta entender cuál es el objetivo de su pregunta.
Quizás lo mejor era parecer una mujer poco interesante, alguien en quien no valía la pena fijarse.
—Como sacerdotisa sanadora de la orden, me limito a cumplir con mi deber —respondí con frialdad a su pregunta sobre si me había acostado con Lionel, y bajé la mirada mientras permanecía en mi sitio.
—Hmm…¿Así que no…?
Aun murmurando para sí mismo, Danteer no dejaba en paz a la doncella. Jugaba con los pezones marcados de sus senos como si fueran juguetes, y luego la mordía descaradamente en el cuello, como si no hubiera nadie más presente.
HHM, MM…
Los gemidos de la doncella, cada vez más entrecortados, estaban cargados de un deseo cada vez más intenso. Era imposible no lanzar una mirada de reojo, aunque fuera por instinto. El sofá estaba colocado casi en línea recta desde la puerta del salón. Si uno quería, podía ver perfectamente el perfil de los dos cuerpos enredados. Tanto la doncella como Danteer seguían vestidos, así que la zona de contacto quedaba oculta bajo la falda. Aún así…
«Así es como se ve esa expresión.»
Esa expresión excitada en una mujer que solo había leído en novelas. Se veía mucho más… placentera de lo que imaginaba. Seguramente era una de las doncellas asignadas a Vivian. Puede que me la hubiera cruzado alguna vez en los pasillos, pero ahora su rostro me resultaba completamente desconocido.
Y pensar que fue ella quien me dijo que entrara… pero parecía haber olvidado por completo que yo estaba ahí. Sabía que acostarse con un invitado en el salón privado de su señorita era un acto increíblemente peligroso, pero aun así… sin rastro de miedo ni de vergüenza, movía las caderas con más fuerza, como si solo quisiera alcanzar un placer aún mayor.
—Es extraño. Para no haber pasado nada, fue demasiado…
Cuando Danteer volvió a girar la mirada hacia mí, justo mientras seguía penetrando a la doncella, aparté la vista de inmediato.
—No parece el comportamiento de alguien que asegura que no ocurrió nada.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANAND
RAW HUNTER: ANNA FA